Melanie Klein y la paidoterapia
Es bien conocido el aporte de judíos al psicoanálisis, tanto en la generación de sus fundadores como en la que les siguió, con la excepción de Carl Jung: entre otros Alfred Adler, Erik Erikson, Sandor Ferenczi, Erich Fromm, Otto Rank, y Theodor Reik.
En el caso de Melanie Klein, fue pionera en campo de investigación sumamente controversial desde el comienzo: el psicoanálisis de niños.
Klein personificó la Escuela de Londres en la disputa con la Escuela de Viena, representada eminentemente en Anna Freud, quien consideraba que los niños carecen de un yo suficientemente desarrollado para el psicoanálisis. El primer libro de Anna Freud, Introducción a la técnica del análisis del niño (1927) es un objeción a Klein: sostiene que los niños no pueden asociar libremente, ergo no pueden ser analizados, y habría que circunscribirse a enseñarles.
Sin embargo, la técnica del juego de Klein estaba abriendo los mundos internos de niños con impresionantes resultados para el psicoanálisis. Anna Freud también trabajaba con niños, a quienes veía como seres mucho más amables que la imagen que surgía de los estudios de Melanie Klein, para quien el mundo interno del niño es una masa de fantasías destructivas y angustiosas. Si para Freud el niño es un egoísta, para Klein es un caníbal.
Bob Hinshelwood, quien en 1984 fundó la Revista Británica de Psicoterapia, publicó un lustro después el Diccionario de Pensamiento Kleiniano de más de 500 páginas.
Las complejas ideas de Klein fundamentan su creación de técnicas terapéuticas para las psicopatologías infantiles. Para ella, los niños revelan fantasías y ansiedades por medio del juego, y en los juguetes, a una edad en que la aproximación verbal del psicoanálisis tradicional era imposible. En su obra El psicoanálisis de niños (1932) Klein expuso cómo estas ansiedades podían causar eventualmente trastornos emocionales. Fue la obra más importante publicada por un miembro de la Sociedad Británica hasta ese momento.
Nacida en Viena, Melanie Reizes (1882-1960), más tarde Klein, se formó bajo la influencia de dos consumados freudianos: Sándor Ferenczi y Karl Abraham, a quienes Sigmund Freud consideraba los mejores clínicos del movimiento psicoanalítico. El primero urgió a Klein a dedicarse al trabajo con los más jóvenes.
Un acontecimiento trágico en 1924 generó mala predisposición en la opinión pública para con la psicoterapia de niños: la primera terapeuta y eminente directora del Centro de Orientación Infantil de Viena, Hermine von Hug-Hellmuth, murió estrangulada por un joven de 18 años que había sido su paciente. Lejos de desanimarse, Melanie Klein, la paidoterapeuta en ciernes, decidió dedicar su vida a legitimar la disciplina.
La historia del psicoanálisis infantil comienza en 1909 con la publicación de uno de los casos de Sigmund Freud, quien había tratado a un niño de cinco años llamado Hans.
Un año después, Klein se mudó a Budapest donde conoció a Freud y donde trabajó con Ferenczi; tres años más tarde Ernest Jones fundaba la Sociedad Psicoanalítica de Londres en la que Klein se destacaría.
Desde 1920, Jones se había interesado en revisar las posibilidades de aplicación de la terapia a los niños, disciplina que tuvo a Klein como protagonista.
Su técnica del juego despertó admiración, ya que frecuentemente era el único modo de analizar a los niños, a fin de hacer emerger fantasías para su interpretación.
En 1927, Anna Freud disertó en Berlín sobre la técnica del análisis infantil, y las diferencias entre las dos escuelas se ensanchaban. La contribución escrita que Klein envió ni siquiera se hizo circular.
En mayo de ese año, Ernst Jones organizó un simposio donde se expusieron las tesis “vienesa” y “británica”. El evento resultó fundacional respecto para la disciplina.
