historia olim gHistoria y redención, de la destrucción del segundo templo al Estado de Israel
“El mesías nació el día de la destrucción del Santuario”.

y desde que nació el mesías, las fuerzas de redención del pueblo de Israel se agitaron por caminos invisibles y ocultos,
los cuales solamente de vez en cuando, se revelaban a nuestros ojos y asimismo aparecían comprensibles a los humanos. Este largo e invisible camino nos condujo, después de casi 1900 años, a las puertas de la redención perceptible por toda la humanidad, a la vuelta del pueblo de Israel a su país y a la proclamación de su estado independiente.

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Años después de la victoria de Roma sobre la Judea rebelde (año 70), aún existían en el país islotes de oposición judía(ejemplos: la fortaleza de Masadá conquistada en el año 73). Alrededor del año 130, estalló la gran rebelión de Bar Kojbá ayudado por el renombrado Tanná Rabbi Akivá. Bar Kojbá gobernó en Jerusalem durante más de tres años, hasta que al fin fue vencido en Betár en el año 135. Con este acontecimiento la región sur del país se vació casi completamente de sus habitantes judíos, y la población agrícola judía se concentró en la Galilea, en la que siguió viviendo varios cientos de años.

El país jamás fue evacuado completamente por sus habitantes judíos. Numerosas fueron las ordenanzas promulgadas por los Doctores de la Ley (Tannaím, Amoraím, etc.), tanto para impedir a los judíos abandonar Eretz Israel como para incitarles a volver al país. – Sin embargo, en la época del Talmud y aún más en la de los Gueonim, los centros importantes de población judía existieron fuera de Israel. En el curso de las generaciones sucesivas, los anhelos de redención y la nostalgia de la Tierra Santa, atrajo al pueblo de Israel hacia Eretz Israel, sea individualmente o por familias, sea por grupos de más importancia, los cuales se vieron forzados a luchar contra diversas y terribles dificultades no solamente para llegar hasta Israel, sino también para instalarse en ella. Los judíos de la diáspora estimaron como obligación ayudar a estos inmigrantes y preocuparse por su establecimiento – (después de varias generaciones, se creó una caja de socorro en nombre del venerado Rabbi Meir Baal Hanés).

Cada ola de emigrantes, ya fuesen aislados o por grupos, hacia impresión (encontramos huellas de este efecto en la literatura de la época) y despertaba de nuevo el deseo nostálgico que conducía a la formación de nuevas olas de emigración. Citemos algunas de las más renombradas: La emigración de 200 rabinos de Francia é Inglaterra (1211), la de Rabbi Moshé Ben-Nahrnan de Provenza (1267), la de Rabbi Ovadia de Bertinoro de Italia (1486), la de los expulsados de España y la de Don
Yoséf Hanassi (reconstrucción de Tiberiades a comienzos del siglo XVI), la de Rabbi Yehuda El Hassid y su grupo (1700) etc. etc. Los apuros y las persecuciones que existían en Eretz Israel, reducían y empequeñecían siempre la población judía del país; no obstante, en todas las épocas y en todas las generaciones se unieron a ella nuevos inmigrantes. Hubieron familias cuyas antepasados jamás abandonaron Eretz Israel (aún actualmente se encuentran elementos de este Yishúv en la aldea de
Pekiin, en la Galilea).
A fines del siglo XVIII y a comienzos del XIX, el número de judíos en Eretz Israel aumentó de forma apreciable, gracias a la inmigración de numerosos grupos de varios países de Europa: En 1777 tuvo lugar la inmigración de un grupo de Hasidim bajo la dirección del Rav Mendel de Vitebsk (Rusia), algunos años más tarde (1808) la de los alumnos del Gaon de Vilna (Lituania), seguida de la de los alumnos de “Hatarn Sofér” (Hungría) y de otros grupos, grandes y pequeños, como asimismo de familias aisladas, de varios países. A mediados del siglo XIX, el número de judíos establecidos en Eretz Israel, se eleva a 15.000 almas.

