| PERASHA REE: "La
piedad verdadera" Una de las bases de la Torá es el favor y la piedad que debe
regir entre todos los seres humanos. Muchos de los preceptos que debemos
cumplir, tienen como fundamento este concepto esencial para quien se digne
en llamarse persona. Sin embargo, uno de los temas que esta Perasha trata
se refiere a castigar en una forma aparentemente cruel a quienes
cometieron uno de los peores pecados que pueda existir: la idolatría. La
Torá nos ordena: "Si escucharas en una de tus ciudades... salieron
hombres viles en medio de ti y alejaron a los moradores de esa ciudad
diciendo: iremos y serviremos a otros dioses que no conocéis... mataréis
a los moradores de esa ciudad a filo de espada, destruyendo a ella y a
todo lo que está en ella... y todo su botín juntarás en el medio de su
plaza y lo quemarás en el fuego junto a la ciudad y será un montículo
eternamente; no será jamás reconstruida" (Debarim 14). Debemos
comprender que si la Torá determinó este castigo para los transgresores,
es debido a la necesidad de exterminar el mal que exista en el pueblo. Una
regla fundamental debe ser tenida en cuenta: todos los sentimientos que
pueda poseer un ser humano tienen un lugar y un momento apropiado para ser
aplicados. Quizás sea por eso que el término que utilizan nuestros
Sabios para calificar a las cualidades humanas es el de "Midot",
cuyo significado estricto es "medida", ya que todas las
cualidades son positivas. Sólo depende de saber utilizarlas en el
momento preciso y con la medida adecuada. Es lo que sucede también con el tema de la piedad y la crueldad. Hasta
el día en que Hashem extermine la maldad del mundo, no debemos olvidarnos
que existe y que debemos enfrentarla con la mayor crueldad posible. Actuar
con piedad en ese caso es incorrecto. Un ejemplo claro al respecto es lo
que sucedió con el rey Shaul. Los Jajamim nos aclaran su grandeza, a tal
punto de compararlo con un niño de un año que aún no probó el
"sabor" del pecado. De
todas formas, su reinado no prosperó y fue reemplazado por el rey David. ¿Cuál
fue la causa? En el momento en que Hashem le había ordenado exterminar al
pueblo de Amalek, Shaul actuó con piedad dejando vivir a los animales y
tomando prisionero a Agag, rey de Amalek. Su intención había sido
correcta, pero una voz celestial proclamó sobre él: "No seas tan
Sadik" (Kohelet 7), ya que quien actúa con piedad cuando debía ser
cruel, terminará siendo cruel en el lugar que debía ser piadoso. El
propio Shaul terminó asesinando a los habitantes de la ciudad de Nob como
se relata en el libro de Shemuel. El rey David heredó el reinado de su
antecesor y tomó la enseñanza adecuada. Fue piadoso y actuó con
misericordia, pero enfrentó a los perversos y guerreó con otros pueblos
cuando fue necesario y con el consentimiento del Sanhedrin. Ese equilibrio
perfecto fue el que determinó que Hashem lo eligiera rey de Israel.
El Midrash comenta que en el momento en que David pastoreaba el ganado de
su padre, encerraba a las ovejas mayores para que no pastorearan hasta que
las recién nacidas comieran el pasto débil. Sólo después las liberaba
para que pudieran comer. Es posible que esas ovejas pensaran en algún
instante que David se comportaba en forma cruel con ellas, pero Hashem sabía
que esa "crueldad" era en realidad una demostración de la
piedad que David tenía en su corazón para que las pequeñas crías
pudieran alimentarse. ¿Qué opinaríamos de alguien que sin diferenciar los casos siempre
actuara con piedad? En ese caso debería oponerse a que existan cárceles
o castigos y multas a quienes transgredan las leyes. Tendría piedad de
los animales a tal punto que se opondría a que se hicieran pruebas con
ellos para obtener medicinas que podrían salvar muchas vidas humanas. ¡Que
Di-s nos salve de este tipo de piedad! La piedad sin límite
transforma a la persona en cruel y lo convierte en un ser que perjudicará
a la sociedad y a su propia familia. ¿Qué sucedería si un padre no
corrigiera a su hijo que se aparta de la buena senda? ¿Se puede
considerar piadosa a una madre que no pone a sus hijos los límites que la
Torá determina? La verdadera piedad consistirá en encaminarlos hacia el
servicio de Di-s con buenas palabras y el propio ejemplo a pesar de que en
las apariencias parezca ser cruel. No solamente con los hijos se debe
comportar de esta manera, sino con uno mismo apiadándose del alma que
Di-s insufló dentro de nosotros para obtener así el deleite eterno del
mundo venidero. Complacer los deseos materiales prohibidos por la Torá
será actuar con crueldad dañando el alma y restándole la posibilidad de
disfrutar de ese bienestar. A pesar de que la Torá determina en algunos casos actuar con piedad y en
otros con crueldad, hay una diferencia fundamental que debe ser tenida en
cuenta. Cuando alguien, por ejemplo, realiza un favor o da una Sedaká,
aunque su intención no haya sido tan pura sino que haya estado originada
en un interés personal de sobresalir para que todos lo conozcan como una
persona bondadosa, de todas maneras cumplió con una Mizva aunque no haya
sido de la forma ideal. En cambio, en los casos en los que se debe actuar
con crueldad, la raíz de ese proceder debe ser un sentimiento puro
completamente sin ningún tipo de interés personal. De lo contrario,
deberá rendir cuentas con Hashem por su actitud. Su intención debe ser
pura y "Leshem Shamaim". Es por eso que el rey David en los versículos
del Tehilim 139 comenta: "He aquí Hashem que odio a los que te odian
y peleo contra los que se alzan contra Ti. Los aborrezco con el mayor de
los odios, los considero enemigos míos". Para comprobar que su noble
corazón sólo buscaba la honra de Hashem, David continúa:
"investiga Di-s y conoce mi corazón, pruébame y averigua mi
pensamiento. Mira si hay en mí algún mal camino y condúceme por el
camino eterno". Es claro que no puede depender del entendimiento humano determinar cuándo
actuar con piedad y cuándo con crueldad.
