El Gaón y el jasidismo
Del prócer ucraniano Bogdan Chmielnicky, suele olvidarse que fue un genocida judeofóbico, que para combatir la dominación polaca de su país hizo exterminar a más de cien mil judíos entre 1648 y 1649. Inevitablemente, aquellas masacres de cosacos dejaron huellas indelebles en el espíritu del pueblo judío, que absorbía a centenares de miles de huérfanos e incapacitados.
Durante los años que siguieron, la violencia ucraniana fue remedada por polacos (1654) y por rusos (1668). Golpeada, la judería de Polonia declinó y sus más grandes sabios se trasladaron a Lituania.
Debido a su decaimiento, la comunidad judeopolaca se sumió parcialmente en especulaciones escatológicas de la cábala y en supersticiones sobre amuletos, demonios y milagros.
Así, sucede a la tragedia física un colapso espiritual, que terminó encarnándose en el pseudomesías de la ciudad de Esmirna, Shabetai Tzvi (1626-1676), un predicador cabalista a quien las sufridas masas israelitas aceptaron como manumisor, en un atisbo de esperanza de que una época tan aciaga precediese a la inminente redención.
Pero ésta no se consumó: el pseudomesianismo shabetaísta resultó ser un fiasco de enormes dimensiones y se impuso una desazón generalizada. En 1666, bajo presión de las autoridades otomanas, Shabetai terminó convirtiéndose al Islam.
Para contrarrestar la desesperanza de Israel, se requería de un nuevo movimiento que inyectara alegría y dotara al judío de una renovada fe en su destino. Tal cometido fue cumplido por el jasidismo, nacido allá por 1700 en la frontera rusopolaca, como una alternativa al judaísmo rabínico tradicional. Fue, en cierta medida, una popularización de la cábala. La máxima autoridad en la materia, Gershom Scholem, presenta al jasidismo, en su libro Las grandes tendencias de la mística judía (1941) como la última etapa de la mística judía.
La palabra jasid significa “devoto”, denominación de quien practica la religión más allá de sus exigencias formales. El fundador del jasidismo fue Israel ben Eliezer Baal Shem Tov (1698-1760) de la aldea de Medzhivoz. Se dedicaba a acompañar alumnos a la escuela, y más tarde a ser shamash (sacristán) de una sinagoga, en la que pasaba las noches estudiando la cábala; era experto en hierbas medicinales.
Además de “hombre de buena reputación”, el término Baal Shem alude a quien logra dominar los misterios del Nombre divino. En 1736 reveló públicamente su misión religiosa, pero como nunca la escribió, sus principios fueron transmitidos por medio de narraciones y parábolas, y abundantes cuentos que se le atribuyen. Muchos más relatos hubo acerca de su biografía y de su sabiduría de vida.
El jasidismo pregonaba amor por el Creador, por la Torá que le revelara al pueblo judío, y por el pueblo mismo. Ello se expresaba en gran apego a la comunidad.
Los discípulos del Baal Shem Tov sí escribieron. El primer libro que expresa al movimiento jasídico fue Toledot Yaakov Yosef (1780) de Jacob Josef de Polnoye, en el que se cuestionaba a los funcionarios religiosos (rabinos, matarifes y cantores litúrgicos) por sus estrecheces y su fracaso en proteger la unidad de la vida comunitaria.
Cabe sintetizar la visión del jasidismo en cuatro mensajes centrales:
Que los límites entre lo sagrado y lo profano son artificiales. Cada acto del hombre, aun el más nimio, debe reflejar el servicio humano al Eterno. No hay velos que separen al Creador de Su creatura.
Que la emoción humana debe prevalecer por sobre el intelecto. El hombre debe accionar para neutralizar toda depresión: quien se siente bien con respecto a sí mismo, se sentirá bien con respecto a quien lo ha creado.
Que el servicio jubiloso al Creador se da por medio del canto, la danza, el relato, la algarabía. La plegaria en sí ofrece dos componentes: la llamada “Devekut” o conciencia ininterrumpida de la presencia divina, y la llamada “Hitlahavut”, el entusiasmo estático, la experiencia de la elevación del alma hacia Dios.
Que el rabí tzadik (“justo”) debe estar cerca de sus discípulos -los jasidim. Este vínculo pasó a ser acervo central del movimiento cuando el Baal Shem Tov murió (1760) y fue adoptándose la forma del tzadikismo, veneración a líderes hereditarios que establecieron “cortes” jasídicas (hoyf) de las que el Rebe era indiscutida autoridad.