En aquella época se sitúa el comienzo de un gran despertar hacia la redención, y quedó iniciada la búsqueda de nuevos caminos, los cuales condujeron de modo directo y visible, a la proclamación del Estado de Israel en Mayo 1958. Los precursores teóricos de estos nuevos intentos fueron: Rabbi Zvi Hirsch Kalischer (1795-1874) de Thorn, Prusia oriental (el Kibbutz Tirat Zvi, en el valle de Beth Shéan le debe su nombre) su colega Rabbi Eliahu Gutmacher (1796–1874) de Graetz, Prusia
(cuyo nombre fue ,dado al Kibbutz Sdé E1iahu, vecino de Tirat Zvi) y Rav Yehuda Hai Alcalaí (1788-1878) de Zemlin, Bosnia que falleció en Jerusalem. Estos tres Rabanim propagaron en sus libros y escritos el punto de vista según el cual nos incumbe la obligación de iniciar los esfuerzos colectivos en pro
del retorno a Eretz Israel, tanto por medio de actividades políticas como por medio de una colonización agrícola organizada.
En ese tiempo, vivía en Inglaterra Sir Mases Montefiore (nacido en Livorno en 1784 y fallecido en Ramsgate en 1885), quien visitó Eretz Israel siete veces (casi siempre en compañía de su esposa Yehudit; la última vez en 1875 a la edad de 91 años). Por medio de su gran influencia política y de sus importantes medios financieros, Sir Mases Montefiore, facilitó, no solamente el establecimiento de numerosos judíos en Eretz Israel, sino también la reconstrucción del país y el desarrollo de la población agrícola.
Aproximadamente en la misma época empezaron a fundarse, en varios lugares, sobre todo en los países de Europa oriental, asociaciones para favorecer el establecimiento de los judíos en Eretz Israel. Dichas asociaciones fueron conocidas más tarde bajo el nombre de “Hovevé Sion” (“Los Amantes de Sion”) y hubieron miembros que pensaron o intentaron iniciar negociaciones políticas con el fin de obtener Eretz Israel para el pueblo judío. – Como consecuencia de toda esta actividad, nacieron los primeros núcleos agrícolas judíos en Eretz Israel. En el año 1870, Carlos Netter, miembro del comité Director de la Alianza Israelite Universal, fundó la famosa escuela de agricultura Mikvé Israel y en 1878, los judíos de Jerusalem fundaron la colonia de Petah Tikva.
En los años 1881-82 estalló en Rusia una serie de pogromos (matanzas), provocados y animados por el gobierno Zarista.
Este terrible mal trajo consigo su propio remedio, pues como consecuencia de los sucesos, el movimiento de “Hovevé Sion” se hizo fuerte y muchos de sus miembros adoptaron la solución de emigrar a Eretz Israel. Un grupo de estudiantes se organizó bajo el nombre de “Bilu” (sigla del versículo “Beth Yaacov Lejú Veneljá”. – “Pueblo de Jacob, venid é iremos….) los cuales emigraron a Eretz Israel y fundaron en 1882 la colonia de Rishón Le-Sión y más tarde la de Guedera. En el mismo año, Judíos de Rumanía fundaron Zijrón Yaacóv y Rosh Piná.
Otras colonias en la Judea y en la. Galilea fueron también fundadas en este período. También la inmigración de los Judíos del Yemen aumentó a partir de este año. Sin embargo, el entusiasmo y la fe únicamente, no bastaban para mejorar la situación inconmensurablemente dura de estos nuevos agricultores, dadas las
terribles condiciones de vida en esa época. La salvación se presentó bajo la forma de ayuda ofrecida por el Baron Edmond de Rothschild (1845-1934) quien, influenciado por algunos Jefes de “Hovevé Sien” y principalmente por el Rav Samuel Mohilever

(1824-1898) de Bialystok, consagró sus fuerzas físicas y financieras a la empresa histórica del retorno de Israel a su país, por lo cual mereció el título de “Padre de la colonización” (numerosos años fue mencionado el barón de Rothschild, en los círculos de “Hovevé Sion”, como “El célebre bienhechor” [Nadiv] y actualmente, el terreno donde está erigida su tumba, lleva por nombre “Rarnat Hanadiv” (La colina del Bienhechor).

Las actividades de los grupos de “Hovevé Sión” y el lento desarrollo de las colonias judías en Eretz Israel fueron continuados paulatinamente en el último cuarto del siglo XIX, de forma que, en el año 1900, el número de judíos alcanzó la cifra de 50.000, que vivían en cuatro ciudades y veintidós colonias.

En el año 1895, el Dr. Teodoro Herzl (nacido en Budapest, 1860-1904), escribió en Paris el folleto “Der Judenstaat” publicado en 1896 en Alemán y luego en Inglés y en Francés. La idea del sionismo político provocó inmediatamente un gran entusiasmo en todos los círculos judíos del mundo y en 1897 se reunió en Basilea el primer Congreso Sionista cuyo objetivo fue el de fijar el famoso “Programa de Basilea”: “El sionismo aspira a crear para el Pueblo de Israel un Hogar nacional en
Eretz Israel, garantizado por la legislación de las naciones”.
En los primeros congresos y durante sus intermedios fueron realizadas varias acciones políticas y creados los órganos necesarios para la obtención del fin sionista: El Banco Nacional (Jewish Colonial Trust) el Keren Kayemet (Fondo Nacional) etc.
En 1908 fue fundado un barrio judío en las cercanías de Yafo del cual, más tarde, nació la ciudad de Tel-Aviv. A pesar de los gravámenes y de las trabas impuestas por las autoridades turcas, al comienzo de la primera guerra mundial, habían en Israel 85.000 judíos y el número de colonias agrícolas se elevaba a más de 40. La lengua dominante fue el hebreo, vehículo necesario para unir grupos procedentes de países tan diversos. Una red de escuelas hebreas, de todos grados, había sido organizada.

