Introducción al tratado de Pirke Avot

R. Moisés Ben Maimón

(Shemoná Perakim)

Traducido por R. Isaac Sakkal

Capítulo I Capítulo II Capítulo III Capítulo IV
Capítulo V Capítulo VI Capítulo VII Capítulo VIII

 

Prólogo del traductor

El tratado de la Mishná Avot trata acerca de la perfección y superación del ser humano.

Por ser que lo que se pretende es la perfección del hombre, lo primero que se impone es abordar una definición y análisis profundo de la esencia del ser humano. Una vez que se conoce el envase entonces se sabrá manejar y manipular mejor el contenido. Es por eso que  Maimónides antepone estos ocho capítulos donde profundiza acerca del “Nefesh” del ser humano.

Nefesh” es el término hebreo que utiliza para definir la esencia del ser humano, pero, ¿A qué se refiere cuando dice “Nefesh” (normalmente traducido como alma)?

¿Qué es el “Nefesh”? ¿Cuál es su esencia?

Nefesh, como dijimos, no es alma, tampoco espíritu (en hebreo “Ruaj”) ni tampoco mente (En hebreo “Hakara”)

En primera instancia podríamos decir que Nefesh se refiere al aspecto no-físico del hombre, aquello que no es asequible a los cinco sentidos. No obstante posee varios aspectos, como ser: el pensamiento, la voluntad, los sentimientos, etc. También Nefesh se refiere al hálito de vida

Hay aspectos que son comprensibles y medibles, como ser, el pensamiento de otro individuo puede ser analizado y comprendido, saber si es correcto o no, pero los sentimientos, por más que me los describa detalladamente, lo que siente él, yo no lo puedo saber, aun que yo mismo haya experimentado ese sentimiento, si es verdad lo que siente o no, con qué intensidad, es algo que no puedo saber.

En cuanto a la esencia del Nefesh, podríamos decir en primera instancia que se trata de fuerzas y capacidad no físicas del hombre.

Uno de los misterios que más maravilla, tanto a científicos como a filósofos, es la relación  psicofísica, ¿Cómo se relaciona la parte física del ser humano con la no-física? Yo siento que este es mi cuerpo, pero no siento lo mismo con respecto al cuerpo de mi prójimo. ¿Cómo de querer mover mi mano puedo moverla? (La voluntad es algo no-físico) Aun ese primer contacto entre la voluntad y las neuronas en el cerebro que son las que van a dar las instrucciones a las partes físicas para realizar la tarea.

Hay quienes sostienen que cuerpo y “Nefesh” son dos entes que no se pueden separar. En cambio hay quienes opinan que son dos cosas que pueden ser separables (dualismo)

Los que sostienen que es una sola cosa, explican que se trata de dos caras de la misma moneda, como la energía y la materia. Acorde con esta postura, el “Nefesh” no puede subsistir sin el cuerpo.

Para los dualistas, si es factible que existan por separado o juntos como en el caso del ser humano.

 Entre los dualistas, Platón opina que el cuerpo es el enemigo del “Nefesh”, su cárcel. El “Nefesh” es elevado y tiende a elevarse y el cuerpo se lo impide, cuando el cuerpo muere, el “Nefesh” se libera. El “Nefesh” es el tutor, el guía del cuerpo.

 Aristóteles, en cambio, opina que el “Nefesh” es la forma (esencia) del cuerpo. Este “Nefesh” puede elevarse y llegar a captar la forma del “Nefesh” (Cuando se eleva y capta las verdades supremas).

 Entre los más modernos, Emmanuel Cant sostiene que el “Nefesh” no es algo fijo en el cuerpo, sino que es la relación-interacción entre el mundo interior y el mundo exterior. Posiblemente a grandes rasgos, este sea el principio de la psicología, sin tener que reconocer en el hombre algo metafísico, sino que al conocer el mundo interior del individuo y lo que pasó (Traumas, complejos, etc.) podrá conocerlo y saber cómo actuará.

 La medicina (Psicogenética) trata de analizar  si el estado anímico influye al estado físico o viceversa (por ejemplo el caso de un embarazo psicológico o los psicosomáticos, o al soñar que corremos, el corazón late más deprisa a pesar que nuestro cuerpo no está realizando ninguna acción que así lo requiera[1])

 Otro punto a tener en cuenta es ¿Cuál es la diferencia entre el saber humano y el saber de las computadoras (Inteligencia artificial)? ¿Se trata de una diferencia de cantidad o de calidad?

 El tema de conciencia y subconciencia es otro punto a analizar.

 Y por último, ¿Qué es lo que mueve al hombre, su Nefesh o su intelecto? ¿Nefesh e intelecto son dos cosas distintas? ¿Quién domina en el ser humano?

Cuando el  hombre dice: “Yo quiero” ¿Quién es “Yo”?

Dios le dice a Caín: “El mal está en la puerta... y tú lo controlarás a él” ¿Quién es “Tú” y quién es “él”?

 Cuando el estudioso judío pretende abordar y estudiar un tema, lo primero que hace es ver que información brinda al respecto la Biblia, luego indaga en las palabras de los sabios (Talmud). Esta  postura es la que toma Maimónides, en todos sus escritos y también en estos Ocho Capítulos, de forma tal que aquel que comprende bien lo que la Biblia dice al respecto, puede estar seguro que entendió el tema verdaderamente, ya que la Biblia fue dada por medio de la profecía, la cual no da margen para el error.

