Shemoná Perakim La Rambam

Introducción de Maimonides al tratado de Abot

 

Traducción: Rabino Aryeh Nathan, Bet-el, Israel.

 

 

Prólogo del traductor Introducción del Rambam
Capítulo primero Capítulo segundo Capítulo tercero Capítulo cuarto
Capítulo quinto Capítulo sexto Capítulo séptimo Capítulo octavo

 

Prólogo.

La introducción de Rambam a su comentario sobre el tratado Abot, conocida más como los "Ocho Capítulos" (árabe: Temaniyé Fuzul, hebreo: Shemoná Perakim) es una de las más famosas introducciones a esta Mishná que ameritó además un gran número de ediciones.

 

Esta introducción como otras escritas por Rambam, junto con su comentario a la Mishná, fue redactado en el idioma hablado por lo judíos norafricanos en las tierras de su exilio, es decir árabe (escrito no obstante con letras hebreas), así declara R. Shmuel Ibn Tibón:  "Este tratado, es decir el tratado Abot, conocido como parte del orden denominado Yeshuot (Salvaciones), se encuentra entre el tratado Abodat Kojabim (Idolatría) y el tratado Horayot (Instrucciones), no posee Guemará. El gran maestro R. Moshé, hijo  del maestro R. Maimón ZaL la comentó en la lengua de Hagar (*) dentro de su  comentario a los seis órdenes de la Mishná, que comentó íntegramente  en ese idioma."

 

(*) madre  de Ishmael, ancestro de los árabes en general.

 

Rambam señaló explícitamente su función como introducción: "Decidí introducir, antes de comenzar a comentar cada una de sus normas, unos capítulos útiles, que a  través de ellos puedan alcanzarse algunas premisas que sirvan también como clave de lo que  se explicará más adelante."

 

El tema fundamental de esta introducción consiste en los métodos para perfeccionar las cualidades, y el estudio de la estructura del alma que le precede, no obstante Rambam la extiende hasta la descripción general del sistema de valores humanos, que tiene como cúspide la profecía, terminando con la grave pregunta sobre el libre albedrío.

 

Esta introducción junto con el comentario al tratado Abot, fueron traducidos al hebreo algunos años después del fallecimiento de Rambam por R. Shmuel Ibn Tibón, quien declara en la introducción a su versión de este tratado como pedido de los sabios de Luneville:  "Cuando vieron los sabios de Luneville, la ciudad donde nací el          comentario a este tratado y los capítulos que introduce el maestro   como aclaración de estos temas, me pidieron que se los  tradujera del mismo modo que hicieron con respecto al libro Moré  Nebujim" 

 

Esta traducción ameritó ser impresa junto al comentario de Rambam al tratado Abot en casi todas las ediciones de la Mishná, además forma parte de los addenda al Talmud Bablí, edición Vilna. El texto tradicional de Ibn Tibón es acompañado, en las ediciones del Talmud Bablí, por el comentario de R. Abraham Haleví Hurvitz (padre del autor de “Shney Lujot HaBrit”), denominado Jésed Abraham.

 

Un paso importante en la difusión de las obras de Rambam al público contemporáneo fue hecho por R. Rabinovich que las publicó punteadas y con un breve comentario a cargo del R. Rubinshtein, entre ellas destaca la edición de las Introducciones a la Mishná aparecida en Tel Aviv 5708 A.M. y reeditadas muchas veces bajo la supervisión de los Institutos HaRab Kuk.

 

Fuera de esta traducción realizada durante la Edad Media, que su lenguaje refleja el hebreo técnico de los sabios de la época, aunque puede ser fácilmente entendida por el lector moderno, existen otras dos traducciones modernas:

 

1. R. Yosef Kapaj SHeLITA, tradujo del texto original árabe, aunque no de un manuscrito auténtico de Rambam sino de un manuscrito yemenita que estaba en su poder (esto debido a un hecho curioso que es relatado por R. Shilat en el proemio a su traducción de las Introducciones de Rambam, pag. 15). Apareció publicada con su original árabe en Yerushaláyim 5723-5729 A.M., con una segunda edición con sólo la traducción, Yerushaláyim 5724-5727 A.M. Ediciones de los Institutos HaRab Kuk.

 

2. R. Yitzjak Shilat SHeLITA, tradujo de manuscritos supuestamente auténticos que se conservaron por generaciones en manos de los descendientes de Rambam en Alepo, Siria; los textos de la introducción al comentario de Abot descansan hoy en la Biblioteca Bodleyana en Oxford, Inglaterra. La traducción pretende ser exacta y haber corregido la mayoría de los errores de impresión y comprensión de las ediciones anteriores. Junto con la traducción R. Shilat agregó el texto árabe original (en caracteres hebreos) y un comentario extenso de cada uno de los capítulos. Ediciones a cargo del centro de estudios "Birkat Moshé" Yerushaláyim 5752 A.M.

 

Nuestra traducción española de los capítulos quiere ser, D-s mediante, un paso más en la comunicación del pensamiento judío universal a los lectores hispano parlantes. Nos hemos basado principalmente en la traducción hebrea de Ibn Tibón aunque comparamos el resto de traducciones hebreas disponibles (vid. supra) y analizamos además el original árabe en todos los lugares necesarios.

 

Desde un punto de vista técnico, hemos dividido cada capítulo según un orden temático, encabezando cada sección con un título que exprese, en nuestra modesta opinión, la idea central del mismo. Los pasajes del Tanaj, que Rambam cita dentro de su obra, los hemos vertidos casi en su mayoría completos, a pesar que muchos de ellos no estaban citados en su integridad en el original árabe ni en las traducciones hebreas. Junto con esto  el criterio de referencias ha sido considerado detenidamente y se han dispuestos las citas del Tanaj con los nombres hebreos de los libros en cuestión; de tal modo intentamos que el público comience a familiarizarse con la literatura judía y con su nomenclatura.

 

Los Ocho Capítulos, fruto del cálamo de Rambam son un compendio del pensamiento de Israel junto con una síntesis discreta de los sistemas filosóficos tradicionales; a modo alusivo podemos describir la obra de este sabio con la siguiente proposición: en hebreo "Grecia" de denomina IAVAN  , si a estas letras agregamos la letra TZADI  del vocablo TZADIK (justo) tendremos como resultado TZIUN   las connotaciones son múltiples pero la denotación es única.                                

   

Introducción

Ha dicho Shmuel Ben Yudá Ibn Tibón que

ha dicho el maestro redactor, de bendita memoria:

 

1. Educación y Ética.

Ya aclaramos en la introducción a esta obra (Introducción al Comentario de la Mishná), cual fue la causa que motivó al redactor (Rabí Yehudá Ha-Nasí) a ubicar este tratado (Abot) en esta sección (Séder Nezikín, Sección acerca de los Daños), y también mencionamos  la gran utilidad que conlleva este tratado. Aseguramos también varias veces, en lo que precede a este artículo, que hablaremos  aquí de temas útiles y que nos extenderemos un tanto (por ser dicho tratado pequeño). Ya que el mismo, a pesar de parecer simple y fácil de entender, la practicidad de lo que contiene no es factible para toda persona, ni tampoco todos sus temas son entendibles sin una explicación suficiente. No obstante, trae a una gran perfección conductual y a una verdadera gratificación, por lo tanto decidí comentarla in extenso.