Durante la primera guerra mundial, los judíos en Eretz Israel sufrían enormemente bajo la dominación de los turcos y por consiguiente la población disminuyó. Numerosos fueron los que quedaron desterrados de Eretz Israel, ya por ser ciudadanos de países enemigos (Rusia) o por ser sospechosos de simpatizar con los Ingleses, cuyos ejércitos se aproximaban al país. Muchos fueron martirizados con crueles suplicios (y también ejecutados) acusados de espionaje en favor del enemigo. De esta penosa situación, el Yishuv fue liberado por la entrada de los Ingleses en Eretz Israel. En vísperas de Hanuká del año 1917, el general Allenby efectuó su entrada en Jerusalem, a la cabeza de sus ejércitos, y menos de un año después, el norte del país se encontró igualmente liberado.

Entretanto los dirigentes sionistas se esforzaban por obtener de las naciones aliadas la promesa de satisfacer, al cesar la guerra, la aspiración del pueblo de Israel hacia su tierra. El Dr. Haim Weizman (nacido en Motyle, cerca de Pinsk, en el año 1873; fue elegido en 1949, por la primera Knesset, para el alto cargo de Primer presidente del Estado de Israel, falleció en 1952 en Rehovot), joven dirigente sionista y distinguido sabio en el dominio de la química, hizo un importante descubrimiento, cuya aplicación ayudó a Inglaterra en los momentos más difíciles de la guerra. Cuando le preguntaron que recompensa hubiera deseado por el gran servicio rendido, pidió, no para él, sino justicia para su pueblo errante, a fin de que pudiera volver a su patria. Así tomó contacto con los hombres políticas ingleses y,
entre ellos, con James Arthur Balfour (1848-1930), ministro británico, (desde 1922 – Lord Balfour) en cuyo corazón despertó una gran simpatía por el ideal sionista y por cuyo medio fue hecha, por fin, la famosa declaración, según la cual, “El gobierno de su majestad ve con buenos ojos el establecimiento de un hogar nacional judío en Eretz Israel”.

Como se temía que la promulgación de dicha declaración fuera anulada por causa de la oposición de círculos asimilacionistas muy influyentes, el Rav Kuk Gran Rabino de Yafo, que se encontraba en ese momento en Inglaterra manifestó enérgicamente su opinión. En su declaración, leída en las sinagogas y publicada en la prensa, demostró Rav Kuk la falsedad de los que argumentaban que no hay ninguna relación entre la Torá de Israel y los aspiraciones nacionales del pueblo y que la voluntad de volver a Eretz Israel no es más que una aspiración política y no un asunto religioso. Sus palabras hicieron gran impresión en los círculos competentes y la Declaración Balfour fue promulgada la víspera del Shabbat Vayerá 5678 (2 Novembre 1917), a pesar de la oposición de las asimilacionistas. Algún tiempo después,
el ejército inglés conquistaba Eretz Israel.

Cuando se reunieron, después de la guerra, los jefes de las naciones victoriosas, en San-Remo (Italia), decidieron en Abril 1920, a pesar de la oposición manifestada por varios sectores, de incluir la declaración Balfour en el tratado de paz con Turquía y de confiar al gobierno británico el Mandato sobre Eretz  Israel, según el cual, Inglaterra se obligaría a ayudar al establecimiento del hogar nacional judío. El mandato fue aprobado, por el consejo de la Sociedad de Naciones, el 22 de Junio de
1922. Desde antes de esta fecha, el gobierno británico envió a Eretz Israel a título de Alto Comisario, al Ministro judío Sir Herbert Samuel (nacido en Liverpool en 1870) el cual siguió desempeñando su cargo hasta 1925.

Estos sucesos, que representaban un gran progreso en la marcha política de la redención, despertaron un gran entusiasmo en todas las comunidades judías. De nuevo empezó la inmigración y empezaron a afluir los medios financieros para la construcción del hogar nacional.

