Rav Shlomo Aviner
La
fe, la razón y la restauración de las virtudes
Como hemos señalado en nuestro comentario de la semana pasada, existe una respuesta racional a toda pregunta, pero sólo hasta cierto límite.
No obstante, también en las pruebas racionales existe una elección libre, tal como escribió Maimónides en “Shmoná Prakim” (Cap.II):
“Si una persona lo desea, puede conocer la verdad, pero ese mismo deseo puede llevarlo a equivocarse. Sin embargo, no puede decir: ‘Me he equivocado sin intención y no ha sido más que un descuido involuntario’. No es así, a través de un error en el estudio se puede ser acusado de un pecado intencional (Avot, 4:16)”. Después de todo, la persona es consciente de que es posible equivocarse. Por lo tanto, antes de determinar en un tema tan importante como la existencia de D’s, debe estudiar y aconsejarse con personas más sabias que él.
El individuo posee libre albedrío en la decisión de utilizar o no su inteligencia, de tomar en cuenta lo que le dice su razón o ignorarlo.
Nosotros, como alumnos de Abraham Abinu, no nos nutrimos de pruebas racionales. Nuestro punto de partida en nuestro acercamiento a D’s no es el mundo empírico sino nuestra fe interna en lo profundo de nuestro espíritu (ver Igrot Hareaiá, pág. 45).
Como hemos dicho anteriormente, el individuo tiene libre albedrío. Él es quien decide si tener fe o renegarla. Si bien es cierto que la fe se encuentra escondida en lo profundo de su alma, es él quien decide si adherirse a esa fe con todo su corazón y su espíritu o traicionarla.
Debemos comprender que la fe en D’s no es simplemente un proceso racional, sino que también tiene repercusiones prácticas. Aferrarse a D’s significa adherirse a Sus virtudes. Maimónides comenta al final de “La guía de los descarriados” el versículo: “Así dice el Señor: ‘No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el poderoso en su poder, ni se gloríe el rico en su riqueza; mas el que se gloría, gloríese en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que yo soy el Señor que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas Me complazco’ dice el Señor” (Irmiyahu, 9:22-23) - diciendo que debemos expresar el conocimiento de D’s a través de actos de misericordia, juicio y justicia.
Las cualidades negativas constituyen una barrera para la fe, así como lo son las confusiones de la imaginación y la ociosidad de la razón. A veces, la tontería de una persona puede llevarla a desarrollar una fe falsa y monstruosa debido a las barreras que él le ha adherido. A medida que la fe se libera de esas barreras, la mente humana pura se acercará cada vez más a ella.
La fe ciega es la fe de un individuo que ignora a su intelecto. De ese modo, se engaña a sí mismo. Por el contrario, cada persona debe analizar intelectualmente las cuestiones de la fe, cada cual de acuerdo a sus capacidades. Pero, como hemos dicho anteriormente, en realidad, ¡la mente es ciega comparada con la fe! Porque la fe constituye una sabiduría mucho más profunda e iluminada que la razón. Existen también sentidos que se encuentran por debajo de la razón, pero que en cierta medida ofrecen más claridad que la razón, como por ejemplo, el sentido de la vista. Una persona que se encuentra en la oscuridad del polo norte puede necesitar pruebas de que el sol existe; en cambio, quien ve al sol con sus propios ojos al mediodía de un día de verano, indudablemente no necesitará prueba alguna. No es ciego.
La fe es una forma de visión mucho más clara que la visión racional. El intelecto racional no es más que un pequeño alumno de la fe.
Abraham Abinu era un gran pensador, pero por encima de todo, poseía una fe pura, es decir, una fe completa e íntegra.