Maharal y el Renacimiento
La cultura griega se había repartido en tres áreas con respectivos intereses: en el Oeste, la católica romana, en la que floreció el neoplatonismo; en el Este, la bizantina, donde primó Platón; y en el Sur, la arábiga, donde se impuso Aristóteles.
Como dijimos, a fines de la Edad Media las tres tendencias se encuentran en el Norte de Italia, donde entre los siglos XIV y XVI renació la cultura antigua, en lo que puede considerarse el paso de la Edad Media a la Modernidad. Entre los judíos, el paso se dio un poco más temprano.
La comunidad judeoitaliana es la más antigua de las comunidades judías existentes en Europa. Nunca hubo en Italia una expulsión que abarcara toda la península, ni una persecución generalizada.
Por primera vez en su larga historia, los judíos adquirieron en su totalidad una cultura foránea: la italiana. Además, del mismo modo en que en el mundo musulmán, los médicos judíos jugaron un rol prominente en todos los aspectos de la medicina; casi no hubo príncipe italiano ni papa cuyo médico personal no fuera judío. Sólo en Padua entre 1517 y 1519, ochenta judíos se graduaron en filosofía y medicina.
España de la Edad de Oro produjo proezas culturales en gramática, traducción, poesía, filosofía, mística, codificación, exégesis, astrología, astronomía, matemáticas y medicina. El Renacimiento italiano, por su parte, llevó a los judíos a todo ello y a más: escolástica, literatura, arte, y tecnología.
El siglo XIII fue, en términos medievales, “de oro”.
Escuelas se establecieron en conventos, luego en catedrales, y alrededor del 1200, y aun antes, fueron naciendo las primeras universidades, que ulteriormente cobraron independencia: en Bolonia, Salerno, París, y más tarde en Inglaterra, Bohemia y Alemania.
Dichas escuelas tienen conspicuos precedentes en la tradición judía. Aunque en general los historiadores consideran comienzo de la escuela primaria a los centros que, a partir del siglo XI, creó la Iglesia para los niños pobres. En rigor, un milenio antes, ya en el año 64, el rabí Iehoshua ben Gamlá creó en Judea la escuela pública obligatoria (si en lugar de la versión del Talmud babilónico aceptáramos la del Talmud de Jerusalén, Israel se habría adelantado aun dos siglos más). Un pedagogo talmúdico, rabí Shmuel Ben Shilat, institucionalizó la edad de iniciación escolar en los seis años.
En cuanto a los precedentes de las universidades, los hallamos en cuatro centros culturales: en Grecia, la Academia platónica y el Liceo aristotélico; en Alejandría, la biblioteca; en Babilonia, las yeshivot talmúdicas judías; en la India, el centro de estudios budistas de Nalanda.
Los renacentistas actuaban como si el mundo entero hubiera redespertado. Fue un retorno del antiguo humanismo caracterizado por el individualismo, pero con una gran diferencia: mientras el antiguo humanismo había enfatizado la importancia de la tranquilidad, la moderación y el freno, el nuevo rebullía, tanto en ciencia como en arte y en religión.
En lo referido a la ciencia, los grandes descubrimientos a partir de Galileo y Kepler, que tienen como antecedente a De la revolución de las esferas celestes (1543) de Copérnico, llegan a su cúspide en Isaac Newton, de quien se ha dicho que “La naturaleza y las leyes naturales se hallaban ocultas en la noche. Entonces Dios dijo ¡Que Newton sea! Y se hizo la luz”. Lo que se sabe menos es que Newton fue un consumado hebraísta.
El gran aporte del Renacimiento fue el método científico, facilitado por la noción bíblica de la regularidad de la naturaleza.
En las artes, el Humanismo revive el estilo arquitectónico clásico; en pintura, los motivos de la Biblia hebrea inspiran a los grandes creadores de las nuevas escuelas en Italia como Giorgione, Raphael, Leonardo, Bellini y Miguel Ángel, y la escuela flamenca en Holanda.
Otro aporte fue la Reforma religiosa, que siguió a la llamada “Batalla de los Libros”, una tormentosa polémica desatada en Alemania entre 1510 y 1520. Comenzó con la visita de Johannes Pfefferkorn a Johannes Reuchlin, solicitándole su apoyo para la confiscación y destrucción de los libros hebreos.
Reuchlin había sido dos lustros antes alumno de Ovadia Sforno, otro grande del Renacimiento hebraico. Por ello se opuso terminantemente a la componenda, y el enfrentamiento por los libros se extiendió después a otras lides: franciscanos contra dominicos, Austria contra Francia, y finalmente la mayoría de los humanistas contra los eruditos reaccionarios, a quienes se los apodó "oscurantistas" y ridiculizó en la última obra de Reuchlin.
