Vaetjanan

"El Shemá": Vocación de Amor Eterno

"Oye, oh Israel, HaShem es nuestro D-s, HaShem es Uno. Ama a Tu D-s, con

todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas. Las leyes que Te

prescribo hoy, grabarás en tu corazón. Las transmitirás a tus hijos y

meditarás en ellas en tu hogar, y en tu andar por los caminos, al anochecer

y al amanecer. Las atarás por signo sobre tu brazo, las pondrás como

frontales sobre tu frente, y las escribirás en la entrada de tu casa y de

tus ciudades" (Nuestra perashá, Deuteronomio Cap. 6: 4 - 9).

 

La porción semanal que leemos en el presente Shabat, es la segunda del 5to

y último Libro de nuestra Torá, Debarím. Abunda en temas y situaciones.

Incluye una parte sustancial de nuestra cosmovisión judía de la vida y el

mundo, al traer -por segunda vez- los Diez Mandamientos que emanaron del

Creador hacia la humanidad toda y hacia el pueblo de Israel en particular.

Es una perashá completa, por tanto, si es que a temas fundamentales se

refiere. Así y todo, su nombre no se debe a lo "celestial" que hay en ella,

sino, por el contrario, a lo terrenal que la misma nos refiere: "Vaetjanán"

quiere decir: "Y supliqué", "E imploré" o tal vez "Y rogué". Como sea la

traducción, es Moshé Rabenu quien inicia tan primordial lectura,

acercándonos un deseo, una petición, un anhelo tal vez, que hasta último

momento no cesó de hacer escuchar. La súplica es a D-s. El deseo,

ferviente, ardoroso y hasta podríamos decir "enfermizo" es poder entrar y

ver la tierra de Israel... Tan sólo eso. Pero su destino estaba ya sellado.

Moshé habría de quedar en el desierto, sepultado bajo la arena que lo vio

hacerse libre y liberar a un pueblo.

Y eso recuerda Moshé frente a los jóvenes, frente a aquella generación que

heredaría la promesa y la tierra. Ya ha partido la "generación del

desierto". Sólo sobreviven Moshé, y quienes habrán de ingresar como premio

a su lealtad incondicional -para con la tierra y para con D-s-: Ieoshúa

-sucesor de Moshé- y Caleb ben Iefuné.

"Dor holej ve-Dor bá" - "Una generación se va, y viene la próxima",

sentenciaba el rey Salomón en su Eclesiastés. "ve-ha-Arets, leolám omádet"

- "mas la tierra permanecerá por siempre", terminaba su serena reflexión.

Y entre esa "tierra" que aquí mencionamos, y ese "cielo", con que nos

refiere la perashá la fantástica e imborrable vivencia de la Revelación de

D-s en los Diez Mandamientos, hay un nexo que nos debe ayudar a comprender,

a acercarnos y captar los motivos que hacen a nuestra existencia, no tan

sólo una mera sucesión de hechos y eventos, frustraciones y éxitos,

alegrías y tristezas, etcétera. Hay un puente entre ambas. Y lo configura

el "Shemá Israel", nuestra oración fundamental y cuya primera perashá

aparece en nuestra sección.

Un tema domina nuestro comentario: "Veahabtá et Hashem Elokeja"- "Ama a Tu

D-s". El amor a Él es lo que mueve. Lo que conmueve. Lo que resultará como

corolario de la ecuación que nos ayude a comprender lo esencial, el sentido

de la justicia divina. Su justicia. Sólo así comprenderemos a Moshé, en su

humana petición...

¿Y cómo amarLo? ¿Acaso es tan fácil, es tan simple? ¿Y por qué debo amarLo?