 En la Biblia figuran otros conceptos que se relacionan con nuestro tema, el Nefesh,

·        Nefesh

·        Neshamá

·        Ruja

 Los sabios hablan de otros dos:

·        Jaiá

·        Ijidá

 En la Biblia, el término que más figura es el de “Nefesh” (Cientos de veces) luego “Ruaj” (Decenas de veces) y por último, “Neshamá” (20 veces aprox.)

 La primera vez que aparece es en Génesis cuando dice: “Nefesh Jaia” es decir que el hombre es un cuerpo viviente, es decir “Nesfesh” se aplica como cuerpo y así encontramos muchos ejemplos más en los cuales se ve que se refería “Nefesh” como cuerpo.

 Otra acepción es por ejemplo: “Ki dam hi hanefesh” (Pues la sangre es el “Nefesh”) es decir aquí se utiliza en su acepción de Nefesh = vida.

 La tercera opción (que es la que más figura) Es por ejemplo: “Veahabta et Ashem .... vecol Nafsheja” (amarás a Dios con... Todo tu Nefesh) donde Nefesh aquí se refiere a Voluntad (“Im ish lenafsheja likvor et meti” dice Abraham [Sí vuestro “Nefesh” le place enterrar a mí fallecido]) o sentimiento (Cuando Abigail le dice a David: “Venefesh Adoni ... [El Nefesh de mi señor...]) aquí no se refiere a vida ni a voluntad.

 

Con respecto a “Ruaj” a veces quiere decir

·        Viento,

·        Ruaj Jaim” (en el diluvio) se refiere a aquel que vive.

·        Espíritu  (“Josué, hombre que tiene Nefesh) puede referirse también a Motivación muy elevada, (fuera de lo común), como una fuerza superior que moviliza al hombre.

·        Sentimiento, (“Morat Ruaj” {amargura] o “Kotzer ruaj” [depresión])

 

 

El término Neshemá, en la Biblia, siempre se refiere a vida. Es decir, al contrario de lo que normalmente se piensa, que Neshamá es lo más elevado, en la Biblia, figura como  lo más común y simple: vida (Como por ejemplo: “Lo tijie kol Neshamá” No dejarás vida ninguna Neshamá)

 

Es interesante notar, que estos tres conceptos: Nefesh, Neshamá y Ruja, tienen un aspecto etimológico en común: è aire

·        Nefesh                   è Nofesh

·        Neshamá     è Neshimá

·        Ruaj            è Ruaj

 

Pues el aire es vital para el hombre, lo básico, así se mide si está vivo o muerto. Así como el viento (Ruaj) mueve cosas, el Ruaj es lo que mueve (móvil) al hombre.

 

Hasta aquí creímos oportuno explayarnos al respecto y ahora abordemos el tema en sí.


 

 

Introducción al tratado de Pirke Avot[2]

R. Moisés Ben Maimón

(Shemoná Perakim)

Traducido por R. Isaac Sakkal

 

Con anterioridad[3], he resaltado la importancia y utilidad de este tratado, comprometiéndome a disertar acerca de estos temas tan trascendentes, permitiéndome extenderme en la materia a pesar de lo sintético que es el tratado.

 

          Aunque a primera vista, parece fácil y simple comprender y poner en practica lo que esta obra pregona, debes saber, que no es algo sencillo para cualquiera[4], ni tampoco todos los temas abordados son fáciles de comprender, sin una extensa aclaración previa al respecto.


 

No obstante, este texto, conduce al hombre a la perfección y a una verdadera felicidad[5]; es por ello[6] que he decidido explayarme en este compendio. Ya me han precedido los sabios, refiriéndose a este tratado, con afirmaciones tales como: “Aquel que quiera llegar al nivel de Jasidut[7] ( piadoso) que ponga en práctica las enseñanzas del Tratado de Avot”[8]. A nuestro juicio, el grado de Jasidu[9]t solamente es superado por el de la profecía[10]; es más, el Jasidut conduce a la profecía, tal como lo manifestaron los sabios: “El Jasidut conduce hacia la inspiración Divina”[11], por ser que en este tratado[12], están contenidas la mayor parte de la


 

ética y las buenas cualidades; más adelante, me encargaré de demostrarte la veracidad de esta declaración.

 

          Antes de comenzar el comentario puntual de cada articulo de esta obra, he creído oportuno anteponer ciertos capítulos muy útiles, en los cuales hablare acerca de la mente humana. Estos capítulos, servirán al  lector como introducción y les serán como clave para comprender lo que más adelante explicare.

 

          Has de saber que los temas que abordaré en estos capítulos como así también en el posterior comentario al Tratado Avot, no son cosas que he inventado[13], como tampoco son explicaciones que yo haya imaginado o ideado, sino que se trata de principios recopilados de las palabras de los sabios del Talmud y del Midrash[14], como así también, conocimientos formulados en las doctrinas de los distintos filósofos, tanto de los antiguos como de los modernos. También he recurrido a múltiples escritos. En cuanto a ti, acepta la verdad sin importar el credo o reputación de quien la formule[15].

