Ree
La sabiduría de
"saber dar una mano"
Hay cuatro categorías de hombres en lo que respecta a la práctica de la
caridad -Tsedaká-: el que practica la caridad pero le disgusta que otros la
practiquen, él ve con malos ojos la satisfacción de sus semejantes. El que
desea que otros practiquen la caridad mas no él mismo, es un avaro. El que
la practica él mismo y desea que los otros también lo hagan, es un hombre
virtuoso. Finalmente el que no la practica e impide que otros lo hagan, es
un impío". (Pirké Avot, Tratado de Principios, 5:16).
Así concibieron los maestros de Israel las normas que habrían de regular
las relaciones interpersonales, en la sociedad hebrea. El concepto de la
Tsedaká, es decir, la implementación de la equidad y la justicia para con
el prójimo, ya sea para con el necesitado o para con el carenciado,
revestía -en cierto modo-, diversas modalidades, aunque una sola de ellas
participaba del ideal rabínico. Existían, sin embargo, tantas maneras de
dar, como individuos dispuestos a recibir...
Nuestra Torá, fuente de verdad y justicia -Emet y Tsédek- que deben
inspirar al ser humano en su cotidiano quehacer, aborda en la presente
sección el candente tema de la "Tsedaká", algo que en nuestro plano teórico
no reviste duda alguna, pero que bajado a la práctica diaria, a la "arena
de los hechos", adquiere una forma diríamos muy poco sustanciosa y hasta
crea la figura de una 5ta y hasta de una 6ta (y tal vez más...) categoría
entre los auspiciantes de tan alta norma moral -en cuanto ayuda espiritual
y material para con el otro- se refiere.
Perashat "Reé" nos presenta una probable cara de la realidad, y nos dice:
"...Cuando hubiere en medio de ti pobre de alguno de tus hermanos, en
alguna de tus ciudades...
"No endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano menesteroso;
sino que indispensablemente le abrirás tu mano, y sin falta le prestarás lo
suficiente para la necesidad que padeciere...
"Ciertamente le darás, y no debe dolerte el corazón cuando le dieres..."
(Deuteronomio 15: 7,8,10).
Hay circunstancias por cierto, que pueden golpear a las puertas del destino
de cualquiera de nosotros. No existen hipótesis para la Torá. Existen seres
humanos que están "en medio de ti", y que están atravesando por una
situación límite. El concepto "en medio de ti" me involucra -en cierto
modo- como posible causante de tal o cual situación, al entender de algunos
exégetas. Cosa que no es del todo exagerada. Yo mismo puedo ser causante de
tales situaciones. Lo primero pasa por ser sensible; para la Torá: "abrir
tu corazón", no endurecerlo. Abrir el corazón para que luego pueda abrir mi
mano, paso que será una consecuencia lógica y deseada si es que decido
ayudarlo. No alcanza con "abrir la mano" tan sólo, si es que con eso
pensábamos salir del paso. El indigente también necesita de mi corazón....
Y es allí donde la Torá, más que nunca Torat jaim, es decir, una Torá de
Vida, se detiene una y otra vez, para que a la acción buena le preceda una
mejor y sana intencionalidad. Para que a mi mano la muevan los nervios de
la bondad, para que cada uno de mis dedos se movilice al son de la
musculatura "voluntaria" de mi cuerpo; para que mi mano sea una
prolongación de mi corazón... Mi corazón, asiento bíblico de la razón más
que del sentimiento; espacio que me ayuda a discernir y a jerarquizar mi
dimensión humana, por sobre todo.
La Torá tiene una preocupación, pero no es la de cuánto le daré al
menesteroso, sino la de ¿cómo le he de dar? ¿Cómo me verá mi hermano en el
momento de recibir mi ayuda, más allá de que no la entregué personalmente?
¿Cómo se sentirá
él al verse rodeado de necesidades materiales que leimpiden llegar más allá de sus propias limitaciones? Todo esto pide nuestra
Sagrada Torá que nos propongamos frente al gran acto cotidiano de la
Tsedaká, para que sea verdaderamente Justicia...
