Reflexiones sobre

Parashat Hashavúa

Por

Nejama Leibowitz

 

EDICION: RABINO YERAHMIEL BARYLKA

PRODUCCION: AHUVA BAR-LEV

EDICION DE TEXTO: ITZAK REINER

TRADUCCION: ORNA STOLIAR

 

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Reflexiones sobre Parashat Hashavúa,

por Nejama Leibowitz

 

Parashat Shoftim (5725), la verificación de la profecía, Deuteronomio 18:14-22

 

  1. Pregunta general
  1. Compare la presente parashá con Deuteronomio 13:2-6:

13:2: “Cuando se levantare en medio de ti profeta o soòador de sueòos, y te anunciare seòal o prodigio”.

13:3: “Y si se cumpliere la seòal o prodigio que él te anunció, diciendo: vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles”.

13:4: “No darás oídos a las palabras de tal profeta ni al tal soòador de sueòos, porque H’ vuestro D’s os está probando, para saber si amáis a H’ vuestro D’s con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma”.

13:5: “En pos de H” vuestro D’s andaréis; a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz; a él serviréis y a él seguiréis”.

13:6: “Tal profeta o soòador de sueòos ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra H’ vuestro D’s que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual H’ tu D’s te mandó que anduvieses; y así quitará el mal de en medio de ti”.

¿Qué diferencia hay entre el falso profeta allí y el falso profeta del que se habla aquí?

 

  1. Todos los que nos precedieron vieron una dificultad en la presente parashá, pues, aparentemente, Jeremías 18 la contradice.
  2. ¿Cuál es la contradicción y cómo se la puede resolver según Rambán, Levítico 10:3, en el párrafo que empieza: “Esto es lo que habló H’”?

    Rambán, Levítico 10:3: “Esto es lo que habló H’, diciendo”. En donde dice “y será santificado con mi honor” (Éxodo 29:43), no debe leerse “con mi honor” sino “con quienes me honran”. Moshé dijo a Aharón: “Hermano mío, yo sabía que la Casa habría de santificarse con quienes conocen a D’s, y confiaba en mí o en ti; ahora veo que ellos nos superan a mí y a ti”. Así dijo Rashí en el midrash de nuestros antepasados (Levítico 12:2); en ese caso, el sentido de “y será santificado con mi honor” es: será santificado con todo el pueblo y con quienes me honran, y sabrán que Yo me encuentro allí.

    Rabí Avraham dijo también: “Esto es lo que habló H’, diciendo”: D’s ya me ha dicho que mostrará Su santidad a quienes se le acercan, en el sentido de: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2); cuando les muestre Mi santidad seré honrado por todo el pueblo y me temerán. En ese caso se trata de una palabra dicha y no escrita, porque D’s le mostró sus sendas, porque así es su cualidad.

    En mi opinión, en sentido literal no hace falta nada de esto, porque la palabra de D’s consiste en sus decretos, pensamientos y rumbos, y la palabra se refiere a todo esto: “Hablé yo en mi corazón” (Eclesiastés 1:16): he pensado en esto; “Y ésta es la palabra por la cual Yehoshúa lo circuncidó” (Josué 5:4): éste es el tema; “por causa del dinero” (Génesis 43:18); “y sea mujer del hijo de tu seòor, como lo ha dicho H’” (Génesis 24:51), lo decretó. Lo mismo sucede en I Reyes 16:34: “a precio de la vida de Aviram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Seguv su hijo menor puso las puertas, conforme a la palabra que H’ había hablado por Yehoshúa Bin Nun”.

    Moshé seòaló que ése era el caso en el que D’s había decretado decir lo que pensaba, “En los que a Mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré honrado”, para que se comporten con honor en mi Mishkán.

  3. Compare la siguientes cuatro opiniones de diversos comentaristas:

 

Rambam (de su introducción a la interpretación de las mishnaiot, traducido por el Rabino Kapaj, ed. Instituto Ha-Rav Kuk, 5723): Hay aquí un tema importante que debe ser explicado. Si un profeta predice males que sobrevendrán a las personas (como el hambre o la guerra, o un terremoto que sacuda al país, o los rayos que se abatirán sobre todos, etc.), pero nada de esas profecías se cumple, sino que son perdonados y siguen viviendo en paz, de eso no se desprende la falacia del profeta, ni que sea un falso profeta que merece la muerte, porque D’s se ha arrepentido del mal. Es posible que ellos se hayan apartado de sus pecados; o que D’s, con su inmensa sabiduría, haya diferido el castigo para otro momento, tal como sucediera con Ajav, a quien Eliahu dijera (I Reyes 21:29): “No traeré el mal en sus días, en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa”; o que los haya perdonado por algún bien que hubieran hecho antes; no es por casos como éstos que dice (Deuteronomio 18:22): “Y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere”.