Sin embargo, en 1520 el papa León X, urgido a actuar contra la Reforma, se pronunció en contra de Reuchlin.
En el campo de la tecnología, el Renacimiento se difundió gracias a tres grandes descubrimientos: la brújula, las armas de fuego y la imprenta. (Nótese que en Europa se desconocía que habían sido inventados en China, tanto como el reloj y el papel).
De esa terna, los dos primeros facilitaron los viajes y las conquistas, mientras que la imprenta (oficialmente inventada por Gutenberg en 1454), permitió la difusión de las ideas, y eventualmente terminó con el monopolio de la Iglesia sobre la cultura.
Tanto en el proceso que llevó a la invención de la imprenta, como en el que precedió a la de la brújula, la participación judía fue notable.
La imprenta fue un invento primordial que impidió que el aprendizaje renacido se circunscribiera a una pequeña elite. Los judíos notaron rápidamente el potencial del nuevo arte. En 1444 (seis años antes de Gutenberg) en Avignon se firmó un contrato para cortar tipos hebreos “de acuerdo con el arte de escribir artificialmente” entre un artesano alemán y un miembro de la comunidad judía. No quedó ningún vestigio de esa imprenta debido a la persecución de la literatura hebrea (trece años antes, en el Concilio de Basilea, la bula del papa Eugenio IV prohibió expresamente a los judíos el estudio del Talmud).
En Portugal, la imprenta hebrea comenzó en 1478, la latina en 1485 y la portuguesa en 1495. Cuando los judíos fueron expulsados de Portugal se llevaron con ellos la técnica y los equipos. El primer libro que se publicó en el continente africano fue Abudrahim, una guía litúrgica en Fez; en los Balcanes, el código hebreo de Jacob ben Asher (Constantinopla, 1493); en Asia (europea) el comentario del Libro de Esther (Safed, 1577). En El Cairo, la prensa europea se inició con la expedición de Napoleón, pero la hebrea ya en 1577. La fábrica de papel más antigua de Europa fue establecida por judíos en Jativa, cerca de Valencia.
Todo ello indica que la participación de los judíos en la creación de la imprenta fue mucho mayor de lo que pudieron admitir abiertamente, debido a las restricciones que reprimían su vida cultural.
En lo que se refiere a los descubrimientos geográficos, fue la pasión por la exploración la que indirectamente llevó al descubrimiento del Nuevo Mundo. Cuatro ejemplos de instrumentos que abrieron el paso a los descubridores durante los siglos XIV y XV fueron el cuadrante, las Tablas Astronómicas, la cartografía, y el astrolabio.
El cuadrante había sido el instrumento más importante para la determinación del ascenso del sol y las estrellas. Fue corregido por Rabí Jacob ben Majir ibn Tibón, y por ello se lo conoció como “cuadrante judaico”, citado por Copérnico y por Kepler.
Cuando, en 1085, los cristianos tomaron Toledo, recogieron las Tablas de Toledo cuyos compositores incluían astrónomos judíos. En 1310 el astrónomo Isaac Israeli las adaptó como Tablas Alfonsinas (este investigador no debe confundirse con el filósofo homónimo medio milenio anterior. Israeli es autor del tratado astronómico Yesod Olam, que trata de la posición de los cuerpos celestes, los movimientos del sol, solsticios, eclipses, etc.
En cuanto a la cartografía, Mallorca fue uno de los grandes centros de actividad en el período preparatorio que llevó a los grandes descubrimientos marítimos. La mayoría de los más destacados cartógrafos mallorquines eran judíos, como la familia Crescas. Abraham Crescas fue designado por Juan de Aragón como Maestro de Mapas y Brújulas.
La actividad científica de los judíos en el medioevo culminó con la obra de Abraham Zacuto, profesor de astronomía en la Universidad de Salamanca, donde fue consultado por Colón. Su máximo tratado astronómico fue Ha’jibur Ha’gadol (1478), “la gran composición”.
Las tablas de Zacuto fueron transportadas tanto en las flotas de Colón, como en las de Vasco da Gama y de otros exploradores.
En 1513 Zacuto se había reasentado en Israel, y estudió en la ieshivá del rabí Isaac Sholal, en Jerusalén, donde compiló un almanaque.
Hay muchos más hombres hebreos que brillaron en el Renacimiento, incluido el misterioso Michel de Nostradamus. De entre ellos destacaremos a tres grandes humanistas: Azariah de Rossi (1513-1578), Leone Modena (1571-1648), y Maharal de Praga (1525-1609).
El primero fue un médico y poeta veneciano, versado en las literaturas hebrea, latina e italiana. Típicamente, estudió arqueología, historia, antigüedades griegas y romanas, e historia eclesiástica.
