PERASHA SHOFETIM:
"¿Inteligencia
o sabiduría?"
"Jueces y cuidadores pondrás para ti en tus ciudades que el Eterno
da a ti para tus tribus" (Debarim16). A pesar de que el versículo con el
que comienza esta Perasha se refiere literalmente a la obligación de designar
jueces que administren justicia y policías que verifiquen el cumplimiento de
los veredictos, nuestros Sabios nos comentan que en estas palabras hay un
significado especial necesario para la vida diaria e individual. "Jueces y
cuidadores pondrás para ti"; nos recuerda la Torá que debemos ser
jueces sobre nosotros mismos analizando si todos nuestros actos se realizan de
acuerdo con la sabiduría y entendimiento de la Torá. El paso siguiente será
designar "policías", o sea, llevar a la práctica los cambios
que ese razonamiento dedujo aunque a veces no sea comprendido en su totalidad,
de la misma forma que un policía obliga a cumplir con los fallos del juez
aunque no entienda su fundamento. Para alcanzar este objetivo, es necesario
previamente pensar y reflexionar utilizando el bien más preciado que Di-s nos
otorgó: la sabiduría.
Nuestros Jajamim se refieren a este concepto con frases concluyentes:
"Si adquiriste sabiduría ¿qué te falta?, si sabiduría te falta, ¿qué
adquiriste?" (Vaikrá Rabá 1). Realmente cuando el saber posa en el corazón
de la persona, aunque carezca de muchas otras necesidades, podrá considerarse
una persona feliz. Pero quien posee todo lo material, pero no dispone de este
valor fundamental no podrá alcanzar un sentido trascendente en su vida. El
Talmud en Berajot 33 comenta que el saber es tan importante, a tal punto que el
primer pedido que la persona realiza en la Amidá (oración que se reza tres
veces por día) es: "Tu agracias a la persona con saber", ya que sin
él no tienen sentido las demás necesidades que le solicitaremos a Hashem. El
Talmud continúa resaltando la importancia del saber: "por su grandeza fue
colocado entre dos nombres de Di-s, como está escrito en Shemuel 1-2:
"porque el Di-s del saber es Di-s". Como broche final de ese párrafo
del Talmud, podemos leer una frase más contundente aún: "Quien no posee
el saber, está prohibido apiadarse de él". El concepto se refiere a que si
la persona no utiliza ese bien tan preciado que Di-s le otorgó, pierde la
condición esencial que lo enaltece como ser humano.
Luego de este pequeño prólogo sobre la importancia del saber, debemos
tratar de definirlo concretamente para así poder alcanzarlo. ¿Qué es el
saber? Cuando la Torá menciona a Besalel, el arquitecto del Mishkan y encargado
de la construcción, lo califica diciendo que poseía "Jojmá, Biná y
Daat". El término "Jojmá" (inteligencia), se refiere a lo que
cada persona recibe de un maestro, de un libro o de otro tipo de fuente de
estudio. El paso próximo por alcanzar es el de "Biná"
(entendimiento) y consiste en deducir mensajes en base a las enseñanzas
recibidas. El nivel más elevado es el de "Daat" (saber), sobre el que
Rashi en Shemot 31 comenta que significa "Ruaj Hakodesh"
(clarividencia) y Besalel poseía esta categoría especial. El saber consiste
precisamente en comprender la realidad de lo que sucede en la vida de la mejor
manera posible. Para ello, contamos con un elemento fundamental que nos
permite lograrlo: la Torá.
Con esta introducción quizás podemos comprender lo que el Talmud en Nidá
45 comenta al referirse a que la mujer recibió mayor Biná (inteligencia)
que el hombre. Ella tiene un gran poder de deducción luego de haber
recibido los conocimientos necesarios; su memoria normalmente es superior a la
del hombre; su poder de intuición es tal que nuestros Sabios nos enseñan que
reconoce las características de los huéspedes de su hogar o de los socios
comerciales de su esposo rápidamente. Su punto débil está reflejado en otra
frase de nuestros Jajamim: "el Daat (saber) de la mujer es ligero",
porque su capacidad de comprender la realidad es menor que la del hombre. El
desafío de la vida es poder tamizar toda la información recibida y seleccionar
únicamente lo positivo. En ese punto el hombre normalmente supera a la mujer.
Ella aguarda que su esposo tome las decisiones finales, porque es una característica
de su propia naturaleza. Al salir de compras, ella podrá opinar sobre si
conviene o no adquirir un objeto determinado, pero le será difícil tomar una
determinación. En cambio, el hombre es más terminante, resuelve más rápidamente
las situaciones que se le presenten porque posee esa capacidad de observar mejor
la realidad. En resumen, la inteligencia de la mujer es superior pero su
saber es inferior.
