PERASHA SHELAJ LEJA:

"El Sisit y la grafología"

 

En el final de esta Perasha, la Torá nos comenta una Mizva muy importante y que lamentablemente en muchos casos se encuentra abandonada por muchos de nuestros hermanos: "Y habló el Eterno a Moshe diciendo: Habla a los hijos de Israel y di a ellos que coloquen los Sisit sobre los extremos de sus ropas por sus generaciones....y lo veréis y recordaréis todos los mandamientos del Eterno y los cumpliréis .... para que recuerden y cumplan mis preceptos y seréis santos a vuestro Di-s, Yo soy el Eterno vuestro Di-s" (Bamidbar 16). La Torá nos garantiza que por cumplir esta Mizva recordaremos todos los preceptos de Hashem. Precisamente el Midrash Tanjumá nos enseña que la palabra "Sisit" suma numéricamente 600 y si sumamos a ella los ocho hilos y los cinco nudos que el Sisit posee, llegaremos a la cuenta de 613 Mizvot que la Torá nos enseña.

 

Para comprender en parte el valor de este precepto, basta recordar que cuando los alumnos del Gaon de Vilna Z"L fueron a visitarlo en los días previos a su fallecimiento, lo encontraron llorando y sorprendidos le preguntaron: "Maestro, Ud. se ocupó de Torá y Mizvot toda su vida con esfuerzo y dedicación, su lugar celestial está destinado entre los grandes Sadikim, ¿por qué llora?". El Gaon de Vilna tomó en sus manos su Sisit y les respondió: "este mundo es tan precioso, que por unas pocas monedas se puede adquirir un Talit y colocar un Sisit y cumplir así un precepto que equivale a todas las Mizvot. En pocos días me iré de este mundo y ni siquiera con todo el dinero que existe en él, podré cumplir nuevamente con este precepto tan sagrado. Ese es el motivo de mi llanto". Luego de este mensaje, quizás sepamos valorar realmente esta Mizva.

Es tan importante el cumplimiento de este precepto, que el instinto del mal consigue que incluso aquellas personas correctas que normalmente cumplen la mayoría de los preceptos, sin embargo la Mizva del Sisit no es considerada a sus ojos. ¿Cuál es la causa? Quizás porque en algún momento escucharon que la obligación del Sisit es para aquellos que visten ropas de cuatro puntas y mientras esto no suceda no hay Mizva del Sisit. Se olvidan que la obligación del ser humano es correr detrás del cumplimiento de las Mizvot y no tratar de eludirlas. Precisamente por eso, vestimos ropas de cuatro puntas para obligarnos a usar Sisit permanentemente. "Todo el que posee un Sisit en sus ropas, el Tefilin en su brazo y Mezuzá en su puerta, no caerá en pecados fácilmente como dice el versículo: "el hilo triple no se romperá rápidamente" (Menajot 43).

 

A continuación de este concepto, el Talmud comenta lo que sucedió con una persona que cuidaba el precepto del Sisit y que en una oportunidad escuchó sobre la existencia de una mala mujer en otra ciudad. No pudo controlar su instinto, le envió cuatrocientas monedas de oro de regalo y fue a visitarla. La mujer lo atendió rápidamente y en el momento en que estaba por caer en el pecado, los Sisit golpearon sobre el rostro del hombre quien instantáneamente se apartó de ella. La mujer -que no comprendía lo que sucedía- le pidió que le explicara por qué se había apartado de ella. El hombre le dijo: "Un precepto nos dio Hashem y Sisit es su nombre. Está escrito en él dos veces la frase: "Yo soy Hashem", para enseñarnos que El castigará o premiará al ser humano de acuerdo a su comportamiento. En este momento, los Sisit se presentaron como cuatro testigos delante mío". El Talmud concluye relatando cómo la mujer estremecida por la reacción del hombre, donó una tercera parte de sus bienes al reinado para que le permitieran convertirse al judaísmo, otra tercera parte a los pobres y una tercera parte dejó en sus manos. Finalmente, Ribi Jiá la convirtió al judaísmo y se casó legalmente con ese hombre.

 

El Sisit protege de caer en el pecado. No es casualidad que el tema está desarrollado en la Torá a continuación del suceso en donde encontraron a una persona que recogía leña el día de Shabat transgrediéndolo. Ribi Jaim ben Atar explica que Hashem le dijo a Moshe: "Debes saber que quien profanó el Shabat fue porque durante la semana la señal del Tefilin le hace recordar a la persona su judaísmo, pero como en Shabat no se coloca el Tefilin, se olvida de los preceptos y trabaja como si fuese un día común. Les daré una Mizva que deban cumplir todos los días -incluso en Shabat- para que recuerden mis preceptos y no aparten su pensamiento de ellos: el Sisit".