 

Ya han dicho los sabios, de bendita memoria: "Todo aquel que quiere transformarse en piadoso, debe cumplir lo escrito en el tratado Abot"(Babá Kamá 30a). Y no hay entre nosotros una virtud mayor que la piedad (Jasidut), sino la profecía, y esta la conlleva, como se ha dicho: "La piedad conlleva a la Inspiración divina (Rúaj HaKódesh)" (Abodá  Zará 20b). Se entiende de esto que el comportamiento según las instrucciones de este tratado trae a la profecía, ya que éste incluye gran parte de las cualidades éticas, que serán analizadas más adelante.

                    

2. Las fuentes de este sistema.

 

Decidí introducir, antes de comenzar a comentar cada una de sus normas, unos cuantos capítulos útiles, que a través de ellos puedan alcanzarse algunas premisas que sirvan también como clave de lo que se explicará más adelante. Has de saber, que los temas que se expondrán en estos capítulos y en el comentario, no son innovaciones intelectuales mías ni explicaciones peregrinas, sino temas recolectados de las enseñanzas de los sabios en el Midrash, en el Talmud y fuera de éste en sus variadas obras; ademas de los filósofos, antiguos y modernos, y de los escritos de muchas personas.                                               

 

Recibe lo cierto de quien lo haya dicho. Es posible que a veces traiga un asunto completo citado de un libro famoso, y en esto no veo error, no pretendo cargar sobre mi lo que han dicho mis predecesores pues ya lo he reconocido; e incluso que no mencione que dicha idea la dijo éste o aquél, ya que significaría extenderme sin motivo. Y puede llegar a ocurrir, a veces, que el nombre de alguien cause, en el corazón de un falto de entendimiento, pensar que este tema carece de importancia o que su intención perjudicial no nos es conocida. Por lo tanto, me pareció apropiado omitir nombres, pues mi objetivo es que el lector se beneficie y poder aclarar temas obscuros en este tratado.

Paso a continuación a mencionar los capítulos que decidí introducir aquí conforme a mi objetivo y estos son ocho.

 

Capítulo Primero.

El alma humana y sus facultades

1. La unidad del alma humana.

 

Has de saber que el alma humana es una unidad, sin embargo tiene muchas actividades diferentes, que algunas de ellas se denominan "almas"; se ha pensado a causa de esto que el ser humano tiene varias almas, como han sostenido los médicos. E incluso declara el principal de ellos en la introducción a su libro que las almas son tres: natural, vital y espiritual.

 

A veces se las denomina facultades o partes, hasta decir "partes del alma", esta última denominación la han utilizado los filósofos muchas veces. No obstante no han querido decir con el termino "parte" que el alma se divida como se dividen los cuerpos, sino que ellos se refieren a sus actividades diversas en relación al todo "alma" como partes de todo lo que está compuesto de estas partes.

 

Debes saber además que la corrección de las cualidades es la curación del alma y de sus facultades, por ende  de la misma manera que el medico que cura los cuerpos tiene que conocer en primer lugar todo el cuerpo que pretende curar; saber cuales son sus partes, es decir conocer el cuerpo humano. Debe saber que lo puede enfermar para evitarlo y que lo puede curar para utilizarlo. De la misma manera el medico del alma que  intente corregir las cualidades de la persona, precisa conocer el alma y sus facultades a nivel general junto con sus partes, que puede enfermarla y que curarla.

 

Por lo tanto, yo sostengo que las partes del alma son cinco: nutritiva que se denomina vegetativa, sensitiva, imaginativa, apetitiva y racional.

 

2. La Homonimia.

 

Ya mencionamos en este capítulo que nuestros conceptos se refieren solamente al alma humana; es decir que la facultad por la cual se nutre el ser humano no es la misma fuerza que nutre al caballo o al asno pues el hombre se nutre a través de la parte nutritiva del alma humana, en cambio el asno se nutre a través de la parte nutritiva de su alma asnina, y la palmera (buitre) se nutre a través de la parte nutritiva del alma que le pertenece. No obstante se define todo como nutrición por homonimia y no por poseer una misma esencia.

 

Así se define al hombre y al resto de los animales como sensitivos por pura homonimia y no porque la sensibilidad humana sea idéntica a la sensibilidad equina (animal). Y no solo eso, sino que la sensibilidad de una especie no es la misma que en otra siendo que cada especie que posee alma la posee especial y distinta. Por lo tanto, resultan obligatoriamente de un alma ciertas actividades que son diferentes a las de otra alma, aunque puedan parecerse una actividad a otra y se piense que ambas poseen una sola esencia, lo que es un error.

 

Ejemplo de esto, tres lugares obscuros, en uno de ellos brilló el sol y se iluminó, en otro brilló la luna y se iluminó y en el tercero se prendió una vela y se iluminó; ciertamente en cada uno de ellos hay luz, no obstante la causa de la luz del primero y su agente es el sol del otro es la luna y el agente del tercero el fuego. De tal forma, el agente de la sensibilidad del hombre es el alma humana, en cambio el agente de la sensibilidad del asno es el alma asnina como el agente del la sensibilidad del buitre es el alma buitrera; no habiendo nada que los reúna sino la pura homonimia. Entiende este tema debido a su importancia, en el tropezaron muchos pseudo-pensadores que dedujeron ideas lejanas y opiniones erróneas.

 

3. Las facultades del alma.

 

Volveré ahora sobre el tema de las partes del alma

 

1. La parte nutritiva, de ella se desprende la facultad de la atracción, del mantenimiento, de la digestión, de la evacuación de los restos, de la procreación, de la separación de los líquidos según las necesidades de la nutrición y de aquello que debe ser evacuado. Todo aquello que se refiere a estas siete facultades, sobre que actúan, como actúan y en que miembros sus actividades son más notorias y evidentes que facultades son permanentes y cuales desaparecen luego de un tiempo, todo esto se relaciona con las artes medicas, y no es este el lugar para desarrollarlas.

 

2. La parte sensitiva, contiene las cinco facultades ampliamente conocidas, o sea: la vista, la audición, el gusto, el olfato y el tacto el cual se encuentra en todo la superficie del cuerpo y no tiene un miembro específico como el resto de los sentidos.

 

3. La parte imaginativa, es la facultad a través de la cual se recuerdan las impresiones concretas después que desaparecen de los sentidos que las captaron, además mezcla unas con otras y separa unas de otras. Por lo tanto, compone esta facultad a partir de los conceptos que ya captó conceptos que no ha captado en absoluto, e incluso que es imposible captar como, por ejemplo, que se imagine una persona un barco de hierro que navega en el aire, o un hombre que su cabeza llegue al cielo teniendo sus pies sobre la tierra, o una bestia de mil ojos, etc es decir muchos conceptos absurdos los compone la facultad imaginativa y los crea en la imaginación.

 

En esto los sabios del Kalam tuvieron un error grande y extraño, sobre el cual basaron sus falacias cuando dividieron lo real en obligatorio posible y absurdo, y pensaron, o causaron que otros piensen que todo lo imaginable es posible y no entendieron que esta facultad suele componer conceptos cuya realidad es absurda, como ya mencionamos.

 

4. La parte apetitiva es la facultad con la cual el hombre desea algo o lo rechaza, y a partir de esta facultad provienen las actividades tales como la búsqueda de algo o su rechazo, la elección de algo o el alejamiento de lo mismo, el enojo y la reconciliación, el miedo y la valentía, la crueldad y la misericordia, el amor y el odio, y tantas otras circunstancias espirituales. Los instrumentos de esta facultad son todos los miembros del cuerpo, como la facultad de la mano para coger un objeto y tocarlo, la facultad del pie para caminar y del ojo para mirar, la facultad del corazón para la valentía o para temer en momentos de miedo. Todos los miembros del cuerpo, los visibles y los escondidos, ellos y sus facultades son instrumentos de esta facultad apetitiva.