 

          Es por eso que no me impediré reproducir completamente el texto de alguna obra conocida, si lo considero provechoso y esto no representa falta ética alguna, pues no me atribuyo ni me engrandezco con lo que otro ha dicho –pues juramenté no hacerlo- y si omitimos indicar la fuente de tal o cual aserción nuestra, es porque tal prolijidad no conduce a ningún provecho, es más, pudiera ocurrir que la mención de dicho autor, hiciera creer, a aquel que no es lo suficientemente inteligente, que las palabras citadas (por ser que provienen de tal autor) no son correctas o que encierran algún error del cual el autor no se percató[16]; es por ello que creí oportuno callar el nombre de la fuente, proponiéndome únicamente ser útil al lector y revelarle las ideas comprendidas en este tratado de Avot.

 

          Paso ahora a redactar los capítulos que he propuesto anteponer como preámbulo a esta obra. Ellos suman un total de ocho capítulos.


 

Capítulo I

Acerca del alma del hombre y sus facultades

 

 

1.     Unicidad del alma.

 

          Has de saber que el alma[17] humana es una sola[18], no obstante, realiza numerosas y diversas funciones[19], muchas de las cuales fueron denominadas almas[20], lo cual podría llevar a pensar que el ser humano posee varias almas, tal como suponen los médicos[21], tal es así, que el más ilustre entre ellos (Hipócrates) comienza su obra enunciando que el hombre posee tres almas, a saber: el alma vegetativa[22], el alma animal[23] y el alma espiritual[24].

 

          Otras veces fueron llamadas (las distintas funciones del alma), facultades o partes, de suerte que se dice: “las partes del alma”, este tipo de apelativos son a menudo empleados por los filósofos, sin embargo, cabe destacar, que al decir partes no se refieren a que el alma se divida, tal como sucede con el cuerpo o la materia, sino que con ello enumeran solamente los diversos actos del alma[25] como los distintos aspectos que forman un todo.

 

          No se te oculta, que el perfeccionamiento de las cualidades (y la virtud), no es sino el tratamiento (de las enfermedades)[26] del alma[27] y de sus facultades y tal como el médico que cura los cuerpos, precisa previamente poseer conocimientos de la anatomía humana, de forma tal que conozca el cuerpo humano en su conjunto, como así también sus diferentes órganos y partes, reconociendo lo que es nocivo al cuerpo y por consiguiente debe ser evitado, como así también, discernir aquellas cosas que conducen a conservar la salud y por consiguiente deben ser procuradas; de igual manera, quien pretenda curar las enfermedades del alma y perfeccionar las cualidades, debe previamente conocer el alma en general y sus funciones en particular, descubriendo aquello que lo enferma[28], como así también, aquello que lo conserva saludable[29].

 

 

2.     Las cinco funciones del alma del hombre.

 

          Digo, pues, que las facultades del alma son cinco: la nutritiva (en hebreo: Hazan), llamada también vegetativa, la sensitiva (en hebreo: Mishush), la imaginativa (en hebreo: Dimión), la volutiva (en hebreo: Mitorer) y la racional (en hebreo: Sejel)[30].

 

          En efecto, ya he anunciado en la introducción a estos capítulos, que nos concentraremos, sólo en el alma humana, puesto que, por ejemplo la facultad con que se nutre el hombre, no es como la  capacidad con que se alimenta el burro o el caballo[31]; puesto que el hombre es nutrido por la facultad nutritiva ( o vegetativa) del alma humana, mientras que el asno es alimentado por la función nutritiva (o vegetal) del alma que le es propia[32], y si se dice en cada uno de ellos que se nutre, es por homonimia, pero no que (la función del alma encargada de tal acto) sea una misma e idéntica en los dos casos[33].

 

          Asimismo, se dice que el hombre y el animal son (seres) sensibles[34], mas este termino es aplicado a ambos por pura homonimia, pero no que la facultad sensitiva  del alma humana  por medio de  la cual siente sea similar a la que existe en el alma animal, ni tampoco la capacidad sensitiva de una especie es similar a la de la otra especie, pues cada género de los seres animados, tiene un alma propia (de su especie)[35] diferente del alma de las demás especies y de cada una de esas almas fluyen las distintas funciones.

 

Es factible que al asimilar los actos de uno y otro, suponga (el observador desprevenido) que son producidos por una facultad análoga, cuando en verdad, no es así[36]. Como ejemplo de ello  podríamos imaginar tres ambientes completamente oscuros, uno de ellos es iluminado por el sol, que brilla sobre él, el otro es iluminado por la luna que se pone a lucir sobre él y el tercero por una vela que se hubiera encendido dentro de él. En efecto, en cada uno de ellos hay luz, mas la causa y origen de esa luz es (distinta en cada uno de los ambientes), en un caso es el sol, en el otro la luna y en el tercero el fuego[37]. Análogamente, el agente causante del sentir del hombre, es el alma humana, el agente causante del sentir del asno, es el alma del asno, así como el agente causante del sentir del águila es el alma del águila, empero, no son idénticas entre ellas, sino solo en su nombre, que es una homonimia[38]. Compenétrate bien en este punto, pues es complicado y sorprendente; fueron varios lo filósofos que han trastabillado y se han confundido en este punto, llevándolos a conclusiones absurdas y falsas.

