PERASHA TOLEDOT:
"La falsedad personificada"
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización
de publicar esta sección
Desde nuestra infancia identificamos a Esav -el hermano de Iaacob Abinu-
como alguien perverso y cuyo comportamiento se refleja en su rostro. Nos
imaginamos que Esav era una persona violenta, cruel, asesina y que todo aquel
que lo observara se daría cuenta inmediatamente de sus terribles características
y -por lo tanto- se alejaría de su presencia. Nos sorprendemos quizás al leer
al profeta Malaji 1 que en nombre de Di-s dice: "Odio a Esav", ya que
se trata de algo evidente, ¿Acaso es posible no odiar a alguien tan corrupto?
Lo que sucede es que aún mantenemos la imagen que recibimos en nuestra niñez y
no profundizamos en los conceptos de la Torá. Si lo hiciéramos, nos daríamos
cuenta de nuestro error.
Hay algo que resulta difícil de entender. Si la perversidad de Esav era
tan clara, ¿cómo es posible que su padre Izjak quisiera otorgarle la bendición
a él en lugar de a Iaacob, que era tan Sadik? ¿Acaso sus preciosas bendiciones
recaerían sobre alguien que demostraba abiertamente tamaña corrupción? No
podemos contestar inocentemente que Izjak Abinu había quedado ciego en la
ancianidad y por eso no sabía de las actitudes de su hijo Esav. Cualquier padre
conoce las inclinaciones que su hijo tiene desde su niñez y más aún en este
caso, ya que nuestro entendimiento no puede llegar a comprender la grandeza de
nuestros Patriarcas. ¿Cómo es posible entonces que Izjak quisiera bendecir a
Esav el perverso?
Cuando leemos el Talmud Ierushalmi en Nedarim cap. 3 comenzamos a
interpretar el verdadero desarrollo de los acontecimientos: "En el futuro
Esav el perverso se sentará envuelto en su Talit junto a los Sadikim en el Gan
Eden y vendrá Hashem a sacarlo de ahí" y a esto se refiere el profeta
Obadia 1: "Si has hecho tu nido tan alto como el águila y aunque lo pongas
entre las estrellas, te bajaré de allí, dice el Eterno". El término
"estrellas" se refiere a los Sadikim, o sea que Esav, temeroso ante el
terrible juicio Celestial que le espera, intentará refugiarse ¡en el Gan Eden
junto a los Sadikim! Si ésa será su intención, significa que por lo menos en
su aspecto externo era apta su imagen para pasar desapercibido completamente
entre los Sadikim. Será necesario -por lo tanto- que el propio Hashem lo retire
de ese lugar, ya que es el único que puede conocer su verdadero corazón
perverso. Ahora podemos entender por qué Izjak quería bendecirlo, ya que hasta
donde su profecía le permitía alcanzar, Esav era digno de las berajot que le
quería otorgar.
Este tema se comprende aún más, cuando leemos en la Perasha: "Y
quiso Izjak a Esav pues de su caza comía; y Ribka quería a Iaacob"
(Bereshit 25). El versículo no se refiere únicamente a que Esav traía los
animales que cazaba a Izjak, sino a que -como comenta el Midrash Tanjumá- engañaba
y "cazaba" con su boca a su padre. El Midrash amplía: "Todos los
pecados que Hashem odia cometía Esav ... altivez, mentiras, asesinatos, su
corazón lleno de perversidad y sus piernas corrían para hacer el mal. Con
falsedad le preguntaba a su padre: ¿debo sacar el diezmo de la sal? Izjak se
sorprendía: "¡Qué hijo que se preocupa por cumplir las Mizvot!"; y
le preguntaba: "¿Adónde has estado?"; la respuesta mentirosa de Esav
era: "en la casa de estudios de Torá".
