
El Nacimiento de Itzjak
2048- 15 de Nisan
Los ángeles visitaron a Abraham en el mes de Tishrei entre el Día del Perdón y el mes de Sucot, y anunciaron que Sara iba a dar a luz a un hijo varón, quién nació después de siete meses. Como leemos en la Torá: “En su vejez concibió y parió Sara un hijo de Abraham en el plazo que había dicho D-s, en el primer día de Pesaj, el 15 de Nisan al mediodía”. El año 2048 era un año bisiesto y por lo tanto había dos Adar, Adar 1° y Adar 2°; a mediados de Tishrei quedó en cinta y pasaron Jeshvan, Tevet, Shvat, Adar 1°, Adar 2° y la mitad del mes de Nisan, en total siete meses. Sara quedó en cinta cuatro meses después de haber salido del palacio de Abimelej el rey de los Pelishtim. A pesar de eso, los malintencionados de esa época dijeron que era hijo de Abimelej pues Sara, a pesar de sus largos años de convivencia con Abraham, nunca había quedado embarazada. ¿Qué hizo D-s? Diseñó los rasgos de Itzjak idénticos a los de Abraham y todos pudieron dar testimonio de su paternidad. El día que nació Itzjak las mujeres estériles se volvieron fértiles, muchos enfermos se curaron, muchas oraciones recibieron respuesta y fue muy grande la alegría en todo el mundo.
Abraham llamó a su hijo Itzjak, como señal de la alegría que le produjo su nacimiento. Abraham tenía 100 años y Sara 90 y cuando Itzjak cumplió ocho días su padre lo circuncidó.
Sara amamantó a Itzjak hasta que cumplió dos años. Ese día Abraham ofreció una gran fiesta, y a pesar de que no se acostumbra a festejar el destete de un niño, Abraham lo hizo para desmentir a los que decían que Itzjak no era hijo de Sara y que no era ella quien lo amamantaba.
En el banquete estuvieron los hombres más importantes de la época. Shem, el hijo de Noaj, Ever, Abimelej, los 31 reyes que reinaban en Eretz Kenaán; Terja, el abuelo de Itzjak y su hijo Najor vinieron también de Jarán junto con sus familias para participar de la gran alegría de Abraham y Og el rey de Bashan, que se consideraba heredero de Abraham, vino también a ver el milagro del nacimiento del niño y a todos decía que Itzjak no viviría mucho tiempo, puesto que un hijo nacido de padres ancianos seguramente sería débil y enfermizo.
Abraham bota Ishamael y a Hagar
2053 Itzjak tenía ya cinco años e Ishmael diecinueve, Itzjak prestaba atención a las enseñanzas de su padre Abraham, pero Ishmael se burlaba de su hermano y trataba de inducirlo a hacer maldades. Sara se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Así lo relata la Torá: “Vio Sara al hijo de Hagar, la egipcia que había dado a luz el hijo de Abraham, burlándose” Los sabios del Midrash explican que Sara veía que Ishmael cometía maldades, pero que Abraham no se daba de cuenta. ¿Cuáles eran estas maldades? Practicaba el incesto, violaba a mujeres casadas y a jóvenes que estaban comprometidas, ejercía la idolatría y tramaba matar a su hermano, tirándole flechas, como si fuera un juego. Cierto día Sara presenció una discusión entre Ishmael e Itzjak; Ishmael se vanagloriaba de su padre e Itzjak le respondió: “Yo soy el hijo de Sara y merezco heredar a mi padre Abraham”.
Sara se dirigió a su esposo Abraham y le dijo: “despide a Hagar y a su hijo, pues Ishmael no es buena compañía para nuestro hijo, y aunque fuera tan bueno como él y aún si Itzjak no fuera mi hijo, Ishmael no merece compartir con él la herencia. Con mucha más razón si se trata de mi hijo y si Ishmael va por el mal camino mientras que Itzjak tiene buenas cualidades y es piadoso. La voluntad de D-s es que solo él sea nuestro heredero”.
Abraham se sorprendió al escuchar las palabras de su esposa, porque hasta ese momento creía que Ishmael era bueno. Por tal motivo se enojó diciéndole que sólo se trataba de falsas impresiones que ella se había formado, pero al contarle Sara detalladamente los actos y comportamiento de Ishmael, Abraham reconoció su error. Sin embargo, como Abraham era bondadoso, le resultaba difícil despedir a Hagar y a su hijo de su casa y tuvo grandes dudas antes de dar ese paso.
Dijo D-s a Abraham: “No te apenes por el muchacho ni por tu sierva. Haz todo lo que te pide Sara, porque de Itzjak saldrá la descendencia que lleve tu nombre” Abraham debió de escuchar el consejo de Sara ya que ella comprendió la naturaleza y el carácter de Ishmael, de lo que deducen los sabios que Abraham era superado por Sara en materia de profecía. No obstante, como padre, Abraham le preocupaba la suerte y el futuro de Ishmael, pero D-s lo tranquilizó diciéndole que Él velaría por su hijo le prometió: “También del hijo de la sierva haré yo un gran pueblo por ser él tu descendiente”
Al otro día muy temprano, Abraham hizo lo que D-s le había ordenado, le dio a Hagar su documento de liberación, pan y un odre de agua y ésta cargó a Ishmael sobre sus hombros pues estaba enfermo y afiebrado.
