PERASHA VAISHLAJ:

"La relación entre la salud física y la espiritual"

 

Esta Perasha comienza narrando la preparación de Iaacob Abinu para el encuentro con su hermano Esav después de muchos años de separación y enemistad. Iaacob se preparó de tres formas: haciendo Tefilá a Hashem, enviando regalos que sobornaran a su hermano y -en el último de los casos- estaba dispuesto a pelear contra él. Envió a Esav emisarios, que según el Midrash eran ángeles celestiales, y le dijo: "con Laban he vivido y me retrasé hasta ahora" (Bereshit 32). Rashi comenta que el término "garti" (he vivido) suma numéricamente seiscientos trece y el mensaje que daba Iaacob a su hermano era que, a pesar de vivir con un perverso como Laban, no había copiado sus malas actitudes y había cumplido los seiscientos trece preceptos. El Sifte Jajamim -que comenta a su vez las explicaciones de Rashi- nos explica que la intención de Iaacob era decirle que la bendición que le había dado Izjak de que con la espada viviría, sería sólo si Iaacob no cumpliera con la Torá. Pero mientras que Iaacob se mantuviera -como lo había hecho- en el camino de Hashem, Esav no podría con él.

 

Sin embargo, en uno de los versículos posteriores leemos: "Y temió Iaacob mucho y se angustió". ¿Cuál fue entonces la causa de ese temor? El Ibn Ezra explica que el temor de los Sadikim es a los pecados. En este caso, Iaacob tuvo miedo de haber pecado no con actitudes -porque había cumplido los 613 preceptos- sino que quizás no había acompañado a esos preceptos con el pensamiento adecuado y por eso Hashem no estaría con él. Iaacob Abinu se reclamó a sí mismo -de acuerdo con su grandeza espiritual- un nivel especial que excede a nuestra imaginación.

 

El Rab de Lublin Z"L solía explicar el versículo de otra forma: "y temió Iaacob". Su miedo fue por Esav y luego instantáneamente "se angustió" por haber tenido miedo, ya que sólo se debe temer a Hashem y no a un ser humano o a otra circunstancia de la vida. En una oportunidad, un Iehudi reprochó a su compañero porque no pensaba ir al Bet Hakeneset ni siquiera en el día de Rosh Hashaná. Ante su insistencia aceptó ir, pero lo hizo sólo el primer día y en el segundo no concurrió. Cuando se encontraron luego de las fiestas y ante el reclamo de su amigo de por qué no había ido el segundo día, el Iehudi respondió: "en el primer día escuché que en la Tefilá le decíamos a Hashem que depositara Su Temor sobre toda la Creación. Yo soy una persona miedosa por naturaleza -continuó el Iehudi- temo a cosas insignificantes y no puedo superarlo. ¿Acaso quieres que ahora agregue un nuevo temor?". Su amigo le respondió: "si aceptas ese temor -el temor a Di-s-, los otros miedos desaparecerán, porque comprenderás que nada te podrá suceder sin Su consentimiento".

 

Ciertamente, el temor es uno de los instintos naturales del ser humano y quien no lo posee, no comprende el valor de la vida. Pero aquél que confía en Di-s, no teme ni se preocupa como dice el profeta Ieshaiá 12: "he aquí que Di-s es mi salvador, confío en El y no temo". Rab Najman de Bresleb nos enseñó esa frase tan famosa: "el mundo es un puente muy estrecho que se debe atravesar con mucho cuidado y lo principal es no temer absolutamente". ¡Qué feliz sería nuestra vida si estas palabras penetraran en nuestro corazón continuamente, día y noche, en cada momento y lugar: "no temer absolutamente"!

En cada situación de la vida debemos hacer lo que está al alcance nuestro. Prepararse adecuadamente -por ejemplo- antes de una reunión con alguien importante que nos puede abrir la puerta de un buen trabajo, o frente a un problema de salud concurrir al mejor profesional, pero por sobre todo: "no temer absolutamente". Se debe mantener la calma y tranquilidad, sin que la tensión y el nerviosismo nos priven de la principal Mizva que todo ser humano debe tener: la confianza en Hashem, incluso en los momentos de oscuridad. La peor enfermedad que puede existir es el propio temor. No se soluciona nada con temer, el miedo no calma los dolores que se sufran. Por el contrario, agranda el mínimo problema con el telescopio de la imaginación y la locura, hasta que la persona termina temiendo de sus propios pasos. El dolor más pequeño se transforma así en la posibilidad de la peor enfermedad. Hay una relación directa entre el grado de confianza espiritual de la persona y la propia salud física. El promedio de vida de los doctores es menor que el del resto de la gente, porque al saber más sobre las probables enfermedades que pueden ocultar esos pequeños dolores que aparecen, les quitan su tranquilidad lo que trae aparejado consecuencias negativas. El rey Shelomo en Kohelet 1 nos enseña: "el que aumenta saber, aumenta dolor", porque quien hace cuentas sobre el futuro oscuro que se puede presentar, no tiene límite para esos pensamientos y así éstos pueden ocasionar la propia enfermedad.