Estas y muchas otras cuestiones ocuparon el pensamiento de nuestros

maestros. "Veahabtá". Amarás. Hoy, mañana, siempre. El amor nunca puede

faltar al acercarte a Él. Y por eso sentenciaban los Sabios: "Ama a Tu D-s:

Cumple Sus palabras (Su Voluntad) con amor; pues no es lo mismo aquel que

obra por amor a aquel que actúa por temor (miedo irracional)". Una

respuesta original, por su simpleza, la da el autor de Sefat Emet. Según

él, si nuestra Torá ordena tal cosa es para insinuarnos que la potencia de

amar está arraigada en el alma de cada hombre, y el ser humano debe sólo

activarla.

Esta idea se desarrolla con mayor celeridad en los círculos del movimiento

jasídico del Baal Shem Tov y se hace carne en su filosofía de vida. Por

supuesto deberá existir una suerte de "preparación espiritual" para poder

acceder a ese amor, profundamente arraigado en cada ser.

Así también lo aseveraron nuestros maestros de bendita memoria (Sifré):

"¿Es que no sabes cómo amarLo? 'Y serán estas cosas que Te ordeno, sobre tu

corazón', es decir, pon las cosas sobre tu corazón precisamente, sin

ninguna separación, sin impureza alguna de las que ocupan tu alma, y sólo

entonces podrás captar y sentir la esencia del amor".

Para ellos no había duda acerca de lo que era el Amor. La dificultad estaba

en poder apreciar cuáles eran los caminos que conducían a él. Los medios

eran los incomprendidos. Y estos accesos eran la Torá y la fe. Sin ellos no

podrá el ser humano arribar al "Amor a D-s", continuando el criterio

rabínico.

Los libros de la Halajá -que hacen a los códigos legales judíos-, nos

ofrecen una respuesta concreta a la pregunta acerca de la esencia del Amor

a D-s. De acuerdo con esta literatura, en este precepto (del Amor a D-s) se

ven involucradas cuatro tipos de acciones a saber:

1) El estudio de la Torá por amor, sin que medie interés material alguno.

Así lo dijeron nuestros Sabios (Nedarím 64 y Sifré): "No debemos pensar:

estudiaré para que me llamen Rabino. Sino estudiar por amor" (al estudio en

sí);

2) Bendecir a D-s tanto por lo bueno como por lo malo. Cosa que dedujeron

del texto mismo del Shemá: "Bejol meodéja" - "con todas tus fuerzas",

"meodéja" tiene las mismas letras que "midá"= medida, con "cada medida y

medida que Él toma contigo";

3) La obligación de renunciar a nuestra propia vida si es que somos

compelidos a cometer idolatría. Tal deducción rabínica fue establecida en

el Talmud (Berajot 54): "Bejol nafshejá" - "con toda tu alma" - "incluso si

Él Te quita la vida";

4) Por último, "Amarás a Tu D-s", quiere significar: hacer que los demás Lo

amen. En palabras de Jaza"l: "Sheiehé Shem Shamáim mit-aheb al iadéja", que

"el Nombre de D-s sea amado -por los demás hombres- a través de tu

accionar" (Iomá 86).

Por último citemos al gran legislador, como lo fue Rabí Moshé ben Maimón

-Maimónides-, que en su libro Moré Nebujím (La Guía de los Descarriados),

parte III, Cap. 28 dice lo siguiente: "...Bien sabes con qué energía se

inculca el mandamiento referente al amor: 'Con todo tu corazón, con toda tu

alma, con todo tu poder'. En el Mishné Torá expusimos que ese amor no puede

llevarse a efecto sino mediante un profundo y real conocimiento de todo el

ser y la contemplación de la sabiduría Divina en él inherente..."

Así nuestra plegaria diaria nos invita no tan sólo a un acto que depende de

nuestra voluntad sentimental. Nos asiste ante todo el deber de acceder a

Él, de "conocerLo", de alcanzar el amor a Él, pero nunca por "casualidad".

Debemos esforzarnos por hacer emerger esa vocación de amor que anida en

nuestra intimidad y que es parte de nuestra formación, de nuestra creación,

humana pero Divina a la vez.

"Veahabta". AmarLo es el comienzo. AmarLo para Amar luego a los nuestros,

reflejando en ellos el profundo amor por Él. Nada más, pero nada menos.