 

5. La parte racional es la facultad que se encuentra en el hombre a través de la cual elige y piensa, a través de ella se adquieren las ciencias y además se distingue entre las conductas negativas y las positivas. Sus actividades pueden ser prácticas o especulativas, si son prácticas estas se dividen en artesanales y en meditativas, las especulativas sirven para que conozca el hombre los entes que no cambian tal como son y estos se denominan ciencias puras; lo artesanal es por lo cual se estudian los oficios como la carpintería, la agricultura, la medicina o la navegación, en cambio lo meditativo es una facultad  por la cual se reflexiona sobre aquello que se quiere hacer si es factible o no y si es factible como puede ser hecho.

 

Esto es lo necesario de mencionar sobre el tema de alma humana

 

4. La forma del alma.

 

Has de saber que esta alma, sobre la cual introducimos el recuento de sus facultades o partes, es como una materia y el intelecto es su forma. Y cuando no alcanza esta materia su forma se anula la preparación que posee para la recepción de la forma, como si su existencia fuera vacía y esto es lo que se ha dicho: "Sin entendimiento el alma no es buena, y el impulsivo tiende el mismo a equivocarse" (Mishley 19:2)

 

Es decir que la existencia de un alma que no adquiere su forma sino que permanece alma sin entendimiento no es bueno. No obstante, lo dicho sobre la forma y la materia y sobre los intelectos separados, cuántos son y cómo se adquieren, no es este el lugar para extenderse. Además no es necesario para el tema sobre el que queremos tratar, o sea sobre las  cualidades, siendo más apropiado para el libro sobre la profecía que ya mencionamos.

 

Aquí termino este capítulo y empezaré otro.

  Capítulo Segundo    

Las facultades del alma y sus contenidos. Conocimiento de la parte donde se encuentran, o que le son inherentes, las virtudes y los vicios.

1. La disciplina y la rebeldía.                   

Has de saber que la rebeldía y la disciplina de la Torá se encuentran ciertamente en dos partes de las partes del alma, es decir en la facultad sensitiva y en la apetitiva únicamente, y en estas dos se encuentran los pecados y los preceptos. En cambio en la parte nutritiva e imaginativa no hay  ni rebeldía ni disciplina, por cuanto que no poseen discernimiento ni libre albedrío ni hechos concretos. La persona no puede anular sus actividades ni reducirlas, por ejemplo estas dos facultades, o sea la nutritiva y la imaginativa, actúan durante el sueño, lo que no es así con el resto de las facultades del alma.

En lo que refiere a la parte racional hay confusión, mas yo afirmo que se encuentran en ella tanto rebeldía como disciplina en lo concerniente a la creencia ya sea de una opinión herética o de una verídica, pero no posee hechos concretos que puedan denominarse como precepto o pecado. Por lo tanto, como mencione anteriormente, en lo sensitivo y en lo apetitivo se encuentran los preceptos y los pecados.

 

2. Las virtudes y los vicios.

Reconocemos ciertamente dos especies de virtudes: virtudes éticas y virtudes racionales y frente a ellas dos tipos de vicios. Siendo las virtudes racionales, que se encuentran en la parte racional del alma, como la sabiduría o sea el conocimiento de las causas últimas y de las causas próximas, después del conocimiento de los entes sobre los cuales se pretende investigar sus causas; o como el intelecto, del cual se desprende el intelecto especulativo inherente a nosotros por naturaleza, o sea las ideas primeras (axiomas), y además  el intelecto adquirido, cuya definición no es este el lugar de traer; o como el ingenio y el buen entendimiento, o sea la captación rápida y óptima de algo inmediata o mediatamente. Y los vicios de esta facultad  son lo contrario a lo mencionado o lo contradictorio ello.

Las virtudes éticas se encuentran en la parte apetitiva solamente, y lo sensitivo no es en este asunto sino un lacayo de lo apetitivo. Las virtudes de esta facultad son muchas, como por ejemplo, la prudencia (o sea el temor al pecado), la generosidad, la rectitud, la moderación, la humildad, la austeridad (esto es lo que los sabios llamaron riqueza cuando declararon: quien es el rico, aquel que está feliz con lo propio), la valentía, la confianza etc. Y los vicios respectivos son la carencia de estas virtudes o su exageración.

No obstante, las partes nutritiva e imaginativa, no conllevan ni virtudes ni vicios; solamente se dice de ellos que algo se nutre correcta o incorrectamente, por ejemplo nos expresamos de alguien sobre su  digestión como eficiente o nula o  defectuosa, o sobre su imaginación como deficiente o estable, mas no hay en ello ni virtud ni vicio.

Todo esto quisimos incluir en este capítulo.

 

 

Capítulo Tercero

Las enfermedades del alma

1. Patologías anímicas.

Han dicho los (filósofos) antiguos que el alma posee salud y enfermedad, de la misma forma que el cuerpo posee salud y enfermedad. Siendo que consiste la salud del alma en que sus características y las características de sus partes sean tales que se pueda hacer por intermedio de ellas constantemente favores, bondades y actividades correctas. Su enfermedad por otro lado es que sus características y las características de sus partes realicen maldades,  delitos y actividades incorrectas. No obstante, lo referente a la salud y a las enfermedades del cuerpo las ciencias medicas se ocuparán de ello.

 

2. El Paralelismo.

De la misma manera que a los enfermos del cuerpo les parece, por la perdida de ciertos sentidos, que aquello que es dulce es amargo y aquello que es amargo dulce, y captan lo correcto de forma incorrecta, incrementándose y creciendo su atracción a elementos en los cuales no hay ningún tipo de placer para personas sanas, e incluso puede que haya en ellos dolor como por ejemplo comer barro o carbón o tierra, o consumir alimentos añejos o muy agrios, alimentos que no solo que no presentan apetencia sino que son rechazados por las personas sanas. Así ocurre también con respecto a los enfermos del alma, o sea: a los malvados y poseedores de malas Hiljot Deot, les parecen los actos buenos como malos y apetecen las malas acciones intensamente, que en verdad son negativas, considerándolas buenas por  la enfermedad de su alma.       

Y como los enfermos, cuando se dan cuenta de que padecen una enfermedad y ellos mismos no conocen de las ciencias medicas, preguntan a los médicos y estos les indican lo que es conveniente hacer, previniéndoles de aquello que parece gustoso y obligándoles a consumir medicamentos no agradables y amargos, hasta que se curen sus cuerpos y tornen a escoger lo saludable y a rechazar lo enfermizo. Así los enfermos del alma, es apropiado que pregunten a los sabios, los cuales son los médicos del alma y les prevengan de todo aquello que es realmente negativo, aunque sea aparentemente bueno; curándolos con el arte con el cual se curan las Hiljot Deot del alma, que aclararemos en el siguiente capítulo.

No obstante, los enfermos del alma que no perciben su patología, y se creen sanos, o que sí la perciben pero no intentan curarse, su termino será como el termino del enfermo que se deja arrastrar tras los placeres y no se cura, o sea que perecerá irremediablemente.       