 

          Volviendo a nuestro tema, tal es, las facultades del alma (humana), sostengo que

I) La capacidad nutritiva (vegetativa) (en hebreo: Jelek Hazan) del alma, controla las fuerzas causantes de los movimientos (funcionamiento) de los órganos[39], la retención[40], la digestión[41] y la evacuación de los desperdicios[42]. Asimismo, dependen de esta facultad, el crecimiento, la reproducción[43], la diferenciación de los distintos fluidos, de manera que puedan ser separados los que han de servir para la nutrición (del cuerpo)[44] de los que deben ser expulsados[45]. Entrar en detalles de estas siete acciones, qué hacen y cómo lo hacen, en qué órganos esas acciones son más aparentes y más evidentes cuáles de ellas actúan constantemente y cuáles son intermitentes; todo esto pertenece al arte médico y no es menester ser tratado en este sitio.

 

II) De la facultad sensitiva (en hebreo: Jelek Hamishush) dependen los cinco sentidos, por todos conocidos: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto, el cual se halla en toda la superficie del cuerpo humano, sin poseer un órgano particular  como lo poseen los otros cuatro sentidos[46].

 

III) La facultad imaginativa (en hebreo: Jelek Hadimión), es la encargada de conservar las impresiones e imágenes captadas por los sentidos[47], cuando éstas ya han dejado de ser percibidas por aquellos. Ella[48], los combina unos con otros[49] o los separa uno de otro[50]. También puede asociar cosas que ha observado con cosas que jamás ha avistado y cuya percepción hasta es imposible, como por ejemplo, puede imaginarse un objeto flotando en el aire[51] o un hombre cuya cabeza llegue hasta el cielo con las pies posados sobre la tierra o cosas por el estilo, imposibles de ser, pero que esta facultad forja y a las que brinda una existencia imaginaria[52]. Es precisamente en este punto, que los Motecallemin[53] han cometido el vergonzoso y colosal error, sobre el que han edificado y sustentado su teoría, pues se han descuidado y caído en el error de no distinguir lo necesario[54], lo posible, de lo imposible; omisión que los llevó a idear o hacer creer a los demás, que aquello que fuere factible imaginar, es posible (que exista) en  la realidad, ignorando que la facultad imaginativa, asocia cosas cuya existencia es imposible, tal como lo hemos señalado.

 

IV) La función volutiva[55] (en hebreo: Jelek Hamitorer), es aquella voluntad del alma que lleva al hombre a desear alguna cosa o  alejarse de ella por aversión. Producto de esta función son los siguientes actos: el perseguir una cosa o evitarla, el elegir o desechar algo, la cólera o la benevolencia, el temor y la valentía, la crueldad y la misericordia, el amor y el odio, y como estos muchos sentimientos análogos del alma.

 

Los órganos del cuerpo que prestan servicio a esta facultad son todos los miembros del organismo, así, el poder de la mano se relaciona con la prehensión[56], el pie con el andar[57], el ojo con la visión, el corazón con la inspiración de valor o pánico en momentos de temor, y así los demás órganos, interiores y exteriores, tanto ellos como sus respectivas fuerzas[58], están al servicio de esta facultad volutiva (Jelek hamitorer) .

 

V) La facultad racional (en hebreo: Jelek Hasejel), es la función por medio de la cual el hombre razona y de ella depende la reflexión, la adquisición de la sabiduría, la distinción entre los actos denigrantes y los altruistas.

 

Entre sus operaciones[59], unas son de orden practico[60] y otras de orden especulativo[61]. Entre las primeras algunas conciernen a las artes[62] y otras son puramente meditativas[63], mas, las especulativas, son aquellas por medio de las cuales el hombre aprehende con conocimiento pleno los entes que no están sujetos a cambios[64], a estas últimas se las denomina en forma general: “ciencias”.

 

Como dijimos, entre las operaciones practicas de la facultad racional se encuentran:

 

5.1 Las que conciernen al arte, esto es, la capacidad de aprender los distintos oficios, como: carpintería, agricultura, medicina o navegación; y

 

 

 

5.2 Las meditativas, esto es, la capacidad, por medio de la cual analiza y decide si es factible realizar tal labor o no, y en caso afirmativo, cuál es la forma más conveniente de realizarlo[65].

 

Lo mencionado hasta aquí, es necesario saber para conocer el alma[66].

 

 

3. Envase y contenido

 

Has de saber que este alma, sobre la cual hemos anticipado el recuento de sus funciones y facultades, es como la materia[67] y el intelecto es su forma[68]. Si no logra alcanzar su forma[69], es como si todo su potencial para alcanzar su esencia, es desperdiciado, de forma tal que su existencia transcurre en la vanidad y sin sentido[70]; a esto se refiere lo dicho: “Sin entendimiento el alma no es buena, y el impulsivo, tiende a equivocarse” (Prov. 19:2), es decir, que no es bueno que el alma no adquiera su forma, permaneciendo en las tinieblas de la falta de conocimiento.

 

No obstante lo mencionado sobre la forma y la materia, el intelecto y las cualidades, cómo se adquieren, no es este el lugar para extenderse al respecto, además es innecesario para el tema que nos proponemos tratar, es decir, las cualidades, ya que la profundización de estos temas, es más apropiado realizarlo en el libro sobre la profecía que ya mencionáramos[71].

 

Con esto concluyo el presente capítulo para dar comienzo al próximo.

 

 


 

Capítulo II

 

Acerca de las funciones del alma y el conocimiento de la facultad que rige las virtudes y las cualidades negativas.