La población judía en Eretz Israel que era de 56.000 almas después de la primera guerra mundial, absorbió hasta fines del año 1929 cerca de 80.000 inmigrantes y alcanzó, incluyendo el aumento natural, la cifra de 160.000 almas. En aquel tiempo fue creado el “Fondo de la redención” transformado más tarde en “Fondo de reconstrucción” (Keren Hayessod, comprendido actualmente, en la mayoría de los países, en la “Campaña Judía Unificada”) .
A raíz de esta gran evolución del sionismo, tuvo lugar en Agosto 1929, inmediatamente después del 16° congreso sionista, una imponente reunión de los más importantes jefes y personalidades judías de todos los países. En esa reunión (donde se hallaba, entre otros, el profesor Albert Einstein), fue creada la Agencia Judía para Eretz Israel la cual, desde entonces, participa activamente en todos los cometidos de la construcción del país.
Este progreso en la marcha de la reconstrucción del hogar nacional, despertó aún más la envidia y el odio de los enemigos de Israel, tanto entre los árabes de Palestina como entre los Ingleses de la administración local y del gobierno de Londres; los cuales, mismo desde antes, trataron de estorbar la construcción judía y de poner obstáculos al retorno a la patria. En aquel tiempo se produjeron disturbios sangrientos organizados por elementos árabes amotinados y también apoyados por los funcionarios del gobierno del Mandato. Fueron matados hombres, mujeres y niños (entre otros, 60 estudiantes indefensos de la Yeshivá de Hebrón). Arrancaron árboles, destruyeron edificios, atacaron colonias, sembrando la destrucción y el abandono.

Simultáneamente comenzó la ofensiva política, fueron enviadas a Eretz Israel comisiones de encuestas de cuyas conclusiones se sirvieron para reducir la inmigración, prohibir la adquisición de terrenos por los judíos y obstaculizar sus pasos en diferentes actividades.
También estos golpes que cayeron sobre el hogar nacional sirvió de estímulo a la población judía de Eretz Israel así como al pueblo judío en la Diáspora. Se reforzó y se extendió la defensa propia de los judíos (“Hagana”), creció la afluencia de hombres y de medios económicos y se aumentó el ritmo de la construcción y fomento del país.
En el año 1933 el nazismo tomó el poder en Alemania extendiéndose rápidamente a otros países, dando lugar a una imperiosa obligación de salvar a nuestros hermanos perseguidos y expuestos al peligro. El Yishúv se ofreció a ello y aumentó sus esfuerzos sobrehumanos. Con una población de 190.000 almas, absorbió en los tres primeros años alrededor de 150.000 nuevos inmigrantes principalmente de Alemania y de los países que estaban bajo la dominación nazi. La propiedad agraria judía alcanzó a 1.230.000 Dunamos y el número de colonias llegó a 180. Este prodigioso desarrollo causó un gran descontento a los árabes y a otros enemigos de Israel y en 1936 estallaron nuevos disturbios sangrientos, esta vez más prolongados, más crueles y mejor organizadas que en la primera. El Yishúv entero se convirtió en un campamento militar movilizado sin abandonar por eso la tarea de la construcción, exactamente como en tiempo  de Nehemiá: “Con una mano trabajaban en la obra y en la otra tenían la espada – – y la noche era para la guardia y el día para la obra”. Para crear una nueva colonia, era necesario
hacerla secretamente, durante la noche y rodearla inmediatamente de una muralla de defensa. No se podía salir a los campos sin estar armados y escoltados. Para circular por las carreteras se necesitaban automóviles blindados. Sin embargo, la obra de reconstrucción no cesó sino que, por el contrario, aumentó.
Cuando las autoridades limitaron la cuota de inmigración y al mismo tiempo aumentó el peligro en que se hallaban los judíos en los países donde dominaba la iniquidad, se organizó en gran escala la inmigración ilegal (“Aliya Béth”) la cual, a costa de grandes esfuerzos y de mucha astucia, encontró diversas vías, tanto en Eretz Israel como fuera del país, por mar, tierra y aire, para salvar a los judíos de los lugares peligrosos y traerlos a Eretz Israel. La tensión entre el Yishúv y el gobierno británico – gobierno que hubo aceptado el mandato precisamente para ayudar a la construcción del hogar nacional, y cuyo mandato traicionó – seguía en aumento.

