Rav
Shlomo Aviner - La profecía en nuestros días
Pregunta:
¿existen hoy en día profetas que saben predecir?
Respuesta:
Existen ciertas personas que deambulan entre nosotros, anunciando que en cierta
fecha estallará una guerra, etc. Nuestros sabios nos enseñan que “con la
destrucción del Primer Templo, la profecía les fue quitada a los profetas”
(Baba Batra, 12a). Malaji, el último de los profetas, concluye su profecía
diciendo: “Y él volverá el corazón
de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres; no
sea que Yo venga y hiera a la tierra con maldición” (Malaji,
3:23). Entonces, la profecía volverá. La profecía no está únicamente
basada en la elevación espiritual del individuo, sino que depende también de
la situación general del pueblo judío. Baruj
Ben Neria, el alumno del profeta Irmiayahu, tenía una sed ardiente del
Todopoderoso y de la profecía, pero no se transformó en profeta. D’s le
explicó: “¿Y por ventura tú buscas
cosas grandes para ti mismo? ¡No las busques!” (Irmiayahu,
45:5). Es decir, ahora es un
período de destrucción y todo sigue la dirección opuesta. Tu personalmente
eres apropiado para ser profeta, pero el pueblo no merece.
Existen
muchos ejemplos de esto: “Una voz del cielo se hizo escuchar y dijo: ‘hay
alguien aquí que merece tener la inspiración de la Divina Presencia, pero la
generación no merece”. Así se dijo acerca de Hillel Hazakén y de Shmuel
Hakatán.
Moshé
mismo, el señor de todos los profetas, perdió su profecía treinta y ocho años
después del “pecado de los espías” (“Jet Hameraglim”) y fue castigado
por la generación. La inspiración
de la profecía no depende únicamente del mundo personal del individuo, sino
también de la situación general de la generación. Esto es similar a una pirámide
humana: quien se encuentra en la cima depende de quienes lo
sostienen debajo.
La
profecía retornará en el futuro por venir - como dijo el Rabeinu Saadia Gaón
en su libro Emunot Vedeot (“Creencias
y opiniones”), y así como dijo el Rambam en Igueret
Teimán (“La epístola del Yemen”) - con la reunión de las diásporas,
el retorno a Sión y el renacimiento del pueblo judío en su tierra. Actualmente
no tenemos profetas y la situación del pueblo judío no lo permite. Además de
todo, existen requisitos personales. No cualquiera puede ser profeta. El Rambam
en Moré Nebujim (la “Guía de los
perplejos”) menciona la concepción popular según la cual cualquier persona
puede transformarse en profeta de un día al otro. No es así. Es necesario
mucha preparación, como en todo. Para ser piloto no alcanza con entrar en el
avión - es necesario hacer un curso de aviador. Se requiere primero una formación
apropiada. Para ser profesor de física, hay que saber también matemáticas.
Para
la profecía, es necesario preparación en el área de la Torá, la santidad y
el temor a D’s. Es necesario santificarse y elevarse con un enorme esfuerzo,
en el curso de muchos años. El Rambam escribe en la “Guía de los
perplejos” (Moré Nebujim) que pensar que una persona común puede
transformarse en profeta es como pensar que un sapo puede serlo. Podríamos
preguntar: ¿Acaso D’s no habló a personas simples tales como Hagar o Labán,
que no eran justos ni sagrados? Sin embargo, nuestros sabios, al igual que el
Rambán (en Baba Batra, 12a), explican que eso ocurrió en forma excepcional.
Excepcionalmente, D’s se reveló ante Bilam, incluso ante el asno de Bilam;
pero comúnmente, D’s se revela sólo ante “sabios, ricos, valientes y
humildes”. El Rambam explica “¿quién es rico [ashir]?”, quien está
feliz con lo que tiene. “¿quién es valiente [guibor]?” quien conquista sus
impulsos (Hiljot Iesodei Hatorá -
Leyes
de los fundamentos de la Torá, Cap. 7).
Es necesario grandes preparaciones. Si una persona simple dice que es un profeta
- u otros dicen acerca de él - seguramente no es cierto.
Alguien
podría decir: la prueba es que alguien, que no es una persona de gran santidad,
predijo algo que realmente ocurrió. Por ejemplo, dijo que un bebé se curaría
contra las predicciones médicas. O
si advirtió de no viajar en coche y finalmente hubo un accidente. Esta es una
buena pregunta que fue también planteada por el Rambam. Puesto que vemos
diariamente a personas que predicen el futuro, brujos, astrólogos y otros que
poseen fuerzas especiales. Sin embargo, el profeta predice con precisión y
ellos lo hacen en forma imprecisa. Dirán que habrá un terremoto mañana y
sucede pasado. Un profeta, en cambio, siempre lo hace con exactitud. Todos estos
poseedores de fuerzas místicas tienen cierta intuición, pero es vaga (Hiljot
Iesod Hatorá, 10:3). Ninguno de ellos es profeta.
Existen
también sueños premonitorios que a veces son verdaderos. No sabemos cómo
funcionan, pero no transforman al soñador en profeta.
Existen también sueños vanos, que predicen falsamente. Pero también en
el sueño verdadero hay una “mezcla de cizaña dentro del trigo”, para citar
a Rashí acerca del sueño de Yosef. Con el profeta, no hay cizaña.
Existen
sueños que son inútiles. Sucedió a un judío de Volodzyn quien soñó un
invierno que estaba viajando en una carroza sobre un río congelado. De repente,
el hielo se rompió, la carroza cayó dentro del agua y murió. Se despertó con
un terrible temor. Fue a ver al ilustre Rabí Jaim de Volodzyn y le relató su
sueño. Rabí Jaim le dijo: el sueño es falso y puedes viajar. La noche
siguiente, sin embargo, volvió a soñar lo mismo y nuevamente fue a lo del Rabí.
Rabí Jaim le dijo que el sueño no tenía valor con un movimiento de la mano.
Finalmente, el mercader viajó sobre el río congelado, el hielo se rompió, cayó
su carroza y murió. La familia del mercader fue furiosa a ver a Rabí Jaim; él
les respondió: sucede lamentablemente que el hielo se rompe. El hielo no posee
una capa uniforme. Lo que ocurrió no tiene nada que ver con el sueño. Aún más,
si alguien viene a verme hoy con el mismo sueño, le diré: “¡puedes
viajar!”. Esta es una historia extraordinaria de coraje y valentía.
Los
sueños predicen falsamente, y si no son falsos, están al menos mezclados con
falsedad. Hay personas con ciertos poderes, pero no se trata de profecía. ¿Por
qué no? En primer lugar, porque la
profecía cesó con la destrucción del Primer Templo; y segundo, el profeta
debe ser una persona sagrada y pura, llena de sabiduría divina.
Si
es así, ¿cómo podemos conocer el futuro? La respuesta es que no podemos
hacerlo. Entonces, ¿cómo podemos saber lo qué hacer? Podemos preguntar a
eruditos, Talmidei Jajamim, alumnos de Moshé Rabeinu. Por ese motivo nos fue
entregada la Torá.
Y
si estamos preocupados - la plegaria, el arrepentimiento y la caridad (Tfilá,
Tshuvá, Tzdaká), anularán el mal decreto.