Para satisfacer las ambiciones y deseos personales, el instinto del mal
encontrará muchas respuestas para justificar hechos cuya raíz verdadera
será una mala cualidad, pero que estará disfrazada con la idea de
"honrar a Di-s". Sólo los grandes Sabios de cada
generación que no poseen ideas o intereses propios, sino que todo su
razonamiento emana de las fuentes puras de la Torá saben determinar cuándo
y cómo actuar. Debemos escuchar sus consejos. En Bamidbar 25 la
Torá relata cómo Pinjas "tomó una lanza en su mano". Rashi
comenta que al ver cómo un príncipe de Israel tomaba a una princesa
gentil a los ojos de todo el pueblo, recordó la jurisprudencia y le dijo
a Moshe Rabenu: "aprendí de ti que quien toma a una aramita, los
celosos de Hashem lo matan". En ese momento, Moshe le dijo: "que
el portador de la carta sea también el que la ejecute". Los Sabios
preguntan: si Pinjas había recordado la Halajá, ¿para qué le preguntó
a Moshe cómo debía actuar? La respuesta es que para determinado tipo de
situaciones, aunque alguien tenga la seguridad de cómo debe actuar, debe
consultar previamente con su Rab. De todas maneras y retomando el tema de la ciudad idólatra, después que
la Torá detalla el castigo a sus habitantes concluye diciendo: "para
que retorne el Eterno de su cólera y te otorgue piedad y se apiade de ti
y te multiplique como juró a tus padres"(Debarim 13). El sentido de
este versículo es explicado por el Or Hajaim Hakadosh Z"L:
"luego que Hashem ordenó destruir la ciudad e incluso a sus
animales, este acto provocará crueldad en el corazón de la persona...
por eso Hashem les asignó que El -fuente de la piedad- anulará la
crueldad que pudiera nacer en ese instante". El concepto final es
"y se apiadará de ti, ya que cuando la persona se comporta
cruelmente, también Hashem será cruel con él, ya que Hashem sólo se
apiada del piadoso". Nos acercamos al día de Rosh Hashaná en donde Hashem juzga a cada ser
humano y determina todo lo que sucederá con él durante el próximo año.
Una de las claves que nuestros Sabios nos enseñan para tener éxito en
el juicio es precisamente la piedad. El Talmud en Rosh Hashaná 17
comenta: "quien deja pasar su cualidad (no es vengativo ni rencoroso)
le dejan pasar sus pecados", o sea que el juicio no será estricto
con él, a pesar de que quizás los pecados quizás no le sean perdonados.
El Talmud continúa narrando que Rab Huná enfermó y fue Rab Papá a
visitarlo. Al verlo tan grave, le dijo a los familiares que prepararan lo
necesario para el entierro. Finalmente Rab Huná se recuperó y al
encontrarse con Rab Papá le comentó: "Es cierto, la muerte estaba
decretada para mí, pero al llegar al cielo escuché como Hashem decía a
sus ángeles: "Déjenlo, no lo investiguen porque no es
rencoroso". Deducimos de este suceso, que incluso en el caso en el
que la muerte estaba decretada y el enfermo yacía moribundo, la virtud de
no responder agresivamente a quienes lo perjudicaban, le permitió a Rab
Huná seguir viviendo. Más aún, será uno de los consejos por excelencia para quien desee
salir airoso del juicio de Rosh Hashaná. El Talmud en Babá Mesiá 85
comenta un suceso que ocurrió con el sabio que ordenó las Mishnaiot:
Ribi Iehuda Hanasí, conocido también con el nombre de Ribi o
"Rabenu Hakadosh" que significa "nuestro sabio
sagrado", ya que en él se encontraban virtudes y cualidades que lo
elevarón por sobre los Sabios de su época. "Desde que murió Ribi
se anuló la humildad", es una frase del Talmud que revela sólo una
pequeña parte de toda su grandeza. Sin embargo, cuando un pequeño
becerro era perseguido por un matarife y se refugió debajo de la ropa de
Ribi, éste le dijo: "Ve, para esto naciste". En ese momento, en
el cielo se decretaron sufrimientos para Ribi por no haber tenido piedad
del becerro. Toda su Torá no fue suficiente para protegerlo, ya que se
trata de algo natural: quien no se comporta con piedad, no se apiadan de
él desde el Shamaim. Después de muchos años de sufrimientos, la mujer
que hacía la limpieza en la casa de Ribi estaba barriendo a unas pequeñas
comadrejas y Ribi le dijo: "Déjalos, está escrito: la piedad sobre
todas Sus criaturas". En ese momento, se levantó el castigo que
posaba sobre él. El secreto maravilloso de Rosh Hashaná: ser piadoso con el prójimo,
aunque pensemos que quizás no corresponda esa actitud.