 

¿Acaso no observamos cómo influye incluso en la parte física? Una persona que pasa un momento de vergüenza o de miedo se pone blanco repentinamente. Si sus nervios lo traicionan, su cara se transforma poniéndose al rojo vivo. ¡Cuántas enfermedades se originan en el nerviosismo o en un mal momento vivido! Nuestro secreto es la Emuná, esa fe interna que nos recuerda que tenemos en Quien apoyarnos y a Quien pedirle. No se detecta en ningún análisis de sangre ni tampoco con el estudio científico más avanzado, pero existe y puede formar parte de cada uno de nosotros. Para ello, debemos recordar el versículo: "Toda enfermedad que puse en Egipto, no pondré sobre ti, porque Yo soy Hashem Tu Doctor" (Shemot 16). Es sabido que cuando la persona confía en su doctor, las posibilidades de curación son mayores. El doctor de la familia como existía anteriormente, tenía más éxito que los especialistas de la actualidad. A veces quizás con la sola presencia o con una palabra, infundían en el paciente la fe en que nada sucedería y así comenzaba la curación. Es cierto que el progreso y los adelantos curan enfermedades que antes no estaban en condiciones de ser superadas, pero nos referimos a ese aspecto que antes existía y que hoy es tan difícil de encontrar: la fe en el profesional.

 

Creer es fundamental. Sucedió con un doctor en Alemania que fue visitado a medianoche por una joven desesperada porque su padre se había descompuesto. Cuando le explicó los síntomas que tenía el enfermo, el doctor se preparó para ir a atenderlo, pero cambiaba su corbata con mucha tranquilidad y se peinaba con lentitud. La joven exclamó: "¡Di-s mío, o Tú salvas a mi padre o nadie lo hará!". El doctor le dijo: "Seguramente en este instante tu padre habrá comenzado a mejorar". Cuando llegaron a verlo, realmente el peligro había cesado. La joven le preguntó al doctor cómo había sabido que así sucedería y el doctor le explicó con calma: "Cuando escuché los síntomas que tenía tu padre, me di cuenta de que ya no podía hacer nada por él y que sólo un milagro lo salvaría. Pero como tú confiabas en mí, te demostré al actuar con tranquilidad que de mí no dependía. En ese momento toda tu confianza la depositaste en Hashem. Por eso sucedió el milagro".

 

El secreto de la salud de la persona es la salud del alma. Una Tefilá hecha con concentración o un capítulo de Tehilim leído con devoción, reflejan el camino seguro que debemos recorrer. Este sentimiento de saber que tenemos a nuestro Padre a quien pedirle, quita todos los otros miedos. Es lo mismo que sucede -por ejemplo- cuando en el medio de una fiesta no se siente ningún dolor, pero al llegar a la casa no hay fuerza ni siquiera para caminar. El sentimiento de alegría hizo olvidar el dolor. Para ver hasta qué punto esto es así, podemos recordar lo que el Talmud comenta en Guitin 56. Los romanos habían sitiado a Ierushalaim y Raban Iojanan ben Zakai pudo salir a intentar pactar con Aspasianos, el general que comandaba a los romanos. El Rab lo saludó y le dijo: "Shalom para ti, Rey". Aspasianos le respondió: "Mereces doble pena de muerte; en principio porque no soy rey y así me has llamado. Por otra parte, si soy el rey ¿por qué hasta ahora no has venido a verme?". Raban Iojanan ben Zakai le citó distintos versículos que certificaban que Ierushalaim sólo caería en manos de quien fuera rey y justificó su demora diciendo que los extremistas judíos de la ciudad que querían pelear a cualquier costo no le permitían salir. Al instante, llegó de Roma la noticia de que el César había muerto y lo habían designado a Aspasianos en su lugar. En ese momento, Aspasianos se había calzado un zapato y al querer colocarse el otro no pudo hacerlo, así como tampoco pudo quitarse el que ya tenía puesto. Raban Iojanan lo consoló: "No te preocupes, se debe a que escuchaste una buena noticia: la buena noticia engorda los huesos. La solución es que camine delante de ti algún enemigo y al verlo tus huesos se secarán: el espíritu dolorido seca los huesos" (Mishle 15). Aspasianos actuó de esa forma y comprobó la inteligencia de Raban Iojanan ben Zakai enseñandonos claramente cómo el sentimiento gobierna la propia salud física.

 

Es cierto, el mundo es un puente muy estrecho, las dificultades y tropiezos que se presentan son muchas. Los jóvenes en sus estudios piensan que aprobar los exámenes es la mayor dificultad de sus vidas. Al recibirse, el desafío se transformó en conseguir una buena ocupación para poder construir un hogar. Cuando lo logran y deben enfrentar los problemas del sustento u otras preocupaciones aún mayores, se dan cuenta de que todo lo anterior no era tan grave como creían. Muchas veces no se encuentra la salida, la respuesta a los problemas parece lejana o quizás imposible. El cuerpo se dobla y el alma se parte. No sabemos que la salvación está en nuestras propias manos: "lo principal es no temer absolutamente". Se debe enfrentar el problema con todas las fuerzas, confiando en Hashem y mejorando nuestro cumplimiento, recordando que la fuente de todos los problemas son los pecados que los originan.

 

También Iaacob Abinu nos enseña esta base cuando hace Tefilá a Hashem antes del encuentro con Esav: "Tú me dijiste: bien haré el bien para ti" (Bereshit 32). Deducen nuestros Sabios que el ser humano debe sentirse continuamente agradecido a Hashem por todo el bienestar que recibe. Si le preguntan cómo está, debe responder: "¡Baruj Hashem! ¡Gracias a Di-s!", e incluso en el momento de la dificultad, la respuesta debe ser: "¡Baruj Hashem! ¡Todo se solucionará!". Quien se comporte de esta manera y le agradezca a Hashem por todo lo que le sucede, nunca será desprotegido por Di-s. Un niño que se enorgullece de su padre diciendo que es piadoso y misericordioso, ¿acaso su padre le demostrará lo contrario? ¡Nunca! A eso se refiere el versículo: "Y Tú dijiste bien", si te acostumbras a decir en todo tipo de situaciones que te otorgué el bien, entonces se cumplirá el resto del versículo: "El bien estará contigo". Amén.