La estructura central del hoyf consistía en cuatro instituciones: el hogar del Rebe; la casa de estudio y sinagoga (besmedresh o bet ha-midrash); la academia de estudios talmúdicos (ieshivá) y el precinto para el baño ritual (mikvá).
Ahora bien, el defecto inherente al liderazgo heredado es que los legatarios no son necesariamente idóneos para un rol tan importante. Por ello, en alguna medida la consolidación del tzadikismo vino acompañada por cierto declive del jasidismo. Los Rebes se multiplicaban, y también los excesos de algunos de ellos que abusaban de su misión. Así, a Israel Friedman de Rizhin (1798-1850) era posible visitar en su trono, vestido como un noble ruso, con sombrero tejido en oro. En 1845 pasó casi dos años en prisión acusado de matar a dos delatores judíos. Cuando fue excarcelado, el emperador austro-húngaro le permitió reinstalarse en Sadagora.
Los cinco exponentes más notables del pensamiento jasídico fueron Dov Ber de Mezritch (1740-1772), Shneur Zalman de Ladi (1745-1813), Najman de Bratzlav (1772-1810), Levi Isaac de Berditshev (1740-1809) y Menahem Mendel de Kotzk (1787-1859).
Shneur Zalman fundó la corriente jasídica más visible hoy en día: Jabad-Lubavitch, que tiene varias decenas de miles de miembros; su centro está ubicado en el barrio neoyorquino de Crown Heights. Su acrónimo Jabad deriva de las voces Jojmá, Biná, Daat –sabiduría, entendimiento y conocimiento.
Su séptimo y último Rebe, Menajem Mendel Schneerson, falleció en 1994 sin dejar herederos, lo que exacerbó las tendencias mesiánicas del grupo.
Otras comunidades jasídicas actuales son Satmar, Ger, Vishnitz, Klausenberg, Bobov, Belz, Sanz, Skver y Bratzlav.
Esta última se aproximó más al misticismo. Fundada por Najman, bisnieto del Baal Shem Tov, enfatiza la Hitbodedut, plegaria extática en soledad.
La mayoría de los jasidim fueron asesinados durante el Holocausto. Hoy en día hay unos 250.000 en todo el mundo; las tres cuartas partes residen en EEUU (la mitad de ellos en el estado de New York; la mayoría en Brooklyn –en los barrios de Crown Heights, Williamsburg y Boro Park-). También hay miles en Israel, Inglaterra, Francia, Bélgica, y otros países.
EL GAÓN
El jasidismo despertó gran devoción en miles de judíos, pero también la férrea oposición de otro tanto, los mitnaguedim (“opositores”). En paralelo a la reacción del Romanticismo que hemos estudiado, y que no se rebeló contra la Ilustración en sí sino contra los abusos del racionalismo, los mitnaguedim no se sublevaron contra el misticismo judío en sí sino contra los excesos del jasidismo: la superstición, el tzadikismo exacerbado y el énfasis en el canto y danza a costa del estudio.
El máximo exponente de la oposición o mitnaguedismo fue Eliahu ben Zalman Kremer (1720-1797), conocido como “el Gaón de Vilna”.
Cabe aquí una disquisición sobre el término gaón (sabio), con el que según hemos visto se denominaba entre los siglos VI y XI a quien regía las academias de Babilonia y era el maestro máximo y la suprema autoridad en ley religiosa para las colectividades judías por doquier.
En las academias babilónicas se consolidó la Tradición Oral, en las ciudades de Sura, Pumbedita, Nehardea y Mejoza, que llegaron a tener mentores de la talla del padre del racionalismo judío, Saadia Gaón, a quien hemos dedicado un capítulo. En Israel, las principales ieshivot habían funcionado en Jerusalén, Iavne, Beror Jail y Tiberíades.
El título de honor “Gaón” dejó de utilizarse durante siete siglos, pero la magnitud de la influencia del rabí Eliahu de Vilna hizo que volviera a aplicarse a su persona, de una ciclópea sabiduría que abarcaba tanto las fuentes judaicas como las ciencias.
Las decenas de obras del Gaón fueron publicadas póstumamente, incluido un tratado sobre trigonometría, geometría y álgebra. Como veremos, también su obra educativa fue eminentemente póstuma.
El Gaón comenzó precozmente sus estudios talmúdicos; a los siete años estudiaba con el maestro Moshé Margalit, rabino y exegeta de Kaidan. Tres años después fue autodidacto, y una década más tarde, como era habitual entre talmudistas de la época, deambuló por aldeas polacas para ponerse en contacto con la realidad judía.