El Talmud menciona, sin embargo, a una mujer que se destacó por su
saber. Su nombre era Beruria, que proviene del término
"claridad", reflejando la sabiduría que poseía. Era la esposa de
Ribi Meir e hija de Ribi Janania ben Teradion. En varias oportunidades, discutió
temas con los Sabios de su época y la Halajá (jurisprudencia) está basada en
su criterio. El Talmud en Berajot 10 comenta que unos renegados molestaban a su
esposo Ribi Meir haciéndolo sufrir y el Rab hizo Tefilá para que murieran. Su
esposa Beruria le dijo: "¿Por qué actúas así? El versículo de Tehilim
104 dice: "que se exterminen los pecados de la tierra" y no menciona a
los pecadores. En el mismo final del versículo, el rey David dice "los
perversos desaparecerán", ya que al no existir pecados no habrá
pecadores. Debes hacer Tefilá para que retornen en Teshuba", concluyó
Beruria. Su marido aceptó su idea y los renegados volvieron en Teshuba. En otra
oportunidad, un renegado le preguntó a Beruria: "¿Cuál es el sentido del
versículo: "Alégrate estéril que no tienes hijos"? (Ieshaia
54). ¿Acaso no tener hijos es motivo de alegría? Beruria respondió a la burla del renegado diciéndole:
"Se refiere a que el pueblo de Israel debe cantar y alegrarse, ya que se
compara con una mujer estéril que no tuvo hijos que irán al infierno como tú".
Su saber era especial. Cuando una vez en el camino se encontró con Ribi Iose
Hagalili y éste le preguntó: "¿Cuál es el camino a Lud?" (Erubim
53), la respuesta de Beruria fue: "¿No sabes que no se debe aumentar
conversación con una mujer? Debías haber preguntado: ¿Por dónde a Lud?". La
claridad de Beruria para entender la realidad de la vida era superior a la de
muchos Sabios de la época.
El saber verdadero se refiere a comprender los sucesos de la vida bajo la
óptica de la Torá, incluso en los casos en donde cuesta encontrar una
explicación lógica. Con
Beruria sucedió algo similar. Dos de sus hijos fallecieron en Shabat,
ella los trasladó al altillo de la casa y esperó a que su marido regresara.
Cuando Ribi Meir llegó, no le dijo lo que había sucedido para no entristecerlo
en Shabat. Esperó que el Shabat finalizara y luego de Habdalá le preguntó a
su esposo: "si alguien me entregó algo para que se lo cuide, ¿debo devolvérselo
cuándo me lo reclama?". Ribi Meir le respondió afirmativamente. En ese
instante lo condujo al altillo y le relató lo sucedido. Cuando Ribi Meir comenzó
a llorar, ella le dijo: "¿No me dijiste que si nos reclaman lo que nos
dieron tenemos que devolverlo?". La claridad de Beruria era tal que supo
analizar con profundidad una terrible situación que le había tocado vivir.
Beruria tenía los conceptos claros. Luego de haber incorporado en su mente el
beneficio que aguarda en el mundo venidero a quienes como sus hijos habían
vivido en función a ese objetivo, supo soportar en mejores condiciones que su
esposo el difícil momento de la muerte de sus hijos. En eso precisamente
consiste el saber, en diferenciar lo valedero de lo que no lo es.
Sin embargo y quizás para comprobar hasta qué punto son ciertas las
palabras de nuestros Sabios respecto a que "el saber de la mujer es
ligero", el final de Beruria fue trágico. Rashi en el tratado de
Abodá Zará 18 comenta que en una oportunidad ella se burló de esa frase de
los Jajamim. Su marido, Ribi Meir, la reprochó y le advirtió que finalmente
reconocería que así era, ya que todas las expresiones de nuestros Sabios son
verdaderas. Ribi Meir encomendó a uno de sus alumnos que la incitara a pecar y
el alumno después de mucho tiempo de provocarla, recibió una respuesta
positiva. Cuando Beruria se dio cuenta de su error y supo que todo era una
trampa se suicidó. Ribi Meir -por su parte- escapó a Babel, por la vergüenza
de lo sucedido.
Retomemos el concepto del saber. La obligación de utilizarlo tiene como
primer objetivo poder reconocer a Di-s.
Reflexionar sobre la creación maravillosa que nos rodea, lleva a la persona a
la conclusión lógica que existe un Conductor del mundo. El profeta Ieshaia en
el capítulo 40 recuerda al pueblo de Israel: "Alcen vuestros ojos a las
alturas y vean quien creó esto", ya que quien no utiliza ese bien tan
preciado que Di-s le otorgó, permanecerá en el nivel más inferior que pueda
existir. El mismo profeta reclama al pueblo: "Conoce el buey a su dueño y
el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce (a su Señor), mi pueblo no
reflexiona" (Ieshaia 1). La raíz de todo mal es la falta de reflexión.