En 1543 Azariah de Rossi contrajo enlace y se estableció en Ferrara, donde el terremoto de 1571, que dejó centenares de víctimas, destruyó su casa, pero tanto él como su esposa se salvaron por haber estado en el cuarto de su hija que permaneció intacto. Por ello escribió Kol Elohim (“la voz de Dios”) en donde describe al terremoto como providencial. También tradujo al hebreo la Carta de Aristeas.
La obra cumbre de Azariah de Rossi fue Me'or Einayim (“Luz para los ojos”, Mantua, 1575) que incluye las dos citadas y una tercera titulada Imre Binah (“Dichos de entendimiento”) dividida en cuatro partes, a saber:
1) La descripción de los judíos durante el Segundo Templo, señalando las contradicciones entre la ciencia y la literatura rabínica; la rebelión de Bar Kojba; las colonias judías en Alejandría y Cirene, etc. En su cita a Filón cuestiona que éste se hubiera contentado con la alegoría y no hubiera ofrecido la interpretación rabínica de la Biblia.
2) Una crítica a las aseveraciones talmúdicas, que no deberían tomarse literalmente (por ejemplo la que atribuye la muerte de Tito a un mosquito que entró en su cerebro cuando retornaba a Roma).
3) Una cronología judía acompañada de traducciones de Filón y Josefo Flavio.
4) Una sección de arqueología, en la que describe las vestimentas sacerdotales y el Segundo Templo.
Las secciones mencionadas justifican que se considere a Azariah de Rossi fundador de la crítica histórica judía, ya que sigue un método científico independiente de la tradición. Esto le acarreó el disenso de sus contemporáneos (Moses Provençal de Mantua, Isaac Finzi de Pesaro y David Provençal) con quienes polemizó en las sucesivas ediciones de Me’or Einayim, que eventualmente fue traducida al latín por hebraístas cristianos.
Los rabinos de Mantua prohibieron su lectura hasta la edad de 25 años, y el célebre Josef Caro pidió de Elisha Gallico que redactara un decreto para quemar el Me’or Einayim (Caro murió antes de que el decreto fuera escrito).
Nuestro segundo personaje renacentista es Leone Modena, erudito veneciano, rabino, poeta… y jugador empedernido.
Niño precoz, a los doce años tradujo al hebreo el primer canto de Orlando Furioso de Ariosto, y a los trece escribió un tratado contra el juego que superó las diez ediciones y fue traducido al latín, francés y alemán. Por esa época ya era versado en literatura hebrea y rabínica, y fue adquiriendo simultáneamente vastos conocimientos en literatura clásica, matemática, filosofía e historia natural. Su libro Bet Yehudah fue pionero de la reforma religiosa.
Se casó en 1590 y vivió de enseñar. En 1594 fue designado miembro del rabinato veneciano; sus prédicas en italiano atraían una amplia audiencia que incluía nobles y sacerdotes.
De carácter inestable, se le han identificado veintiséis profesiones (corrector de prensa, notario y librero, entre otras) cuyos ingresos siempre perdía en el juego. Ello lo hizo vivir en un permanente estado de ansiedad que se agravó por desastres familiares: la mayoría de sus hijos murieron jóvenes y su esposa enloqueció desde 1641 hasta su muerte.
EL RABINO DE PRAGA
Maharal de Praga, Iehudá Loew, es más conocido por lo que no hizo que por lo que hizo. No fue el Golem lo importante de su obra sino que, como se ha definido, “evitara la balcanización del pensamiento judío”. Su aproximación sistemática y analítica a la filosofía judía elevó su obra a un estatus paralelo a lo que el código Shulján Arúj fue para la ley o halajá.
No suscribió la mentada idea talmúdica de la enseñanza temprana. Sostuvo en cambio que el comienzo de la educación debía fijarse de acuerdo con la madurez intelectual de cada niño.
Al comienzo de su ensayo Netzaj Israel contrasta la situación sana y natural de un pueblo (su “redención”), con el estado enfermizo y artificial de la dispersión -la de los judíos carentes de independencia y patria-. Esta opinión de Maharal llevó a que Martín Buber lo considerara padre del sionismo.
Ha dejado una vasta obra escrita, clasificable en tres categorías: festividades, ética y exégesis.
La primera parte abarca una colección de seis libros que reciben títulos tomados principalmente de un versículo bíblico (I Crónicas 29:11) bajo los que analiza las diversas festividades: Pésaj (Gevurot Hashem) y el Seder (Divrei Neguidim), Tishá Beav (Netzaj Israel), Janucá (Ner Mitzvá), Purim (Or Jadash), y Shavuot (Tiferet Israel). No se preservaron los textos alusivos al Shabat, Rosh Hashaná y Iom Kipur.
