Lewin y la Gestalt

 

 

 

 

Los aportes de judíos al psicoanálisis son visibles en todas las ramas de la psicología, incluidas las que surgieron como contrapartida de la freudiana.

A partir de 1960, en EEUU, el malestar que creaban las concepciones mecanicistas dio lugar al nacimiento de dos escuelas de psicología: la humanística y la cognoscitiva, ambas impulsadas por judíos: Abraham Maslow y Ulrich Neisser, respectivamente.

Dichas escuelas se presentaron como respuesta a dos corrientes que, aunque opuestas entre sí, tenían en común cierta deshumanización de las personas, o un énfasis puesto en los aspectos más sórdidos de la personalidad: el conductismo y el psicoanálisis.

Por ello, el pionero de la psicología humanística, Abraham Maslow, denominó “tercera fuerza” a la que pretende la consideración global de la persona, acentuando sus aspectos existenciales: la libertad, el conocimiento, la responsabilidad y la historicidad. En este sentido, se suma al aporte de figuras disidentes de la ortodoxia freudiana como Erich Fromm o Erik Erikson. El primero se focalizó en la búsqueda existencial, el  segundo en el desarrollo sociocultural.

La característica general de las teorías no ortodoxas de la personalidad, es que exaltan la autonomía humana. Por sobre las patologías o los factores determinantes, destacan las motivaciones y necesidades. Critican que la psicología se hubiera visto a sí misma, hasta ese momento, exclusivamente como una ciencia natural, ergo reduciendo al ser humano a variables cuantificables. En el caso del psicoanálisis, la crítica se dirige a que se había centrado en los aspectos negativos de las motivaciones.

En contrapartida, la “tercera fuerza” puso el acento en dos aspectos: que el ser humano es único e irrepetible, y que la creatividad es lo fundamental para desarrollar nuestro ser único.

La psicología humanística ve al hombre como parte de una naturaleza sabia, y por lo tanto confiable: podemos rescatar lo positivo de lo que nos ocurre, sin intentar controlar nuestro entorno. No somos marionetas a merced de nuestro inconsciente, ni de nuestro ambiente, y podemos autodeterminarnos.

La índole humana es, para esta escuela, intrínsecamente buena, con tendencia innata a la autorrealización. Por ello, procura lo natural en el ser humano. Además, la caracterizan dos premisas: que debe ampliarse el concepto de conciencia, y que debe revalorarse lo emocional.

Sobre nuestra conciencia de nosotros mismos, la corriente plantea que la forma en que habitualmente nos identificamos con nuestro yo, no es el único estado de conciencia posible.

En cuanto a lo emocional, la cultura occidental ha tendido a desvalorarlo por debajo de lo racional, y ha priorizado la acción frente a la contemplación. Ello produce un desequilibrio en nuestro organismo, ya que desconoce o subestima aspectos valiosos del ser. La psicología humanista intenta reestablecer ese equilibrio entre polaridades, por medio del cultivo de lo emocional, lo intuitivo, y lo contemplativo.

Se ha criticado a la corriente por su aparente falta de rigor teórico.

 

Por su parte, la expresión “psicología cognoscitiva” comenzó a usarse con la publicación del libro Psicología cognoscitiva (1967) de Ulrich Neisser.

También ésta se distancia tanto de Freud como del conductismo. Del primero, porque, como método, rechaza el de la introspección y acepta el científico. Del segundo, porque supone la existencia de estados mentales internos como la creencia, el deseo o la motivación.

Para los conductistas, la mente es una especie de “caja negra” que no puede ser abordada desde el método científico. Para los cognitivistas sí: plantean que el estudio de la conducta debe abordarse a través de los procesos mentales, que se diferencian en mucho de las meras asociaciones entre estímulo y respuesta.

El cognitivismo se ocupa de una faceta positiva del ser humano: su cognición, es decir los procesos mentales involucrados en el comportamiento. Su objeto de estudio son los mecanismos básicos y profundos por los que se elabora el conocimiento, desde la percepción, la memoria y el aprendizaje, hasta la formación de conceptos y el razonamiento lógico.

Recibimos información por medio de los sentidos y lo cognitivo es el acto de conocer esa información: localizarla, almacenarla, recuperarla, reconocerla, comprenderla, organizarla y utilizarla.

