Shoftim

El cantar de cada día

Empero si viniere el Leví de una de tus ciudades -de entre todo Israel-

donde él reside allí, podrá venir cuando él lo deseare, al lugar que habrá

de elegir HaShem.

"Podrá servir ("sherét" en hebreo) en Nombre de HaShem su D-s; como todos

sus hermanos, los Leviím: los que están allí ante HaShem..." (Deuteronomio

18: 6-7).

De esta forma y con estos términos nos presenta la Torá, en nuestro

recorrido semanal, un aspecto que -a primera vista- pareciera secundario y

hasta casi de "rutina". La tribu de Leví, de donde surgió -en el desierto-

el cargo de "Sacerdote" (Cohen y Cohen Gadol), no heredó parcela alguna en

el territorio de Israel.

Ya su padre Iaacob lo había profetizado, durante la bendición que les fue

concedida en su lecho de muerte, en Egipto: "...Los dividiré en Iaacob, y

los esparciré en Israel" (Génesis 49:7). Y en el momento en que Moshé

bendijo solemnemente a cada tribu del pueblo judío, en aquel día que sería

el último de su vida, nos perfiló en cierto modo el sentido de tal

"dispersión": "...Ellos, pues, enseñarán Tus juicios a Iaacob, y Tu Ley a

Israel; pondrán incienso delante de Ti, y sacrificios sobre Tu altar"

(Deuteronomio Cap. 33:10).

Así y todo, les cupo a los Leviím, tribu de donde Moshé y su hermano Aharón

procedían, un rol preponderante en el trayecto por el desierto,

fundamentalmente en el episodio relacionado con el "becerro de oro" y sus

trágicas consecuencias. Cuando Moshé -una vez que hubo roto las Tablas de

la Ley- descendió al campamento de Israel, y clamó: "...¡Mí laHaShem elái!"

- "¡Aquel que esté por D-s, detrás de mí!", sus hermanos los Leviím se

encolumnaron decididamente en pos de Moshé y de su conducción y libraron al

pueblo de la transgresión y de los que la cometieron. Desde ese instante,

surge una elección por parte de D-s. En palabras del texto mismo: "...De

este modo separarás a los Leviím de en medio de los Hijos de Israel; y

serán míos (dice D-s) los Leviím. Porque Me son enteramente cedidos a Mí de

en medio de los hijos de Israel ...Y Yo he tomado a los Leviím en lugar de

todos los primogénitos de los hijos de Israel" (Números Cap. 8:14, 16, 18).

Y para cerrar el concepto: ¿cuál era la tarea primordial de ellos? Al decir

del texto bíblico, la tarea era polivalente. Desde el "armado y desarme"

del Tabernáculo Móvil (en el desierto), pasando por los sacrificios diarios

y el incienso que los acompañaba, hasta la tarea de educar pacientemente a

los hijos de Israel en el camino de las mitsvot.

Ahora bien, si volvemos a nuestra cita, al principio de nuestro comentario,

habremos de notar que la misma se refiere a la ocasión durante la cual, un

Leví acceda al Santuario -una vez que el pueblo esté en su tierra y el Bet

HaMikdash erigido-, y se plantea una "tarea en nombre del Señor", en

palabras del texto. Allí escribimos: "...Podrá servir en el Nombre del

Señor, Su D-s".

Por lo tanto cabe el preguntarnos, ¿a qué cargo está haciendo referencia

nuestra Torá que no ha sido mencionado anteriormente?

Nuestros Sabios, en el Talmud Bablí (Tratado de Arajín 11 A) lo interpretan

de este modo: "...¿Cuál es el significado del 'servir en el Nombre del

Todopoderoso?' Responden con certeza: el cantar".

El canto es, para nuestros maestros un "servicio en Su Nombre". Maimónides,

en su Obra de Codificación Legal -Mishné Torá- (Leyes del Santuario, Cap.

III) afirma que: "...Y la tarea primordial en el canto reside en la boca

del ser humano, mientras que los instrumentos musicales, serán secundarios

a ella".

De lo expuesto, habremos de deducir -claramente- que el cantar es una norma

de nuestra Torá. Pero convengamos asimismo, que el valor de la música no se

reduce ni se debe limitar al ámbito del Santuario, sino, por el contrario,

debe expandirse hacia todos los espacios vitales del ser humano.

"Servid a D-s con alegría" es una forma de acceder a nuestra fe y nuestras

tradiciones. Veamos como contrapartida, que nuestro exilio -ya no sólo de

una tierra-, ha sido como consecuencia de "...por cuanto no servisTe a

HaShem tu D-s, con alegría y bondad del corazón", de acuerdo con el

criterio Bíblico. Notemos que el énfasis no está puesto sólo en servir a

D-s -que es sin duda el punto de partida-, sino en no haberle servido con

alegría e íntimo regocijo.

Y aclarado este concepto vital, cabe entonces la pregunta: ¿por qué fueron

los Leviím, los elegidos para cantar en el Santuario de Jerusalém?

Hablamos más arriba de las "bondades" de los Leviím que los llevaron a

enarbolar la bandera de la dignidad y la fe incorruptible. Pero veamos

también la "otra cara de la moneda". Pues si revisamos la historia de

"antes" y "después" encontraremos aspectos menos plausibles tal vez, que

nos lleven a una revisión crítica de su accionar. Así veremos a los Hijos

de Iaacob, Shimón y Leví, acometiendo contra una ciudad desprotegida y

cobrándose venganza contra los hombres de la misma, por haber sido Dina, su

hermana, violada por uno de sus habitantes (véase Génesis Cap. 34).

Cuatro generaciones más tarde, veremos a Pinejás, hijo de Eleazar el

sacerdote, de la tribu de Leví, que toma venganza de un dirigente tribal,

quien a los ojos de Moshé y del resto del pueblo se rebela contra el mando

natural, y cohabita -públicamente- con una mujer midianita. Pinejás, sin

dudar, los ultima a ambos (véase Números 25: 7-8). Hay violencia,

agresividad en la tribu de Leví. ¿Qué tienen ellos que ver con el canto y

con la música?

El Zohar -libro que estudia la Torá desde el misticismo- insinúa que el

canto viene a apaciguar y a aplacar la violencia que hay en ellos. La

realidad toda está desbordada por la violencia. Existe una constante

tensión entre los anhelos del hombre y la realidad. Existen trabas que

impiden concretar las expectativas del ser humano y que siempre podemos

sortearlas, igual que Shimón y Leví, y debemos convivir con ellas. Hay

conflictos y quebrantos. Subyace en nuestro interior una agresividad, que a

veces resulta imposible contenerla, nos insinúan los textos.

Viene entonces el bálsamo "curativo". Viene entonces la canción, la

melodía, y alivia... Y lentamente reprime esa violencia, reestableciendo

nuestros vínculos con el mundo, con nuestro medio, con nosotros mismos, con

D-s. Así como el Levita, cuando accedía al Santuario...