Esav es el símbolo de la falsedad y el engaño. Para cazar no se debe
caminar en forma frontal porque la presa se escapa. Es
necesario hacerlo de costado e inclinado. Por eso la raíz del término "Zaid" que
significa cazar proviene de "Zad" (costado). También para engañar se
procede de esa forma: se puede hablar de la misma forma que Iaacob, pero tener
actitudes distintas a las que la boca proclama y a eso se refiere el versículo:
"la voz es la de Iaacob, pero las manos son de Esav" (Bereshit 27),
certificando que no hay relación alguna en Esav entre la bondad que sale de sus
labios y la perversidad que ejecuta con sus manos.
Nuestros Jajamim comparan a Esav con un objeto de plata que brilla por
fuera, pero en realidad se trata de barro que ha sido revestido con una capa
externa de metal. La falsedad de Esav era tal, que ni su propio padre pudo
percatarse de ésta. Incluso su propio nombre Esav -como explica el Baal
Haturim- suma numéricamente 376 igual que la palabra Shalom. Su nombre
reflejaba paz e integridad (otra de las acepciones del término Shalom). Sólo
que todas estas señales eran parte del disfraz que había inventado Esav para
cubrir su verdadera identidad. Su éxito fue tal, que la discusión entre Esav y
Iaacob parecía ser para los que la presenciaban la disputa entre dos grandes
Sabios con distintas ideas, mientras que en la realidad se trataba de un Sadik y
un perverso. Sólo Ribka Imenu pudo distinguir y diferenciar entre sus hijos y
por eso encontramos en Bereshit 25: "Y Ribka quería a Iaacob". Ella
tenía una lamentable experiencia por haber vivido con su hermano Laban -símbolo
del engaño y la falsedad- y por esta razón reconoció rápidamente que lo que
su hijo Esav expresaba, no concidía con sus inclinaciones internas y sus
ocultas actitudes. Su esposo Izjak -educado en la casa de Abraham Abinu- no se
percató de la falsedad de Esav y pensó que actuaba con integridad.
Los Jajamim comparan a Esav con el cerdo que al acostarse muestra sus
pezuñas partidas queriendo demostrar que es un animal puro al tener esa condición.
En realidad, posee esa señal positiva y no se trata de ningún error. La
equivocación consiste en no investigar a fondo y conformarse sólo con el
aspecto externo. Cuando analicemos correctamente, podremos comprobar que no es
un animal rumiante y por lo tanto se trata de una especie impura prohibida por
la Torá. Es lo mismo que sucede con quienes -al mejor estilo de Esav- en su
apariencia externa y en su forma de hablar demuestran que valoran a la Torá y
sus preceptos, pero en la práctica no los llevan a cabo. Vivimos en un mundo
lleno de mentira y falsedad y -por lo tanto- es muy importante saber reconocer a
quienes actúan de esa forma. En toda persona correcta existe un rechazo natural
a la mentira y una aceptación a la rectitud y justicia. Esta Perasha nos enseña
que el tema no es tan simple. No es suficiente con alejarse de los mentirosos,
sino que también debemos hacerlo de aquellos que se disfrazan aparentando ser
verdaderos. Debemos recordar la advertencia que le dio el rey Ianai a su esposa
antes de morir: "Debes tener cuidado de "los teñidos", que sus
actos están llenos de pecado como Zimrí y reclaman pago como Pinjás"
(Sotá 22).
Cuando analizamos aún más detenidamente, vemos que el comportamiento de
Esav al vender la primogenitura por un guiso de lentejas, se fundamentó en el
mismo razonamiento en el que basaba su falsedad: observar todo en forma
superficial sin profundizar en el tema. Por un placer material de un instante,
perdió el valor espiritual eterno que representaba la primogenitura. Sabía
Esav sobre la existencia del mundo venidero y de todo el pago que aguarda a los
Sadikim, pero no pudo contenerse en el momento del deseo material de este mundo.
