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PARASHAT VEZOT HA-BRAJÁ
Autor: Simjá Raz
El nivel supremo
"Y ésta es la bendición que Moshé, varón de D's, impartió a los Hijos de Israel antes de su muerte." (Deuteronomio 33:1)
Preguntaron al Rabino Itzjak de Varki: En las
Escrituras dice: "Y ésta es la bendición que Moshé, varón de D's,
impartió a los Hijos de Israel antes de su muerte". Rashí interpretó las
palabras "antes de su muerte" como "cerca de su muerte", y
como prueba de ello añadió la siguiente explicación: "Si no ahora, ¿cuándo?"
¿Qué quiso decir con eso y por qué añadió algo que no había sido dicho en
la Torá?
El rabino respondió: Prestad atención al hecho de que
en toda la Torá Moshé no es llamado "varón de D's", excepto en este
caso. Por su amor al pueblo debería haberlo bendecido mucho antes, pero siempre
sentía que debía ascender aún más e impartir más fuerza a su bendición;
por eso la demoró. Pero ahora, una vez que hubo llegado al nivel de "varón
de D's", que es el de los ángeles
(que, a diferencia de los seres humanos son inmutables), supo que su muerte
estaba próxima y bendijo al pueblo, porque "si no ahora, ¿cuándo?"
El amor a la verdad
"¡Oh tú, que sientes
afecto por los pueblos!"
(Deuteronomio 33:3)
El
Rabino Iosef Zejariá Stern, rabino de Shavli, solía decir: Existe una gran
diferencia entre el afecto y el amor. Por ejemplo, en la Torá dice: "¡Oh
tú, que sientes afectos por los pueblos!" (Deuteronomio 33:3): D's siente
afecto por las naciones; pero en lo que atañe a Israel decimos: "que elige
a su pueblo Israel con amor", y "ama a su pueblo Israel", porque
existe una diferencia entre el amor y el afecto. Un ser humano puede sentir
afecto por un amigo, pero como no hay ningún justo en la tierra que haga el
bien y no peque, sólo siente afecto por sus virtudes y no por sus defectos. El
amor se refiere a quien ama a su amigo con todos sus defectos; aunque lo haya
ofendido o le haya hecho mal, no deja de amarlo. Por eso decimos: "Amarás
a H' tu D's", porque la persona debe bendecir el mal tal como bendice el
bien; por eso se debe amar a D's. La Torá dice: "Amarás a tu prójimo
como a ti mismo"; todo judío debe amar a su amigo como se ama a sí mismo.
También él mismo tiene defectos y sin embargo se ama; por eso, las Escrituras
dicen: "como a ti mismo". Tal como uno se ama a sí mismo con todos
sus defectos, debe amar al prójimo con los suyos.
El anhelo debe hallar su respuesta
"Moshé nos dio una
Ley."
(Deuteronomio 33:4)
El
Rabino Itzjak de Gur solía contar una historia para comentar el presente versículo:
Un
hombre muy rico y estudioso buscaba un novio para su hija. Se dirigió a una ieshivá
y pidió a su director que eligiera para él una eminencia. El director le
presentó tres alumnos distinguidos, para que los conociera y examinara. El
visitante les formuló una pregunta y dijo que aquél que respondiera primero
desposaría a su hija, y que él satisfaría todas sus necesidades.
Los
tres jóvenes cavilaron y se esforzaron, pero no lograron encontrar la
respuesta. Dos de ellos vieron que se afanaban en vano y se retiraron, enojados
consigo mismos, pero el tercero rogó al padre de la novia que respondiera la
pregunta.
El
padre le preguntó: ¿Para qué quieres la respuesta? No has logrado encontrarla
por ti mismo, y mi hija no será tu esposa de ninguna manera.
Pero
el joven siguió insistiendo y le explicó lo siguiente:
Es
cierto que al no haber encontrado la respuesta he perdido la ocasión, y que no
soy digno de tu hija. Pero qué puedo hacer si mi alma ansía oír palabras
sabias, la pregunta que has formulado me preocupa y quiero resolver el problema
halájico. Por favor, no me lo impidas.