En 1939, el gobierno británico promulgo un nuevo documento (“El libro blanco”) con la intención de destruir completamente el hogar nacional: la inmigración de los judíos sería anulada, la adquisición de terrenos y el fomento quedarían autorizados únicamente en una pequeña región donde la población judía era muy densa y que estaba, en gran parte, desarrollada – esta región representaba 5 % de la superficie total de Eretz Israel.
Un formidable levantamiento en contra de esta ley de estrangulación se produjo en el Yishúv – “no nos someteremos”- cuyo eco se dejó oír entre los judíos de la Diáspora como igualmente en la Sociedad de Naciones, en el parlamento británico y entre los hombres de buena voluntad de todos los países. En esa situación sobreviene la declaración de la guerra: los nazis ocuparon Polonia. El pueblo judío en Europa é inclusive el Yishúv en Eretz Israel, rodeado de enemigos del exterior y del interior, se encontraban en gran peligro. Sin embargo, la guerra contra el nazismo a la cabeza de la cual se colocó Inglaterra.
Fue para los judíos una guerra de obligación y también los judíos de Eretz Israel consideraron un deber participar en ella.
Por consiguiente las instituciones del Yishúv hicieron saber al gobierno británico: “lucharemos contra vosotros a causa del ‘Libro blanco’, como si no existiera el nazismo y lucharemos a vuestro lado, contra el nazismo, como si no existiera el ‘Libro blanco'”. Esta promesa difícil- y casi imposible de realizar, fue cumplida admirablemente por los miembros del Yishúv.

Conjuntamente con las empresas de construcción y de fomento erigidas contra la voluntad de los ingleses y en oposición a sus edictos, nació la industria de guerra en el Yishúv que sirvió de importante ayuda a los ejércitos aliados. Jóvenes de ambos sexos fueron separados de tareas importantes y movilizados para el servicio de la guerra – utilizados tanto para los trabajos corrientes del ejército como para misiones especiales y peligrosas – rindiendo apreciables servicios al esfuerzo de guerra, sin dejar de ocuparse igualmente de la salvación de los judíos, encaminándolos hacia Eretz Israel por medio de la Aliya “ilegal”.

Cuando llegaron al Yishúv las primeras informaciones sobre el terrible exterminio realizado por los nazis detrás de las líneas de combate Europeas, se movilizaron decenas de jóvenes paracaidistas de ambos sexos que fueron lanzados en territorio enemigo, cumpliendo misiones de sabotaje en favor de los aliados y especialmente misiones de salvación en favor de los judíos.
Muchos de ellos perecieron tarde o temprano a manos del enemigo sin que se supiera nada de ellos, otros consiguieron dar noticias sobre el cumplimiento de sus cometidos. Hechos semejantes fueron igualmente realizados en los países árabes vecinos que, ayudaban a los nazis y sus aliados y que oprimían a los judíos de Eretz Israel y a los que vivían en sus territorios.

Este esfuerzo de guerra exigió un gran despliegue de fuerzas de la parte del Yishúv reforzando, al mismo tiempo, su potencia militar. Simultáneamente prosiguió, sin cesar, la obra de construcción.
Durante los años de guerra inmigraron, por vías ilegales y afrontando enormes peligros, unos 40.000 judíos, los cuales crearon nuevas y numerosas colonias en todas las regiones del país. Entre ellas fueron creadas las primeras colonias en el Neguev (región “prohibida” a los judíos).

En una sola noche (la noche siguiente al día de Kipur 1946) se crearon once nuevas colonias en el Neguev, las cuales fueron inmediatamente rodeadas de murallas defensivas. Es imposible describir la sorpresa de los árabes y de los Ingleses.

El aspecto de la situación al acabar la guerra fue terrible y conmovedor: el exterminio de seis millones de judíos; la destrucción de congregaciones y de ciudades enteras; los campos de trabajadores donde existían aún judíos vivos, consumidos por el hambre, exhaustos y cubiertos de enfermedades. Los jóvenesde Israel que pudieron tomar contacto con estos rescatados, cuando se encontraban en el ejército y en otros cometidos, (entretanto – 1944 – los Ingleses dieron por fin su consentimiento para crear una brigada judía especial, sin por eso autorizada a permanecer en territorio alemán conquistado) sacrificaron todo lo que pudieron, con el fin de salvar esos afligidos y doloridos hombres: sus propias raciones alimenticias, sus ropas personales, los almacenes del ejército y los medios de transporte, todo esto a cualquier precio, inclusive en contra de la legalidad.

También el mundo se conmovió a la vista de los campos de refugiados donde se encontraban especialmente judíos, rotos y destrozados sin hogar y sin cabida para ellos en el mundo. El presidente Truman de los EE. UU. intervino cerca del gobierno británico para que éste aceptara la entrada en Eretz Israel de 100.000 refugiados, por razones humanitarias – lo mismo fue recomendado por la comisión Anglo-americana que visitó los campos de refugiados como asimismo Eretz Israel. Por su parte el Yishúv se mostró dispuesto a reconocer algunas decisiones desfavorables del “Libro blanco” a condición de dar inmediatamente refugio a 100.000 judíos, para aumentar por ese medio las fuerzas.