En 1748, retornó a Vilna, ya famoso por su erudición. Como no había estudiado en marcos dirigidos, pudo evitar caer en la casuística excesiva que venía dándose a la sazón entre los talmudistas, y optó por el mentado método del peshat o literalismo, la interpretación simple y llana del texto.
Vivió en austeridad, e íntegramente consagrado al estudio. Su hijo informó que durante cincuenta años el Gaón solía dormir dos horas diarias, dedicado casi en reclusión a un escrutinio crítico de las dos versiones del Talmud, a comparaciones sistemáticas de párrafos paralelos, y a correcciones textuales, para lo que profundizó en gramática hebrea y ciencias.
Aunque no le faltó interés por la cábala, sus reservas al respecto crecieron a partir de su enfrentamiento con el jasidismo.
Proclive a una vida ascética, nunca aceptó cargos rabínicos. Su elusión del protagonismo público lo hizo declinar dar opiniones, cuando en 1755 el rabino de las “Tres Comunidades” alemanas Jonathan Eybeschütz (quien tenía 65 años frente a los apenas 35 del Gaón) sometió a su veredicto la agria controversia que mantenía con Jacob Emden acerca de las supuestas tendencias shabetaístas que este último le atribuía.
(La controversia, que se prolongó por siglos, se había iniciado la mañana del jueves 4 de febrero de 1751 cuando Emden anunció en su sinagoga de Altona que un amuleto atribuido a Eybeschuetz sólo podía haber sido escrito por un shabtaísta).
El Gaón se negó amablemente a intervenir en una materia que argüía desconocer. Pero cortó con su estilo sobrio y reservado cuando decidió lanzarse en contra del jasidismo. En 1777 emitió en Vilna una excomunión general e inequívoca: “Deben partir de nuestras comunidades, no debemos darles hospedaje ni casarnos con ellos, ni siquiera ayudarlos en sus sepelios”.
En 1781 dos carismáticos líderes jasídicos difundían exitosamente sus ideas: el mentado Shneur Zalman de Ladi y Menajem Mendel de Vitebsk (protagonista de la inmigración de 1777 a Eretz Israel, de la que “solamente un barco naufragó”).
Éstos intentaron infructuosamente reconciliarse con el Gaón, quien ni siquiera se dignó a recibirlos y agravó el conflicto: los acusó de panteístas, y alentó que el Tzevaat Haribash (el Testamento del Baal Shem Tov) fuera públicamente quemado en Lituania.
Alrededor de 1787, el Gaón decidió trasladarse a Israel, aparentemente, según arguye una carta de su hijo, a fin de redactar allí un nuevo Shulján Arúj, el código de leyes judaico. Sin embargo, llegó sólo hasta Holanda y no se sabe el motivo de su regreso a Lituania. La carta que le escribiera a su esposa desde Königsberg fue publicada mucho después de su muerte (Alim li-Terufah, 1836) y en ella expone cuestiones referidas a la educación de los hijos.
Quienes sí concretaron sus deseos de radicarse en Israel fueron sus discípulos, especialmente los que hicieron aliáh en 1808 liderados por Menajem Mendel de Schklov.
Cuando el Gaón regresó a su reclusión de estudios, los jasidim difundieron la noticia de que había dismiunuido su animadversión. Pero de nada valió, y en 1796 el Gaón envió discípulos a reafirmar su total oposición al jasidismo.
Al año siguiente, otro libro jasídico llevó a los mitnaguedim a arremeter una vez más: el Tania de Shneur Zalman, texto fundamental de Lubavitch. Los mitnaguedim lo denunciaron ante las autoridades zaristas por supuestas actividades filoturcas (el Rebe favorecía la inmigración judía a Israel, a la sazón bajo gobierno turco) y lo acusaban de antirruso (se refería a que en rigor, en las luchas napoleónicas, Shneur Zalman prefirió al zar antes que a Napoleón, a quien consideraba responsable de una sociedad abierta en la que los judíos terminarían asimilándose).
Así fue cómo el padre del Jasidismo de Lubavitch sufrió en prisión por varios meses, y hasta hoy en día los jasidim de Jabad celebran anualmente el día de su puesta en libertad en 1798, el 19 de Kislev, como “Fiesta de la liberación”. (también el Gaón había sufrido la cárcel del zar).