Sobre aquellos  que si la perciben  y   se  dejan arrastrar tras sus placeres, sobre ellos la Torá ha relatado su discurso:  “Y sucederá cuando alguien escuche las palabras de esta  advertencia, y se ilusione pensando: estaré seguro incluso que  marche tras los deseos de mi corazón, esto es como destruir la  satisfacción con la sed.”(Debarim 29:18). O sea que el tiende a satisfacer su sed y todo lo que hace es aumentarla.  En cambio sobre aquellos que no perciben su enfermedad, Shlomó escribió mucho al respecto: “El camino torcido es recto a sus ojos, pero el que escucha el  consejo del sabio es sabio.”(Mishley 12:15). Es decir el que escucha el consejo del sabio (es sabio) ya que le mostraron el camino que es recto en verdad, y no solo que es recto en apariencia. Además dijo:  “Hay un camino recto delante del ser humano, pero  su fin es caminos  de muerte.” (Ibid. 14:12). Agregó además sobre las enfermedades del alma, sobre aquellos que no perciben lo que las daña y lo que les es útil:  “El camino de los malvados es como la obscuridad, no perciben  donde pueden tropezar.” (Ibid. 4:19).

Ciertamente el arte de la curación de las almas lo desglosare in extenso en el siguiente capítulo.

 

Capítulo Cuarto

 Sobre la curación de las enfermedades del alma

1. La Cualidad y la Conducta.

Las conductas que son lo óptimo, son las conductas equilibradas que son un termino medio entre dos extremos, negativos ambos  uno por excesivo y otro por defectivo.

Las virtudes son características y cualidades psicológicas que son un termino medio entre dos características negativas una por exceso y otra por defecto. De estas características provienen las conductas.

                                  

2. El Justo Medio.

 1. La moderación (prudencia),  por  ejemplo,  es una cualidad intermedia entre la voluptuosidad y la insensibilidad. La  moderación es una de las conductas de lo óptimo, y la   característica psicológica de la que proviene la moderación   es una de las virtudes de lo óptimo. Ciertamente la voluptuosidad  es el extremo primero (exceso) y la insensibilidad absoluta el extremo último (defecto), ambos son negativos. Y las dos características psicológicas, de las cuales    proviene   la voluptuosidad por un lado, que es la característica  excesiva y la insensibilidad por otro que es la característica defectiva,  ambas son vicios de lo óptimo.  Así:  2. La liberalidad es intermedia entre la tacañería y el despilfarro. 3. La valentía es  intermedia entre  la temeridad  y la cobardía. 4. La autoestima es intermedia entre la  jactancia y  la ruindad. (La autoestima consiste en honrarse apropiadamente y no envilecerse. La jactancia es vanagloriarse,  mientras  la ruindad ya conocida consiste en que la persona realice conductas viles en  las que hay vicio y descaro. Acotación del traductor R. Shmuel Ibn Tibón) 5. La apacibilidad es intermedia entre la petulancia y el estupor, lo que se denomina en vernacular “amollar”, es decir consiste en no expresarse ni actuar a causa de la pesadez del ánimo y de la frialdad de su temperamento, y esto es lo opuesto a la petulancia que proviene de la agudeza de su ánimo y de la excitación de su temperamento. 6. La humildad es intermedia entre el orgullo y la bajeza. 7. La austeridad es intermedia entre la codicia y la negligencia. 8. La bondad (generosidad) es intermedia entre la ruindad (mezquindad) y el desprendimiento (prodigalidad). (Ya que estas cualidades no poseen terminología explícita en  nuestro idioma, debemos explicar sus significados y la finalidad  que los filósofos le dan. El bondadoso se define como aquel cuya intención primordial es beneficiar a los seres humanos física, espiritual o económicamente en la medida de lo posible, no obstante sin que esto le acarree daño o humillación. El ruin es quien no desea ayudar a los demás, incluso en lo que no conlleve ni falta, ni molestia ni daño; este es el extremo último (defecto). El desprendido es quien actúa bondadosamente, incluso que le cause un gran daño, o humillación o un gran esfuerzo o una enorme perdida; este es el extremo primero (exceso). Acotación del traductor R. Shmuel Ibn Tibón). 9. La paciencia es intermedia entre la irascibilidad y la pusilanimidad. 10. La timidez es intermedia entre el descaro y la vergüenza.  (La definición me parece que es según expresan los sabios que el vergonzoso es quien tiene demasiada candidez, en cambio la  timidez es intermedia. Así se ha dicho: “el vergonzoso no aprende” (Abot 2:5) y no se dijo “el tímido no aprende”; además se ha dicho: “una persona tímida recibe el paraíso” (ibid. 5:2) y  no se dijo que una persona vergonzosa lo recibiría; por lo tanto lo he ordenado de este modo.)

  Así el resto de las cualidades necesitan, al menos, una terminología aceptada para que sus significados sean entendidos.  A veces las personas se equivocan con respecto a estas conductas y consideran como óptimos alguno de los dos extremos, como si fuese una virtud del alma.

a) A menudo consideran al primer extremo (el exceso) como óptimo, por ejemplo califican a la temeridad de virtud, denominando valientes a los temerarios. Así cuando observan a una persona extremadamente temeraria, es decir que arrostra peligros y se entrega conscientemente a la muerte, y sucediendo que casualmente se salva lo estiman y denominan como “valiente”.

b) Y a veces consideran el último extremo (el defecto) como virtud y califican al pusilánime de paciente, al negligente de austero y al insensible por la apatía de su temperamento de moderado (prudente, es decir temeroso del pecado); de la misma manera, consideran al despilfarro y al desprendimiento como una conducta óptima, y esto es un craso error.

No obstante, es laudable ciertamente el termino medio, hacia el cual la persona debe tender y dirigir su conducta hasta que se equilibre.

Has de saber que estas virtudes y vicios éticos no llegan ni se establecen en el alma sino por la repetición muchas veces y por largo tiempo de las conductas que provienen de esa cualidad, hasta acostumbrarnos a ella. Si las conductas estas son óptimas resulta que recibiremos de ellas una virtud, en cambio si son reprobables causarán vicios. Debido a que el ser humano por  naturaleza, desde su creación, no es  ni virtuoso ni defectuoso, como explicaremos en el capítulo octavo; por lo tanto el, sin duda, se acostumbra a actuar desde su niñez según el comportamiento de sus parientes y  coterráneos, siendo posible que estas conductas sean equilibradas, o que sean excesivas o defectivas como ya mencionamos.

Sucederá si una persona ya padece un trastorno anímico, deberá comportarse para su curación de la misma manera que en la terapia física, es decir equilibradamente; así cuando un cuerpo  perdió su equilibrio  debemos observar hacia que punto se desequilibró para tratarlo desde el ángulo contrario hasta que retorne a su equilibrio, de tal modo cuando se estabilice dejaremos de tratarlo desde el ángulo contrario y le acostumbraremos a mantenerse estable.

En las virtudes éticas actuaremos de igual modo, por ejemplo si observamos una persona que posee una característica anímica que por su gran tacañería  se escatima a si mismo, siendo esto uno de los vicios del alma y esta conducta algo reprobable. Cuando queramos curar esta enfermedad no le recomendaremos ser liberal con sus bienes, pues sería como intentar tratar a un afiebrado con algo intermedio, que no lo curará, sino que le aconsejaremos despilfarrar sus bienes repitiendo esta terapia una y otra vez hasta que desaparezca de su alma la característica que conlleva la tacañería, adquiriendo así la característica del despilfarro, entonces conviene interrumpir esta terapia y recomendarle mantenerse en los comportamientos liberales repitiéndolos constantemente, no aumentando ni disminuyendo.

Del mismo modo, si observamos que alguien despilfarra, le aconsejaremos que actúe tacañamente repetidas veces; no obstante no trataremos que repita demasiado la conducta de tacaño como hicimos con la conducta de despilfarrador. Esta novedad es el sistema de la terapia y su fundamento. Es decir que la persona cambie del despilfarro a la liberalidad es más fácil y práctico a que cambie de la tacañería a la liberalidad así también que alguien cambie de ser insensible a moderado es más fácil y práctico a cambiar de la intemperancia a la moderación. Por lo tanto el intemperado debe repetir las conductas del insensible más que lo que el insensible debe repetir las conductas del intemperado. Así también el cobarde debe comportarse temerariamente, más de lo que el temerario debe comportarse cobardemente y debe acostumbrarse el ruin a ser desprendido más que al desprendido comportarse ruinmente. Este es el fundamento de la terapia sobre las cualidades, recuérdalo.