 

         

1.     Qué facultades del alma se encargan de los preceptos[72].

 

Has de saber que las transgresiones y los preceptos de la Torá están relacionados con dos de las cinco facultades del alma, ellas son: la capacidad sensitiva (Jelek  Hamishush) y la volutiva (Jelek hamitorer) ; y solamente en estas dos áreas se concentran la rebeldía y la disciplina[73]. En cambio, no tiene sentido prescribir o determinar algo en el rango de las facultades nutritiva e imaginativa, pues el discernimiento y el libre albedrío no tienen cabida en ellas, por lo tanto, le es imposible al ser humano, anular o reducir las actividades de estas dos facultades. Prueba patente de ello es que aun mientras dormimos, estas dos funciones, la nutritiva y la imaginativa, siguen ejerciendo sus funciones específicas, algo que no sucede con el resto de las facultades del alma[74].

 

          Con respecto a la capacidad racional del alma, reina confusión[75], empero yo afirmo que es factible prescribir o determinar algo en este área, en aquello que concierne a la creencia en una fe falsa o en una verdadera; no obstante, no existen hechos concretos (que dependan de esta facultad) que puedan denominarse precepto o prohibición; es por eso que, tal como mencioné anteriormente, la totalidad de los preceptos conciernen solo a aquellas dos facultades del alma (la volutiva (Jelek hamitorer)  y la sensitiva (Jelek  Hamishush))[76]

 

 

2.     Las virtudes

 

          Así entre las virtudes existen dos tipos: las virtudes éticas y las virtudes racionales (intelectuales), opuestamente, existen también dos tipos de corrupciones[77].

 

          Las virtudes racionales son aquellas que se encuentran en la facultad racional del alma, como ser:

 

1) La sabiduría, es decir, una vez individualizado el ente a investigar, entonces analizar y conocer las causas últimas y las causas próximas del mismo.

 

2) El intelecto, del cual dependen:

 

a.      El intelecto especulativo[78], inherente a nosotros por naturaleza, me refiero a los axiomas[79].

 

b.     El intelecto adquirido[80], no siendo este el lugar para explayarse en él.

 

c.     El ingenio y el buen entendimiento, es decir, comprender al momento la cosa planteada o al cabo de poco tiempo.

 

          Los defectos de estas virtudes racionales son lo opuesto o lo contrario a lo mencionado.

 

Las virtudes éticas, se encuentran solamente en la facultad volutiva (Jelek hamitorer)  del alma, siendo la facultad sensitiva (Jelek  Hamishush) un simple lacayo de la facultad volutiva (Jelek hamitorer) [81]

 

Las virtudes (que dependen) de esta facultad son muchas, como por ejemplo: la prudencia, o sea el temor al pecado, la generosidad, la rectitud, la modestia, la humildad, la austeridad, esto es lo que los sabios llamaron “riqueza” cuando afirmaron: “¿quién es el rico? Aquel que está contento con lo que posee”[82], la valentía, la confianza, etc.

 

Los defectos de estas virtudes éticas, son la carencia de estas cualidades o su exageración[83].

 

No obstante, las facultades nutritiva e imaginativa, no conllevan ni virtudes ni corrupción, solamente se dice de ellos que nutre correcta o incorrectamente[84], o por ejemplo, nos expresamos acerca de la nutrición de un individuo como eficiente o deficiente, o sobre la imaginación, como distorsionada o correcta[85], pero no hay en ellas ni virtud ni corrupción.

 

Esto es lo que quisimos incluir en este capítulo.

 

 

 


 

Capítulo III

 

Las enfermedades del alma

 

 

1.     Las enfermedades del alma.

 

Los antiguos (filósofos) han afirmado que el alma goza de salud o enfermedad, tal como el cuerpo posee salud o enfermedades. La salud del alma consiste en que las características (generales), como así también, las características particulares de cada facultad del alma, sean tales que, por medio de ellas, pueda constantemente ejercer la bondad y los actos éticamente correctos[86].

 

Por otro lado, su enfermedad, sería que sus características en general ,como así también, las características de cada una de sus facultades, (en particular), realicen maldades u obras incorrectas. Con respecto a la salud y las enfermedades del cuerpo, la ciencia medica se dedica a su investigación. Así, tal como les sucede a los que padecen enfermedades físicas, que pierden cierta sensibilidad y les parece que aquello que es amargo es dulce , o lo que es dulce les sabe amargo, captando lo correcto de forma incorrecta e incrementando su atracción hacia cosas desagradables, reforzando su deseo y aumentando su placer en aquello que cualquier persona sana no experimentaría ningún tipo de placer, por el contrario, (lejos de causarle bienestar) le causará dolor. Como por ejemplo injerir cenizas o alimentos rancios o en extremo agrios o cosas por el estilo, que dan asco y que no son apetecibles para alguien sano. Análogamente ocurre con los que padecen enfermedades  del alma, me refiero a los malvados y los poseedores de malas cualidades, imaginando cosas que realmente son malas, como buenas y que lo que en verdad es bueno, lo considera malo[87]. Es por eso que este tipo de

individuos, apetecen en forma intensa, cosas que de hecho  son negativas, mas a causa de la enfermedad que sufre su alma, supone como positivas.

