Vaikra
El libro de cada ser humano
Inauguramos en el presente Shabat, la lectura del Tercer Libro de nuestra
Torá -Sefer Vaikrá-, el libro de Levítico, que tal como su
nombre latino
indica, nos presentará todos
los aspectos inherentes a un grupo humano, a
una tribu de las doce del pueblo de Israel. Los Leviím, descendientes de
Leví, segundo hijo de Iaacob,
serán sujeto e interés de este Libro, a lo
largo del cual podremos aprender las leyes que regularon la vida de esta
tribu, así como las de quienes
se desprende de la misma para conformar el
liderazgo espiritual del pueblo judío: los Sacerdotes, es decir, los
Cohaním.
Mientras que el Cohen -sacerdote- y en medio de ellos, el mayor en
edad y
sabiduría será nombrado
"Cohén Gadol" (Sumo Sacerdote) asumirá el rol
activo del ritual y la pureza de todo un pueblo, los Leviím o Levitas,
serán los encargados de cuidar que todo se cumpla en su debido
orden,
agregar la música a los servicios del Santuario y por sobre todo,
la misión
de ennoblecer al resto de sus hermanos -el pueblo de Israel-, por medio de
la educación. Los Leviím, son,
en efecto, los primeros maestros de Israel,
tarea a la que habrán de dedicar sus noches y días, durante y con
posterioridad al servicio activo en el Templo de Jerusalém.
Así lo
refleja la bendición que los Leviím reciben de boca de Moshé
-nuestro maestro-, en momentos de partir él de este mundo físico: "Y Tu Ley
a Israel; pondrán incienso delante de Ti, y sacrificios sobre Tu altar..."
(Libro de Deuteronomio, Perashat "Vezót haBrajá",
Cap. 33: 8,10).
Así también,
la tradición rabínica da en llamar a este libro como "Sefer
Torát Cohaním", o sea, el libro que regulará la actividad de los Sacerdotes
que, como expusimos más arriba, fueron un desprendimiento de los Leviím a
partir de Aharón, hermano de Moshé (ambos de la tribu mencionada).
"Vaikrá" contiene más de 250 mitzvot -preceptos-, siendo el primero de
ellos, el referido a los "Korbanot", que quiere decir, los Sacrificios que
deberían ser ofrecidos -tanto animales como vegetales- y las leyes que los
regulan.
No obstante ser este libro de capital importancia en el devenir histórico
de nuestro pueblo, y por sobre todo, una vez asentado en su propia tierra y
de haber erigido el Santuario de Jerusalén, llama la atención de los
comentaristas bíblicos, su ubicación en el seno de los cinco libros de la
Torá. Es decir, que de acuerdo
al criterio de ellos, lo más lógico hubiera
sido que el libro de "Bemidbar" - "En el Desierto" (o Números),
continuase
al Libro de Éxodo (Shemot), por
la correlación de los hechos, ya que el
libro de Shemot finaliza hablándonos acerca del "Mishcán" (el Santuario
Móvil) y su construcción, y en el libro de "Bemidbar" (4to en nuestra Torá)
se nos relata acerca de la inauguración del Altar y los sacrificios
ofrendados por los príncipes tribales en el día de la inauguración (del
"Mishcán").
Por otro lado, desde la cronología de los hechos, el libro de
Shemot
concluye aproximadamente hacia el final del primer ano de la salida de
Egipto, y en el libro de "Bemidbar" nos encontramos con todo lo referente a
la celebración de Pesaj, cosa que tuvo lugar durante el primer mes del 2do
ano de la salida de Egipto.
Sobrados motivos son los esgrimidos como para intentar una
"reubicación" o
reordenamiento, según lo planteado.
Más aún. Ingresando ya en el texto mismo de "Vaikrá", en sus primeros
versículos, la Torá plantea:
"...Adám ki iakriv mikém korbán laHaShem..."
?Por qué, se preguntan los exégetas, comienza nuestra Torá esta perashá con
la expresión "adam" (denominación genérica para todo ser humano) y no
"ish", es decir, "un hombre"? Por otro lado, el estilo en que está
formulado el versículo llama a la reflexión, pues traducido
literalmente el
versículo citado diría: "...Todo ser humano que sacrificare de entre
vosotros (o de dentro de vosotros) un sacrificio para HaShem...", mientras
que en realidad, el orden de las palabras debería ser diferente, o sea:
"Todo ser humano de entre vosotros que sacrificare un
sacrificio..."
etcétera (y dicho en hebreo: "Adám Mikem ki iakriv korbán...").