 

 

La Gestalt

 

La raíz de la psicología cognoscitiva está en la Gestalt, cuyos pioneros fueron: Max Wertheimer, Kurt Goldstein, Kurt Koffka, y Kurt Lewin. Estos dos últimos fueron los máximos exponentes de la corriente psicológica dentro de la Gestalt, en contraste con la vertiente física y neurológica representada por Wertheimer y Wofgang Köhler (éste es el único no judío del célebre grupo).

Los padres de la psicología opinaban que nuestra conducta está dictada por motivaciones inconscientes, o por características de personalidad. Kurt Lewin revolucionó el estudio de la disciplina, al mostrar la gran influencia del entorno  dinámico con el que el individuo interactúa.

Lewin (1890-1947) nació en Prusia y se doctoró en la Universidad de Berlín, donde enseñó hasta que el nazismo lo empujó a los Estados Unidos. Allí, después de pasar por varias universidades, pasó a dirigir, en 1944, el Centro de Investigación de Dinámica de Grupos, en el MIT de Massachussets.

Lewin estudió el tema de la motivación en individuos y grupos. Entre sus obras se destacan: Una teoría dinámica de la personalidad (1935), La representación conceptual y la medición de las fuerzas psicológicas (1938), Teoría del campo y experimentación en psicología social (1939), Fronteras en la dinámica de grupos (1946), y Teoría de campo en las ciencias sociales (1951).

La Gestalt[1] (en alemán: forma, figura) es una escuela de psicología que trata del proceso de la percepción. Un simple resumen de su tesis es que “el todo es más que la suma de las partes”.

Percibimos las imágenes como una totalidad, y no como la adición de fragmentos. La mente configura lo que llega a ella, a través de los canales sensoriales o de la memoria, y lo hace de un modo que trasciende los elementos: la suma de éstos no alcanza para comprender el funcionamiento mental.

Dos universidades alemanas debatían la cuestión: desde la de Graz se sostenía que el todo (la Gestalt) resultaba de un acto perceptivo. En la de Berlín, por el contrario, se mantenía que la Gestalt viene dada de inmediato: la percepción resulta de una configuración previa, no la genera.

La Gestalt establece las leyes que definen cómo opera nuestra mente, a saber:

 

 

En 1910, Max Wertheimer comenzó a indagar la naturaleza de la percepción. Secundado por Köhler y Koffka, experimentó con simples kinescopios y descubrió  la ilusión del movimiento aparente, o fenómeno phi, que empezaba por mostrar que si dos líneas cercanas entre sí se exponen de forma instantánea y sucesiva a una velocidad determinada, el observador no verá dos líneas sino una sola que se desplaza de la primera a la segunda.

Ésta y otras conclusiones de los experimentos fueron publicadas en 1912, y constituyeron las primeras obras de la Gestalt.

La idea esencial es que la percepción humana nunca es la suma de datos sensoriales, sino que resulta de un proceso de reestructuración que configura una forma, una Gestalt, que se destruye cuando se intenta analizar. La escuela ve en esta dificultad un problema crucial de la psicología.

La Gestalt nació como un rechazo del “asociacionismo” que dominaba a la psicología a comienzos del siglo XX, y que sostenía que los estímulos son percibidos como partes, y luego son construidos como imágenes. Ese proceso expresaba una especie de atomismo mecanicista que impedía el desarrollo de conceptos humanos como el significado y el valor.

La Gestalt empieza planteando, por el contrario, que la percepción es influida por el contexto, o la configuración de los elementos percibidos. Después se extiende hacia la investigación del pensamiento, la memoria, y la naturaleza de la estética. En su trabajo sobre dinámica de grupos, Kurt Lewin aplicó la Gestalt también a la psicología social.

A pesar de la diversidad de áreas a las que fue aplicándose la visión Gestáltica, su mayor influencia continuó siendo en el terreno de la percepción.

Las psicoterapias basadas en la Gestalt parten de la base de que, los seres humanos, responden a la experiencia holísticamente. Por ello, tratan de fortalecer la conciencia, para restaurar en la persona un natural y armonioso equilibrio que no separe mente y cuerpo, poniendo énfasis en la experiencia presente, y no, por ejemplo, en los recuerdos de la infancia, como prefiere el psicoanálisis. 

 

 

Tesis lewinianas

 

Una de las innovaciones que dieran celebridad a Lewin fue su teoría de campo, sintetizable en tres definiciones:

 

 

De este modo, Lewin tomaba el concepto “campo” de la física y con él analizaba la conducta humana. Los individuos existen en un campo psicológico de fuerzas, y este campo determina su conducta. El grupo al que una persona pertenece es el campo de sus percepciones, sentimientos y acciones. El campo psicológico está conformado por una totalidad de hechos coexistentes e interdependientes.