Pero si el profeta prometiera bienes a producirse en un momento determinado (como si dijera que en tal aòo habrá paz y hubiera guerra, o si dijera que habrá un aòo de lluvia y se produjeren hambre, sequía, etc.), en ese caso se trata de un falso profeta y se comprobará que su predicción es falsa y mendaz. Con respecto a casos como ése dice (Deuteronomio 18:22): “con presunción habló el tal profeta; no tengas temor de él”; es decir, que su religiosidad (en la traducción antigua: su fe), su rectitud y su sabiduría no te hagan sentir temor de matarlo, porque ha estremecido su espíritu y afirmado algo muy grave, y ha dicho mentiras referidas a D’s. Puesto que si D’s promete al pueblo un bien a través del profeta, ciertamente habrá de cumplirlo, a fin de que su profecía se verifique ante los hombres, tal como dice en Berajot 7, 1: “Toda palabra que sale de boca de D’s es para bien, aunque se refiera a una condición irrepetible”.

¿Por qué temió Iaacov después de que D’s le prometiera el bien, al decirle (Génesis 28:15): “He aquí, Yo estoy contigo”? Sin embargo, vemos que temió, tal como dice en Génesis 32:8: “Entonces Iaacov tuvo gran temor y se angustió”. Nuestros sabios explicaron que sentía el temor de un grave pecado que requiriera el exterminio, tal como dice en Berajot 7, 1:”pensó que tal vez sería causa del pecado”. De ello se entiende que tal vez D’s le hubiera prometido un bien, pero los pecados pesarían más y en ese caso dicho bien no se cumpliría. Esto se refiere sólo a lo que media entre D’s y el profeta, pero D’s no dirá al profeta que prometa sin motivo un bien a los hombres, para que después no se cumpla dicha promesa. Eso no es posible, porque no tendríamos con qué verificar la profecía. Y en su libro nos ha dado ya fundamento de que el profeta se pone a prueba por la veracidad de sus promesas. Irmiahu se refería a este gran fundamento en su polémica con Jananiá Ben Azur (Jeremías 28:7-9).

 

 

Ralbag: En este caso conviene investigar la gran duda que se suscita, en caso de que no se verifique (aunque no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere), porque en ese caso se trata de un falso profeta. O si tuviere la misión de anunciar el mal, pero D’s misericordioso se arrep, tal como se desprende de las palabras de Irmiahu a Jananiá (Jeremías 28). Si la misión fuese buena, tampoco en este caso se pondrá a prueba el profeta si no se cumpliera, ni se demostrará con eso que es un falso profeta, porque tal vez D’s ha destinado ese bien a causa de la buena senda que habéis emprendido; cuando os apartéis de ella, D’s se retractará del bien que había prometido traeros, tal como dijera Irmiahu (cap. 18:7): “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos”, y de eso se desprende que también puede retornar la buena predicción. En este caso, ¿qué duda cabe de cuáles serán las predicciones por las que se pone a prueba el profeta?

Si hubiere un caso en el cual el profeta no distinguiese entre ninguna profecía que implicase una condición, o en la que hubiere una condición potencial, eso quiere decir que la misma profecía requiere dicha condición.

El profeta se pone a prueba con todo lo que dice sobre las cosas que suceden en su tiempo, para bien o para mal; pues si no fuera así, se sabría en verdad que es un falso profeta, y a eso se refiere la expresión “y no se cumpliere lo que dijo“.

El profeta se pone también a prueba con las cosas que anuncia para el futuro, en las que no haya ni bien ni mal para ninguna persona. Si dijera que se repetirán de manera milagrosa, o que en su repetición hay algo sobrenatural; porque una vez que se vea que no sucede lo que había predicho, se comprobará que es un falso profeta.

