Introducción a la percepción judía de la realidad
Adelanto del nuevo libro de Jaim D. Zukerwar:
QUIENES SOMOS?
Cuando decimos
En el cuerpo ..., en la emoción ..., en el pensamiento ...
Dónde <está> nuestro yo?
yo soy mi cuerpo?
En la misma pregunta se encuentra la respuesta, en la propia formulación se
realiza la distinción entre <yo> y
mi mismo, es quien formula y responde la pregunta, siendo el cuerpo un
instrumento a través del cual el yo se manifiesta.
Cuántas veces <ese yo> le impone al cuerpo actos en contra
de
Quién es entonces ese <yo> que puede dirigir al cuerpo? Mi
emoción, mi
tristeza, mi alegría? ... El <yo> también puede
sobreponerse a la tristeza
y transformarla en alegría. Muchas veces conseguimos despertar fuerzas
interiores para realizar determinados actos atravesando nuestras barreras
emocionales, inseguridades, etc.
Quién es entonces ese <yo> que puede dirigir a la emoción?
El pensamiento? Es acaso el pensamiento quien se piensa a sí mismo
o es
soy, que existo?
El límite de la conciencia
Cuando intentamos aprehender nuestra esencia, llegar a nuestro yo
percibimos que el pensamiento se diluye ante el interrogante de ?quién soy?
Ello sucede porque nuestro yo más interior es <parte>
de la esencia de toda
la realidad y así como el agua contenida en un recipiente al
ser devuelta
al océano se funde y unifica con el mar, así cada alma es
parte inmanente de la esencia infinita.
Si lo conociera sería El, nos transmite el Baal Shém Tov.
Conocer nuestro yo y conocer la esencia es lo mismo.
Cuando la mente intenta conocer al yo llega a un punto impenetrable en el
cual el pensamiento lo traduce como deseo de recibir. Ello se debe a que el yo más
interior sólo podrá surgir cuando la plenitud colme al deseo
de recibir
infinitamente. Mientras el deseo de recibir se encuentra separado de la
plenitud la anhela incesantemente generando pensamientos y formas mentales
en
su afán de asirla que, sin el entrenamiento espiritual adecuado, conducen a una
percepción
caótica de la realidad impidiéndole al yo el <acceso> a la
conciencia de sí mismo.
La conciencia de sí mismo
El hombre conoce comparando. No podemos conocer nada en sí mismo
sino que
aprehendemos la realidad en base al contraste y la analogía. Defino el frío
a partir de la falta de calor, etc.
El hombre no es completo en sí mismo sino que necesita de su
semejante y
del resto de los componentes de la realidad, oxígeno, alimento, bebida,
etc. para existir, concretizar sus aspiraciones y completarse.
El Kadósh Barúj Hú, máxima identidad y destino final
de toda la realidad <Es>
completo en sí mismo, ya que El <Es>
y
El mismo genera.
En hebreo hay dos formas para denominar al sí mismo, al yo:
a) aní
b) Anojí
a) aní
Es la percepción que limita la realidad a mi subjetividad.
Esta forma de percepción crea una barrera que aisla al hombre del resto de
la realidad y su verdadera esencia.
b) Anojí
Designa la percepción que me permite percibir la realidad en forma objetiva
trascendiendo los límites que me impone el aní.
La percepción de la realidad a través del Anojí me
otorga acceso al estado
en el cual el aní encuentra su resolución.
Contrariamente al hombre en quien el aní y el Anojí conducen a dos formas
de percibir la realidad,
que El
<En> el Kadósh Barúj Hú el aní
y el Anojí están unificados, siendo esta
unidad la más insondable y la finalidad de todas las realidades puesto que
La percepción, lo percibido y el que percibe
Estos aspectos que, como fue expuesto, en el Kadósh Barúj Hú se
hallan
unificados, en el hombre son las tres dimensiones que le pueden dar una
percepción objetiva. Para que ello suceda tendremos que armonizar todos los
componentes de la realidad entendiendo que cada individuo es único e
insustituible. De lo contrario nuestra imagen de la realidad será meramente
una justificación de nuestras limitaciones y debilidades.
a) La percepción
Es el instrumento mental de nuestra voluntad que nos permite
través de los diferentes niveles de conciencia.
b) Lo percibido
Son los diferentes grados de la Plenitud Infinita expandidos desde la Esencia
generadora de toda la realidad: el Kadósh Barúj Hú.
c) El que percibe
Es el deseo de recibir, el aní, al ir tomando conciencia de la
Voluntad
Superior,
el Anojí.
Al tomar conciencia y responsabilizarnos de las consecuencias que generan las
diferentes formas en que podemos expresar nuestro deseo de recibir: egoísmo o
altruismo, comienza la unificación de la percepción, lo percibido y el que
percibe,
entonces comenzamos a tomar conciencia de nuestra máxima identidad, el
Anojí, <donde todos somos> Uno: el Kadósh Barúj Hú.
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Introducción general a la sabiduría de la Kabalá
de Haim D. Zukerwar
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