Mas los caminos de Dios fueron aún más maravillosos, y como en tiempos de Moisés – “y endurecía el corazón”. Los árabes y, siguiendo sus trazas, las autoridades británicas anti-judías, respondieron a estas proposiciones can un “no” rotundo. La lucha entre el Yishúv y las autoridades seguía en aumento. Especialmente,
se practicó en mayor escale y por medio de numerosos esfuerzos, la inmigración ilegal (“Haapalá”), lo cual dio por consecuencia el enfurecimiento de las autoridades británicas, quienes con dicha cólera llegaron al punto de cometer tales excesos que les hicieron imposible conservar sus posiciones en Eretz Israel.

Decenas de pequeñas y titubeantes embarcaciones vagaron por los mares, conducidas valientemente por los jóvenes de Israel, repletas de una preciosa carga: hombres, mujeres, niños quebrantados y abatidos, rescatados de los campos de la muerte y escapados de las persecuciones antisemitas. El gobierno británico
movilizó su potente flota de guerra para perseguir estos endebles barcos, alcanzados y volver a los viajeros al infierno del cual habían logrado huir. Para los casos en que fuera absolutamente imposible volver a los viajeros a otros países, Inglaterra estableció campos de concentración en la isla de Chipre – lo esencial era
no dejarles entrar en Eretz Israel, a ningún precio.
Numerosos barcos de inmigrantes clandestinos funcionaron hasta el día de la proclamación del Estado de Israel, entre ellos, varios fueron abordados, otros consiguieron desembarcar sus viajeros en las colonias judías de la costa mediterránea.
He aquí la historia de uno de estos barcos:

En el pequeño puerto italiano La Spezia, se encontraba una miserable embarcación, “Fede”, en la cual embarcaron, la semana anterior a Pesah 1946, más de 1000 refugiados con la idea de entrar ilegalmente a Eretz Israel, conducidos por algunos jóvenes de Eretz Israel. El proyecto habiendo llegado al conocimiento de los Ingleses, éstos enviaron inmediatamente emisarios a dicha ciudad con el propósito de arrestar a los refugiados y volverlos al campo de reclusión. Incluso solicitaron la ayuda de la policía italiana. Los desgraciados inmigrantes se opusieron vivamente utilizando la única arma de que podían disponer: la huelga del hambre. Más de 1000 hombres, ancianos y jóvenes, mujeres y niños, ayunaron durante más de tres días. El asunto llegó a oídos del mundo entero, produciendo una gran sensación.
Los dirigentes ingleses intervinieron, tratando de salvar el honor de la Gran Bretaña, inculpando la testarudez de la Administración palestiniense. El Yishúv apoyó a sus hermanos con toda su fuerza y en signo de solidaridad, decretó un día de ayuno en todo Eretz Israel. En vista de que el problema no se solucionaba, la víspera de Pessah se decidió que todas las familias celebraran el “Seder” ritual, pero que 15 personalidades, entre los principales jefes del Yishúv, dejaran a sus respectivas familias y se reunieran en la Casa de la Agencia judía en Jerusalem y continuaran ayunando hasta obtener para esos desgraciados la autorización de inmigrar. Entre ellos se encontraba Itzhak Ben Zvi (presidente del Concejo Nacional y, desde 1952, Presidente del Estado de Israel). La noche de Pessah comieron únicamente un
trocito de matzá y unas hojitas de lechuga, bebiendo 4 vasos de té – y siguieron el ayuno. En consecuencia de la gran excitación y del gran ruido producidos en el mundo entero alrededor de este asunto, el Alto Comisario convocó al Gran Rabino Herzog para estudiar la solución, con el fin de hacer cesar la huelga del hambre. El Rav se dirigió al palacio del Alto Comisario, el mismo día de Pessah, habiéndose visto obligado de andar varios kilómetros a pié. El resultado fue que los refugiados fueron autorizados a entrar y que un mes después descendían en el puerto de Haifa.

Entre aquellos osados, hubieron quienes lograron bajar al puerto y quienes fueron detenidos y llevados a Chipre; pero, a los pocos días de haberse creado el Estado de Israel, llegaron todos los detenidos en los campos de concentración de esta isla al puerto de la Patria redimida.

El punto central de todas estas actividades, para la salvación de los hermanos y para la reconstrucción de la patria, actividades que se extendieron sobre casi la mitad del globo terrestre, se hallaba, como es natural, en Eretz Israel. Dichas actividades fueron realizadas por devotos jóvenes de la población que fueron dirigidos por los jefes y los notables. Contra unos y otros, así como contra toda la población judía, dirigieron las autoridades británicas sus iras y sus golpes.

