Teruma
Dar a tiempo y con el corazón...
El pueblo de Israel ha vivenciado ya la gloria. A la libertad del cuerpo,
se le ha sumado la independencia del alma, cuando -cada uno de acuerdo a su
propia fuerza y comprensión- accedió a Su Palabra procedente desde "los
cielos". Tal como lo atestigua el último de los libros de la Torá: "...atém
reitém ki mi hashamáim dibarti itejém".
Hemos podido captar cómo esa Palabra, enhebrada en Diez Alocuciones
-"Los Diez Mandamientos"- descendieron para anidar en la tierra, y producir
su efecto inmediato: que la "Verdad brote desde sus entrañas" al cantar de
los Salmos. Allí llegaron entonces los "Mishpatím". Allí nos detuvimos para
observar cómo la Palabra de D-s se tornará en hechos -fueros y leyes
justas- en las manos de los hombres.
Nos toca la suerte de testimoniar aquello de que "...la Verdad y la Bondad
se habían encontrado", como tan bella e inigualablemente lo expresan los
Tehilím.
Pues los caminos que trazan la justicia y la verdad, son en efecto "dos
paralelas que sí se cortan" en tiempos y espacios: el punto de encuentro,
la encrucijada -"Perashat derajím" en hebreo- se produce en la estación del
jésed, la bondad irrestricta, el amor gratuito, el amor solidario,
comprensivo y responsable...
Arribamos en este Shabat a una perashá muy especial. Algunos comentaristas
la han denominado la "perashá de nedibut ha-leb". ¿Qué significa, se está
preguntando? Algo muy cercano al dar de corazón, dar uno de sí lo mejor,
con nedibut -predisposición íntegra y total del ser-, ha-leb, del corazón
pensante y sensitivo, no calculador... Dar sin calcular. Aprender a dar...
Tal es la propuesta de nuestra porción semanal.
Pero lo esencial no ha sido dicho: cuál es el propósito, el fin. Cuándo.
Máxime si se trata de ubicar el original pedido de nuestra Torá a un pueblo
con todas las condiciones arriba mencionadas, aunque en medio del desolador
y temible... desierto. ¿Qué y para qué habremos de dar en plena tierra de
nadie? ¿Qué habrá de florecer en la esterilidad de arenas y sequedades?
Difícil de responder en primera instancia; mucho más dificultoso de
imaginar.
Hay un pedido por cierto trascendental en nuestra Torá. "...Habla a los
hijos de Israel y que tomen en Mi Nombre ofrenda. De todo hombre, a quien
voluntariosamente mueva su corazón, habréis de tomar ofrenda para Mí..."
principia nuestra perashá (versículo 2 del capítulo 25).
Los próximos cinco renglones, especificarán los objetos o bienes muebles
que se habrán de "tomar en Mi Nombre" - "Veikejú Lí = LiShemí", como el
oro, plata, pieles, aceite y piedras preciosas, etcétera.
Pero de inmediato, lo sublime que le sigue a un pedido: los objetos
pedidos, es decir el eje sobre el cual girarán nuestras palabras y
reflexiones, las ya hechas, las que vendrán... Arribamos como pueblo a un
instante más que especial. Si disponer del tiempo es elemental para el ser
humano -tal es el requisito para el esclavo: en principio liberarse a fin
de disponer él mismo de su propio tiempo = elección-, es "tiempo" ahora, de
crear un espacio que no ofrezca conflictos, que al contrario, nos enseñe a
vivir en dos dimensiones -tiempo y espacio- pero armónicamente...
Estamos presenciando el instante, decíamos, cuando como pueblo se nos
solicitan "cosas materiales" para ser santificadas, puestas al servicio de;
para que pertenezcan a... Tras los cinco versículos subsiguientes, se corre
un fino telón que revela ante nuestros ojos un fin, o más que "fin", el
comienzo mismo: un nuevo "Bereshit" si se nos permite el término. Dice la
continuación del capítulo: "ve-asú li Mikdash, veshajantí betojám..." que
significa: "Harán ellos, en Mi Nombre, un Santuario y Yo residiré entre
ellos".
