Vestirnos de personas simples
Rabí Levi Itzjak de Berdichev, uno de los más conocidos y queridos primeros
líderes del jasidismo, contaba la siguiente parábola para ilustrar la
relación entre el Toque del Shofar en Rosh HaShaná y el toque de Shofar en
el Monte Sinaí cuando recibimos la Torá: "Una vez, mientras estaba cazando,
un rey pasó por un bosque denso y grande. Cuando se encontraba en lo más
profundo del bosque se perdió y no pudo encontrar el camino de regreso a
casa. El monarca vio varios aldeanos y labriegos, pero cuando les pidió que
lo guiaran, éstos no lo reconocieron porque nunca habían viajado por el
camino del rey y no estaban familiarizados con él.
"Entonces, el rey se encontró con un hombre sabio y comprensivo y, tan
pronto como el monarca le preguntó acerca de la ruta, ese hombre se dio
cuenta de que se trataba del rey en persona. Con gran reverencia y respeto
el hombre obedeció a su rey inmediatamente. Por ser muy sabio, conocía cada
vuelta del camino principal; guió al rey de vuelta al palacio y se ocupó de
que éste tomara el lugar que le correspondía en el trono.
"El rey se sintió complacido con este hombre tan sabio; lo designó para
ocupar una posición muy importante, más alta que la de todos los otros
príncipes y nobles; lo hizo vestir con las mejores ropas y ordenó que sus
viejas ropas fueran guardadas como recuerdo entre los tesoros reales.
"Pasaron muchos años. El hombre sabio cometió un serio pecado en contra del
rey.
Éste se enfureció y ordenó a los principales príncipes y nobles quejuzgaran a su antiguo amigo como rebelde en contra del rey. Ahora el hombre
sabio se encontraba en una situación desesperante, porque sabía que
aquellos que se rebelaban en contra del rey recibían la pena de muerte. El
acusado cayó de rodillas ante el rey y le pidió e imploró que, antes de que
se dictara la sentencia, se le concediera un último favor: que se le
permitiera vestirse con las viejas ropas que había usado muchos años atrás,
cuando había conocido al rey en el bosque y que el rey también se vistiera
con las ropas que había usado en aquella ocasión.
"El rey accedió a su pedido. Cuando el sabio se puso sus viejas ropas y el
rey, a su vez, se vistió con su antiguo traje de cacería, el rey recordó la
enorme bondad demostrada por el hombre sabio tantos años atrás. Se acordó
de cómo éste lo había llevado de vuelta a palacio y lo había devuelto a su
trono; sintió piedad y compasión, y perdonó a su viejo amigo totalmente,
devolviéndole su anterior puesto".
"Así ocurrió con nosotros, el pueblo de Israel" -asevera el autor de
Kedushat Leví- "en el momento de la Entrega de la Torá, en que el
Todopoderoso se la presentó a todas las naciones del mundo, mas éstas se
negaron a aceptarla. Pero nosotros, los hijos de Israel, aceptamos la Torá
con tal alegría y placer que hasta nos comprometimos a 'obedecerla antes de
entenderla'. Asumimos con responsabilidad el 'Yugo del Reinado de D-s', lo
hicimos Rey nuestro y nos comprometimos a obedecer Sus mandamientos, Sus
estatutos y Su Sagrada Torá" (de la misma manera que el sabio en el bosque
devolviera al rey a su reinado).
Todo esto ocurrió hace miles de años, en tiempos de Matán Torá. Y desde
entonces hemos transgredido Su Voluntad, y nos hemos rebelado contra
Élrutinariamente. Al acercarse Rosh HaShaná, sabemos que nos enfrentaremos a
un Juicio, "Iom Ha-Dín". Sabemos también que el juicio tiene "dos caras":
la del rigor y la de la misericordia.Y sentimos temor frente a ese juicio
que se ha iniciado durante Rosh HaShaná, y que llegará a su fin en el
sagrado día de Iom Ha-Kipurím -el Día del Perdón-, pues sabemos también,
que
Él nos juzgará por todas nuestras faltas expuestas, aunque también poraquellas que no habremos de pronunciar, nuestras "transgresiones ocultas",
que de acuerdo al texto de nuestro majzor "también tienes presente ante
Ti"...
Del mismo modo que el amigo del rey conocía el castigo correspondiente a un
rebelde, así también conocemos que, por derecho, cada hombre debe ser
juzgado estrictamente de acuerdo a lo que hizo.
Por eso hacemos sonar el Shofar en Rosh HaShaná y en la conclusión de Iom
Ha-Kipurím (entre otros motivos): nos "vestimos" con los mismos ropajes que
cuando ocurrió la entrega de la Torá, para que D-s recuerde que nosotros la
aceptamos y que en el Monte Sinai lo coronamos Rey, por medio del sonido
del Shofar...
Estamos en Shabat Shuvá. El sábado intermedio. Nos hallamos transitando los
primeros días del año, días que reciben un nombre propio: "aseret iemé
teshuvá", los diez días del arrepentimiento. Hacia un lado Rosh HaShaná: el
tiempo en que el Rey vino a nuestro encuentro, en palabras del relato.
Hacia el otro lado Iom HaKipurim: el tiempo en que cada uno de nosotros se
dirige al encuentro con D-s...
Uno me habla de Juicio y Reino de D-s. El otro me está insinuando el
profundo misterio del arrepentimiento sincero... No olvidemos, por favor,
ni por un instanste, que este Iom Kipur nos trae a nuestra memoria un nuevo
Matán Torá: las tablas de la Ley, las enteras, fueron entregadas el
mismísimo día de Kipur... En silencio, en quietud, en plegaria, cada uno
elevando su oración hacia el Todopoderoso para que olvide, borre, y
erradique definitivamente los aspectos negativos que hicieron a nuestra
existencia hasta el momento...
En medio de estas "dos montañas", un Shabat. El tiempo para reflexionar, y
volver a mostrarnos tal cual somos, tal como queremos ser, tal como lo
soñamos algún día... Un Shabat para elegir "el vestuario más simple, más
honesto y adecuado" que nos permita llegar al día de Kipur y, que cuando
nos enfrentemos en nuestra soledad con D-s,
Él nos reconozca, nos recuerde,y recuerde aquel momento, cuando solemnemente, casi estremecidos y
aturdidos, confundidos y emocionados, lo "acompañábamos" a
Él a ser Rey, ynosotros su ministro principal.
Es tiempo de Teshuvá. De respuestas múltiples y de toma de iniciativas. Es
tiempo de "Shuvá": de retornar, de volver. Volver a ese entonces y volver a
vestirnos con las ropas más simples -que no por ello dejan de ser las más
bellas-, para lograr el reconocimiento de D-s únicamente. Para que nos
permita ligarnos a la vida, al libro de la bendición, la paz, y el
sustento. Eso quería insinuar el Rabí de Berdichev. ¿Cómo habremos de
presentarnos el próximo Iom Kipur? ¿Qué ropas elegiremos? ¿Cómo haremos
para que el Rey nos reconozca? Hay muchas preguntas por cierto. Quiera D-s
que también haya respuestas. Por nosotros. Por la vida. Por todo lo que
empieza. Para no perdernos más en la espesura de nuestras propias
contradicciones, indecisiones y actitudes rebeldes, que no hacen más que
alejarnos de un Rey, un Amigo Verdadero, que nos dio todo el poder y la
decisión, para hacer de nuestras vidas todo lo feliz que deseamos hacer de
ella, o que al menos decimos que queremos hacer de la misma. He aquí el
punto de unión. Sólo nosotros sabemos dónde va colocado el "acento"...
"
¡Guemar jatimá tová!"