El segundo grupo, las obras de ética, incluye Netivot Olam de 33 capítulos, y sus Drashot o recolección de homilías.
Finalmente, la obra exegética abarca Gur Arieh, un comentario sobre la exégesis de Rashi al Pentateuco, Derej Jaim (Camino de Vida) sobre el Tratado de Principios de la Mishná, y Jidushei Agadot sobre el Talmud. Su otro libro talmúdico es Be'er ha-Golá (El pozo de la Diáspora) en el que responde a las interpretaciones del mentado Azariah de Rossi.
La figura de Maharal se asocia asimismo con la alquimia, la búsqueda renacentista de la “piedra filosofal”, el agente que permitía las transmutaciones de metales en oro.
El 23 de febrero de 1592 tuvo lugar un misterioso encuentro sobre estos temas, entre Maharal y el excéntrico emperador Rodolfo II de Habsburgo, en el que estuvieron presentes su hermano Sinai y su yerno Isaac Cohen y, por parte del emperador, el príncipe Bertier.
La alquimia, una práctica antigua y medieval que procuraba purificar metales, fue en buena medida madre de la química. Tiene su fundamento en la doctrina aristotélica de que todas las cosas buscan su perfección y, como otros metales eran menos “perfectos” que el oro, podían llegar a convertirse en éste. El método nació en Egipto y floreció en Alejandría y en China. En el siglo XVI Felipe Paracelso marcó un punto de inflexión para los alquimistas, quienes después de él se dividieron en dos grupos: uno que buscaba reacciones químicas y combinaciones (predecesores de la química), y otro que se dedicó al lado visionario, metafísico y fraudulento (del que deriva el significado actual de la palabra).
En rigor, ninguno de los libros de Maharal se dedica a la cábala, pero con ella se lo asocia debido a la leyenda del golem, que había sido previamente aplicada a Elijah de Chelm. A partir del siglo XVIII se transfirió el relato del prodigio a Maharal, quien supuestamente había dado vida a un ser, a fin de defender a la comunidad judía de un libelo de sangre. El primer libro que narra la historia es de Judah Rosenberg (1909), y cabe señalar que Jorge Luis Borges creó uno de sus más bellos poemas, El Golem, basado en el milagro de Maharal.
Caben aquí algunos párrafos sobre la cábala. Hablamos en el segundo capítulo de la exégesis filosófica. Paralelamente a ésta, desde comienzos del siglo XIII, se desarrolló otra basada en la misma premisa de que hay un significado más profundo y oculto en las Escrituras, mucho más recóndito de lo que establece su sentido literal. Esta escuela agregaba que todas las verdades acerca de Dios y de la Creación, del universo y del hombre, todo lo que es cognoscible por la mente humana, debe encontrarse en la Torá. Así fue establecido en la introducción de Najmánides de Gerona a su célebre comentario al Pentateuco (1268).
Najmánides fue una de las personalidades más importantes de la época y, aunque en su obra la exégesis mística es secundaria, fue el primero en propagar abiertamente la doctrina esotérica, la jojmá nisteret o torat ha-emet, que eventualmente recibió el nombre de cábala. En sus principales premisas, como por ejemplo la doctrina neoplatónica de la emanación, se conectaba con resabios de un misticismo mucho más temprano.
El libro más importante de la cábala fue el Zohar, un comentario místico del Pentateuco publicado en arameo cerca de 1280 por Moshé de León.
Otro tipo de cábala surgió en Alemania, contemporánea a estos comienzos en el norte de España, a través de los escritos de Eleazar ben Judah de Worms. Su exégesis consistió en la combinación de letras, su intercambio y el cálculo de su valor numérico (procedimientos que conforman la Guematria).
Volviendo a Maharal, los principales discípulos de la Praga de sus días incluyen al Rabí Yomtov Lipmann Heller y al historiador David Gans. El primero promovió el estudio regular y masivo de la Mishná, según la indicación didáctica de Maharal, para lo que redactó el comentario a la Mishná titulado Tosefot Yom Tov.
Al igual que Maharal, Gans estuvo en contacto con el astrónomo Tycho Brahe, y fue autor del Tzemaj David -un tratado de historia general y judía, y de astronomía-.
Maharal es el único rabino que tiene un busto ante un edificio municipal. Tanto éste en Praga como su tumba en el viejo cementerio judío de la ciudad, son aún visitados por miles.
De él se ha dicho que fue el padre de las dos corrientes religiosas que surgieron en el siglo XVIII y que, aunque se enfrentaron, ambas pudieron rastrear a Maharal en su inspiración.