Rav Shlomo Aviner - Los Rabinos y el partidismo político

Pregunta: Nuestro maestro, el Rav Abraham Itzjak Kook escribe que correspondería que el Rabinato se elevase por encima de todos los partidos: “La división en facciones y partidos ha llevado a una disminución del honor del Rabinato. La lucha entre los distintos partidos debe permanecer alejada del corazón de los rabinos y ellos deben mirar todo en forma positiva” (Maamarei Hareaiá, 52). ¿Acaso estas palabras son aplicables a nuestra época, cuando temas tales como la integridad de la tierra  y la relación entre la religión y el estado se encuentran en el centro de la discusión, y una gran comunidad espera escuchar a los rabinos - para saber a qué partido o personalidad votar? ¿Cómo pueden los rabinos elevarse por encima de todos los partidos políticos y al mismo tiempo identificarse, instruir y votar por cierto partido o personalidad?

Respuesta: Un rabino debe trascender la política. El Rav Kook escribió: “No soy un político y no puedo ser calificado en asuntos que implican opiniones diferentes. Veo sólo lo bueno que hay en cada fenómeno, con amor y admiración” (Jazón Hagueulá, 333).

¡Ojalá que no hubiesen diferentes partidos, sino que el pueblo judío estuviera unido como un solo hombre con un solo corazón….! Pero la realidad es que los diversos partidos expresan las distintas fuerzas que actúan en el fuero de la nación. Por lo tanto, un rabino debe tratarlos con respeto y aprecio, y no debe limitarse ni subyugarse a cierto partido.

Al mismo tiempo, él debe expresar su opinión acerca de las cuestiones que afectan a todo el pueblo judío. Debe ver lo bueno en cada partido y debe anunciar, de acuerdo a la situación de la nación, dónde siente que se encuentra la mayor parte del bien. Asimismo, es posible que declare que para muchos asuntos de la nación hay ya redentores, pero en ciertas cuestiones específicas no los hay aún y que por lo tanto debemos asistir a cierto partido político dedicado a ese asunto, a pesar de que existan otros partidos más importantes. No obstante, esta actitud específica no anula la relación favorable que debe mostrar hacia cada uno de los partidos. Como escribió el Rav Kook: “No encuentro mi espíritu apropiado para asociarme a algún partido político. Simpatizo con todos los partidos por igual. Con todo mi corazón, quiero apoyar a todo lo bueno que hay en ellos y extraer lo malo, sin ningún favoritismo” (Igrot 2:15).

Esta dicotomía es posible porque el Rabino no se dedica a la política como actividad pública, sino que se expresa como líder de la nación. Efectivamente, ambos aspectos existen en la política: 1) la filosofía política y la conducción de la nación; 2) la actividad pública diaria. El activista político se asemeja a un comerciante que busca por todos los medios posibles comercializar su mercadería al precio más alto. Aún así, también él debe ser recto y honrado. Si el político no estuviera conectado con personas de espíritu, podría caer profundamente en el fango de los juegos electorales, tener una visión limitada de un burócrata, que no contribuiría en nada a las cuestiones de interés general.

Sin embargo, el contacto del rabino con los políticos debe ser como el de un pedagogo de la nación, un educador de todos. Debe identificar cuál es el ideal superior, conocer bien la realidad actual e indicar un camino que les permita elevarse lentamente. Forma parte del pueblo judío, y como tal, debe expresar su opinión que dada la situación de la nación, conviene fortalecer a cierto partido en beneficio de toda la sociedad. Sin embargo, no debe transformarse por esto en miembro del partido ni depender del mismo. Por el contrario, el partido es quien debe estar obligado hacia él, en favor del bien de la nación, y él tiene la libertad de expresar su opinión en conformidad con su sabiduría. Esto es similar a un corazón que da vida a todos los órganos según sus necesidades.

¡Cuán afortunados somos de haber merecido nuestro propio estado! Debemos agradecer por esto a D’s día y noche. Si nuestra boca estuviera llena de canto como el mar, no nos alcanzaría para agradecer a D’s. ¡Cuán afortunados somos de poder ver con nuestros propios ojos cómo D’s está restaurando su Divina Presencia en Sión. Renacemos tanto en el sentido espiritual como nacional. La existencia misma del estado constituye la santificación del nombre de D’s, a pesar de tener muchos aspectos lamentables de profanación del nombre divino que requieren ser rectificados. Sin duda serán rectificados, pero debemos ser pacientes.

Multipliquemos nuestra fe y el amor a Israel, observemos a lo que ocurre en nuestro interior con una mirada de fe. Entonces veremos, ante nuestros propios ojjos, el cumplimiento de la profecía: “porque el Señor irá ante vosotros, y el D’s de Israel será vuestra retaguardia” (Isaías, 52:12).