El desarrollo de la técnica clínica de Klein tuvo una sólida base metapsicológica: postuló la aparición del complejo de Edipo y del superyó en una etapa muy anterior a la propuesta por Freud.
Los trabajos de Klein se centran en las emociones del bebé y del niño, que conforma su superyó a partir de la imagen materna y de su relación con el pecho. Su escuela, la Escuela Inglesa, sostiene que, en su fantasía, el niño ataca el cuerpo materno, y teme por esto una retaliación.
La posición freudiana se caracteriza por atribuir a los dos sexos una misma evolución psicosexual, hasta la entrada en la fase fálica. La superación del complejo de Edipo es más lenta en la mujer que en el varón, por lo que el superyó de las mujeres es considerado más frágil. Klein, por el contrario, opina que el conflicto edípico se desencadena como consecuencia de la frustración del destete. Luego de éste, se produce en ambos sexos un período de sadismo máximo, cuyo objeto pasa del pecho al cuerpo de la madre. Por ello, para Klein, el mundo interno del niño es una masa de fantasías destructivas y angustiosas.
En marzo de 1938, Alemania invadió Austria. En junio, Freud llegó a Londres y Klein le hizo llegar una carta de bienvenida. Aunque ambos expresaron el deseo de encontrarse, la cita no tuvo lugar por la muerte de Freud, veinte días después del estallido de la guerra.
La psicóloga del ello
El cuadro que traza Klein de la naturaleza humana es más intenso que el de otros psicoanalistas, más problemático: la vida es más dura y más dolorosa, menos racional.
Mientras Freud se dedicó a la estructura del inconsciente, Klein puso el énfasis en las ansiedades psicopáticas. Sostenía que la vida no es una realidad objetiva, sino una fantasmagoría poblada de nuestros propios miedos y deseos.
Lo primitivo en nosotros nunca se supera, nunca llegamos a una maduración permanente. Nuestro equilibrio es constantemente jaqueado, desde dentro y desde fuera, obligándonos a comenzar de nuevo una y otra vez. Para Klein, los mecanismos y procesos psicopáticos permanecen a lo largo de toda la vida.
Una diferencia teórica adicional era que para Klein, el superego no se lograba a los cinco o seis años de edad, como preludio de la solución del complejo de Edipo. Para ella, el superego estaba presente desde el mismo nacimiento: el mundo interior de la mente estaba más oscuramente estructurado, de lo que suponían Freud y su hija Anna. Ésta había aducido que la envidia y la destructividad eran menos visibles en el inconsciente, de lo que planteaba Klein.
Mientras Anna Freud enumeraba los mecanismos de defensa inconscientes disponibles para mantener la irracionalidad a raya, para Melanie Klein las fantasías inconscientes más primitivas continuaban emergiendo sin pausa.
Así lo plantea en Envidia y gratitud (1957), en el que se expone la vida como una mezcla de emociones extremas, y los objetos de nuestros sentimientos como un todo, no como partes.
La deslumbrante originalidad de Klein no la eximió de antagonistas. Sus conclusiones sobre la agresión, el sadismo y otros sentimientos intensos en la mente del niño muy joven, alejaron a muchos de sus colegas.
El mundo de Freud es un mundo de animales, objetos científicos que reaccionan a los estímulos. El de Klein es más el de sujetos humanos acechados por demonios. El primero destaca las relaciones con el medio circundante; el de Klein, las relaciones con el mundo interno de fantasía.
Las diferencias se proyectan también en lo que concierne a la tarea del analista. A Klein no le perturbaba ser apodada la psicóloga del ello. Concebía que la labor del analista era confrontar al paciente con el contenido de lo inconsciente, entender su mente y transmitírsela, sin procurar experiencias emocionales correctivas, ni regresiones, ni explicitar influencias educativas o morales.
A esta altura resultará útil relatar la vida de Klein, ya que acaso su biografía dictó su lúgubre visión del ser humano.