Por eso insiste al final: "Natón titén ló..." - "Ciertamente le darás, y no
debe dolerte el corazón cuando le dieres..." ¿Qué quiere decir esto de que
"no haya dolor en mi corazón" por haber dado algo mío para ayudar?
Nuestros maestros -de venerada memoria- conocían al "ser interior" que se
alberga en cada ser humano, y opinaron a este respecto diciendo: La
naturaleza que caracteriza a los seres humanos es que sus corazones se
"enternecen" y sus manos se abren en amplitud para dar "Tsedaká" a los
carenciados, en los momentos que le sobrevienen a ellos mismos o a sus
allegados situaciones angustiosas y dolorosas, ya sea de orden económico o
bien alguna suerte de dolencia o enfermedad. Es, al entender de los Sabios,
en ese preciso instante, cuando recordamos todo, como está escrito en el
Libro de Proverbios (Mishlé
, 10:12): "...empero la Tsedaká -caridad,justicia- nos libra de la muerte", y suelen correr presurosos a cumplir con
esta noble cualidad, enumerada entre las Mitsvot de mayor valía.
Es por eso que nuestra perashá enfatiza: "Natón titén" - "Darás,
ciertamente habrás de dar": hay que dar en todo momento y en todos los
tiempos; "y no deberá dolerte el corazón cuando le dieres", es decir, no
aguardes para ofrecer Tsedaká hasta que te encuentres -D-s nos libre- en
situaciones de apremio... Dar es ofren-dar. Dar parte de mí. De mi propio
ser. Con alegría. Sin presión alguna. Porque sé que hay quien me
necesita...
Veamos finalmente una sabia reflexión de Rabí David Shemuel Pardo (sabio
judío de los Balcanes, radicado en Jerusalém, 1718 - 1790): "...Hemos
observado un mal enfermizo entre los dadores de tsedaká, y es, que en el
momento de tener que abrir sus manos y sus bolsillos generosamente, ellos
suspiran y se lamentan a los oídos de los pobres sobre su difícil
situación, y sobre todo tipo de problemas, fracasos y quebrantos que les
acontecen: 'Los negocios no prosperan', y de '
¡cómo la pobreza se haexpandido por el mundo!'; situaciones todas que tornan prácticamente
imposible la práctica activa de la tsedaká (= caridad = justicia) (!?). A
raíz de que existen seres humanos como éstos, es que nos previene y nos
advierte la Torá -dice el Rabí David Pardo-: '...y no deberá dolerte el
corazón cuando le dieres', sino 'Ciertamente le darás, con integridad de
corazón y con gesto amable' ".
Mucho se ha escrito y más se ha dicho al respecto. Pero frente a tan oscura
realidad, el Talmud establece: "...Cuando un pobre va a visitar a un rico y
le dice: '
¡Ayúdame!'; si se le responde favorablemente, bien; si no, estáescrito: 'Pobre y rico se encontraron, a todos los hace D-s' (Mishlé
22:2).
Él, que Hace a uno pobre y a otro rico, puede trocar los papeles ylas situaciones" (Talmud Bablí, Tratado de Temurá
16 A).Y digamos finalmente que no sólo hay que saber dar. También hay que conocer
cómo hacerlo. Así lo enseñaron nuestros maestros: "...Porque D-s traerá
toda obra a juicio, sobre todo la cosa oculta, buena o mala" (Kohelet
12:14). Decía Rabí Ianai que esto se refiere al que da Tsedaká en público.
Rabí Ianai vio a un hombre que ayudaba a un pobre delante de muchas
personas. Le dijo: "Mejor hubiera sido que no le dieras nada, y no
avergonzarlo así, públicamente"... (Talmud Bablí, Tratado de Jaguigá
5 A).Está por comenzar el Mes de Elul. Es el tiempo de saber dar -primero- para
luego pedir al Creador por la vida, por los hijos, por el sustento. E'L'U'L
es "Aní Ledodí Vedodí Lí" - "Yo soy para mi amado y mi amado es para mí".
Que no quede en las palabras. Demos una mano.