Cuando
el hombre rico vio que el joven anhelaba la Torá con interés auténtico,
le reveló la respuesta y le dio a su hija por esposa.
Su alegría es la mía
"Cuando se congregaron
los jefes del pueblo y las tribus de Israel."
(Deuteronomio 33:5)
El Rabino Naftalí de Rufschitz solía mencionar la enseñanza que había
aprendido cierta vez en un diálogo que mantuvo con un judío simple, que se
ganaba la vida como estibador.
Cierta vez vio a un judío simple y completamente ignorante que se
regocijaba grandemente en Simjat Torá. El Rabino Naftalí le preguntó:
¿Qué tienes que ver con esta alegría? ¿Cuánta Torá has estudiado el año
pasado, que estás ahora tan contento?
El hombre le respondió con sencillez e ingenuidad: Si mi hermano se
alegra, ¿no es acaso su alegría la mía, no debo alegrarme junto con él? Si
yo mismo no he estudiado la Torá, me regocijo con la alegría de mi hermano el
rabino, que sí ha tenido el privilegio de estudiar.
Otro hombre que se alegraba en Simjat Torá le preguntó: ¿Cuál es la
causa de tu alegría; el rabino ha estudiado y tú te regocijas?
El
hombre respondió: En la víspera de Iom Ha-Kipurim me confieso en la
pelgaria Al Jet ("Por los pecados"), en la que hay un versículo
que señala: "Por el pecado que hemos cometido ante Ti al aceptar
soborno". El Creador sabe que no he cometido ese pecado, que nunca he caído
en él. Pero debo confesarlo por mi compromiso con todo el pueblo, porque es
posible que alguien sí lo haya cometido. Si hay un compromiso mutuo por los
pecados, con más razón lo hay con respecto al estudio de la Torá; por eso me
regocijo con la Torá que ha estudiado mi prójimo.
"Que pueda vivir en la Casa de H' todos los días de mi
vida"
"El amado de H' vivirá
seguro pues goteará de Su protección todo el día."
(Deuteronomio
33:12)
El Rabino Avraham Itzjak Ha-Cohén Kuk dijo: Los libros de enseñanzas
morales nos indican que una persona no debe allegarse demasiado a otra, proque
una amistad muy estrecha se convertirá finalmente en odio. Por eso, también el
rey Shlomó nos había advertido: "Esté tu pie raramente en la casa de tu
vecino" (Proverbios 25:17).
Pero hay un amigo en cuya amistad se puede confiar, y al que podemos
acercarnos siempre: "El amado de H' vivirá seguro pues goteará de Su
protección todo el día".
Una despedida triste
"Así Moshé, siervo de
D's, murió allí en la tierra de Moav, conforme a la palabra de H'"
(Deuteronomio 34:5)
Cuando
los hijos de Israel se acercaron al país, Moshé no fue autorizado a cruzar el
río Jordán para entrar con ellos. Subió al Monte Nebó y vio la tierra desde
lejos, desde " la cima que está frente a Ierijó".
La senda del conductor en la vida es sumamente difícil. Muchos obstáculos
lo aguardan y grandes son los pesares que le caben en suerte, aunque sea el
dirigente más leal y consagrado a sus funciones. Por el contrario, cuanto más
grande y leal es, más escollos debe superar y más intenso es su pesar.
Como
ejemplo y evidencia de ello puede servir Moshé, el pastor leal del pueblo judío,
que lograra sacarlo de Egipto y conducirlo en su travesía por el desierto
durante cuarenta años, hasta llegar a la Tierra de Promisión.
Moshé
tenía ciento veinte años al momento de morir: "Moshé murió el siete de
Adar, y nació el siete de Adar" (Maséjet Taanit 13, b). Su última
bendición antes de morir termina con la siguientes palabras: "¡Dichoso
eres, oh Israel! ¿Quién es como tú, pueblo salvado por H', el escudo que te
protege y la espada que te hace triunfar?" (Deuteronomio
33:29).
¡Shabat Shalom!
Autor: Simjá
Raz
Editor:
Rabino Yerahmiel Barylka
Productora:
Ahuva Bar-Lev
Traductora:
Orna Stoliar