 

3. La Piedad.

 

Por este motivo no mantenían los piadosos las características personales en una situación equilibrada, sino que se inclinaban levemente hacia el exceso o hacia el defecto, como forma de contención (y resguardo). Quiero decir, por ejemplo, que ellos se inclinaban de la moderación hacia la insensibilidad levemente, o de la valentía a la temeridad levemente, y de la humildad a la bajeza levemente; así en resto de las cualidades, esto es lo aludido con el dicho:  “Más allá de la estricta legislación” (Babli-Berajot 7a)

 

No obstante, lo que hicieron aquellos piadosos en ciertas épocas (y en ciertos lugares) y solo algunos de ellos, cuando se  inclinaron a uno de los extremos, como por ejemplo ayunar, levantarse por las noches (pensando en que se quiere hacerlo), dejar de comer carne o beber vino, alejarse de las mujeres, vestir lanas y cueros, habitar en los montes, ser ermitaño en los desiertos, no lo hicieron sino como terapia, como ya dijimos, o para evitar el contacto con la sociedad, especialmente cuando se daban cuenta que por las relaciones sociales y  por la observación de las conductas humanas, sospechaban la posible perdida de sus buenas cualidades, por eso se escapaban a los desiertos donde no había hombres perversos; tal como aconseja el profeta:   “Quien me dará hospedaje en el desierto y abandonare a mi pueblo, me  alejare de ellos porque todos son adúlteros, una reunión de traidores” ( Yirmeyá 9:1)

              

4. El Ascetismo.

 

Pero cuando vieron los necios que aquellos piadosos actuaban de esta manera, por no saber su intención, pensaron que eran conductas positivas en si y tendieron a realizarlas, pensando ser como ellos. Comenzaron a torturar sus cuerpos con todo tipo de torturas, pensaron que adquirían con ello una virtud, que actuaban correctamente y se acercaban más a HaShem como si HaShem odiase el cuerpo y quisiese eliminarlo y perderlo. Ellos no se percataron que estas conductas son reprobables, vicios de la personalidad.

 

Estos se comparan como aquel tonto dentro de la medicina, que cuando vio a los médicos más expertos que daban de beber a los agonizantes medicinas como extracto de coloquíntida (אלחנטל   citrullus colocynthis schard) o de esquenanto (אלמחמודה convolrulus scamonia) o de áloe (אלצבר aloe vera), y suspendieron de estos enfermos la alimentación y ellos se curaron de su enfermedad, salvándose prácticamente de la muerte. Entonces dice aquel tonto, si aquellas medicinas curan de una enfermedad, cuanto más que mantendrán al sano saludable o le agregarán salud; comenzaron por ende a consumirlas constantemente, comportándose como se comportan los enfermos, de seguro que de este modo se enfermará sin lugar a dudas. Así aquellos que se medicinan cuando están sanos sin dudas se enferman anímicamente.

 

Por el contrario, la Torá que nos perfecciona, como atestiguó quien la conoce:  “La Torá de HaShem es perfecta torna el ánimo, el testimonio de HaShem es confiable hace sabio al simple” (Tehilim 19:8), nunca mencionó algo así, en cambio recomendó que sea la persona natural yendo en el camino intermedio: que coma lo que le es permitido comer equilibradamente, que cohabite lo que le es permitido cohabitar equilibradamente y beber lo que le es permitido beber equilibradamente, que establezca lo social con rectitud y justicia. No recomendó que la persona habite en las cuevas y en los montes ni tampoco que vista cueros y lana ni que mortifique su cuerpo torturándolo. Y advirtió sobre esto, como está enseñado sobre el nazir:  Un hombre o mujer que exprese su intención de hacer un voto de “nazir”... y hará el Kohén (con las tórtolas) una como ofrenda de pecado y otra como ofrenda de elevación y lo expiará pues pecó contra un alma... BeMidbar 6:11)”

  

Dijeron los sabios en Taanit 11a:  “Dijo Shmuel: todo el que  ayuna (voluntariamente) se denomina  “pecador”.  Probablemente sostenga (Shmuel) como el Taná que enseñó: R. Elazar Hakafar hijo de Rabí dijo: “¿cuál es el significado del versículo: “y lo expiará  pues pecó contra un alma?” (Bemid. 6:11)?, ¿contra quien ha pecado este nazir? Contra si mismo, pues se abstuvo de beber vino.”  ¿Acaso no es esto un argumento a fortiori: como aquel que se priva  del vino necesita expiación, así aquel que se priva de todo cuanto más que necesitará expiación?”

  

Ciertamente en la tradición recibida de los profetas y en las enseñanzas de los sabios aprendemos que se tiende a lo equilibrado y al resguardo del alma y del cuerpo según lo encomendado por la Torá. Por ejemplo, respondió HaShem por intermedio de su profeta, a aquel que preguntó sobre ayunar un día en el año, si ser constante en esto o no, cuando le dijo a Zejaryah:  “Pregúntale a los Kohanim que están en el Templo y a los profetas: ¿acaso lloraré en el mes quinto absteniendome de comer como ya he hecho varios años?” (Zejaryah 7:3) y HaShem respondió:  “Diles a todo el pueblo y a los Kohanim: cuando ayunaron y lloraron en el mes quinto y en el séptimo durante setenta años, ¿acaso ayunaron por Mi?. Cuando comen y beben, ¿acaso no son ustedes los  que comen y los que beben?” (Ibid. 7:9)  y luego les encomendó que se comportaran con justicia y virtud solamente y no ayunar, diciendo:   Así habló HaShem de las Legiones diciendo: juzguen juicios verídicos, bondad y piedad hagan uno con otro, no exploten a la viuda ni al huérfano ni al extranjero ni al pobre y no piensen  dañarse uno a otro ...” (Ibid. 7:9)  y dijo después:  “Así habló HaShem de las Legiones, el ayuno del mes cuarto, del quinto, del  séptimo y del décimo se convertirán para Yehudá en  gozo,  alegría y festividad, la verdad y la paz amarán” (Ibid. 8:19). Has de saber que la “verdad” son las virtudes intelectuales, ya que son verídicas y no cambian, como ya dijimos en el capítulo segundo; y la “paz” son las virtudes éticas pues a través de ellas se alcanza la paz en el mundo.

               

5. La Santidad.

Volviendo a nuestro tema, si dicen aquellos de entre los estudiosos de la Torá, pues solo me refiero a ellos (ella), los cuales se asemejan a las naciones, que todo lo que hacen cuando mortifican sus cuerpos y se abstienen de placeres solo lo hacen para acostumbrar sus fuerzas físicas, y para tender levemente a un extremo, como ya explicamos en este capítulo que el hombre debe actuar así; esto es un error de su parte.

De tal modo, cuando la Torá prohibió lo que prohibió y ordenó lo que ordenó fue por esta causa, es decir para que nos alejemos más de uno de los extremos por medio de la costumbre. La prohibición de  alimentos no aptos, la prohibición de cohabitaciones ilícitas, la advertencia contra la prostitución, la obligación de redactar un contrato matrimonial y celebrar bodas y a pesar de ello no está la esposa permitida siempre, sino que está separada durante su periodo y después del parto, y fuera de todo esto aconsejaron los sabios disminuir la cohabitación proscribiéndola  de día, como estudiamos en Sanhedrín (7:4), todo esto nos encomendó HaShem para alejarnos realmente del extremo de la intemperancia, y para tender levemente del equilibrio hacia la insensibilidad hasta que se asiente y fortalezca en nuestra alma la característica de la moderación (prudencia).

