Un
mundo bueno - Rav Shlomo Aviner
Pregunta:
¿Cómo podemos fomentar entre nosotros un enfoque positivo cuando la realidad
de nuestro entorno es tan dolorosa y se ve tan mal? Cuando miramos en
retrospectiva todo parece diferente. Entonces observamos la realidad como si
fuera desde una perspectiva divina; mas de hecho somos seres humanos que nos
encontramos en cierta realidad en la que existe el mal.
Respuesta:
Su pregunta es profunda y también antigua. Maimónides (el Rambam) dedicó un
capítulo entero a esta cuestión en el “Moré
Nebujim” (La Guía de los Descarriados, 3:12). El Rambam escribe allí que
las masas creen que existe más mal que bien. Las naciones del mundo lo expresan
en distintas formas, en discursos y en poesía, que es raro encontrar el bien y
el mal aparece siempre y constantemente.
Pero
no sólo las masas piensan así, sino que también quienes se consideran sabios.
Por ejemplo, un escritor llamado Abu Baker Mohamed Ben Zejariá Al-Razi escribió,
entre otros disparates, que existe más mal que bien. ¿Por qué? Porque si
comparamos la felicidad y la serenidad del hombre con su sufrimiento,
enfermedades, desilusiones, sueños no cumplidos y tragedias, vemos que la vida
del hombre no es más que un cruel castigo. Al-Razi repite sin cesar la lista de
sufrimientos, en su lucha frente a quienes guardan la verdad
y ven la bondad de D’s en el mundo.
El
Rambam afirma que el motivo de este error no es más que la ignorancia de quien
imagina que el mundo ha sido creado únicamente para él. Por consiguiente, si
encuentra un obstáculo a sus deseos, decide entonces que todo es malo. Si tan sólo
comprendiera qué pequeña parte ocupa él en el universo, vería claramente la
verdad - ¡el mundo existe por el deseo de D’s! Es más, el mundo constituye
un enorme acto de bondad y el hombre es el responsable de la mayor parte de los
problemas del mundo. Para explicar esto, el Rambam divide los problemas en tres
categorías:
1.
Aquellos inherentes a la naturaleza del mundo, como las enfermedades y las catástrofes
naturales. Esto se debe a que el mundo no solamente es espiritual sino que también
es físico. Este hecho es un bien que tiene un precio. Sin embargo, una persona
verdadera reconocerá que estos problemas son raros y excepcionales. Muchas
partes de la tierra no se vieron afectadas por incendios o inundaciones durante
miles de años.
2.
Un factor más común del sufrimiento humano es la maldad mutua entre los
hombres. De esto somos responsables a pesar de que la víctima no puede hacer
nada para reducir su sufrimiento. Aquí también debemos admitir que el
asesinato y el robo son raros. Las grandes guerras matan a muchos pero, por
suerte, son escasas.
3.
La causa más grave es el sufrimiento que la persona se trae a sí misma. Lleva
una vida nociva y luego plantea preguntas teológicas contra D’s. Todos se
quejan, pero casi todos son culpables: “La necedad del hombre pervierte su camino, y luego su corazón se enoja
contra el Eterno”(Mishlé,
19:3). “He aquí solamente esto he hallado, que D’s hizo recto al hombre; mas
ellos se han buscado muchos artificios” (Kohelet, 7:29)
El
hombre se hace mucho más daño a sí mismo a través de sus cualidades
negativas. Es adicto a la comida, la bebida,
a toda serie de apetitos, pero esto no tiene fin. Si tiene utensilios de
plata quiere de oro, si tiene oro quiere de diamantes. Por lo tanto, durante
toda su vida sufre de pesar porque le faltan los lujos a los que aspira y está
dispuesto a peligrar para obtenerlos. Se queja que no tiene dinero para comprar
vino, como si sus placeres fueran la meta del mundo. Se siente resentido por el
hecho de que D’s no le ayuda a satisfacer sus malos hábitos.
Los
justos, en cambio, se conforman con el mínimo necesario, como dijo Yaacov: “Si
estuviere D’s conmigo y me guardare en este camino en el que ando, y me diere
pan para comer y ropa para vestir” (Bereshit,
28:20). Alcanzar ese mínimo es relativamente fácil según el Rambam.
Cuanto más superfluo es algo, más caro es. El aire es esencial mas es
gratuito. El agua también es esencial, si bien menos, y es muy barata. El
alimento simple es también bastante barato pero cuesta más que el agua.
Indudablemente el caviar y el whisky son caros, pero se puede vivir sin ellos.