Adicionalmente, hay un componente psicológico llamado “espacio vital” que circunda a cada individuo. Se trata de un espacio referido a la forma en que cada individuo percibe el mundo: sus metas, esperanzas, miedos. Además de esos componentes subjetivos, el espacio vital tiene aspectos objetivos: condiciones ambientales físicas y sociales que limitan al campo psicológico.

El comportamiento es encauzado por la percepción social, es decir la forma en que cada individuo interpreta las acciones e intenciones de los otros.

Cuando no hay cambios en el campo psicológico, no los habrá en la conducta de las personas. En suma, el comportamiento humano no puede ser analizado por partes sino en una totalidad. 

 

Asimismo, en 1946 Lewin acuñó el término investigación-acción. Sostuvo que el proceso de investigación de la conducta requiere la aplicación de hipótesis con personas reales, en situaciones reales, que pueden consecuentemente ser evaluadas matemáticamente, respetando el enfoque experimental de la ciencia.

La investigación–acción une la teoría y la práctica, por medio de tratar simultáneamente los conocimientos y los cambios sociales.

A partir de esta tesis, los problemas significativos de la vida cotidiana, pueden abordarse teórica y metodológicamente involucrando al investigador como agente de cambio social. La investigación lewiniana se llevó a cabo eminentemente en el campo educativo. En su época fue considerada como un enfoque radical; resurgió en la década de 1970.

También la educación judía fue objeto de su estudio, cuyo resultado fue la obra de Lewin Problemas psicológicos en la educación judía (1946).

Sensible al interés que se había despertado por los fenómenos sociales, Lewin trató de poner la investigación al servicio de la acción, a fin de mejorar las condiciones sociales. Para Lewin, la investigación-acción es “una forma de cuestionamiento autorreflexivo, llevada a cabo por los propios participantes, para mejorar la racionalidad y la justicia de ciertas situaciones en la práctica social educativa. Su objetivo es mejorar el conocimiento de dicha práctica, sobre las situaciones en las que la acción se lleva a cabo”.

Se analiza la práctica a medida que se va llevando a cabo. Las tres fases que proponía Lewin eran: la observación (diagnóstico y reconocimiento de la situación inicial), la planificación (el desarrollo de un plan de acción para mejorar lo que ocurre), y la acción (puesta en práctica del plan y observación de sus efectos in situ). Su innovación reside fundamentalmente en la tercera fase.

La fijación de metas dependerá de las normas de un grupo determinado. Así, de sus experiencias en la reeducación de alcohólicos y delincuentes, Lewin  concluye que era más fácil modificar los hábitos sociales en un pequeño grupo si éste era tratado como un todo, y no como individuos aislados. La conducta,  para Lewin, resultaba de los procesos grupales.

Los trece ensayos que conforman su libro Resolviendo conflictos sociales (1948) fueron escritos durante la Segunda Guerra, y abordan la cultura alemana y la persecución de los judíos. Lewin discurre sobre las condiciones que permitieron el ascenso del nazismo y cómo se podía promover la democratización de la cultura alemana.

Lewin explora el proceso del conflicto desde una perspectiva psicosocial. En los últimos capítulos, elabora estrategias de minorías, especialmente la judía, tomando en cuenta tanto la presión externa y el peligro, como el autoodio resultante.

En la segunda parte del libro, Lewin describe una visión experimental de la psicología social, de la que se lo ha considerado el fundador. Sus pioneros también fueron judíos: Salomon Asch y Jacob Levy Moreno.

 

El psicodrama

 

Podríamos ubicar el nacimiento del psicodrama a comienzos de 1906, cuando un jovencito, estudiante de filosofía de la Universidad de Viena, convocaba a niños en los parques de la ciudad, les contaba cuentos y los alentaba a representar sus fantasías. En aquellas tardes, los niños, sentados en torno de Jacob Levi Moreno (1889-1974) en círculos concéntricos, iban actuando lo que sentían, permitiéndole a Moreno esbozar las ideas que, eventualmente, se transformaron en un método terapéutico: el psicodrama.