Así todo lo que la Torá ordena sobre dar diezmos (TEMASRU), rastrojos (SHEJEJA Y LEKET) y las puntas del campo (PEA) ,los residuos de las vides (PERET y OLELUT)  el   descanso agrícola del séptimo año (SHEMITA) y del jubileo (IOBEL), la beneficencia (TZEDAKA)  según el necesitado, vemos sin embargo que todo esto se acerca a la prodigalidad, de esta forma nos alejamos real y ostensiblemente del extremo de lo mezquino grabándose en nosotros la generosidad. 

Desde este aspecto puedes analizar todos los preceptos, encontrarás que todas enseñan y acostumbran a las facultades del alma, así está prohibida la venganza en todas sus formas cuando se dice:  “No te vengarás ni te desquitarás de alguno de los hijos de tu           pueblo; amarás a tu prójimo como a ti mismo, Yo soy Hashem.”  (Vay. 19:18)  “Cuando veas al burro de tu enemigo caído bajo su carga no podrás abandonarlo, ciertamente le ayudarás (a descargarlo)” (Shem. 23:5)  “No verás al burro de tu hermano o a su buey caídos en el camino y  te desentenderás de ellos, ciertamente lo levantarás con el” (Deb. 22:4) de este modo se debilitan las inclinaciones a la envidia y al enojo. Así también:  “No verás el buey de tu hermano o su cordero perdidos y te               desentenderás de ellos, ciertamente se lo devolverás a tu hermano”  (Ibid. 22:1)  hasta lograr eliminar la característica de la ruindad. Así también:  “Delante de las canas te levantarás y honrarás la presencia de un anciano” (Vay. 19:32)  Honrarás a tu padre y a tu madre, para que se alarguen tus días sobre la tierra que HaShem tu D-s, te ha dado.” (Shem. 20:11). “Según la Torá que ellos te informarán y según el juicio que ellos te comunicarán, actuarás, no te apartarás de lo que te hayan dicho”   (Deb. 17:11)  con el fin de eliminar la característica del descaro y adquirir la virtud de la timidez y así alejarnos del extremo opuesto también, es decir de la vergüenza, de tal modo que se pueda decir:  No odiarás a tu hermano en tu corazón, reprenderás ciertamente a tu  prójimo, no cargues sobre el un pecado.” (Vay. 19:17)  “Cuando un profeta prometa algo en nombre de HaShem y no ocurra ni se presente, significa que esto no ha sido dicho por HaShem este profeta ha hablado maliciosamente, no le tendrás.” (Deb. 18:22) de tal forma se dejará de lado también la vergüenza y se permanecerá en el justo medio.             

Pero cuando venga una persona tonta, sin duda va a tratar de agregar a estos enunciados, por ejemplo que intente prohibir la comida o la bebida más de lo ya  prohibido, o prohíba la cohabitación más de lo ya prohibido, o que  de todo su dinero a los menesterosos o a consagraciones más de lo que la Torá demandó como beneficencia o como consagración o valoración, si es así está haciendo un acto reprobable y si no se da cuenta puede llegar a uno de los extremos y desequilibrarse  por completo. No escuche nunca sobre este asunto, referido a los sabios, algo más congruente que lo expresado en la Guemará de los occidentales (El Talmud redactado en Eretz Israel. N. del T.), en el capítulo noveno del tratado Nedarim (9:1); allí se habla peyorativamente de aquellos que hacen promesas y votos hasta que terminan como prisioneros: “Rabí Ade en nombre de Rabí Yitzjak: no te es suficiente lo que te prohibió la Torá, que tú te prohíbes otros asuntos” Este es el tema que mencionamos sobre el equilibrio sin exceso ni defecto.

              

6. El Pecado de Moshé.

De todo lo tratado en este capítulo, se deduce que es apropiado dirigir nuestras conductas hacia el justo medio, y no salir de él hacia uno de los extremos sino solo como terapia enfrentándolo desde el ángulo contrario. De la misma manera que una persona que sabe de medicina, si ve que su temperamento cambia levemente, no se descuidará y dejará que la enfermedad se agrave hasta que necesite una curación más compleja, si sabe que uno de los miembros de su cuerpo se debilita, lo cuidará preferentemente y alejará todo aquello que pueda dañarlo y acercará todo lo útil para curar este miembro, o al menos para que no se debilite más.

Así la persona íntegra, es apropiado para el que analice siempre sus cualidades, que sopese sus conductas y discierna entre las características de su alma diariamente; de tal forma si observa que tiende a uno de los extremos se apresurará a aplicar una terapia, no permitiendo que las características reprobables se fortalezcan por la repetición de conductas nocivas. Por lo tanto, que ponga frente a el la cualidad censurable que posee e intente constantemente mejorarla, como ya dijimos, pues no existe ser humano que carezca de defectos. Los filósofos ya han dicho (confer. Aristóteles, Ética a Nicómaco 7:1; R. Saadyah Gaón, Emunot VeDeot 5:2): es difícil y poco probable que se encuentre alguien que tenga en forma innata todas las virtudes, las éticas y las intelectuales; ciertamente en los libros de los profetas se haya esta idea presente abundantemente: “He aquí no confía en sus siervos y no alaba a sus ángeles” (Yob  4:18) “En que puede el hombre tener la razón frente a D-s, en que puede el hijo de una mujer ameritar” (Ibid. 25:4)  y Shlomó dijo simplemente: “No hay un justo sobre la tierra que solo haga el bien y no se  equivoque” (Kohélet 7:20)

Y seguramente sabes que el principal de los anteriores y posteriores, Moshé nuestro maestro, que HaShem le dijo:  “Dijo HaShem a Moshé y a Aharón: por cuanto no me creyeron, para  santificarme delante de los hijos de Israel, por lo tanto no conducirán a esta comunidad a la tierra que les he dado.”(Bemid. 20:12). “Aharón se reunirá con su pueblo y no ingresará a la tierra que he  dado a los hijos de Israel, ya que se rebelaron en contra de lo que  dije en las aguas de Meribá” (Ibid. 20:24). “Ya que me defraudaron dentro de los hijos de Israel en las aguas de Meribat Kadesh, en el desierto de Tzin, y por cuanto no Me santificaron dentro de los hijos de Israel.” (Deb. 32:51)                 

Hasta tanto, y el error de Moshé fue que tendió hacia uno de los dos extremos en el campo de las cualidades éticas, específicamente en la virtud de la paciencia, cuando se inclinó hacia el enojo al decir: “Escuchen pues rebeldes!”, como se declara:  “Reunieron Moshé y Aharón a toda la congregación delante de la roca  y les dijo (Moshé): escuchen pues rebeldes! acaso de esta roca les hemos de sacar agua?” (Bemid. 20:10)

HaShem fue meticuloso con el pues alguien como el se enojó delante de la comunidad de Israel cuando no era ocasión de hacerlo. Desde esta perspectiva legalmente esta persona profanó el Nombre Divino, ya que todos sus movimientos y expresiones deben ser ejemplares, pudiendo a través de ellas alcanzar éxito en este mundo y en el venidero; por lo tanto, como veremos enojo en el siendo el enojo una de las conductas de lo reprobable, como ya mencionamos, que no proviene sino de las características peores del alma.  No obstante, El mismo ha dicho:  “Porque ustedes fueron rebeldes en contra Mía en el desierto de Tzin  en lo referente al pleito de la comunidad cuando debían santificarme con las aguas delante de ellos, estas son las aguas de Meribat  Kadesh, en el desierto de Tzin.” (Bemid. 27:14)                                