La Torá nos plantea el momento en el cual Israel, redimido y libre, accede
a "acercar" -si así lo podemos decir-, a la Shejiná -la Presencia Divina-,
al espacio terrenal. Por eso sosteníamos aquello del Bereshit. D-s cerca
del hombre. El hombre próximo a D-s. Y una condición básica para la
"habitabilidad": la dignidad y la honorabilidad con las que el ser humano
fue revestido por Él, puestas al servicio de la Creación.
Estamos en pleno desierto construyendo un "Lugar para Él". El Todopoderoso
es denominado "makom"= lugar. "...Hú Mekomó shel Olám". "El mismo es el
Lugar de todo el Universo" afirman los sabios. ¿Cómo entonces le haremos un
lugar? La plegaria misma se pregunta: "¿Haié mekom kebodó leha'aritsó?" -
"¿Cuál es el lugar de su Gloria, para enaltecerlo?"
Sin embargo, es posible. Israel habrá de construir ahora, el Mishcán, el
Santuario Móvil del desierto que será la matriz para el Santuario firme en
la tierra de Israel, en el Monte Moriáh, en la amada y por ahora lejana
Shalém, Iebus... la que será luego por siempre: Jerusalém...
Al Campamento -Majané- de las doce Tribus, cuyo centro aún permanece vacío,
lo llenará la vitalidad del Mishcán, alrededor del cual habitarán las
Shebatím y próximos a él Moshé y Aharón, así como la Casa de los Leviím. En
derredor y en función del cual, se levantará el campamento para sus
travesías, aunque también reposarán las gentes en la letanía del
desierto...
Varios serán los componentes del Mishcán: "Veasú Arón...", el arca, donde
será depositado "...el Testimonio o las Tablas del Pacto (Lujot HaBerit)
que Yo te habré de dar, a ti" como nos lo enseña el pasuk 16.
Y ligado al Arón, menciona la Torá el Capóret -Propiciatorio- (Rashí
explica que era una lámina de oro que cubría el Arca en su parte superior)
y Dos Querubím de oro, en ambos extremos del Capóret.
El Arón (conteniendo ya las Tablas de la Ley -Torá-), el Capóret y los
Querubím serán el espacio desde donde "...Me reuniré allí contigo y habré
de hablar contigo de por sobre el propiciatorio: desde entre los dos
querubím que están sobre el Arca del Testimonio; todo lo que habré de
ordenarte a ti, para los hijos de Israel" (Cap. 25:22).
Luego será hecha la mesa -shulján-, asiento del "Pan de Proposición" -Léjem
Panim-, "ante Mí, siempre..." (vers. 30).
Y llegamos a uno de los símbolos más reconocidos: "...Habrás de hacer un
candelabro -Menorá- de oro puro, batido a martillo habrá de ser hecho... Y
seis brazos saliendo de sus lados... Y habrás de hacer siete lámparas... Y
que ilumine en dirección a su frente..." (vers. 31 al 40). Y así se sumarán
todos los elementos esenciales y distintivos de tan peculiar construcción.
Mucho se ha escrito y mucho más se ha dicho respecto al Mishcán y su
significado, sus simbolismos, su organización y por supuesto su contenido.
Deberemos estudiar más y más para comprender -y no superficialmente- este
legado entregado en manos de un pueblo, para ligarse definitivamente y en
verdad a su D-s. Pero volvamos para finalizar, a la idea, al principio, al
fundamento: "Veasu Lí Mikdash" - "Harán para Mí un Santuario" dice el
Todopoderoso, "veshajantí betojám...": "Y habitaré en medio de ellos".
Dicen nuestros Sabios: "Betojó lo neemar: Betojám neemar". " 'Dentro de él'
no está dicho; está escrito: 'dentro de ellos' ". Como lo explica el sabio
Alshej: "...Betojám, está dirigido a los hijos de Israel, que cada uno de
ellos construya un santuario en su corazón, lugar para que anide la
inspiración Divina de la Shejiná, y entonces, 'habitaré en medio de ellos',
dentro y en medio del corazón de cada uno y uno del pueblo judío".
Para ello es Terumá. Para ello un corazón dispuesto. Dispuesto a dar en
abundancia. Cualitativa, no sólo cuantitativa. Un corazón que se abre de
par en par, y deja pasar entre sus aurículas y ventrículos, la sangre vital
del cuerpo de Israel: La Fe en D-s y Su Presencia a diario en nuestras
vidas. Bienvenido a Casa, para Siempre...