en éste; no se
apagará..." "...El
fuego ha de arder perpetuamente sobre el altar: no se apagará" (Levítico
6:5-6).
"El fuego sobre el que se ha dicho 'ha de arder perpetuamente', es con el
que se habrán de encender las velas (del candelabro), pues dice el escrito
(Éxodo 27): 'para elevar un
fuego perpetuo', por lo tanto el candelabro
-Menorá- será encendido con el fuego del altar
externo" (Rashí, de
acuerdo
a la Guemará de Iomá 45).
Del texto precedente se desprende, que en lo referido al culto de
los
sacrificios en el Bet Ha-Mikdash, existían dos altares, uno externo y otro
interno; este último más próximo al lugar donde estaba ubicado el
Candelabro -Menorá-, cuyo
encendido principiaba la tarea del Sumo Sacerdote
en el culto diario del Santuario. Aclaremos asimismo que ambos altares
-Mizbeaj-, eran el espacio para ofrecer los sacrificios animales,
vegetales, como así también el
incienso que los acompanaba.
Cabe entonces una pregunta respecto al texto que relaciona a uno de
esos
altares (el externo más específicamente) con la Menorá, el Candelabro y su
encendido: ?por qué es que
debían encenderse las velas de la Menorá con el
fuego del altar externo, y no se lo debía hacer con el fuego del altar
interno, al cual estaba más próxima?
Una aproximación a nuestro tema la acerca el Rabino Ben Tsión
Firer, que en
su libro Panim Jadashot Ba-Torá, nos alecciona magistralmente con un
mensaje moderno y práctico. El rabino Firer agrega a la pregunta original,
una cuestión de orden legal, en lo concerniente al encendido del
Candelabro: ..."Y no sólo es que no pueden tomar fuego del altar del
incienso para encender las velas de la Menorá, sino que, la vela central de
la misma -ner maaraví-, no
podía ser encendida incluso de las restantes
velas que conformaban el Candelabro, pues así lo establece la legislación:
'La vela central que se hubo apagado, no puede ser encendida sino
del altar
externo, empero las restantes -cualquiera de ellas- que se haya apagado,
puede ser encendida a partir de la inmediata próxima' " (Rambám, Hiljot
Temidín u-Musafím, Cap. 3:13).
Entonces agreguemos una cuestión más a nuestro interrogatorio: ?adónde
radica la importancia del fuego -proveniente del altar externo- de todo
otro fuego, y por sobre todo de aquel que provenía del mismísimo santuario
-Mikdash-, ya sea el fuego del altar del incienso o bien el propio fuego de
la Menorá? Nuestro
comentarista, en su libro citado, sugiere que: "Podemos
decir, que por medio de esto, la Torá quiere insinuarnos que "Lo ha-ikar
ha-midrash, ela ha-maasé" - "No es el estudio el aspecto principal, sino la
práctica (acción) (Avot, Cap. I:17).
La menorá estaría
representando el estudio y la sabiduría de la Torá, pues
así lo insinuaron nuestros
Sabios Z"L: "Aquel que quiera incrementar su
sabiduría, que se dirija hacia el sur, mas aquel que quiera incrementar sus
posesiones materiales, que lo haga hacia el norte. La senal para ello es
que el shulján -la mesa donde eran colocados los panes de proposición
diarios- se hallaba ubicado en orientación norte mientras que la Menorá
estaba hacia el sur, en el Santuario". (Esto nos indica, que
cada elemento
que formaba parte de los utensilios del Mikdash, más allá de tener una
composición específica, ocupaba un lugar determinado en el espacio del
Santuario. Obviamente el Arca de la Ley - "Arón Ha-Kodesh", estaba
orientado hacia el Este -Mizraj-). Y agrega nuestro autor: "Aquel que suena
con aceite de oliva, debe aguardar ser agraciado por la luz de la Torá"
(Berajot 57).