Los padres de Melanie no escogieron tenerla ni le expresaron afecto. Su hermana mayor, Sidonie, quien la había iniciado en la lectura y la matemática, falleció cuando Melanie tenía cuatro años.
De mayor, su analista murió, su matrimonio fracasó, y un hijo falleció en un accidente de alpinismo que hizo sospechar un suicidio. Su hija, Melitta Schmideberg, fue una conocida psicoanalista que luchó públicamente contra su madre, a cuyo entierro no asistió. El funeral no fue religioso, como lo había pedido Melanie Klein. Aunque siempre se autodefinió como atea, asumía sus raíces judías y despreciaba a quienes renegaban de ellas.
Su padre, Moriz Reizes, pertenecía a una sencilla familia judía ortodoxa, residente en Lvov, en esa época parte del imperio austro-húngaro. Destinado a ser rabino, estudió medicina y, al finalizar la carrera, rompió con la tradición.
Hombre culto, hablaba diez idiomas. De su segundo matrimonio, con Libussa Deutsch, de una familia religiosa y culta, nació Melanie en 1882.
Moriz se dedicó a la odontología y su esposa a la venta de plantas. El hermano de Melanie, Emanuel (quien moriría también muy joven) fue quien la apoyó cuando, a los catorce años, ella decidió estudiar psiquiatría.
Un amigo de Emanuel era Arthur Stevan Klein, un químico industrial de 21 años, con quien Melanie se comprometió a la edad de 17 años y se casó unos años después, estableciéndose en Hungría. Al año siguiente nació su hija Melitta, en 1906 Hans y en 1914 Erich.
Melanie Klein fue afectada por un prolongado estado depresivo, frente al cual su esposo consiguió que lo trasladaran a Budapest. Melanie requería por momentos hospitalización.
Se psicoanalizó con el mentado Ferenczi, y tanto éste como su esposo Arthur Klein se incorporan al ejército austro-húngaro. En 1916 Arthur regresó herido como inválido de guerra y el matrimonio tambaleó.
En 1918, antes de finalizar la guerra, Melanie Klein asiste al Quinto Congreso Psicoanalítico Internacional, con la presidencia de Ferenczi, en el que oye con arrobada atención la exposición de Sigmund Freud.
Durante su análisis con Ferenczi, éste llamó su atención acerca de sus dotes para comprender a los niños, y alentó su idea de dedicarse a la paidoterapia. Ferenczi la designó asistente de Anton von Freund en la tarea de organizar la enseñanza del psicoanálisis en la Sociedad de Investigación Infantil.
En 1919, Ernst Jones reorganizó la Sociedad Británica de Psicoanálisis y en julio de ese año Klein expuso su primer trabajo.
Fue aceptada como miembro en la activa Sociedad Psicoanálitica Húngara, presidida por Ferenczi. Al poco tiempo, Miklós Horthy establecía el “Reino de Hungría” con tendencias judeofóbicas, y los profesionales judíos debieron emigrar de Budapest. Recordemos que en esa época, llamativamente, un sesenta por ciento de los médicos y abogados húngaros eran judíos.
Arthur Klein se trasladó a Suecia, donde obtendría su nueva ciudadanía. Melanie Klein opta por ir con sus hijos a Eslovaquia, donde permanece un año en casa de sus suegros. Melanie y Arthur se divorciaron en 1921.
En 1920 asistió en La Haya al Sexto Congreso Psicoanalítico Internacional, donde conoció a Karl Abraham, presidente de la Sociedad Psicoanalitica de Berlin, quien la invita a trabajar allí. Llegó a Berlín a la edad de 38 y allí permaneció un lustro, siendo miembro de la Sociedad de Berlín y analizándose con Karl Abraham, que murió catorce meses después.
Abraham y Ferenczi habían quedado fascinados con los descubrimientos de Klein, que en muchos casos se concretaron a partir del análisis de sus propios hijos.
Las dos escuelas enfrentadas
Aunque era muy controvertida adonde fuese, en general se admiraba su técnica del juego, que se presentaba como el mejor modo, si no el único, de hacer emerger las fantasías del niño, para poder interpretarlas.