Un día, en el santo sábado de la Parashá de Corah (29 Junio 1946) fueron detenidos, de una sola redada, en todas las ciudades y colonias, más de dos mil hombres, entre los cuales habían notables de la población judía, miembros directivos de la Agencia Judía, presidentes de municipios, dirigentes de partidos, militantes de “Hagana” (Defensa) etc. etc. Todos ellos fueron llevados a campos de concentración previamente preparados, donde quedaron recluí dos sin formación de causa y sin acta de acusación. Las Autoridades creyeron que con un golpe como éste, quedaría paralizada la población judía y cesarían sus actividades, pero no ocurrió así ni en ausencia de esos dirigentes del Yishúv, pues, no faltaron sustitutos, por lo que las enérgicas actividades de la población prosiguieron – y las autoridades opresoras solo consiguieron perder prestigio.

Estaba claro que Inglaterra no podía, de este modo, seguir dominando el país. La Asamblea de las Naciones Unidas, nombró una Comisión especial, cuyo cometido sería investigar sobre la situación y presentar proposiciones. Dicha Comisión oyó declaraciones y proyectos del gobierno; también de los judíos y de los árabes y resolvió que Inglaterra tenía que desentenderse del Mandato y que había que dividir el país, en una de cuyas partes había que formar un Estado Judío independiente. La Asamblea de las Naciones Unidas se reunió en Lake Success para discutido y tomó la decisión, por gran mayoría, el 29.11.47 (17 Kislev de 5708), no obstante la oposición de los árabes y de sus partidarios, de dividir el país y establecer en una de las partes un Estado judío soberano. Las Autoridades mandatarias tendrían que evacuar sus fuerzas de Eretz Israel en un tiempo determinado y entregar los puestos de gobierno progresiva y ordenadamente a aquellos que entrarían a sustituirlas.
Un entusiasmo enorme se apoderó de la población judía en el país y de los dispersos de Israel en todos los países de la Diáspora é incluso las naciones del mundo se adhirieron con alegría, pues, tras opresión y cautiverio sufridos durante casi dos mil años, apareció de nuevo la posibilidad práctica, para elPueblo de Israel, de restablecer su Estado. El mundo reparabaasí la injusticia que se hizo al Pueblo judío, quien fue trasplantado de su país y quien, sin embargo, no lo olvidó ni dejó de
aspirar, en todos los tiempos, volver al mismo.
Todavía se hallaba en marcha de ola de alegría, cuando los enemigos de Israel se organizaron para impedir, por todos los medios que estaban a su alcance, la creación del Estado Judío.
El país fue inundado por una ola de asesinatos, atentados contra las comunicaciones y ataques armados contra la población judía, los que eran realizados por los árabes de Eretz Israel, con el apoyo de los países árabes vecinos y de sus ejércitos, ayudados también por elementos hostiles ingleses.
Las Autoridades británicas, no hicieron ningunos preparativos para entregar los puestos gubernamentales a manos judías, sino todo lo contrario, procuraron que reinara el desorden en todo asunto que abandonaban los ingleses.
Los árabes creyeron que, a poco, cuando finalizara el mandato de modo oficial, se sobrepondrían fácilmente a los judíos, con la ayuda de los ejércitos de los países vecinos y los echarían al mar, y que la riqueza de toda la próspera población judía se la repartirían entre sí, como botín. (Incluso antes de finalizar el Mandato, luchó contra los judíos en el país, la Legión árabe de Transjordania, cuyo mando era británico). También los Ingleses, en su mayor parte, estaban seguros de que los judíos no podrían sostenerse y de acuerdo a esto, dispusieron sus proyectos.
La población judía tuvo necesidad de hacer frente a una lucha dura en el interior del país; traer por medios ilegales, en opinión de las Autoridades, lo que le era necesario del extranjero y al mismo tiempo, hacer los preparativos para recibir la dirección del Estado, el día en que terminara el Mandato británico. Quedó
constituido un “Directorio del Pueblo” un a modo de gobierno clandestino que se encargaba de todo aquello que fuese necesario; desde la impresión de sellos de correo y de billetes de banco, hasta preparar aviadores y maquinistas de ferrocarril; desde la organización del cuerpo de policía y primeros auxilios de sanidad,
hasta la ordenación de impuestos aduaneros y expendeduría de pasaportes. En ayuda de los jóvenes de la población judía, vinieron con admirable espontaneidad voluntarios jóvenes judíos (“mahal”) de todos los confines del mundo, de los campamentos de refugiados y de países libres; de los puertos nórdicos y de las islas del Atlántico, los cuales hicieron la aportación de sus conocimientos técnicos y organizadores y su disposición a sacrificar sus vidas en aras del Estado que estaba naciendo. Entre los que llegaban, habían altos oficiales de ejército y peritos en armamentos; aviadores con aparatos de su propiedad; médicos y multitud de jóvenes que solo contaban con su amor al Pueblo y disposición al sacrifico. Todo esto acaecía en medio de un inmenso peligro para la población judía, del que muchos creían
imposible que se pudiera zafar.