A fin de detener la influencia jasídica, el Gaón alentó a su principal discípulo, Jaim Ben Itzjak (1749-1821), a establecer escuelas con métodos más racionales de estudio. Así, en 1802, un lustro después del deceso del maestro, abría sus puertas la más renombrada de todas las ieshivot: Etz Jaim, en la ciudad de Volozhin, en una zona equidistante entre las dos capitales (Vilna de Lituania y Minsk de Belarús).
La ieshivá Etz Jaim nació para rescatar la posición ideológica del Gaón y enfatizar la lógica talmúdica, evitando los excesos del “pilpul” casuístico que desarraigaba los contenidos del Talmud de sus fundamentos legales.
Volozhin fue pionera del renacer de las antiguas academias, y la primera perla de un amplio florecimiento del estudio judío tradicional. Se estudiaba en ella durante seis días por semana, casi veinte horas diarias, interrumpidas sólo para plegarias, comidas, y algunas horas de sueño.
Jaim Volozhiner, tal fue su nombre desde entonces, insistía en la sindéresis directa (“iún iashar”) en contraposición a la complicada dialéctica que caracterizaba a una parte del estudio talmúdico de marras. Su libro Nefesh Ha’jaím (1824) condensa su visión, que consideraba al estudio de la Torá como forma más inmediata de comunión con Dios. El Volozhiner, fiel a su maestro y mentor, puso el énfasis en el cumplimiento objetivo de los preceptos bíblicos, en lugar de la subjetividad religiosa típicamente jasídica.
Se inició de este modo un movimiento de aprendizaje judaico que pretende remontarse no solamente a las antiguas academias babilónicas sino a los mismísimos patriarcas de hace cuatro milenios. En efecto, el Génesis nos relata que "Jacob era hombre sencillo que moraba en tiendas” (25:27), y la exégesis alegórica explica que esas tiendas eran casas de estudio conocidas como "ieshivot de Shem y de Ever". Aunque la evidencia histórica no fundamenta la existencia de ieshivot en la época patriarcal, el mundo ortodoxo judío, por tradición oral, considera que los fundadores de la religión se educaron en escuelas de esa naturaleza.
Hoy en día, decenas de miles de alumnos estudian en ieshivot, principalmente en Israel y en EEUU. Siguen el modelo de las que nacieron en Europa Oriental (bajo la mentada inspiración del Gaón de Vilna, y a partir del Volozhiner), que fueron aniquiladas en el Holocausto y ulteriormente recreadas en el moderno Estado de Israel.
La academia talmúdica de Volozhin es un ejemplo notable, en el campo de la educación judía, de principios sostenidos sin transacciones de ninguna índole, aun a costa de perderlo todo. Después de varias amenazas de clausura que no se cumplieron, el 22 de diciembre de 1891, el ministerio de educación del zar publicó las Regulaciones acerca de la ieshivá de Volozhin, que obligaban a sus alumnos a estudiar materias seculares bajo supervisión de las autoridades.
Los rectores de la ieshivá se opusieron una vez más a acatar la disposición, y un mes después, todos los maestros y alumnos fueron expulsados de Volozhin. (Después de muchas polémicas, a los pocos años la academia se reabrió, aunque ya sin su previa influencia, y fue finalmente destruida durante el Holocausto, junto con sus rabinos y los últimos sesenta y cuatro alumnos).
Entre los grandes rectores de la ieshivá de Volozhin brilló una tríada: los rabíes Jaim, Itzele y el Netziv, que la lideraron por dos, tres y cuatro décadas respectivamente (1803-1821, 1821-1849 y 1854-1892).
Durante la época del fundador, Jaim, el alumnado llegó al primer centenar. Su fama se difundió a tal punto que el gobernador militar de Lituania durante las guerras napoleónicas instruyó a sus subalternos “salvaguardar al gran rabino de Volozhin, Jaim Ben Itzjak, sus escuelas e instituciones educacionales, y extenderle toda protección y asistencia...” (1813).
Aunque el período de su hijo Isaac (Itzele) señaló el comienzo de las restricciones zaristas, el alumnado se duplicó, y se obtuvo reconocimiento oficial.
En la tercera etapa, la del Netziv (rabí Naftalí Zví Iehuda Berlín) se insufló en la ieshivá el amor a la Tierra de Israel y a los pioneros “Jovevei Sión” que a ella inmigraban. El Netziv timoneó la ieshivá en el mar de ideas que bullían en el pueblo judío, a partir del iluminismo y el sionismo. En un amplio y nuevo edificio, el alumnado llegó a cuatrocientos, provenientes de Rusia, Inglaterra, Alemania, Austria e incluso América.