 

 

Rabí Jasdai Crescas, Or H’, artículo II, regla IV: Pero lo que posiblemente quiera decir con eso es que no hay diferencia entre el anuncio del bien al prójimo, como lo indica la interpretación literal del texto, que dice “si hablare en nombre de H’”, y no dividió las cosas. La intención es referirse a la ocasión en la que el profeta habla para anunciar que es profeta, y sabe de su misión por la repetición de una seòal que habrá de ser creída la primera vez (para que haya sospechas sobre dicha seòal); o a su predicción con respecto a las cosas futuras (y en ese caso se requiere la repetición o que sea puesto a prueba a través de la profecía sobre cosas futuras), y en ese caso se requiere más de una prueba. Cuando el profeta hable de esta manera, si D’s lo ha mandado no es posible que eso cambie, ya fuere su profecía para bien o para mal, tal como lo indica en Deuteronomio 18:21: ”Y si dijeres en tu corazón: ¿cómo conoceremos la palabra que H’ no ha hablado?”. De ello se desprende que ésa es la intención: si ése es un profeta enviado y su anuncio es para ese fin; y también la verdadera Kabalá nos indica que cuando la palabra del profeta se refiere a esta forma de anunciar que es un profeta enviado, tal como dice, “y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere”, o en II Reyes 1:10: “Si yo soy varón de D’s, descienda fuego del cielo y consúmate con tus cincuenta”.. El seòor de los profetas ya lo había dicho antes (Números 16:29): “Si como mueren todos los hombres muriesen éstos, o si ellos, al ser visitados, siguen la suerte de todos los hombres, H’ no me envió”. Si sucediere que el mal predicho se repitiere de esa manera, ya sería posible que muriesen como todos los hombres, y que D’s lo hubiese enviado.

Ciertamente, cuando la palabra no es dicha de esta manera, es decir, a través de la verificación de la profecía, sino para predecir un mal o un bien, en el sentido de recompensa y castigo, y se duplican las condiciones de la Torá (Levítico 26): “Si guardareis mis mandamientos”… “si me oyereis”… “si no me oyereis”, si el profeta omitiera esa condición y no la mencionara, es como si la hubiera dicho explícitamente.

Si no se cumplen el bien o el mal predicho, esto no implica una contradicción con las palabras del profeta, porque ya se ha difundido que sus palabras se refieren al castigo y la recompensa, y que esa condición se repite dos veces en la Torá.

De esto también se desprende que las palabras del profeta que no se refieren a la predicción del bien o el mal sino a cuestiones sucedidas o por suceder (como lo que Shmuel dijo a Shaúl con respecto a sus mulas), deben cumplirse; si no se cumplieren, “es palabra que H’ no ha hablado”. En ese caso, el texto es general e implícito en las predicciones en sentido literal, poque en las palabras del profeta referidas a las predicciones buenas y malas se explica la condición de lo que solemos aceptar de la Torá escrita. De acuerdo con esto, surge que la afirmación de Jazal, “toda palabra que sale de boca de D’s es para bien, aunque se refiera a una condición irrepetible” (Berajot 7, 1), conviene ser entendida cuando no hubiere una condición en la esencia.

(Véase la Guía de enseòanza).

 

 

Abarvanel: Lo que yo creo es que los dichos y hechos del profeta se dividen en tres clases: las seòales y prodigios que operan cambios en la naturaleza; la predicción de lo que sucedió o habrá de suceder sin que haya en ello nada de bueno o de malo; las predicciones de un bien o un mal en el futuro para quien las dice o para otras personas. La puesta a prueba del profeta radica sólo en la primera y la segunda clase, pero no en la tercera. El entendimiento percibirá que es conveniente que la misma se lleve a cabo por las vías adecuadas a tales fines, sin incluir el castigo y la recompensa.

Y no me preguntéis con respecto a las palabras de Moshé (Números 16:29): “Si como mueren todos los hombres”… o de Eliahu (II Reyes 1:10): “Si yo soy varón de D’s, descienda fuego”…, porque no fueron pronunciadas para verificar sus profecías, tal como pensaba Rav Jasdai Crescas, porque ya eran profetas reconocidos y no debían ser puestos a prueba en ese momento. No se trataba de una prueba, sino de un juicio y castigo.