El
análisis de tres partes del Rambam era también conocido por los filósofos de
las naciones. Por ejemplo, Leibniz lo menciona en el libro “Teodicea” (la
justificación de D’s).
Para
obtener esta virtud, el hombre debe acostumbrarse y observar que: “muchas
cosas buenas que D’s hace para el hombre constantemente y los grandes milagros
que hace para él, desde el nacimiento hasta su último día”, como Rabí Moshé
Jaim Luzzato dice en el libro “Mesilat Yesharim” (Cap. 8). El rico y el
saludable indudablemente tienen razones para estar agradecidos, pero incluso el
pobre y el enfermo deben estar agradecidos a D’s por salvarlos del borde del
colapso. (Ibid).
La
gratitud es también el principal tema del libro de Rabeinu Bejaiei (Jovot
Halevavot): “Cuando un judío se levanta por la mañana dice: “Doy
gracias ante Ti, oh Rey viviente y existente….” (Modé Ani). De este
modo comienza el día con gratitud. A lo largo de todas las generaciones los judíos
recibieron gran consuelo del capítulo “Shaar Habitajón” en “Jovot
Halevavot”. Hoy en día, sin embargo, en nuestra tierra, disfrutamos de un
verdadero paraíso.
Nunca, desde el éxodo de Egipto, hubo un período tan bueno para el
pueblo judío, excepto en la época del Rey Shlomó.
En
cuanto a esa pequeña parte que está constituida por el mal, necesitamos la
sabiduría de la Cabalá para lograr comprenderla. Ishayahu dijo: “Yo
formo la luz, y creo las tinieblas; Yo hago la paz y creo la calamidad” (Ishayahu,
45:7). En nuestras plegarias, sin embargo, decimos que D’s hace la paz y
crea “todo”. El mal aislado no es más que mal; pero en el contexto general
se transforma en el “todo”. El bien que surge del mal es mayor que el bien
por sí mismo. Pero para saberlo debemos conocer todo, desde el comienzo hasta l
final, y eso desconocemos. Como dijo el Rey Shlomó: “Lo ha hecho todo hermoso en su tiempo; y ha puesto en el corazón de
ellos la eternidad, sin que el hombre pueda entender la obra que ha hecho D’s,
desde el principio hasta el fin” (Kohelet,
3:11).
Yosef
tenía un “buen ojo”, es decir, la actitud positiva. Yaacov dijo: “Ramo
fructífero es Yosef, ramo fructífero cerca de una fuente[alei ain]” (Bereshit,49:22).
El Talmud (Brajot, 20a) hace una nueva lectura: “alei
ain” es en realidad “olei ain”,
o sea, por encima del ojo. Es decir, Yosef trascendió “el mal ojo”, es
decir, la visión negativa de la vida. No sólo en la sala de estudios vio con
luz positiva el bien que salía del mal, sino también en su propia vida:
“Ahora, pues, no os aflijáis ni
os pese por haberme vendido acá; que para preservar vida me envió
D’s delante de vosotros…Así que ya no fuisteis vosotros quienes me
enviasteis acá sino D’s; y Él me ha puesto por padre a Paró, y por señor
de toda su casa, y por gobernador de toda la tierra de Egipto” (Bereshit,
45:5, 8) Encontramos también: “Pero
Yosef les dijo: ‘No temáis, ¿pues soy yo acaso en lugar de D’s? Vosotros
os propusisteis contra mí el mal, pero D’s lo propuso para bien, a fin de
hacer lo que hoy se ve; a saber: conservar la vida de mucha gente”(Bereshit,50:19-20).
Nuestro
mundo es bueno. Al comienzo de Bereshit está escrito del mundo tres veces
“bueno” y una “muy bueno”.
Somos los alumnos de Moshé Rabeinu. Tenemos fe en D’s y un enfoque
positivo hacia el mundo. Este incluye dos creencias: la primera es que el total
de todo el bien en el mundo supera al total del mal en el mundo, como dijo el
Rambam. La segunda es que el mundo avanza hacia el bien (según los sabios de la
Cabalá).
Ser
optimista, creer que nunca es demasiado tarde, que nuestros esfuerzos diarios
valen, es suponer que el mundo puede ser mejorado y que podemos participar de
ese mejoramiento. Este enfoque es el catalizador esencial de todos los esfuerzos
humanos y el fundamento esencial de la moralidad.
Ninguna
persona actuará si piensa que sus esfuerzos son vanos, que el prójimo es malo
y permanecerá tal por siempre. Quienes en forma consciente adoptan un enfoque más
positivo, en cambio, se mueven con la corriente de la vida, creando y mejorando,
ayudados por una gloriosa fuerza divina.