 

Tal como los enfermos físicos, al percibir que están enfermos y desconociendo ellos mismos las ciencias medicas, acuden a un médico, quien les hace saber el tratamiento a seguir, prescribiéndole cosas que (al paciente) le parecerán dañinas, pero por el contrario, conducirán a su curación; y así, le obligará consumir (medicinas) amargas y desagradables, hasta que su cuerpo se cure y se torne a escoger lo saludable y rechazar lo enfermizo. De igual manera, los enfermos del alma, deben recurrir a los sabios[88], que son los médicos del alma, y les prevengan de aquellas cosas malignas que (a causa de su enfermedad) imaginaban benignas; curándolos mediante el arte con el cual se curan las cualidades del alma, que aclararé en el siguiente capítulo.

 

No obstante, los que padecen enfermedades del alma no perciben su patología y se consideran sanos, o tal vez sí perciben (su patología) mas no procuran curarse. Lo que finalmente acaecerá, tal como le ocurre a  cualquier enfermo, es que, al dejarse arrastrar en pos de sus placeres[89] sin intentar sanarse, perecerá irremediablemente.

 

Sobre aquellos que advierten su enfermedad, empero, se dejan llevar por sus pasiones, sentencia la Torá: “Y sucederá que al escuchar las palabras de esta advertencia alguno se engañe pensando: ‘estaré seguro incluso que marche tras los impulsos de mi corazón’, esto es como agregar hambre a la sed” (Deuteronomio 29:18), es decir, pretende aplacar su sed y todo lo que hace es incrementarla[90]. En cambio, sobre aquellos que no se percatan de su enfermedad, el rey Salomón escribió al respecto: “el camino torcido es recto a sus ojos, mas el que escucha a los eruditos es sabio” (Prov. 12:15). Es decir, el que escucha el consejo de los sabios es erudito, pues se le ha indicado el camino que en realidad es recto y no aquel que sólo en apariencia es recto. También fue dicho: “Existen caminos que a los ojos del hombre son rectos, empero al final, resultan ser senderos de muerte” (Ibid. 14:12). Acerca de las enfermedades del alma, se refiere a aquellos que no perciben lo que los daña o lo que les es útil: “el camino de los malvados es como la oscuridad, no advierten dónde pueden tropezar” (Ibid. 4:19).

 

El arte de la curación de las almas, ciertamente lo desarrollare en el próximo capítulo.

 


 

Capítulo IV

 

La curación de las enfermedades del alma

 

Las buenas cualidades[91], son aquellas que están equilibradas, el justo medio entre los dos extremos[92], ambos nocivos; uno por defecto y el otro por falencia  y éstos son sus ejemplos:

 (Ya que estas cualidades no poseen terminología explícita en  nuestro idioma, debemos explicar sus significados y la finalidad  que los filósofos le dan -Acotación del traductor R. Shmuel Ibn Tibón-)

 

1.     La falencia y el exceso de las distintas cualidades.

(El moderado, es la cualidad media entre el exceso de pasión y la insensibilidad.

La moderación, es por tanto, la conducta óptima, motivada por  la cualidad del alma que conlleva a la moderación.  El exceso de pasión, es el extremo primero y  la insensibilidad es el extremo último, ambos son malos; siendo las cualidades del alma que conllevan a cualquiera de esos dos extremos, las más bajas entre las cualidades del alma.

El generoso, es el intermedio entre el tacaño y el derrochón.

La valentía es el intermedio entre el osado y el endeble.

La autoestima, es el equilibrio entre el orgullo y el acomplejado, cuando decimos autoestima, nos referimos a aquel que se estima en la justa medida, sin  llegar a despreciarse.

El vanidoso o engreído, es aquel que se vanagloria más de lo que realmente es. La degradación, como es sabido, es cuando el individuo realiza actos de abandono y dejadez, hasta llegar a la humillación.

La calma es el equilibrio entre el intranquilo, estresado y el inmutable, frío e imperturbable,

La humildad es el equilibrio entre el orgulloso y el abatido.

El satisfecho, es el equilibrio entre el que ama el dinero y el que manifiesta un desinterés total por el dinero.)[93] 

El bondadoso se define como aquel cuya intención primordial es beneficiar a los seres humanos física, espiritual o económicamente en la medida de lo posible, no obstante, evitando que esto le acarree daño o humillación. El ruin es lo contrario, es decir,  quien no desea ayudar a los demás en lo más mínimo, ni siquiera con aquellas cosas que nada pierde con ello, ni molestia, ni daño; este es el extremo último (defecto)[94]. El exceso de bondad,  es quien actúa bondadosamente, incluso que le cause un gran daño,  humillación, gran esfuerzo o una enorme pérdida; este es el extremo primero (exceso)[95].

La paciencia es intermedia entre el enojón[96] y el insensible[97].

La modestia es intermedia entre el descaro y la vergüenza.  (La definición me parece, según expresan los sabios, que vergonzoso es quien tiene demasiada vergüenza, en cambio la  modestia es intermedia. Así se ha dicho: “el vergonzoso no aprende” (Abot 2:5) y no se dijo “el modesto no aprende”; además se ha dicho: “una persona modesta recibe el paraíso” (ibid. 5:2) y  no se dijo que una persona vergonzosa lo recibiría; por lo tanto lo he ordenado de este modo.)

 

2. El justo equilibrio.

Así, el resto de las cualidades necesitan al menos, una terminología aceptada para que sus significados sean entendidos.  A veces las personas se equivocan con respecto a estas conductas y consideran como óptimos alguno de los dos extremos, como si ello fuese una virtud del alma.