Y por eso, las palabras de Irmiahu deben ser entendidas en sentido literal: “En un instante hablaré… y en un instante hablaré”: en algunas ocasiones hablará a través del profeta y en otras no; con predicciones buenas o malas; y todos las repetirán cambiando los receptores y sus acciones. Y también dijo que “como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh Casa de Israel”, es decir, que no deben confiar en las buenas promesas formuladas a sus antepasados ni tampoco deben desesperar por los castigos anunciados por los profetas, porque todo retornará al cambiar las personas, y no deberán apremiar las Escrituras con interpretaciones extraòas, tal como las habían interpretado los precursores. Con respecto a la afirmación de Jazal (Berajot 7) de que “toda palabra que sale de boca de D’s es para bien, aunque se refiera a una condición irrepetible”, si la entendemos como Ralbag, que no se trate de una condición esencial, o si decimos (lo que es más correcto) que esa frase es una suposición pensada por quien la emite, de que la predicción del bien no se repite. Rambam ya había escrito en su comentario, que no estamos obligados a creer en las afirmaciones que no guardan relación con las acciones o los estatutos, sino que debemos aceptar las raíces de la Torá y sus cuestiones, porque dichas suposiciones no fueron halajot dadas a Moshé en el Sinaí y transmitidas a esos sabios, sino reflexiones y pensamientos teóricos.

  1. ¿Cuál es el problema que los cuatro tratan de resolver?
  2. ¿Cómo explica Rambam el temor de Iaacov?
  3. ¿En qué se diferencia Rabí Jasdai Crescas de la explicación de Ralbag, y en qué concuerda con él?
  4. Explique las expresiones subrayadas en la interpretación de Crescas:
  1. Y no dividió las cosas”: ¿qué cosas?
  2. De esta manera”: ¿de qué manera?
  3. Para ese fin”: ¿qué fin?
  4. Que el mal predicho se repitiere de esa manera”: ¿de qué manera?
  5. Si el profeta omitiera esa condición”: ¿qué condición?
  6. En ese caso, el texto es general e implícito en las predicciones”: ¿en qué caso?
  7. Conviene ser entendida cuando no hubiere una condición en la esencia”: ¿qué condición?
  1. ¿Qué diferencia hay entre Rambam, Crescas y Abarvanel en su referencia a la afirmación de Jazal en Berajot 7, 1?
  2. ¿En qué disiente Abarvanel con Crescas?
  3. ¿Por qué no acepta Crescas la interpretación de Rambam?

 

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Las preguntas señaladas con x son difíciles, y las señaladas con xx lo son aún más; cada uno responderá dacuerdo con su capacidad.

Se debe enviar las respuestas al Departamento de Actividades con Instituciones Religiosas, KKL, P.O.B. 283, Jerusalén 91002.

 

Reflexiones sobre Parashat Hahavúa, por Nejama Leibowitz

Guía para la enseñanza

 

Parashat Shoftim (5725), la verificación de la profecía, Deuteronomio 18:14-22

 

La presente parashá es sumamente difícil, y comentaristas y filósofos se han debatido con ella. Existe aquí la posibilidad de distinguir entre un profeta verdadero y uno falso (debe prestarse atención al hecho de que no se dan indicios para reconocer al profeta verdadero, sino sólo al falso), pero la seòal de reconocimiento que se menciona aquí en apariencia contradice muchos otros lugares en los Libros de los Profetas (Jonás, Jeremías 18 y el temor de Iaacov en Génesis 28). En su pregunta, Abarvanel resume los problemas de la seòal de reconocimiento que se da en este caso (que no se cumpla lo que dijo):

 

Abarvanel, parashat Shoftim, la duda, 5-18:

Que no huya: Su prueba consistirá en las buenas predicciones que anuncie, o en las malas. Es mentira lo que se dice que la prueba radicará en las malas predicciones, porque puede suceder que anuncie algo malo que sucederá a una persona o al pueblo, pero esa persona o pueblo retornen a D’s, y D’s se retracte del mal y éste no acontezca, como ocurriera en Ninvé. Si la prueba del profeta consistiera en eso, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, el profeta sería matado sin tener culpa alguna.