Quien medita sobre la existencia de Di-s debería preguntarse a sí mismo:
"¿Qué espera Di-s de mí? ¿Para qué fui creado?". Las respuestas
basadas en la utilización del saber implícito de por sí en el ser humano,
conducirán a la persona a una conducta correcta a los ojos de Di-s y de sus
semejantes. Pero ¿qué sucederá con quien no toma en cuenta este análisis
indispensable para vivir como Hashem desea? ¿Podrá argumentar en el momento en
que deba rendir cuenta de sus actitudes que no se enteró de cuáles eran sus
obligaciones?
Tomemos el siguiente ejemplo: una persona que todos los meses retiraba de
su sueldo lo necesario para pagar sus impuestos, decidió un día dejar de
hacerlo. ¡Qué felicidad! El dinero ahora le alcanzaba para placeres que nunca
antes se había podido dar. Sus vecinos observaban cómo su aspecto había
cambiado, su cara irradiaba felicidad. Claro, las facturas llegaban normalmente,
los impuestos se iban acumulando y las amenazas de las compañías de
interrumpir los servicios de luz, gas y teléfono comenzaron a llegar. Este
sensacional personaje permaneció inmutable, nada le quitaría la felicidad que
por fin había conseguido. Pero un buen día llegó el final: todas las
compañías enviaron personal para interrumpir los servicios. "¿Qué
sucede?", reclamó desesperado. "¿Acaso no lo sabes? ¡Hace
meses que no cumples con tus obligaciones!", le respondieron. ¿Podrá esa
persona responder que no estaba enterado de lo que sucedía? ¿Podrá decir que
no había visto las boletas que le llegaban? De ninguna manera, porque es
elemental que cada uno debe saber cuáles son sus obligaciones. La realidad fue
que no quiso prestar atención a los mensajes que le enviaban. Es lo que sucede
con la vida humana. Quien aunque sea por un instante se detenga a
reflexionar, encontrará el fundamento de su vida: hacer la voluntad de Di-s.
Pero quien no lo haga, será arrastrado por sus propias ambiciones y por los
malos ejemplos e influencia de la sociedad que lo rodea.
El objetivo de la vida es alcanzar el mundo venidero. ¿Existe acaso otro
tipo de explicación que aclare el sentido de la vida? Si alguien pretendiera
responder que el objetivo es este mundo propiamente, podríamos preguntarle cuál
es el sentido de la muerte. Si alguien dijera -por otra parte- que el fin de la
vida es la muerte misma, entonces ¿cuál es el sentido de vivir? Si por ejemplo
alguien construyera con mucho sacrificio un gran edificio y en el día de la
inauguración lo llenara de dinamita y lo destruyera, le preguntaríamos: "¿para
qué lo construyó?". Sólo la explicación basada en la fe de la
existencia del mundo venidero para aquellos que transiten por este mundo
cumpliendo los principios por los que la persona fue creada, es la que otorga
sentido a la vida. Ribi Moshe Jaim Lusato Z"L nos enseña en su libro
"Daat Tebunot"que Hashem creó al ser humano para otorgarle todo Su
bien. A nadie le agrada recibir un bienestar en forma gratuita. El verdadero
bien es ganar por mérito propio lo que se reciba. Al cumplir los preceptos,
la persona adquiere de acuerdo a su esfuerzo y dedicación el derecho de heredar
el mundo venidero por su propio mérito.
El ser humano está compuesto por una mezcla maravillosa de cuerpo y alma
que a pesar de ser dos fuerzas contradictorias se encuentran dentro de la misma
persona. Cada una de esas partes intenta llevar a la otra para su lado. La
obligación del ser humano es doblegar la parte material a lo espiritual y que
el alma sea la que dirija los actos que realiza. El Jafez Jaim lo compara con
una persona que contrató una carreta para ir a un lugar determinado. Cuando
llegó la noche pensó en dormir en su asiento, pero le advirtió al carretero
que no se quedara dormido ya que los caballos se apartarían de la ruta. Sin
embargo, el carretero se durmió y al poco tiempo los caballos se desviaron del
camino e introdujeron la carreta dentro de un arroyo. Cuando el pasajero se
despertó y le presentó sus quejas al conductor, éste se disculpó diciendo:
"Pensé que podía apoyarme en los caballos. Ellos conocen el
camino...". El Jafez Jaim nos enseña con este ejemplo que la persona
que no toma las riendas que su inteligencia le da, se compara a ese carretero
que se apoya en sus caballos. No se da cuenta de que si él no los dirige,
no llegará a su destino. Pobre de aquel que no utilice su cerebro y permita que
se llene de malas enseñanzas. No sólo que será guiado por su cuerpo material
en un camino opuesto al que Di-s desea, sino que estará despreciando el mejor
tesoro que Hashem le otorgó: el saber. Tengamos el Zejut de utilizarlo como
corresponde.