A menudo consideran al primer extremo (el exceso) como óptimo, por ejemplo, califican a la temeridad ante el peligro como una gran cualidad, denominando valientes a los temerarios[98]. Así, cuando observan a una persona extremadamente osada, es decir que se expone  peligrosamente y se entrega conscientemente a la muerte,  salvando su vida por casualidad, lo estiman y lo consideran “valiente”[99].

Otras veces consideran el último extremo (el defecto) como virtud y califican al indiferente, de paciente[100]; al dejado, de austero[101], al carente de sentimientos de moderado[102] (prudente, es decir temeroso del pecado); de la misma manera, consideran el despilfarro y el desprendimiento, como una conducta óptima, y todo esto es un craso error.

Mas, en realidad, el término medio, es el loable y hacia él deberían encaminarse y dirigir sus actos, hasta lograr el equilibrio[103].

Has de saber que estas virtudes y bajezas éticas no llegan ni se establecen en el alma sino por 1) la repetición, 2) asiduidad por largo tiempo de las conductas que provienen de esa cualidad, y 3) acostumbramiento a ellas[104]. Si las conductas son óptimas, se alcanzará como resultado de ellas, una virtud. En cambio, si son reprobables, llevarán a la bajeza.

 

3. La terapia del alma.

Debido a que el ser humano por  naturaleza y en forma innata, no es  ni virtuoso ni defectuoso, como ya explicaremos en el capítulo octavo, en consecuencia, desde su niñez, se acostumbra a actuar según el comportamiento de sus parientes y  la gente de su comarca[105], siendo posible que estas conductas sean equilibradas, o bien, que sean excesivas o defectuosas, como ya mencionamos.

Sucederá entonces, que si una persona ya padece una enfermedad del alma (una mala cualidad), sería apropiado para su curación, comportarse de la misma manera que en la terapia física, así, cuando un cuerpo  perdió su equilibrio, debemos observar hacia qué punto se inclinó, para tratarlo desde el ángulo contrario hasta que retorne a su equilibrio, de forma tal, que cuando se estabilice dejaremos de tratarlo desde el ángulo contrario y le acostumbraremos a mantenerse estable.

De igual modo actuaremos con las virtudes éticas, por ejemplo, si observamos un individuo que posee una conducta anímica que por su gran tacañería  se escatima a sí mismo, estaremos frente a uno de las desviaciones del alma y una  conducta reprobable. Cuando queramos curar esta enfermedad no le recomendaremos ser generoso con sus bienes, pues sería como intentar bajar la fiebre a un afiebrado con la temperatura media del ambiente, eso no lo curará; sino que, le aconsejaremos despilfarrar sus bienes, repitiendo esta terapia una y otra vez, hasta que desaparezca de su alma la característica que conlleva la tacañería, acercándose así a la característica del despilfarro[106], para ese entonces, conviene interrumpir esta terapia y recomendarle mantenerse en los comportamientos generosos, controlándolos constantemente, sin aumentar ni disminuir.

Del mismo modo, si observamos que alguien despilfarra, le aconsejaremos que actúe tacañamente repetidas veces; no obstante no trataremos que repita demasiado la conducta de tacaño como hicimos con la conducta del despilfarrador. Esta novedad es el sistema de la terapia y su fundamento. Es decir, que es más fácil y cercano que el individuo se traslade del despilfarro (al punto medio), la generosidad, que pasar de la tacañería a la generosidad[107].

Asimismo, que alguien insensible cambie  a moderado es más fácil y cercano que el que se encamina en pos de los placeres se torne en moderado. Por lo tanto el que corre tras las pasiones, debe repetir las conductas del insensible más que lo que el insensible debe repetir las conductas del pasional. Así también el cobarde debe comportarse temerariamente, más de lo que el temerario debe comportarse cobardemente y debe acostumbrarse el ruin a ser exageradamente bueno de corazón, más que al que es en extremo bueno comportarse ruinmente. Este es el fundamento de la terapia sobre las cualidades, recuérdalo.

 

4. La piedad

Por este motivo los piadosos no mantenían las características personales en una situación equilibrada, sino que se inclinaban levemente hacia el exceso o hacia el defecto, como forma de contención y resguardo[108]. Me refiero, por ejemplo, que ellos se inclinaban de la moderación hacia la insensibilidad levemente, o de la valentía a la temeridad levemente, y de la humildad a la bajeza levemente; así con en resto de las cualidades, esto es lo aludido con el dicho:  “Más allá de la estricta legislación” (Babli-Berajot 7a)

          No obstante, lo que hicieron algunos de aquellos piadosos en ciertas épocas y en ciertos lugares, cuando se  inclinaron a uno de los extremos, como por ejemplo ayunar, impidiéndose el sueño por las noches, dejar de comer carne o beber vino, alejarse de las mujeres, vestir arpillera y ropa vieja, habitar en los montes, aislarse en desiertos, todo esto, como ya dijimos, no lo hicieron sino como terapia, o para evitar el contacto con la sociedad, especialmente cuando se percataban que relacionarse con esa sociedad y observar sus (malas) conductas, temían la posible perdida de sus buenas cualidades, por eso se escapaban a los desiertos donde no había hombres perversos; tal como dijo el profeta:   “Quién me diera hospedaje en el desierto para que abandone a mi pueblo y me aleje de ellos, pues todos  son adúlteros y rebeldes”  (Jer. 9:1)[109]       

 

5. El Ascetismo.

          Pero cuando los ignorantes observaron que los piadosos actuaban de esta manera, sin compenetrarse de la verdadera intención que aquellos albergaban, pensaron que eran conductas positivas de por sí y tendieron a realizarlas, pensando que así se asemejarían a los piadosos. Comenzaron a oprimir sus cuerpos con todo tipo de torturas, pensando que adquirían con ello una virtud o que actuaban correctamente y se acercaban más a Dios; como si Dios odiase el cuerpo y quisiese exterminarlo. Ellos no se percataron que estas conductas eran nocivas, de las más inferiores entre las bajezas espirituales.