También es mentira lo que se dice que la prueba consistirá en las predicciones del bien, porque también puede ocurrir que no se produzcan a causa del receptor, en el caso de que sus pecados le impidan ese bien, tal como hemos visto en Iaacov. Si bien había recibido la promesa (Génesis 28:15) “He aquí, Yo estoy contigo y te guardaré”, al llegar Esav ante él dijo (Génesis 32:8): “Entonces Iaacov tuvo gran temor y se angustió”, por el temor de que su pecado hiciera que D’s se retractara del bien prometido. Tal como lo explicara el profeta Irmiahu (capítulo 18): “En un instante hablaré… y en un instante hablaré”.. Por consiguiente, no sabemos de qué manera se pone a prueba al profeta. No cabe decir que si “no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere” es seòal de que “es palabra que H’ no ha hablado”, porque en algunas ocasiones en que no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, se trata precisamente de la palabra que H’ ha hablado.

Se puede resolver la contradicción entre la presente parashá y Jeremías 18 al comprender que en Jeremías no se habla de la verificación de la profecía, y que esa cuestión no lo preocupa (a diferencia de lo que sucede en el capítulo 28). El objetivo de la profecía sobre la casa del alfarero es el de contraponerse a la creencia en la predestinación y a hacer hincapié en que D’s es libre en sus decisiones, y que en cada momento decide de acuerdo con las decisiones del ser humano. Si no interpretamos las palabras “en un instante hablaré” en el sentido de “les enviaré un profeta para avisarles” (tal como lo hicieran algunos comentaristas), no surge ninguna contradiccón entre esa expresión y la presente parashá.

A continuación reproducimos la interpretación de Rambán del concepto “H’ ha hablado”:

 

Rambán, Levítico 10:3: “Esto es lo que habló H’, diciendo”: ¿Dónde habló?

Y será santificado con mi honor” (Éxodo 29:43), no debe leerse “con mi honor” sino “con quienes me honran”. Moshé dijo a Aharón: Hermano mío, yo sabía que la Casa habría de santificarse con quienes conocen a D’s, y confiaba en mí o en ti o en mí. Ahora veo que ellos nos superan a mí y a ti. Así dijo Rashí en el midrash de nuestros antepasados (Levítico 12:2); en ese caso, el sentido de “y será santificado con mi honor” es: será santificado con todo el pueblo y con quienes me honran, y sabrán que Yo me encuentro allí.

Rabí Avraham (Rabá) dijo también: “Esto es lo que habló H’, diciendo”: D’s ya me ha dicho que mostrará Su santidad a quienes se le acercan, en el sentido de: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2); cuando les muestre Mi santidad seré honrado por todo el pueblo y me temerán. En ese caso se trata de una palabra dicha y no escrita, porque D’s le mostró sus sendas, porque así es su cualidad.

En mi opinión, en sentido literal no hace falta nada de esto, porque la palabra de D’s consiste en sus decretos, pensamientos y rumbos, y la palabra se refiere a todo esto: “Hablé yo en mi corazón” (Eclesiastés 1:16): he pensado en esto; “Y ésta es la causa por la cual Yehoshúa lo circuncidó” (Josué 5:4): éste es el tema; “por causa del dinero” (Génesis 43:18); “y sea mujer del hijo de tu seòor, como lo ha dicho H’” (Génesis 24:51), lo decretó. Lo mismo sucede en I Reyes 16:34: “a precio de la vida de Aviram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Seguv su hijo menor puso las puertas, conforme a la palabra que H’ había hablado por Yehoshúa Bin Nun”.

Moshé seòaló que ése era el caso en el que D’s había decretado decir lo que pensaba, “En los que a Mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré honrado”, para que se comporten con honor en mi Mishkán.

Las cuatro opiniones citadas en la pregunta c. se debaten ante los interrogantes que hemos formulado de acuerdo con el planteo de Abarvanel. Los tres sabios posteriores a Rambam* critican severamente sus afirmaciones, y he debido resumir sus opiniones. La interpretación de Ralbag para responder a la pregunta es mucho más compleja que lo que hemos reproducido aquí.

A fin de facilitar al estudiante la comprensión del comentario de Crescas citaremos a continuación las explicaciones del Rabino Simjá Bunem Urbach sobre su libro: “Los pilares del pensamiento israelí”, parte III, la doctrina filofófica de Rabí Jasdai Crescas, pág. 1024**:

En la teoría de la verificación de la profecía de Crescas hay una innovación. Basándose en una prolongada interpretación bíblica y talmúdica, Crescas llega a la conclusión de que el profeta se pone a prueba a través del cumplimiento o el no cumplimiento de su profecía, para bien o para mal, y en el hecho de que sus promesas y advertencias, ya fueren buenas o malas, no se repiten si las dice por primera vez, y le sirven de prueba para verificar su profecía.