Nació en Bucarest en el seno de una familia sefardita, que se mudó a Viena cuando el futuro psiquiatra tenía apenas cuatro años. Al principio, se veía a sí mismo como una especie de filósofo. En 1908 reunió a un grupo de amigos para fundar la denominada religión del encuentro.

Años después, en 1921, Moreno organizaba en Viena el Teatro de la Espontaneidad y fundaba un mensuario literario y filosófico llamado Daimon, en el que escribió Martin Buber.

En esa época, y hasta 1925, ejerció la psiquiatría en Viena. Su orientación había dejado de encaminarse a una especie de religiosidad, y se había tornado más científica. Mientras integraba el personal de investigación de la clínica psiquiátrica de la Universidad de Viena, tuvo contacto personal con Freud, cuyas teorías vino, en cierto modo, a cuestionar. Así lo expresó en su libro ¿Quién sobrevivirá? (1953): “Un hombre puede ser bastante sano y bien controlado y, en verdad, más productivo cuando ‘actúa’ sus síntomas en vez de intentar restringirlos y resolverlos. Puede representar todos los signos de la paranoia y la megalomanía, el exhibicionismo y la inadaptación social”.

Como psiquiatra, Jacob Levi Moreno es considerado fundador del Psicodrama y de la Sociometría, y pionero de la Psicoterapia Grupal (término que acuñó en 1931). 

Entre 1921 y 1925, dirigió una compañía de actores que experimentaban el teatro improvisado con participación del público. El descubrimiento de las potencialidades terapéuticas del teatro (efecto catártico) desembocó en el desarrollo posterior del psicodrama.

En 1925 se radicó en Nueva York, donde practicó la medicina. Comenzó su trabajo psicodramático con niños, en el instituto Plymouth de Brooklyn y en el Hospital Monte Sinaí. Una década después se fundó el sanatorio de Beacon Hill, que fue transformándose en sede de la Academia Moreno y del Centro Mundial para el Psicodrama, la Sociometría y la Psicoterapia de Grupo. Su viuda, Zerka Moreno, continuó dirigiéndolo hasta su cierre en 1984.

El psicodrama se inspiró en el teatro de improvisación, y fue concebido como psicoterapia grupal. Marca un quiebre con la línea tradicional de tratar al individuo aislado. Estimula al paciente a resolver sus problemas por medio de poner éstos en el escenario. Su modo de terapia lleva a los pacientes a actuar los eventos más importantes de su vida, en vez de simplemente hablar sobre ellos. Se exploran, en la actuación, los pensamientos que, hasta ese momento, no habían sido verbalizados: el futuro imaginado, los encuentros con quienes están ausentes, o las fantasías sobre lo que otros pueden sentir o pensar.

A veces puede usarse el método con familias, o aun con varios terapeutas entrenados y un solo paciente.

Los objetivos del psicodrama son: liberar sentimientos reprimidos, para concienciar al paciente de la dinámica de los conflictos, y adaptarlo a la interacción social. A un mismo tiempo, entrenar al paciente en la espontaneidad de sus relaciones interpersonales, y en sus posibles formas de comunicación. Se fundamenta en la idea de que el hombre es una especie de animal gregario, en constante interrelación con otros seres.

La sociometría, por su parte, mide las relaciones sociales entre los miembros de un grupo a través del recuento de aprobaciones y rechazos que un sujeto recibe. Su objetivo es conocer el nivel de aceptación que una persona tiene en su grupo y el grado de cohesión entre sus miembros.

Las obras fundamentales de Levi Moreno son Psicoterapia de Grupo y Psicodrama (1966), Las Bases de la Psicoterapia (1967) y Psicodrama (1978). Para Levi Moreno, la patología consiste en la inadaptación por falta de espontaneidad, y la inadecuación de los roles. Por ello, el psicodrama es muy versátil. Se aplica en grupos heterogéneos y en distintos contextos sociales, laborales, clínicos, educativos y comunitarios. El role-playing pedagógico se ha usado para el perfeccionamiento de roles profesionales, aprendizaje de idiomas y otras materias escolares; habilidades de búsqueda de empleo, dotes de liderazgo, relaciones de equipo y demás.

Hay métodos paralelos como el hipnodrama (hipnoterapia con psicodrama), narcodrama (psicodrama con fármacos) y métodos afines como la expresión corporal, musicoterapia o danzaterapia.


 


[1] Debe distinguirse la escuela de la Gestalt de la “Terapia Gestalt”, fundada por Fritz Perls en la década de 1960.