          Éstos se comparan a aquel ignorante de la medicina, que cuando vio a los médicos más expertos que daban de beber a los enfermos graves, medicinas como extracto de coloquíntida (  חנטל ומחמדה   citrullus colocynthis schard) o de aloe (הצבר aloe vera),  suspendiendo de estos enfermos la alimentación, logrando erradicar la enfermedad, salvándolos prácticamente de la muerte; entonces piensa aquel necio: -si aquellas medicinas curan de una enfermedad, cuanto más que mantendrán al sano saludable o le agregarán salud- comenzando por ende a consumirlas constantemente, tratándose como se trata a los enfermos, de seguro que de este modo se enfermará. Análogamente terminan mal los que estando sanos en sus cualidades, pretenden adoptar las practicas que los piadosos se impusieron para curar una mala inclinación (que ellos poseían).

Por el contrario, la Torá nos perfecciona, tal como atestiguó un profundo conocedor de ella:  “La Torá de Dios es completa, encamina el alma, el testimonio de Dios es confiable hace sabio al ignorante” (Salmos 19:8), (y en la Torá) nunca mencionó algo así, en cambio recomendó que sea la persona natural conduciéndose por el camino intermedio: que coma lo que debe comer en forma equilibrada, que beba lo que le es permitido beber equilibradamente y que cohabite con quien le es permitido cohabitar equilibradamente, que more en ciudades  rectas y justas; y no que habite en desiertos o montes, ni tampoco que vista trapo o arpillera ni que mortifique su cuerpo. Es más, la Tora  advirtió sobre esto, como se enseña acerca del nazir:

          Dijeron los sabios en Taanit 11a:  “Dijo Shmuel: todo el que  ayuna (voluntariamente) se denomina  “transgresor”.  Probablemente sostenga (Shmuel) como el Taná que enseñó: R. Elazar Hakafar hijo de Rabí dijo: “¿cuál es el significado del versículo: “y  expiará  por él, pues transgredió contra el alma?” (Bemid. 6:11</SPA

Ciertamente en la tradición recibida de los profetas y en las enseñanzas de los sabios aprendemos que se tiende a lo equilibrado y al resguardo del alma y del cuerpo según lo encomendado por la Torá. Por ejemplo, respondió Dios por intermedio de su profeta, a aquel que preguntó al profeta  Zejaryah, sobre ayunar un día en el año, si ser constante en esto o no, diciéndole:  “Pregúntale a los Kohanim que están en el Templo y a los profetas: ¿acaso lloraré en el mes quinto absteniendome de comer como ya he hecho varios años?” (Zejaryah 7:3) y Dios respondió:  “Diles a todo el pueblo y a los Kohanim: cuando ayunaron y lloraron en el mes quinto y en el séptimo durante setenta años, ¿acaso ayunaron por Mi?. Cuando comen y beben, ¿acaso no son ustedes los  que comen y los que beben?” (Ibid. 7:9)  y luego les encomendó que se comportaran con justicia y virtud solamente y no ayunar, diciendo:   “Así habló Dios de las Huestes diciendo:  juzgad con verdad y bondad,  practiquen la misericordia uno con otro, no exploten a la viuda, al huérfano,  al extranjero o al pobre y no piensen  en dañarse uno al otro ...” (Ibid. 7:9)  y dijo después:  “Así habló Dios de las Huestes, el ayuno del mes cuarto, del quinto, del  séptimo y del décimo se convertirán para Yehudá en  gozo,  alegría y festividad, la verdad y la paz amarán” (Ibid. 8:19). Has de saber que la “verdad” son las virtudes intelectuales, ya que son verídicas y no cambian, como ya dijimos en el capítulo segundo; y la “paz” son las virtudes éticas pues a través de ellas se alcanza la paz en el mundo.

               

6. La Santidad.

Volviendo a nuestro tema, aquellos de entre los estudiosos de la Torá, pues sólo me refiero a ellos, los cuales pretenden asemejarse a las (demás) naciones, y dicen que todo lo que hacen cuando mortifican sus cuerpos y se abstienen de placeres[110] sólo lo hacen para acostumbrar sus fuerzas físicas, y para tender levemente a un extremo, como ya explicamos en este capítulo, (es decir) que el hombre debe actuar así; esto es un error de su parte; como explicaré, pues, cuando la Torá prohibió lo que prohibió y ordenó lo que ordenó fue por esta causa, es decir para que nos alejemos más de uno de los extremos por medio de la costumbre. La prohibición de  alimentos no aptos, la prohibición de cohabitaciones ilícitas, la advertencia contra la prostitución, la obligación de redactar un contrato matrimonial y celebrar bodas y a pesar de ello no está la esposa permitida siempre, sino que está separada durante su periodo y después del parto, y