Ib., pág. 1029: Rabí Jasdai propone otra solución: cuando el profeta es puesto a prueba, su predicción -para bien o para mal- debe cumplirse, porque de esa manera es puesto a prueba, y sin eso no sería posible. Crescas seòala como al pasar que la prueba del profeta consiste en un signo prodigioso (y en ese caso basta con uno solo) o en predicciones para el futuro (y en ese caso se requieren al menos dos). Por eso, el texto de Deuteronomio 18:22: “Si el profeta hablare en nombre de H’ y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que H’ no ha hablado” debe entenderse en sentido literal. El texto no separa entre la predicción para el bien y para el mal, porque se habla del momento de la prueba, como se desprende del versículo anterior (21): ”Y si dijeres en tu corazón: ¿cómo conoceremos la palabra que H’ no ha hablado?”. Ese texto se refiere a la forma de poner a prueba al profeta.

Crescas se basa en una serie de fuentes, como las palabras de Eliahu (II Reyes 1:10): “Si yo soy varón de D’s, descienda fuego”, y las anteriores de Moshé (Números 16:29): “Si como mueren todos los hombres muriesen éstos… H’ no me envió”. Si se retractase de una predicción para el mal en el momento de la prueba, ¿cómo se demostrarían sus afirmaciones de que ellos no eran los enviados de D’s? Pero cuando la predicción no está destinada a la verificación, sí puede cambiar porque se trata de un castigo o de una recompensa por las malas o buenas acciones; cuando esas acciones cambian, se justifica el cambio en el sistema divino, de manera tal que la profecía se transforme de mala en buena y viceversa. No hay en ello ninguna anulación de las palabras de la profecía, porque es como si fueran condicionales, aunque no se explicite la condición, que es obvia y es el fundamento de la concepción de mundo moral y profética de la Torá.

A diferencia de ello, no es posible que se produzca un cambio en una profecía neutra, que no se al bien ni al mal, como el ejemplo de las mulas de Shaúl. Crescas continúa diciendo que a partir de esto se debe entender la afirmación de Jazal de que toda palabra es para bien, aunque se trate de una condición irrepetible, sólo cuando dicha condición no es esencial. Hasta aquí el comentario del Rabino Urbach.

 

* Véase también el comentario de Rambam, Hiljot Iesodei Ha-Torá, capítulo10.

** Editorial Eliner, la Agencia Judía, Jerusalén 5742.

 

Reflexiones sobre Parashat Hahavúa, por Nejama Leibowitz

Respuestas preparadas por Itzjak Reiner

 

Parashat Shoftim (5725), la verificación de la profecía, Deuteronomio 18:14-22

 

a. 1. La diferencia entre ambos profetas consiste en el mensaje profético. El profeta del capítulo 13 exhorta a la idolatría, y por eso es sin duda un falso profeta; el profeta del capítulo 18 habla como emisario de D’s o en nombre de la idolatría, y sus palabras no contradicen a la Torá (véase Hirsch 18:21-22).

  1. Porque de inmediato queda claro que es un falso profetas, pues predica la idolatría.

 

  1. La contradicción consiste en que en el presente capítulo se dice explícitamente que aquel profeta cuya profecía se cumple es verdadero; si la misma no se cumple, es un falso profeta. A partir de lo que dice Irmiahu se comprende que no es imprescindible que la profecía se cumpla, porque la misma (ya fuere para bien o para mal) está condicionada: si sus acciones se desvían, no recibirá el bien prometido, y si hace acto de contrición, no sobrevendrá el mal predicho (véase la Guía de enseòanza, primera parte, incluida la interpretación de Rambán).

 

c. 1. El problema es saber si debe interpretarse la Torá en sentido literal, en el sentido de que “no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere…es palabra que H’ no ha hablado”, significa que todo aquello que no se cumple indica que el hablante es un falso profeta. En la historia de la profecía hay una larga lista de casos en los cuales la profecía no se cumple porque “cambian los receptores y sus acciones”, como seòalara Crescas. Más aún, toda la esencia de la profecía consiste en estar condicionada al comportamiento de quien la recibe, y por eso puede cambiar.