Esto se entiende del siguiente modo, Moshé no hablaba con personas simples, ni tampoco con gente sin elevación espiritual, sino con personas que la menor de sus mujeres era como el profeta Yejezkel Ben Buzi, como ya mencionaron los sabios (Mejilta Shemot 15:2), por lo tanto todo lo que el haga o diga, será analizado. Entonces, cuando le vieron enojado pensaron que no es el quien tiene una cualidad reprobable, es decir que si no hubiera sabido que HaShem se enojó con ellos por pedir agua, y que el pueblo había enfadado a HaShem no se hubiera enojado. Pero no encontramos en lo dicho por HaShem a Moshé con respecto a este asunto ni enojo ni furia, sino que esta dicho:  “Toma tu bastón y reúne a la comunidad, tú y Aharón tu hermano, y   hablarás a la roca delante de ellos y fluirá agua, les sacarás agua de la roca, entonces darás de beber a la comunidad y a sus  ganados.” (Bemid. 20:8)

Ya nos hemos desviado un tanto del tema de este capítulo, aunque hemos solucionado una problemática en la Torá que mucho se ha dicho sobre ella (confer. R. Saadyah Gaón y R. Jananel ad loc.), la pregunta: cual fue el error de Moshé. Ordena lo que hemos dicho nosotros sobre el tema y la verdad demostrará su camino.

Volviendo a nuestro asunto, cuando la persona sopese sus actividades constantemente y las dirija hacia el justo medio, habrá llegado al nivel más alto que un ser humano alcanza, pudiendo acercarse a HaShem y captar su bondad, siendo lo más laudable en el servicio a HaShem Ya los sabios mencionaron esto cuando dijeron:  “Todo el que conduce sus sendas, amerita y ve la salvación de HaShem como está escrito: el que me sacrifica ofrendas de agradecimiento me ha honrado, el que pone el camino (hacia HaShem le mostrare la salvación de D-s (Tehilim 50:23); no leas “el que pone  el camino” (שם דרך)  sino “el que sopesa el camino” (שם  de שומה sopesar)” (Moed Katán 5a) Sopesar es valorar y estimar; este es el tema que explicamos en este capítulo sobre el equilibrio y esto es lo que vimos propicio desarrollar sobre el mismo.

   

Capítulo Quinto.

 La utilización de las facultades del alma para un objetivo específico.

 

  1. El objetivo: la comprensión de HaShem

  Es apropiado para el ser humano que controle todas las facultades de su alma según su pensamiento, como ya comentamos en el capítulo anterior a este. Es decir que ponga siempre frente a si un objetivo específico: este es la comprensión de HaShem según la capacidad que tenga el hombre de aprehenderla (esta comprensión), dirigiendo todo su comportamiento: sus movimientos, su reposo y toda su comunicación a este objetivo. De tal forma que no haya en su comportamiento nada que sea superfluo, o sea una conducta que no conlleve a este objetivo.

  Ejemplificando, que sólo la salud corporal sea la finalidad de su comida y de su bebida, de su cohabitación, de su dormir y de su vigilia, de su movimiento y de su reposo. Así mismo que la finalidad de su salud corporal consista en que el alma encuentre los medios apropiados (sanos) e íntegros para alcanzar la sabiduría, adquiriendo las virtudes éticas y las virtudes intelectuales, hasta llegar a aquel objetivo.                                                

 

2. Lo provechoso y lo agradable.

 

Según esta proposición  la finalidad (de estas conductas) no es únicamente el placer, escogiendo alimentos y bebidas solo por ser agradables. Aquí como en el resto de las conductas, se debe tender a lo provechoso, y si resulta ser agradable que lo sea, y si resulta ser desagradable que lo sea.

 

Por otro lado, debe tender a lo agradable (prefiriéndolo a lo provechoso) por prescripciones medicas; es decir cuando se debilita el apetito por los alimentos (anorexia), se puede despertarlo con alimentos placenteros condimentados y agradables (lo que la persona desea preferentemente). De la misma manera, si alguien sufre de melancolía (מרה שחורה) se puede curar escuchando música o cantos, paseando por jardines o por edificios de regia arquitectura, o contemplando hermosas pinturas; es decir todo aquello que complace al alma y elimina la melancolía. El objetivo de todo esto es curar el cuerpo, y la finalidad de un cuerpo sano es adquirir sabiduría (captar a HaShem).

                                                                   

Así mismo, cuando alguien se ocupe en acrecentar su capital, deberá ser la finalidad de su ocupación invertirlo en las virtudes (éticas e intelectuales), además de utilizarlo para los sentidos corporales (necesidades materiales) y para mantenerse en vida; hasta que comprenda y profundice en HaShem lo que sea posible.

         

 

3. El rol de la medicina.

 

Según esta proposición, posee la ciencia medica un rol primordial en el sistema de las virtudes (racionales y éticas), además en la comprensión de HaShem y en la capacidad de llegar al éxito verdadero (la trascendencia del alma). Por lo tanto, consiste el estudio y la valorización de la medicina en una de las más importantes ocupaciones (parte de la Abodat HaShem), por ende no es como la tejedura o la carpintería. Ya que en ella debemos medir nuestro comportamiento, siendo nuestras conductas humanas que conlleven a las virtudes verdaderas.

 

Cuando una persona come algún alimento placentero, agradable al paladar, de buen aroma aunque dañino, e incluso puede ser causa de una  enfermedad peligrosa o de una muerte repentina, esta persona y una bestia son similares. Esta conducta no es humana, en tanto se define lo humano como intelectual; no obstante es una conducta de hombres en tanto seres vivos:  el hombre que vive en la opulencia y no piensa, se compara, es  igualado a las bestias” (Tehil. 49:21) Por el contrario, la conducta realmente humana consistirá en consumir solo lo provechoso; aunque a veces haya que dejar lo agradable y comer lo desagradable, según la demanda de lo provechoso. Esto es actuar conforme al conocimiento y en esto se diferencia el hombre de otro ser viviente.

 

Igualmente, cuando la persona cohabite siempre que lo desee, sin prestar atención a lo virtualmente dañino o a lo conveniente, simplemente esta persona está actuando en tanto ser vivo y no en tanto ser humano.  No obstante, es posible que una persona se comporte totalmente según lo provechoso, como ya mencionamos, aunque su finalidad sea únicamente la salud corporal y el resguardo de las enfermedades, no hay en esto virtud. Ya que del mismo modo que este escogió el placer de la salud, escogió el anterior el placer de la comida o de las cohabitaciones; en todos estos la finalidad de sus conductas no es verdadera. En cambio, lo correcto consiste en fijar como finalidad de todas las actividades, que proporcionan salud corporal y mantenerse en vida en forma íntegra, el desarrollo íntegro de los medios de las facultades del alma, que son los miembros del cuerpo; para que de ese modo se puede ocupar el alma, sin impedimento, en los sistemas de las virtudes éticas e intelectuales.