 

El Midrash Tanjuma compara recordar los preceptos con una persona que se hundía en las aguas y el capitán de un barco le arrojó una soga y le dijo: "no la sueltes, ya que de lo contrario perderás la vida". En forma similar, Hashem le dice al pueblo de Israel: "Mientras se encuentren envueltos en Mizvot, estarán unidos a la vida, como dice el versículo: "Ustedes que están unidos a Hashem vuestro Di-s, están vivos todos hoy" (Debarim 4). Es cierto que muchos de los 613 preceptos son condicionales: no estamos obligados a cumplirlos salvo cuando se presentan las condiciones que así lo estipulan. Por ejemplo, en el caso del Sisit, si el Iehudi no posee una ropa de cuatro puntas queda exceptuado de la obligación del Sisit. Así sucede con otros preceptos como el de "enviar a la madre y tomar a los pichones" (Debarim 22), quien nunca encontró la posibilidad de cumplir la Mizva, estará exceptuado de la misma. Los ejemplos se podrían multiplicar, pero debemos entender que debemos esforzarnos y crear las condiciones para estar obligados a cumplir cualquier Mizva. En el caso del Sisit, la Torá asegura que quien cumple este precepto recibirá Kedushá (santidad) y se alejarán de él los malos pensamientos. ¿Quién puede perder esta brillante oportunidad? ¿Acaso por unas monedas que gastaremos o por tener vergüenza sobre lo que opinarán de nosotros los que nos rodean desperdiciaremos algo tan precioso? Quien desaprovecha esta Mizva demuestra frialdad en su corazón, desprecio a los preceptos y que no le importa elevarse espiritualmente purificando sus pensamientos. ¿Entendemos ahora por qué colocamos a nuestros niños desde muy pequeños Sisit en sus ropas? Imaginemos a un empleado que regresa de su trabajo y le comenta a su esposa que el dueño de la empresa decidió duplicar el sueldo de quienes decidan grabar el nombre de la empresa en sus ropas. "¿Y tú qué harás?", pregunta la esposa esperanzada en la posibilidad de aumentar sus ingresos. El marido con inocencia le responde: "el dueño dijo que no es obligatorio, sólo lo aconsejó...". No es necesario ser muy imaginativo para darse cuenta de cuál será la respuesta de la mujer frente a la necedad de su esposo. De la misma forma, aquellos que quieren de verdad a Hashem buscan los caminos para poder obligarse en los preceptos.

 

En muchas oportunidades, mencionamos los beneficios del cumplimiento de las Mizvot tanto para obtener un orden en la vida material, pulir las cualidades humanas, tener una visión correcta del sentido de la vida y elevarse espiritualmente. Pero por otra parte, existe un simbolismo en cada precepto que actúa no sólo en forma externa, sino que crea en el cerebro y en el corazón de la persona pensamientos profundos que penetran en ella, sin que a veces tome conciencia de lo que sucede pero que quedarán marcados profundamente y que surgirán en algún momento. Todos escuchamos hablar alguna vez de la grafología: por intermedio de ella todo dibujo o letra que la persona escribe, refleja un sentimiento determinado que existe en su corazón. Los profesionales de esta ciencia pueden conocer a una persona sólo observando su escritura. ¿Cómo pueden hacerlo? La explicación es que en el subconciente humano están grabadas las inclinaciones de cada persona y existe un deseo de expresarlas de la manera que sea posible. Una de esas formas es la escritura y quien conoce del tema, descubre así las características de cada individuo. Todo esto sucede sin que la persona tome conocimiento. Nadie sabe por qué escribe de una forma determinada, sino que hay una relación directa entre la escritura y las cualidades internas, sin que el entendimiento y la inteligencia tomen parte del tema. En los últimos tiempos, algunos grafólogos se preguntaron: quizás así como el subconciente se expresa por medio de la escritura, puede suceder lo inverso o sea que la escritura influya en el sentimiento y en las cualidades de la persona. Se realizó una experiencia con niños cuya escritura reflejaba problemas de conducta y se pensó en acostumbrar a esos niños a escribir de una forma determinada. Para sorpresa de todos, el comportamiento varió. De esta forma se creó la grafoterapia: la curación por medio de la escritura.