Vayamos, pues, en busca de algunas respuestas. Nuestros Sabios, de bendita
memoria, explican esta situación diciendo que el pueblo judío actuó de
manera sublime y realmente elevada, en todo lo relacionado a la erección
del "Mishcán" (Santuario Móvil) y sus utensilios. Su predisposición y
abnegada entrega -tanto material como espiritual- no tiene comparación con
otro momento en la historia bíblica. De igual manera es a los ojos del
mismísimo Moshé, cuando nos
relata la Torá: ..."Y vio
Moshé toda la obra y
he aquí que la habían acabado
de hacer; como había mandado el Senor, así la
habían hecho; y los bendijo Moshé" (Shemot, Cap. 39:43).
Así presentadas
las cosas, la sensación imperante sería que -ya estando
construido el Mishcán-, lo hemos conseguido todo, pues el Santuario (Móvil)
habrá de
perfilar la imagen de esta nación y habrá de asegurar su
subsistencia, y todo, en síntesis, estará ligado en derredor a él
y nada
más.
Este sentimiento no hará más que confundir y equivocar el sendero de todo
un pueblo. Si bien el "Mishcán" será -sin duda alguna- el epicentro de
toda una nación, y a través de él,
la Divina Providencia "reposará"
("Shejiná") sobre ese pueblo, no todo termina allí.
Sostienen nuestros maestros, que el "Mishcán" es -a
priori- sólo
utensilios, que necesitan que el ser humano los ponga en movimiento, los
ordene y emplee con determinada finalidad.
Es necesaria la aparición del ser humano, que sepa cómo "poner en
funcionamiento" ese Santuario, y por sobre todo, lograr que toda la
Espiritualidad Divina recaiga en su accionar. De otro modo, si no estamos
preparados para ello, poco será lo
que pueda agregar el "Mishcán", el
Santuario, por sí mismo...
Y es por ello que el libro de "Vaikrá" continúa al de "Shemot" (y
no el de
"Bemidbar"), pues de acuerdo con esta concepción rabínica, "...el libro
de
Éxodo, es el Libro de los
utensilios (kelim), mientras que el Libro de
Levítico, es el libro de adam
-de cada ser humano-, y así en
forma
simultánea, con la construcción del Santuario, debemos construir también al
ser humano, pues uno depende del otro..." (Rab. A. Orenstein, Sefer
Haderush ve-ha-Neúm).
Por eso el korban, el sacrificio. Por su íntima vinculación con lo Divino.
Porque "sacrificio", como palabra latina, proviene de
"sacrum", que
significa "sagrado". Pero el sacrificio, no es cosa sacra, sagrada, en el
judaísmo... !no nos
confundamos, por favor! "Korban", en hebreo, proviene
de "karov", y "karov" quiere decir "cerca",
"acercar", "acercarse"... Estar
cerca de Él, fuente de toda
Santidad, requiere que yo, como sujeto,
ponga
todo cuanto esté a mi alcance
para acercarme a Él, para
"AcercarLo" hacia
mí... Por eso está "Vaikrá", como vehículo entre el construir y el
inaugurar. Pero falta algo. Falto yo. Falta el desarrollo de cuanta
humanidad esté dentro de mí "adam", para ofrecer en
sacrificio, "ki
iakriv"; sin embargo entre el sacrificar y el sacrificio, se interpone una
pequena palabra, que a primera vista parece estar de más, o puesta en el
lugar equivocado: "mikem"... "Adám ki iakriv mikem korbán", dice la
Torá.
Ante todo, y más allá de mi buena predisposición, tengo que poner al
servicio de D-s el "mikem", todo mi ser, todos mis "adentros", todo lo
que
soy y cuanto soy.
El autor de Kiniané kédem,
ensena que: ..."El korbán (sacrificio) verdadero
es el Sacrificio del Corazón, es decir, el 'acercamiento' (korbán = estar
cerca) íntimo, espiritual (y sincero), hacia la Luz del mundo y Su
Santidad; y el sacrificio ofrecido en el altar era la expresión material de
esta ofrenda del corazón... A partir de aquí podremos comprender el escrito
que dice: 'Adám ki iakriv mikem' - 'Todo ser humano que sacrificare de
vosotros'; el principal sacrificio, es cuando ofrecemos 'mikem', es decir,
desde el adentro del ser humano, desde la intimidad de su corazón y su alma
(actitud = neshamá)..."