Hagar e Ishmael vagaron por el desierto de Beer Sheva. La fiebre consumía al muchacho y pronto se terminó el agua que Abraham les había dado. Hagar acostó a su hijo debajo de unos arbustos que crecían en el desierto y se despidió del él, alejándose para no verlo morir. Dicen los sabios que se alejó a una distancia de 1.920 metros (cuatro mil codos en la medición tradicional, representando cada codo 0,48 metros) y comenzó a llorar dirigiéndose a D-s: “¿Es así como cumples la promesa de que, cuando escapáramos del maltrato de Sara, mi hijo formaría una gran nación? Ahora veo que todo fue en vano”
D-s escuchó el llanto de Ishmael que pedía curación para su sufrimiento y un ángel habló desde el cielo a la mujer: “No temas, porque D-s escuchó la voz de tu hijo. Ishmael vivirá y se convertirá en el padre de una gran nación” Fue entonces cuando Hagar vio un manantial en medio del desierto, del cuál bebió Ishmael y pronto sanó.
Hagar y su hijo se establecieron en el desierto de Parán e Ishmael, armado con un arco, asaltaba a los viajeros que transitaban por esos parajes.
Después de un largo período de habitar en el desierto, Ishmael y su madre fueron a Egipto y ahí fue donde el joven tomó como esposa a Meribá, de quien tuvo cuatro hijos y una hija. Pasado un tiempo, volvió con su familia al desierto y por el mérito de su padre Abraham, D-s le dio ganado mayor y menor y muchas riquezas, pero no volvió a tener ningún contacto con su padre.
Un día, Abraham dijo a Sara que quería ir a visitar a su hijo Ishmael. Sara estuvo de acuerdo, pero le recomendó que no se bajara del camello. Abraham llegó a la tienda de su hijo y encontró a Meribá y a sus hijos, pero al no ver a Ishmael le preguntó dónde se encontraba. La señora le contestó que se había ido de caza. Tal como le había prometido a Sara, Abraham no se bajó del camello, pero le pidió agua a Meribá, pues estaba cansado de la travesía y el calor reinante en ese momento. La señora contestó que no tenía agua ni pan para ofrecerle y, sin dar una palabra más, entró nuevamente en la tienda sin preguntarle quién era ni para qué quería hablar con su esposo. Antes de que entraran en la tienda, Abraham la detuvo y le pidió que le transmitiera a Ishmael su mensaje: “Dile a tu esposo que vino un anciano de la tierra de Pelishtim para hablar con él y que le aconseja que cambie la estaca de su tienda por otra mejor” Después de dar este mensaje, Abraham retornó a su hogar. Cuando Ishmael retornó de la cacería junto con su madre, Meribá le contó la visita del anciano y le transmitió su extraño mensaje.
Ishmael recibió la insinuación de su padre y comprendió que su mujer no había cumplido con la bella costumbre de recibir visitas, a la cuál él estaba habituado en la casa de su padre, y se divorció de su mujer. Después de un tiempo viajó a Eretz Kenaán y tomó a Fátima, de la familia de K’naan (nieto de Noaj), como esposa.
Pasaron tres años y Abraham volvió a visitar a Ishmael y llegó nuevamente al mediodía. Fátima, la nueva esposa, salió a recibirlo y Abraham le preguntó por Ishmael, sin mencionar quién era. La señora le contestó que su marido se había ido de cacería, pero que sería para ella un honor que él entrara en la tienda, para descansar y tomar algo fresco para la sed. Abraham le agradeció su noble gesto, pero le respondió que como tenía mucha prisa, no podría aceptar su invitación y que solo tomaría un poco de agua. Fátima corrió a la tienda, trajo una vasija llena de agua y pan y le insistió que se sirviera. Abraham bebió y comió, bendijo a D-s y antes de abandonar el lugar pidió que transmitiera a Ishmael el siguiente mensaje: “Dile que vino un anciano de la tierra de Pelishtim a visitarlo y que ha observado que la nueva estaca que puso a su tienda es de buena calidad y que no la quite nunca”. Después de dejar su mensaje, Abraham regresó a su hogar.
Al retornar Ishmael de la cacería, Fátima le relató hasta el último detalle de la visita del extraño anciano. Cuando el hijo de Abraham escuchó lo que había sucedido, se dio cuenta que su padre había venido nuevamente a visitarlo, tomó a su esposa e hijos y viajó a la tierra de Pelishtim a visitar a su padre y se quedó a vivir con él durante un largo tiempo.