 

Con esta base podemos comprender un nuevo sentido del motivo de las Mizvot: cuando una persona cumple una Mizva, el simbolismo que ella posee despierta en el subconciente humano pensamientos, cualidades, y visiones positivas de la vida que van cambiando las características de la persona sin que ella tome conciencia de lo que sucede. Sólo después de mucho tiempo se dará cuenta del cambio que se produjo.

 

Quizás ahora podamos comprender -en parte- la riqueza de los 613 preceptos, incluso de aquellos que escapan a nuestro entendimiento, ya que el precepto influye y la persona modifica su característica elevándose en los terrenos espirituales de la vida. Esto sucede incluso con un niño, a quien el precepto lo marca y condiciona creando en él una base educativa desde su infancia. Es sabido que por intermedio de la hipnosis, se puede retrotraer a una persona a sus primeros años de vida. En ese estado, explicará con detalle temas que por su corta edad no podía comprender, pero que quedaron de todas formas grabados en su subconciente. Así podemos comprender lo que el Talmud en Shabat 156 comenta sobre Rab Najman. Los astrólogos de Babel le habían pronosticado a su madre que su hijo (Rab Najman) sería un ladrón cuando creciera debido a la influencia de los astros en el momento de su nacimiento. La madre de Rab Najman preocupada por su hijo, consultó a los Jajamim quienes le aconsejaron que siempre el niño tuviera su cabeza cubierta con una kipá y así recibiría el temor a Di-s que lo protegería. ¿Acaso un bebé comprende lo que significa cubrir su cabeza? Lo que sucede es que, como explicamos anteriormente, hay un simbolismo en la Mizva de cubrir la cabeza que permite adquirir el temor a Di-s incluso para un bebé que aún no comprende el tema. En su subconciente quedará registrado y en algún momento saldrá a la luz.

 

Es lo que sucede -volviendo a nuestro tema- con el precepto del Sisit. El Talmud en Julin 89 pregunta por qué uno de los hilos del Sisit debía ser de color celeste. La respuesta que da es que el tejelet (uno de los hilos que el Sisit anteriormente poseía) recuerda al mar, ya que proviene de la sangre de un pez que nace en el mar cada 70 años; el mar, a su vez, recuerda al firmamento y éste al Trono Celestial. ¿Acaso la persona recuerda todos estos pensamientos en el momento en que coloca el Sisit? Con seguridad que no, pero es lo menos importante porque los acontecimientos se desarrollarán de esa forma sin que ni siquiera la persona tome conciencia de ello. Hashem es el Creador del ser humano y por ende sabe cuáles son sus inclinaciones y cualidades y nos entregó la Torá con sus preceptos para nuestro bien. Sólo debemos unirnos a sus Mizvot con fe y precisión en los hechos y cumplirlas con alegría y devoción, ya que todos los éxitos están asegurados en ella.

 

Es cierto que en nuestros días no tenemos ese hilo celeste que la Torá menciona. Pero el Talmud en Menajot 43 comenta en nombre de Ribi Meir: "Es mayor la pena del hilo blanco (refiriéndose a quien no viste el Sisit en nuestros días) que la pena del celeste (cuando se colocaba el hilo tejelet). ¿Con qué se compara? Con un rey que le pidió a un sirviente que le trajera un sello de barro y a otro le solicitó un sello de oro. Ninguno de ellos trajo lo que el rey había pedido. ¿Quién merece mayor pena? Seguramente que el peor castigo recaerá sobre quien debía traer el sello de barro, ya que podía cumplir la orden del rey sin esfuerzo". El Tosafot (comentarios sobre el Talmud) aclara la comparación del sello de barro con el Sisit, diciendo que así hacían los amos con sus sirvientes para demostrar que eran sus súbditos. También el Sisit refleja quién es sirviente de Di-s y quién no lo es. Por lo tanto y para concluir este comentario, tomemos conciencia de que las Mizvot que Hashem nos dio son para nuestro beneficio, ya que el Creador de la persona sabe qué es lo que necesita para cumplir el objetivo para el que fue creado. No intentemos buscar excusas para exceptuarnos de las mismas. Por el contrario, debemos crear las condiciones necesarias para estar obligados incluso en aquellas -como el Sisit- que dependen de situaciones determinadas. Las Mizvot son para el Iehudi como el aire que respira: sin él no puede vivir. Que Boré Olam nos ilumine para cumplir como corresponde con la Mizva del Sisit que equivale a los 613 preceptos y podamos recibir de esa forma el título que la Torá nos garantiza: "Y serán sagrados para el Eterno" (Bamidbar 16). Amén.