PERASHA VAIESE:
"De la oscuridad a la luz"
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización
de publicar esta sección
Son frecuentes las ocasiones en las que creemos que ante determinado tipo
de situaciones no hay salida posible, pensamos que el mundo se oscureció
y no hay solución al problema que vivimos. La vida de Rajel Imenu nos
enseña que nada es casual y que en el mismo problema se encuentra la luz
de la que saldrá la fuerza necesaria para poder superarlo.
Rajel era hermana melliza de Lea, de la misma forma que Iaacob Abinu lo
era de Esav. Sobre el versículo: "Y los ojos de Lea eran
delicados" (Bereshit 29), el Talmud en Babá Batrá 123 comenta
que Lea pensaba que se casaría con Esav el perverso y por eso lloraba, ya
que todos decían que Laban tenía dos hijas y su hermana Ribka dos
hijos, por lo que seguramente el mayor de los hermanos, Esav, se casaría
con la mayor de las hermanas, Lea.
Precisamente, desde el día en que Iaacob se encontró con
Rajel luego de escaparse de su hermano Esav, que quería matarlo por
haberle sacado la bendición de su padre Izjak, estuvo dispuesto a muchos
sacrificios con tal de poder casarse con Rajel. Cuando Laban -su futuro suegro-
le preguntó a Iaacob cúal sería su pago por el trabajo que
iba a realizar, éste sin dudar le respondió: "Te serviré
siete años por Rajel, tu hija menor" (Bereshit 29). Siete años
de trabajo y espera fue el precio que esta pareja estuvo dispuesta a pagar para
poder formar finalmente el hogar del que debían salir las tribus del
pueblo de Israel. Si bien es cierto que el versículo nos atestigua:
"Y trabajó Iaacob por Rajel siete años y fueron a sus ojos
como unos días por el amor a ella", para Rajel fueron años de
dolor, preocupación y silencio. El Midrash Tanjumá comenta que
Iaacob enviaba regalos a Rajel durante esos años, pero -inocentemente- se
los entregaba en las manos de Laban, quien ya había programado cambiar a
Rajel por Lea en el momento de la boda, y le entregaba todos los regalos a su
hija Lea. Rajel observaba y se callaba. Ella tenía la solución,
podía decirle a Iaacob lo que sucedía para que le entregara los
regalos a ella directamente, pero Rajel sabía que -al margen de las
trampas del padre- la mano de Hashem manejaba los acontecimientos con un
objetivo que, si bien ella no comprendía, sabía que era para su
beneficio. Debía dejar que los sucesos se desarrollaran, contener su
interés particular y permanecer en silencio durante siete años
llenos de dolor y tristeza, enseñándonos así la grandeza de
su alma. Pero este comportamiento es mínimo aún comparado con lo
que sucedió en la noche del casamiento tan esperado. En el fondo de su
corazón, sospechaba Iaacob que Laban quería engañarlo y
para que no trajera a otra mujer llamada también Rajel o que cambiara los
nombres de sus hijas, le especificó: "Rajel, tu hija menor". De
todos modos, Laban lo engañó. Iaacob había previsto que
esto podía suceder y por eso le había entregado a Rajel los
"Simanim", o sea señales que sólo ella sabía y
que Iaacob le preguntaría en el momento de la boda. Si Laban la había
cambiado por otra mujer, ésta no sabría responder cuando Iaacob le
preguntara los "Simanim", que precisamente eran los tres preceptos básicos
de toda mujer: Jalá (separar parte de la masa), Nidá (reglas de la
pureza del hogar) y Hadlakat Haner (encender las velas en la víspera de
Shabat).
Laban el tramposo reunió a toda la gente del lugar e hizo una
fiesta con la intención de emborrachar a Iaacob para que no se diera
cuenta del cambio que había hecho. "Y fue por la mañana y he
aquí que ella era Lea. Y le dijo Iaacob a Laban: ¿Qué me hiciste?
Por Rajel serví contigo. ¿Y por qué me engañaste?".