En cambio, el altar externo simbolizaba la acción, la práctica
integral. Y
aunque también en el altar interno se realizaba el ritual diario (quiere
decir que también era eje de acción y de práctica), la acción realizada
-aunque por única vez en el altar externo-, no tenía parangón alguno con
ninguna otra, pues la kisma revestía un carácter integrador y hasta
diríamos completo. Porque -acota el Rab Firer- "no existe acción más
íntegra que aquella que se hace con toda la dedicación espiritual, y por
sobre todo con el propio ser -'con todas las fuerzas'- en el cumplimiento
de un maasé, y tal práctica
tenía lugar en el altar externo". El motivo no
parece estar aclarado en el texto bíblico. Por eso recurre el comentarista
a la sabiduría de los maestros de la Mística judía, quienes ensenaron: "El
lugar del altar tiene un profundo sentido y jamás podrá ser cambiado de
lugar, pues está dicho: 'Éste es el altar del holocausto para
Israel' ". Y
acota Maimónides: "En el lugar del Altar, allí fue llevado Itsjak -nuestro
patriarca- por su padre Abraham, para ser sacrificado. Allí tuvo lugar la
'akedá', la 'Atadura de Itsjak'...
"La vela central de la Menorá, por tanto, era encendida con el fuego de
este altar, como insinuándonos: la Luz que emana de la Torá y la sabiduría
de la misma, tienen valor en la medida en que estén íntimamente
relacionadas con la acción preceptual, uniéndose a ella. La acción, la
práctica, son el objetivo, mientras que la sabiduría será el medio para
arribar a ese objetivo. El conocimiento recibe su potencial y refleja su
inspiración sólo a partir de la acción.
"El accionar anhelado, conmueve y moviliza a quien lo ejecuta a
adquirir
mayor sabiduría y discernimiento, que le permite deducir con claridad qué
hacer y qué no. Así como dijeron:
'Todos al unísono entonces reconocieron:
El estudio es más importante, pues es el que lleva a la práctica' "
(Kidushín 40). Y no hay contradicción, creemos. La grandeza y la
importancia del estudio -jojmá-, radica en el hecho de ser una etapa vital
en el camino a la acción. Y si la acción es el objetivo final, inferiremos
que la misma deberá estar
acompanada de Integridad, de Santificación del
Nombre de D-s por medio del sacrificio noble del individuo.
Y agrega el Rabino Firer: "También el fuego para el incienso ofrecido en el
altar interno día a día, era tomado del fuego del altar externo; así
también el fuego para el incienso del día de Iom HaKipurim -en el
Sancta
Sanctorum- era tomado del Altar Exterior, para ensenarnos: Ningún ser
humano tiene el mérito de ingresar al recinto más íntimo y sagrado, sino
después de estar preparado para cumplir con el mandato de : 'ubejol
nafshejá' - 'con toda tu alma
(tu ser)', por medio de todo su ser, dando lo
mejor de sí en aras de
Santificar el Nombre de D-s".
Ingresar al recinto de mayor santidad significa haber arribado a la
noble
decisión de ejercer una acción íntegra,
esto es, con integridad, estando yo
presente -"de cuerpo y alma"- al servicio del Creador.
El fuego deberá provenir de
acuerdo con las ensenanzas que recogimos, de
"afuera hacia adentro", pues el afuera estaría representando todo aquello
que nos relaciona y une con la historia, con nuestros hombres, con el
"hacer" de cada uno de ellos; que nos impulsó -con sabiduría-, a poder
ingresar a alimentar el fuego "de adentro". Pero por sobre todo, nos pide
la Torá: "Ve-haesh al
ha-mizbeaj tukad bó" - "Que el fuego del altar arda
en él" (que no se apague nunca). Hoy, que el Santuario se halla destruido,
sentencian nuestros Rabinos, que "el lugar del altar -Mizbeaj-
lo ocupa
'shuljanó shel adam', es decir,
nuestras mesas", tal vez emulando aquella
mesa del Santuario, tratemos que de nuestras mesas emane el fuego necesario
-símbolo de nuestra acción, íntegra y santificada-, que "encienda
y
alumbre" nuestra sabiduría, nuestra vocación de aprender para transmitir.
Para perpetuarnos. Para seguir Santificando Su Nombre "con todo nuestro
corazón, con todo nuestro ser, con todas nuestras fuerzas". Para seguir
avivando la llama eterna del judaísmo, un fuego que arde "desde lejos" y
nos cobija alrededor del "esh ha-Torá", el fuego de la Sabiduría práctica
de la vida. Que nuestra mesa ocupe su lugar. Quiera D-s que nunca faltemos
a la mesa.