En aquel momento en que la población judía quería dedicarse, por entero, a la preparación de su futuro inmediato, la atacaron y la hostigaron sus enemigos en todos los poblados, y en todos los caminos y la impusieron cada día nuevas y duras batallas.
En todo lugar donde las armas judías dominaron, los habitantes árabes no ofrecieron oposición, sino que huyeron en masa, confiados en que, a poco, volverían siguiendo los pasos a los ejércitos árabes, recuperarían sus propios bienes y entrarían a saco contra los bienes judíos. Esto ocurrió en Haifa, en Tiberiades, en Jafa,
en los barrios extremos de Jerusalem y en multitud de aldeas, en todas las regiones del país. Tan solamente en contados lugares que fueron conquistados por las armas judías, permanecieron árabes, como población no-contendiente, a quienes nadie molestó, ni siquiera durante las batallas.
Mientras tanto, se tuvo conocimiento de que los británicos evacuarían sus fuerzas y liquidarían el Mandato, no el primero de Agosto de 1948, como estaba previsto, sino ya en el 15 de Mayo. Los gobiernos de los Estados vecinos hicieron público que a media noche, entre el 14 y el 15 de Mayo, sus ejércitos invadirían Eretz Israel por tierra y por el aire y que conquistarían para sí el territorio que fue destinado para el Estado Judío. Hubieron muchos titubeos: ¿Cómo podremos sostenernos frente a todos estos peligros? De la Comisión de las Naciones Unidas y de sus proyectos de establecer una milicia neutral, no era posible esperar ayuda alguna; era necesario, pues, acrecentar los esfuerzos y disponer todos los preparativos en medio del torbellino de duras batallas que seguía en aumento.
El 15 de Mayo de aquel año, acaeció en sábado de Parashat “Emor” (en el extranjero correspondía leer la Parashá “Kedoshim”).
La víspera, después del medio día, se reunieron en el Salón del Museo, en Tel-Aviv, los miembros del Consejo del pueblo y los dirigentes de la población y del sionismo y proclamaron la creación del Estado de Israel. David Ben Gurion leyó la proclamación de la Independencia, el Rav Y. L. Hacohén Fishman dijo la bendición “Shehejeyanu”; treinta y siete de los asistentes firmaron la Proclamación: el “Directorio del Pueblo” quedó convertido en gobierno y nació el Estado de Israel.

En ese mismo día, el presidente Truman comunicó el reconocimiento del nuevo Estado por los Estados Unidos; al transcurrir contados días fue conocido el reconocimiento hecho por los Estados del Oriente europeo, como ser: Unión Soviética, Checoslovaquia y Polonia.

Muchos otros estados reconocieron al Estado Judío; sin embargo, el reconocimiento principal fue aquel hecho por el Pueblo Judío en sus dispersiones, porque este Estado, su propio Estado es, anhelo de su alma y principio de la realización de sus ensueños, visión de profetas y aspiración de los probos de la humanidad. Tan
solamente con la ayuda de todo el Pueblo judío, hizo frente este pequeño Estado a todas las guerras que acompañaron al múltiple ataque y a todas las luchas que viene sosteniendo hasta hoy y con la ayuda de Dios esperamos que todo el Pueblo Judío logrará convertirle en aquello a que fue destinado.

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Esta es la historia del desarrollo de la última redención de Israel; historia de casi dos mil años, la cual queda delimitada por dos fuertes catástrofes: al principio por la terrible catástrofe de la destrucción del Templo y del cautiverio del Pueblo de Israel y al final, por la no menos espantosa del exterminio, en Europa, de lo más selecto del Pueblo judío; pero toda ella está entretejida de condenas y conversiones forzosas, destierros y persecuciones, en medio de los cuales resaltaban chispas inflamativas de la voluntad de redención. Un pronunciamiento práctico organizado fue mareándose en esta voluntad, solamente desde hace menos de cien años.

Sabido es, de siempre, que permanecen ocultos para nosotros los medios que dispone la Providencia para orientar la historia hacia fines determinados, medios que reconocemos solamente des pues de ver hechos consumados. Maravilloso é incógnitopor demás es el desarrollo de la historia del Pueblo de Israel lo mismo anteriormente cuando vivía en su país, como durante su prolongado destierro.

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