El reclamo de Iaacob no era sólo para Laban, sino en principio también
para Lea por haber participado del engaño. El Midrash Rabá nos
comenta que Iaacob le reprochó: "¡Tramposa hija de un tramposo, en
la noche te llamé con el nombre de Rajel y me respondiste!". La
respuesta de Lea fue: "¿Y tu padre no te llamó con el nombre de
Esav y también le respondiste?", queriéndole significar que
su intención también había sido Leshem Shamaim y debía
aprovechar la oportunidad de construir un hogar como Hashem reclama y no con un
perverso como Esav. El Midrash continúa explicando que Iaacob pensaba
divorciar a Lea, pero al ver que Hashem le daba hijos de ella se preguntó
a sí mismo: "¿a la madre de mis hijos divorciaré?". Sólo
al final de sus días el versículo atestigua: "se posternó
Israel (Iaacob) sobre la cabecera de su cama" (Bereshit 47). ¿Quién
era la cabecera de su cama? Lea -su esposa- y por eso Iaacob le agradeció
a Hashem por haberle dado a esa mujer que él no había querido,
pero que valoró en el último momento de su vida. Lea fue la madre
de seis tribus de Israel y para eso debió pagar un precio que no
cualquier mujer estaba dispuesta a pagar: vivir a la sombra de su hermana Rajel,
que era querida por Iaacob.
Los argumentos de Iaacob contra Laban y Lea por la trampa que le habían
hecho son comprensibles. Pero, ¿por qué no se enojó con Rajel? ¿Acaso
ella no debió haber sido el punto central de la protesta de Iaacob? ¡Sin
ella la trampa no se hubiera realizado! Rajel había estado de acuerdo con
Iaacob en preparar los "Simanim" para que Laban no los engañara,
pero a último momento cambió su idea y reveló los
"Simanim" a su hermana Lea. ¿Por qué lo hizo? La Guemará
en Meguilá 13 nos da el motivo. Rajel pensó que su hermana se
avergonzaría al ser descubierta por Iaacob y no quiso que esto sucediera.
Rajel sabía que de esa decisión dependía todo su futuro. Aún
no imaginaba que finalmente Iaacob también se casaría con ella,
pero estuvo dispuesta a otorgarle toda esa felicidad a su hermana Lea y que las
tribus de Israel descendieran de ella, pero Rajel no le haría pasar ese
mal momento a Lea. Esa era la categoría de Rajel Imenu, símbolo
viviente de lo que significa respetar al prójimo aún a expensas de
renunciar a todo un pasado lleno de expectativas y a un futuro espiritual
brillante. ¿Acaso Iaacob se podía enojar con una mujer como Rajel que en
la puerta de la felicidad renunció a todo con tal de que su hermana no se
avergonzara? Todo lo contrario: "Y quiso también a Rajel más
que a Lea", como explica el Kedushat Halevi, Iaacob la quiso más aún
al comprobar su grandeza de entregarle los "Simanim" a su hermana.
En realidad, Rajel pensaba que no se trataba de un acto de favor a su
hermana, sino que Lea realmente merecía tener un marido como Iaacob más
que ella misma. Según su criterio, Iaacob no se perjudicaba al casarse
con Lea, sino que por el contrario, los actos de Lea eran superiores a los suyos
y le correspondía casarse con Iaacob, a pesar de que quizás ella
debería ahora casarse con Esav el perverso.
El Todopoderoso quiso que ambas -Rajel y Lea- se casaran con Iaacob.
Luego del engaño Laban le ofreció a Iaacob esperar siete días
y casarse con Rajel, pero con la condición que después trabajara
otros siete años por ella. Hashem desea las Tefilot de los Sadikim y
ambas tuvieron mucho para pedirle. Lea -a pesar de los hijos que tuvo- se sentía
dolorida porque su marido no la quería como a Rajel. Los nombres con los
que llamó a sus hijos están relacionados con ese sentimiento:
"Reubén ... ya vio el Eterno mi aflicción, pues ahora me amará
mi marido"; "Pues oyó el Eterno que yo soy aborrecida y me dio
también a éste; y llamó su nombre Shimhon" (Bereshit
29).
Rajel -por su parte- era estéril y no podía tener hijos.
Ahora estaba convencida más que nunca de que su hermana era más
Sadeket que ella y la prueba contundente era que Lea tenía hijos con
Iaacob. El dolor de Rajel era enorme. Escuchaba cómo la gente murmuraba
que Iaacob la divorciaría y ella caería en las manos de Esav. En
un momento determinado le dijo a Iaacob: "Dame hijos; y si no, me
muero" (Bereshit 30). Sobre los versículos: "Y recordó
Hashem a Rajel y la escuchó a ella Hashem ..... y concibió y tuvo
un hijo.... Y llamó su nombre Iosef diciendo: aumentará el Eterno
otro hijo" (Bereshit 30), Rashi comenta que Hashem recordó la
entrega de los Simanim a su hermana y el sufrimiento que había tenido por
si Iaacob la divorciaba y por eso le otorgó un hijo.