Más aún, incluso luego de haber satisfecho su apetito, la Torá atestigua:
"Y despreció Esav la primogenitura" (Bereshit 25). Las propias letras
de la primogenitura -como explica el Maharal de Praga- reflejan el valor que
ella posee. El término "Bejor" se escribe en hebreo con las letras
"Bet", "Jaf" y "Resh" que númericamente
representan a los números 2, 20 y 200 respectivamente -los dobles de la primera
unidad, decena y centena- representando que lo que se alcanza con ella en el
Olam Habá es superior completamente a lo que existe en el Olam Azé. Pero a los
ojos de Esav no fue suficiente, prefiró el guiso de lentejas que tenía al
alcance de su mano y no el Olam Habá que hubiera alcanzado con la
primogenitura.
Por eso precisamente es que la venta de la primogenitura por parte de
Esav fue válida desde el punto de vista de la Halajá. No puede considerarse
como una operación en la que se pagó un precio no adecuado por una mercadería
(que da la oportunidad al perjudicado de anularla), ya que a los ojos de Esav el
valor de la primogenitura era inferior aún al del guiso de lentejas. Nuestros
Sabios lo ejemplifican con aquel Iehudi que necesitaba dinero para poder casar a
su hija y cuando fue a lo de su Rab, éste le aconsejó: "La primera
operación comercial que se te presente, debes concretarla. En ella encontrarás
la bendición de Hashem". El hombre regresó a su hogar y en el camino
ingresó a un hotel donde había un grupo de comerciantes reunidos. Uno de ellos
comenzó a burlarse del Iehudi y le dijo: "¿quieres hacer un negocio
conmigo?". El Iehudi instantáneamente recordó lo que su Rab le había
dicho y le contestó afirmativamente. El comerciante le propuso: "¿quieres
comprar mi Olam Habá por una moneda?". El Iehudi aceptó y le entregó la
moneda al comerciante ante la risa y burla de todos los presentes. Cuando ese
comerciante regresó a su hogar y le contó a su señora cómo se habían
divertido con esa persona, la mujer lo amenazó enojada: "Ve inmediatamente
del comprador a recuperar tu Olam Habá, ya que no estoy dispuesta a vivir con
un hombre que vendió su Olam Habá por una moneda". Sin otra alternativa,
el comerciante fue a buscar al comprador y cuando quiso comprar nuevamente su
propio Olam Habá, el Iehudi le respondió: "Negocios son negocios y no
estoy dispuesto a anularlo". Ante los ruegos del comerciante, el Iehudi fue
a pedir consejo a su Rab, quien le respondió: "Puedes vendérselo, pero
por un precio equivalente a todos los gastos que tendrás para poder casar a tu
hija". El comerciante no tuvo más remedio que acceder, pero le preguntó
al Rab: "¿Dónde está la justicia?, ¿acaso lo que vendí por una moneda
debo comprarlo ahora por miles de monedas?". El Rab le respondió: "El
precio de una mercadería depende del valor que cada uno le otorgue en ese
momento. Ayer despreciaste el Olam Habá y hoy le das el valor verdadero que
tiene. Por eso la operación es válida". Es lo que sucedió con Esav que
despreció a la primogenitura a tal punto que el guiso de lentejas fue más
valioso que ella. Por eso la venta fue válida.
Si bien la descendencia de Iaacob Abinu se encuentra viva y de pie, también
-lamentablemente- el mal ejemplo de Esav no ha desaparecido del mundo y debemos
estar atentos para no dejarnos engañar por los falsos personajes de nuestra
actualidad. Estamos confiados esperando la promesa del profeta: "No quedará
sobreviviente de la casa de Esav" (Obadiá 1). Llegará el momento en donde
la luz de la verdad permitirá descubrir claramente a los tramposos. Esperamos
con ansiedad ese momento en donde se cumplirá el versículo: "Y será Di-s
el Rey sobre toda la tierra, en ese día será Hashem único y su Nombre será
único" (Zejariá 14).