                          

 

4. El rol de las ciencias.

          

Por lo tanto, todo lo que se estudie de las ciencias y de los conocimientos, aquello que conlleve a esta finalidad es de suyo recomendable, y lo que no tiene un provecho directo para esta finalidad, como las preguntas de la ciencia de la reducción  y de la comparación de las cantidades, el libro de los conos y el libro de las combinaciones, el aumentar en preguntas sobre la geometría, sobre la mecánica etc. debe estudiarse para sutilizar el intelecto y para acostumbrarlo al método apodíctico, hasta que la persona sea experta en el silogismo apodíctico más que en los otros (silogismos); de tal modo que sea esto un medio para alcanzar la comprensión de HaShem

                         

 

5. La comunicación.

 

Así con respecto a la comunicación humana, no es propio hablar sino de aquello que produzca al alma un cierto provecho o que desplace lo dañino del alma y del cuerpo; o hablar de la sabiduría o de la virtud, de lo loable que es la virtud y el hombre virtuoso, de lo reprobable que es el vicio y el hombre vicioso; ya que la reprobación de los hombres licenciosos, enfatizando su bajeza, es una grave responsabilidad, cuando el objetivo es desacreditarlos frente a los demás para que se alejen de ellos y no imiten sus conductas. Acaso HaShem no declaró:  “Como los actos de la tierra de Egipto, que habitaron en ella, no harán” (VaYikrá 18:3)

 

El relato del comportamiento de los habitantes de Sodoma, por ejemplo, y todo lo declarado en las Escrituras sobre los hombres licenciosos y su recuerdo peyorativo; en contraposición, vemos las alabanzas y la preeminencia de los virtuosos, cuyo objetivo no es sino lo ya mencionado: que los seres humanos sean atraídos por las buenas acciones y se alejen de los comportamientos negativos.  Cuando el hombre se fije como finalidad este asunto, reducirá de sus conductas y disminuirá de su comunicación muchísimo.

 

6. La comprensión de HaShem

 

Pues aquel que se propuso este objetivo, no tenderá a engastar las paredes con oro o a bordar oro en la ropa, solo si con esto se complace su alma, curándose y alejándola de las enfermedades, hasta que llegue a un estado de claridad y pureza que pueda adquirir sabiduría. Así han expresado los sabios:  “Una morada agradable, una mujer hermosa y un lecho cómodo son apropiados para los estudiosos” (Babli-Shabat 25b)

 

Ya que el alma se cansa y el pensamiento se enturbia de la constante profundización en temas complejos. Del mismo modo que se cansa el cuerpo cuando se ocupa de trabajos agotadores hasta que descanse, y entonces vuelve a su funcionamiento normal; también el alma necesita ocuparse en el reposo de los sentidos, por ejemplo observando relieves y objetos hermosos hasta que se acabe este agotamiento. Como dijeron los sabios: “Cuando se agotaban los sabios por su estudio, solían decir algo jovial” (cf. Babli-Shabat 30b). Por ende, el hombre debe pensar que desde este punto de vista, estas conductas no son negativas ni vanas, es decir: despertarse a fabricar relieves y adornos en los edificios, en los utensilios y en los vestidos.

 

Has de saber que esta posición personal es óptima pero difícil, a la cual acceden muy pocos después de un gran entrenamiento. Cuando ocurre que un hombre encuentra en esto su posición personal, no pienso que sea menor que los profetas. Es decir: que conduce todas las facultades de su alma y fija el objetivo de ellas únicamente en la comprensión de HaShem no haciendo ni actos pequeos ni grandes, ni hablando sino solo si esta conducta conlleva a la virtud, o a algún medio para alcanzar la virtud. Aquel pensará y meditará en cada acto y movimiento observando si trae a  esa finalidad o no, entonces lo realizará.

 

Es esto precisamente lo que demandó de nosotros HaShem que tendamos a El, cuando declaró:  “Y amarás a HaShem tu D-s, con todo tu corazón, con toda tu alma y  con todas tus fuerzas” (Debar. 6:5).  Es decir, con todas las partes del alma, fijando el objetivo de cada una de las partes como uno y específico: Amar a HaShem Sobre lo cual ya advirtió también el profeta, de bendita memoria:  “En todos tus caminos, conócelo!” (Mishley 3:6)

 

Comentaron los sabios, de bendita memoria, al respecto, diciendo: “incluso dentro de un pecado necesario” (Babli-Berajot 63a), o sea, que se fije un objetivo para cada conducta, que sea la verdad, a pesar que se constituya en pecado por un lado. Ya expusieron los sabios, de bendita memoria, todo este tema en forma resumida, con expresiones lacónicas que lo indican con mucha integridad; tanto es así que si tú, si criticas el laconismo de estas expresiones, pensando que comentaron este tema principal y profundo, sobre el cual tanto se ha escrito, y no lo completaron; has de saber que fue declarado de manera indudable con fuerza divina. Así encontramos en sus encomendanzas:  “todos tus actos deben ser para el cielo” (Babli-Abot 2:12). Este es el tema que fue analizado en este capítulo, y esto es un compendio de los que consideramos apropiado mencionar según esta introducción (al tratado Abot).

 

Capítulo Sexto

La diferencia entre el justo innato y el que controla su instinto (y determina su   animo).

1. La Ética clásica.         

 

Los filósofos han dicho: el que controla su ánimo a pesar que lleva a cabo conductas óptimas e importantes, el las realiza mientras desea las conductas negativas y las anhela aunque controla su instinto disintiendo de él con su comportamiento; así cuando sus tendencias placenteras y sus características anímicas le despiertan (lo apetitivo) a alguna acción negativa, y el actúa próvidamente, resulta que se daña por este actuar próvido. En cambio el justo es aquel que se inclina por su gusto y por sus características a hacer lo óptimo, siendo esto lo que desea y anhela. 

 

Es un acuerdo entre los filósofos que el justo es más honorable y más íntegro que aquel que controla su ánimo. No obstante dijeron que aquel que controla su ánimo es como un justo en muchas conductas; aunque su nivel personal es menor que el de aquel pues todavía desea actuar negativamente, a pesar que no actúe así, ya que este deseo de lo ímprobo es una característica negativa del alma. E incluso el rey Shlomó declaró del mismo modo: "El alma del perverso desea lo malo" (Mishley 21:10)

 

Además agregó que la realización de buenas obras es una alegría para el justo, en cambio esta realización en un mortificación para el que no lo es. Así: "Actuar correctamente es una alegría para el justo, y una penuria  para los injustos" (Ibid. 21:15) Esto es lo que me pareció coincidente entre los dichos de los profetas y lo que mencionamos de los filósofos.

                   

2. La Ética de los sabios de Israel.

 

Cuando investigamos lo dicho por los sabios sobre este tema, encontramos que la persona que desee los pecados y los anhele el es más honorable y más íntegro, con respecto a aquel que no los desea ni se mortifica al dejarlos; incluso dijeron que siempre que el hombre sea más honorable y más íntegro, su anhelo de cometer pecados y el sufrimiento al dejarlos será mayor. De tal forma declaran: "Todo el que es mayor que su prójimo, su instinto también lo es"  (Babli-Sucá 52a)  Y no solamente han declarado esto, sino que aseguran que la recompensa del que controla su ánimo es mayor debido al gran esfuerzo que conlleva controlarse, así: "Según el sufrimiento, la recompensa" (Babli-Abot 5:23)

  

Además, ellos mismos han encomendado tender anímicamente a los pecados cuando advirtieron no decir que por naturaleza nosotros no deseamos realizar un cierto pecado, aunque la Torá no nos lo hubiera prohibido. Así: "Rabán Shimón Ben Gamliel declaró: ¡que no diga el hombre: no puedo comer carne con leche, no puedo vestir híbridos (SHAATNEZ), no puedo mantener esta cohabitación ilícita (ERVA)!, sino que diga: ¡puedo, sin embargo mi Padre que está en los cielos me lo prohibió!" (Torat Kohanim sección Kedoshim).