  1. En opinión de Rambam, el principio de que “toda palabra que sale de boca de D’s es para bien, aunque se refiera a una condición irrepetible” rige sólo para las palabras pronunciadas por el profeta; solamente en ese caso el cumplimiento o incumplimiento de la profecía es la prueba de su veracidad. Pero en el caso de las palabras dichas directamente por D’s a los hombres, (y no para que profetizar a otros) puede producirse un cambio en el cumplimiento o incumplimiento de las mismas. Por eso, la promesa de D’s a Iaacov, que le fuera otorgada directamente en el sueòo de la escala, puede anularse.

3.

 

 

Concuerdan

No concuerdan

 

Profecía neutra (no es para bien ni para mal).

Profecía para bien

Profecía para mal (profecía de desgracias)

Ralbag

No puede cabiar, y por eso sirve de prueba.

Siempre puede cambiar, y por eso su cumplimiento o incumplimiento no está destinado a verificarla.

Como en el caso de la profecía para bien.

Crescas

Lo mismo.

Si bien puede cambiar, eso no ocurre cuando el profeta es puesto a prueba en su primera profecía.

Como en el caso de la profecía para bien.

 

 

Ralbag y Crescas mencionan tres clases de profecías:

  1. Profecía neutra: serfiere a lo sucedido o por suceder, pero no predice el bien ni el mal.
  2. Profecía de un bien: recompensa.
  3. Profecía de desgracias: castigo.

La pregunta es saber si el profeta pone a prueba su veracidad o falsedad a través de alguna de estas posibilidades. Ralbag y Crescas concuerdan en la prueba del profeta en la primera clase de profecías; no concuerdan en lo siguiente:

Ralbag piensa que el profeta no puede ponerse a prueba en la segunda clase ni en la tercera; en su opinión, el incumplimiento de una profecía de estas clases implica un “cambio en los receptores y sus acciones”.

Crescas no acepta esta afirmación de Ralbag y sostiene que generalmente no es correcta, porque las profecías de la segunda y la tercera clase pueden cambiar. Pero en el caso de un profeta puesto a prueba para verificar su profecía (como el que profetiza por primera vez), también las profecías de segunda y de tercera clase deben cumplirse en todos los casos. Si cambian, “es palabra que H’ no ha hablado”.

4. a. “Y no dividió las cosas”: El texto no distingue entre las tres clases de profecías mencionadas en la respuesta anterior; o sea, que con cualquiera de ellas se puede verificar la profecía.

  1. De esta manera”: En el momento de poner a prueba la veracidad de la profecía.
  2. Para ese fin”: Para demostrar que es un profeta verdadero.
  1. Que el mal predicho se repitiere de esa manera”: Cuando el profeta es puesto a prueba.
  2. “Si el profeta omitiera esa condición”: La profecía para bien o para mal está condicionada a quienes la reciben. Aunque el profeta no mencione la condición explícitamente, “es como si la hubiera dicho explícitamente”.
  1. En ese caso, el texto es general e implícito en las predicciones”: El texto de la Torá habla de manera general, y no detalla las clases de profecías a través de las cuales se puede poner a prueba al profeta.
  1. “Conviene ser entendida cuando no hubiere una condición en la esencia”: La condición mencionada no es esencial, sino casual; es decir, cuando de la profecía no se desprende que su cumplimiento depende del buen o mal comportamiento de quien la recibe. En ese caso, Crescas dirá que la condición no era esencial.

Ejemplos: I Samuel 1:10; II Reyes 20:8-11.

  1. Rambam acepta la opinión de Jazal de que la profecía de un bien ciertamente no puede cambiar. Crescas la reduce a algunos casos especiales, en los cuales la condición no es esencial, o en sus palabras: “cuando no hubiere una condición en la esencia”. Abarvanel no la acepta; para él, se trata de una opinión individual y no de una halajá; por eso no es obligatorio aceptarla.
  2. Abarvanel no acepta que el profeta se ponga a prueba con una profecía en la que hay una predicción para bien o para mal, porque puede cambiar de acuerdo con el comportamiento de quienes la reciben.
  3. Como ya se ha dicho, Rambam acepta la afirmación de Jazal de que “toda palabra que sale de boca de D’s es para bien, aunque se refiera a una condición irrepetible”. Crescas sostiene que en la Torá vemos que no es así (Levítico 26): “Si guardareis mis mandamientos”… “si me oyereis”… “si no me oyereis”. La Torá condiciona las buenas predicciones de la misma manera que condiciona las que no lo son.

 

 

 

 

 

 

 

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