Rajel Imenu nos enseña a no hacer cuentas. ¿Qué hubiese
sucedido si ella no entregaba los Simanim a su hermana y el engaño se
descubría y ella se casaba directamente con Iaacob? La respuesta es
sencilla: cuando Iaacob se hubiese dado cuenta de que ella era estéril la
habría divorciado. Luego se hubiera casado con Lea ya que Izjak su padre
le había ordenado casarse con las hijas de Laban y de ella hubiesen
nacido las tribus de Israel. El mérito por el que Rajel pudo tener a sus
hijos -Iosef y Biniamin- fue por su actitud de desprendimiento para que su
hermana no se avergonzara. A simple vista parecía que se perjudicaba. No
sólo que no se perjudicó, sino que gracias a ese acto pudo
concebir.
Cuando Reubén trajo del campo jazmines para su madre Lea, Rajel le
pidió: "¡Dame por favor de los jazmines de tu hijo!" (Bereshit
30). El Or Hajaim explica que los jazmines curan la esterilidad y por eso Rajel
los pidió. La respuesta de Lea fue: "¿Es poco quitarme a mi marido
que también quieres tener los jazmines de mi hijo?". Lea sabía
que los jazmines despiertan el amor entre marido y mujer y por eso ella los quería.
¿Cúal debió haber sido la respuesta de Rajel? ¿Acaso no
correspondía que le dijera: "¡Gracias a mí te casaste con
Iaacob y tuviste a tu hijo Reubén! ¡Si no te hubiese dado los Simanim te
hubieras casado con Esav el perverso!". Es cierto, cualquier mujer hubiese
dicho esa frase, pero no Rajel Imenu. Ella nuevamente concedió su parte:
"por eso, que duerma contigo esta noche a cambio de los jazmines de tu
hijo" (Bereshit 30).
Rajel falleció -según la mayoría de los Jajamim- a
los 36 años, en el momento en que nació su hijo Biniamin. Fue
sepultada en el camino a Efrat en Bet Lejem. Los Jajamim explican que por haber
despreciado que Iaacob durmiera con ella esa noche, no tuvo el mérito de
ser enterrada junto a él. Hashem
juzga a los Sadikim con una vara especial. ¿Pero acaso es posible que todos los actos de favor y
entrega de Rajel no fueran reconocidos por el Todopoderoso? No, Hashem previó
que en el futuro, cuando el pueblo de Israel sería desterrado por
Nebuzaradan -general persa- en la destrucción del primer Bet Hamikdash y
pasara por su tumba, ella lloraría por ellos pidiendo clemencia a Hashem:
"Se oye una voz en Ramá, lamentaciones y llanto amargo. Es Rajel que
llora por sus hijos y se niega a ser consolada por sus hijos" (Irmeiá
31). El Midrash comenta que en ese momento tan difícil la Tefilá
de Rajel a Hashem fue: "si yo que soy una persona de carne y hueso no tuve
celo de mi hermana y no dejé que se avergonzara, Tú que eres el
Rey Piadoso del mundo ¿por qué tienes celo de las idolatrías que
son vanas y por qué castigas a Tu Pueblo que ha pecado con ellas?".
Rajel reclamó la piedad de Hashem y la encontró: "Cesa tu voz
de llorar y quita las lágrimas de tus ojos porque tu trabajo será
recompensado y retornarán de la tierra del enemigo ..... y hay esperanza
para tu futuro ....... y tus hijos volverán a su propia tierra (Irmeiá
31). Rashi explica que por el mérito de haber entregado los Simanim a su
hermana y gracias a que Rajel estaba enterrada en ese lugar, el pueblo de Israel
se salvó de la destrucción total.
¡Cuántas enseñanzas nos deja la vida de Rajel Imenu! Pero
por sobre todo, debemos aprender a no desesperar en los momentos difíciles
porque ellos son propiamente el inicio de la salvación aunque a simple
vista no la veamos. Rajel llamó a su hijo "Ben Oní" o
sea el hijo de mi sufrimiento según explica Rashi o como comenta el Rambán:
el hijo de mi duelo, porque sabía que ella moriría en ese momento.
Iaacob lo llamó Biniamin o sea el hijo de mi diestra, la mano que refleja
la fuerza, ya que del sufrimiento es de donde nacerá la salvación.
Concluyamos este comentario recordando la Tefilá que el Rab Jaim
Shmulevish Z"L solía hacer en la tumba de Rajel Imenu: "¡Madre
Rajel! Hashem te pidió que prives tu voz de llanto y tus ojos de lágrimas.
El Padre Celestial te pidió que ceses de llorar. Pero yo, Jaim tu hijo,
te pido por favor, madre, no dejes de llorar, sube delante del Trono Celestial y
pide piedad por tus hijos que se encuentran en sufrimiento". Que Hashem
escuche la Tefilá de nuestros Sadikim y acerque la Gueulá en
nuestros días. Amén.