Uno de los formados en Volozhin creó un sistema original de estudio talmúdico que caracterizó al mundo “lituano” en su conjunto: se trata de Jaim Soloveitchik (1853-1918). Su padre, el apasionado Josef Soloveitchik también llegó a regir la Etz Jaim. Durante su época de maestro allí, nació su hijo Jaim. En 1892, el año en que la ieshivá fue clausurada, Josef falleció y Jaim lo sucedió como rabino de la sinagoga de Brest-Litovsk.
Así como al fundador de la ieshivá se lo denomina “el Volozhiner”, Jaim Soloveitchik tuvo como apelativo “el Brisker”, y su método estudio se llamó “método Brisker”, debido a su ciudad de origen.
Analiza un asunto por medio de enmarcar con precisión sus partes componentes; aborda el Talmud por medio de enfatizar sus estructuras lógicas y conceptuales.
Jaim Brisker se basó en una distinción que hace el Talmud (en el tratado Nedarim 2b) entre el concepto de “votos” (nedarim) y el de “juramentos” (shvuot). El primero se refiere al objeto de una prohibición (heftza), y el segundo al sujeto a quien se le prohíbe su uso (gavra). El Brisker sostenía que cada decisión de la ley judía debe comenzar por determinar si es el resultado de la naturaleza del mismo objeto (es decir la heftza de la disposición) o el resultado de la implicación de la persona (gavra) con el objeto.
Este método de distinción jurídica objeto/sujeto se exageró en ieshivot europeas que florecieron después de la clausura de la de Volozhin, y muchas de aquéllas cayeron en los excesos del “pilpul” que ésta había venido a frenar: extremaron la lógica externa de un asunto, haciendo caso omiso de los contenidos.
Jaim Brisker fue el nieto político del Netsiv, y abuelo del máximo exponente de la ortodoxia moderna esclarecida, Josef Dov Soloveitchik (1903-1993). El Rav, así suele llamárselo a este último, fue heredero de aquella tradición, a la que, mejor que nadie, supo combinar con el mundo de la filosofía.
En la ieshivá de Volozhin se formaron no solamente eruditos talmúdicos y rabinos, sino también espíritus seculares de Israel tales como el filósofo Mija Iosef Berdyczewski y el poeta Jaim Najman Bialik, quien opinó que “allí se moldeó el alma de la nación” y a la que dedicó varios poemas, como “El Matmid”. En su poema “El rollo de fuego”, el Netziv es descripto como “El anciano de Judea”.
La inspiración de Volozhin perdura hasta hoy en la intelectualidad judaica tradicional, y no es aventurado decir que en cada maestro de Talmud hay un heredero de aquella academia pionera.
Como la ieshivá, la publicación de la vasta obra del Gaón también es íntegramente póstuma, tomada de las transcripciones de sus alumnos. Abarca:
1) Exégesis: Aderet Eliyahu (comentario sobre el Pentateuco), Comentario a los Profetas y Hagiógrafo (se publicaron las secciones sobre los libros de Josué, Ezequiel y Proverbios), comentarios a algunos tratados de la Mishná (Shenot Eliyahu a Zera'im , Eliyahu Rabah a Ṭohorot y otros sobre Abot y Kodashim);
2) Obra talmúdica: Hagahot ha-Gra (selección de glosas sobre todo el Talmud, que a partir de 1806 se incluye en casi todas las ediciones del texto);
3) Legal: comentarios sobre las cuatro partes del Shulján Arúj.
4) Filosófica: comentarios sobre Maimónides, el Sefer Yetzirá, y el Zohar.
5) Matemática: Ayil Meshulash (tratado de trigonometría, geometría y astronomía).
La agitada controversia que mantuvieron los discípulos del Gaón contra el jasidismo se diluyó a partir del siglo XIX, cuando surgió un nuevo movimiento judío que comenzaba a poner en peligro la continuidad de la tradición y por lo tanto fue visto por ambos grupos como un adversario mucho más serio: la Haskalá o Iluminismo. En la mencionada Praga se publicó en 1782 Tojejat Musar (reproche ético), la primera expresión de la ortodoxia contra la Haskalá. Fue un sermón del Rabí Pinjás de Horowitz (1730-1805) contra el Biur de Moisés Mendelssohn, el comentario iluminista a la Torá.