Si así actuamos, Hashem tendrá misericordia sobre nosotros aunque no la
merezcamos. En una oportunidad, Ribi Jaim Zonenfeld Z"L dictaminó
sobre un juicio entre marido y mujer. La familia de la mujer se sintió
perjudicada y muchos de esos familiares fueron a la casa del Rab y
comenzaron a gritar faltando su respeto. Era la semana previa a Rosh
Hashaná y la señora del Rab al escucharlos comenzó a llorar en forma
desconsolada. El Rab permaneció en silencio pero cuando las ofensas
aumentaron se levantó repentinamente y les dijo con tono fuerte: "¡Escuchen
lo que les diré!". En ese momento se produjo un silencio total. El
Rab continuó: "si ustedes tienen razón en vuestra queja, porque mi
Bet Din y yo nos equivocamos en el juicio, han entregado vuestro juicio al
cielo y que el Todopoderoso me perdone, ya que el juez determina en base a
lo que sus ojos ven. ¡Pero!, -alzó en ese momento aún más su voz-, si
la verdad está de nuestro lado y el juicio que realizamos fue correcto,
entonces, entonces...!". Quienes habían ofendido al Rab se pusieron
pálidos al escucharlo, esperando una respuesta terrible ya que sabían
que estaban jugando con fuego al faltar su honra. El Rab continuó: "¡entonces!...,
les hago saber que a pesar de que la verdad está de mi lado, los
perdono completamente por el sufrimiento que provocaron a mi familia y a
mi persona. Los bendigo para que Hashem los inscriba en el libro de la
vida y la paz!". Avergonzados, los hombres se retiraron. Un vecino
que había escuchado lo sucedido, le preguntó al Rab: "entiendo que
usted los haya perdonado en su corazón, porque así proceden los Sadikim
que no guardan rencor ni siquiera a quienes los hicieron enfurecer, pero
¿por qué se los dijo claramente? ¿No hubiese sido mejor que la
conciencia les golpeara hasta que se arrepintieran de su proceder y
pidieran perdón?". El Rab le respondió: "pensé que se acercan
los días de Rosh Hashaná y cada persona debe hacer un análisis de sus
actitudes. Con seguridad, ellos recordarán lo sucedido y pensarán en
pedirme perdón y hacer Teshuba. Pero el instinto del mal les dirá:
"¿cómo se van a humillar delante del Rab? ¡No vayan!". Les
hará ver que ellos tienen razón y es probable que Hashem los castigue en
el día del juicio. Por eso los perdoné públicamente. Así les será más
sencillo arrepentirse de las ofensas y enseguida serán perdonados por
Di-s". Así sucedió finalmente. El jefe de ese grupo se encontró
con el Rab en la víspera de Kipur y le pidió perdón. El Rab aceptó la
disculpa y conversaron sobre distintos temas. En la conversación, el Rab
le preguntó si había comprado el Etrog (fruto cítrico con el que se
bendice en la fiesta de Sucot) y el hombre le respondió diciendo que había
conseguido un Etrog de la mejor calidad que existía por el que había
pagado una suma de dinero muy importante. El Rab le dijo: "para
cumplir una Mizva, debe estar dispuesta la persona a pagar hasta la quinta
parte de sus bienes. Pero para no transgredir una prohibición, debe estar
dispuesta a perder todo su dinero". El Rab le recordó a esa persona
que cuando la Torá menciona en Shemot 22: "al juez no debes
maldecirlo", se refiere a que el veredicto debe ser aceptado por más
que no se comprenda el sentido del mismo. Así como los actos crueles destruyen el alma de quienes así se
comportan, los actos de favor y piedad reviven el alma acercándola a su
Creador. El Rambam comenta sobre la frase de Pirke Abot 3: "todo
depende de la mayoría de los actos", que la grandeza del ser humano
no se alcanza por un gran acto que haya realizado, sino por la reiteración
de los mismos aunque no posean un gran nivel. El ejemplo que Maimónides
da es que si una persona por ejemplo piensa donar mil monedas, es
preferible que entregue de a una moneda por vez antes que hacerlo en un sólo
momento. De esta forma, adquirirá realmente un corazón puro debido a la
constancia y la continuidad de sus buenas obras. La formación de la
personalidad de cada ser humano depende de sí mismo, de sus actos y del
pensamiento que posea al realizarlos. Si son correctos y se repiten
continuamente, purificará su alma nivelando sus cualidades al equilibrio
adecuado que Di-s pensó al crearlo.
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