En la disputa entre Melanie y Anna, a Sigmund Freud le fue imposible ser neutral, y se mostró escéptico desde el comienzo. En 1927 sentenció en carta a Jones: "La concepción de Frau Klein sobre la conducta del yo ideal en los niños, me parece totalmente imposible y está en contradicción con todos mis supuestos". Los aportes de la psicoanalista eran vistos como incomprensibles o desviados.
Un ejemplo de su trabajo criticado fue el caso del análisis de Richard, un niño de 10 años que fue traído a Londres, durante la Segunda Guerra Mundial, para ser tratado por Klein. El análisis se centró únicamente en la realidad psíquica del niño, mientas que la realidad externa bajo la que vivía, el bombardeo alemán a Londres, fue metódicamente ignorada.
1924 fue de los años más fértiles de Klein. Expuso por primera vez ante una audiencia La técnica del análisis de niños pequeños, en el Octavo Congreso de Psicoanálisis Internacional, en Salzburgo.
Ante la Sociedad de Viena presentó el trabajo Principios psicológicos del análisis infantil y, a fin de ese año, el caso de Una neurosis obsesiva en una niña de 6 años (Erna) en la Primera Conferencia de Psicoanalistas Alemanes, en Wurzburg.
Gracias a James Strachey, los trabajos de Klein llegaron a la Sociedad Británica, en la que la posibilidad del análisis de niños era debatida con mucho interés. En julio de 1925, Klein da seis conferencias en Londres durante tres meses, invitada por Ernest Jones.
Luego de la muerte de su mentor, Abraham, la oposición a las teorías kleinianas en la Sociedad de Berlín se intensificó notoriamente. Y el referido asesinato de Hug-Hellmuth por un paciente, se agregó para desalentar la indagación profunda del inconsciente del niño. Klein decide dejar Berlín y en septiembre de 1926, llegó a Inglaterra, invitada por Jones, quien organizó un simposio sobre análisis infantil entre los miembros de la Sociedad Británica (mayo de 1927). Se expusieron allí los principales temas de la polémica entre el grupo británico y el vienés.
La última contribución de Klein a las llamadas “Controversias” fue el 1 de marzo de 1944 y se tituló La vida emocional del niño.
Al 16º Congreso Psicoanalítico Internacional, en Zurich, 1949, viajaron muchos latinoamericanos que habían ido a formarse a Londres, y allí tuvieron más peso los analistas norteamericanos. Jones, que había ocupado por diecisiete años la presidencia de la Asociación Psicoanalítica Internacional, fue reemplazado por el psiquiatra Leo Bartemeier.
Klein vivió el cambio como un triunfo del annafreudismo.
Un número especial de la Revista Internacional de Psicoanálisis fue dedicado a los 70 años de Klein, y en 1955 se estableció la Asociación Melanie Klein.
A menos de un año de fundada, Paula Heimann toma distancia de la teoría kleiniana de envidia primaria, y Klein le solicita que deje la asociación.
Los opositores de Klein crecían en fuerza .
En 1956, Donald Winnicott fue elegido presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica, y rechazó tres principios kleinianos: el de la envidia innata, el del instinto de muerte, y el de la posición paranoico-esquizoide. A pesar de ello, consideraba a la noción kleiniana de “posición depresiva” la más importante del psicoanálisis después del descubrimiento del inconsciente.
Winnicott había formado parte del llamado “grupo independiente” de los tres segmentos en los que se fragmentó la Sociedad Psicoanalítica Británica. Los otros dos eran los kleinianos y los annafreudianos. Fue supervisado en su trabajo por Melanie Klein.
Más allá de los tormentosos debates que ésta despertó en el ámbito psicoanalítico, es claro que la técnica de la terapia por medio del juego hoy es aplicada en todo el mundo. Su pionera se sumó a una judaica preocupación: conocer el alma del niño.