Rav Shlomo Aviner

¿Post-sionismo?

 

Algunos sostienen que nuestra época es “post-sionista”, que nos encontramos después del sionismo - que la gente ya no está interesada en el estado judío.

Esto no es cierto. Es simplemente “lashón hará”, hablar mal por que sí del pueblo judío. Evidentemente hay gente que es “post-sionista” y que no ve la gran luz y el gran desafío. Que D’s les tenga misericordia y nosotros también y les ayudemos. Pero ellos no representan al pueblo judío que se encuentra en Tzión. Son marginales, se encuentran en los medios de comunicación, en el gobierno, en todas partes pero no representan a todo el pueblo.

El pueblo de Israel no es “post-sionista”. ¡El pueblo de Israel es feliz de estar en la tierra de Israel! Está feliz de tener un estado. Tiene críticas el estado y al mismo tiempo se siente dichoso de tener un estado. Esto es similar a una pareja que tienen conflictos normales entre personas que se quieren pero se sienten felices de estar casados y no solos porque “``” (Bereshit, 2:18). Lo mismo se aplica a un judío solo, sin su estado.

El pueblo que se encuentra en Tzión está contento de estar en Tzión. Está contento de tener un estado, está contento de lo que tiene y ve ante sí numerosos desafíos. Evidentemente, este estado no es perfecto, queda mucho por hacer en el ámbito político, económico, organizativo, militar, educativo y espiritual. Hay que traer a muchos más olim [inmigrantes] y fortalecer a nuestra tierra. Gracias a D’s, el pueblo que se encuentra en Tzión no es “post-sionista”. Es cierto que ciertas personas son así, son individuos sin desafíos. ¿Cómo es posible que existan personas sin desafíos en nuestro mundo de hoy? Podemos quizás suponer que esas personas simplemente están cansadas. Sin embargo, como dice el versículo: “Pero los que esperan en el Eterno, adquirirán nuevas fuerzas” (Yshayahu, 40:31).

Debemos comprender que la televisión no siempre representa fielmente a la situación de la nación. El propietario de un comercio suele poner en la vidriera su mejor mercadería y en el interior la menos buena. Hace todo para atraer a compradores. Pero en la vidriera de la pantalla chica, la mejor mercadería no se presenta.  Muchas veces, la mercadería ofrecida es muy mala y podemos comprender el por qué: hay que mostrar cosas especiales, excepcionales que despierten conmoción e interés. Para lograrlo, difunden a veces desperdicios.

Pero se equivocan al hacerlo. Si se quiere despertar interés, se puede mostrar cosas grandes, hermosas. No hay que mostrar a personas “post-sionistas”, sino a muchas personas que son “super-sionistas”. Nuestro maestro, el Rav Kook escribió que la prensa tiene que encontrarse a un nivel más alto que el público y evidentemente no debe estar situada por debajo del nivel del público, ofrecer el común denominador más bajo. Si bien no debe estar diez niveles más para que no pase por encima de las cabezas de los alumnos sin que puedan percibirla. La prensa debe elevar al público con un poco más de idealismo, justicia, fe y amor al prójimo.  Este es el rol de los medios de comunicación, pero lamentablemente no siempre lo cumplen. Muchos de los periodistas son capaces, pero a veces les falta responsabilidad moral, nacional y educativa.

No os dejéis engañar por la forma que los medios de comunicación nos presentan, no es lo que somos en la realidad. Si se quiere saber realmente si el pueblo es o no “post-sionista” hay que hablar. Hablar con conocidos, vecinos, compañeros de trabajo. Entonces, descubrirán algo muy interesante.

Un comandante del ejército le dijo a su chofer: “Adelante, ¡tenemos que llegar!” Respondió el chofer: “no tenemos que hacer nada; ¿qué vale este ejército?, ¿qué vale este país?” El comandante sorprendido le dijo: “¿cómo hablas?” Respondió: “yo te hablo como las cosas son…”

Al otro día, en el Líbano tenían que cruzar un valle bajo bombardeos. El chofer gritó: “Por la patria, por la vida y muerte”, y viajó rápidamente en su jeep entre las ráfagas de fuego. Le dijo el comandante: “Pero dijiste que este país no vale y este ejército tampoco”. “Sí, respondió el chofer, eso era ayer. Ahora es en la realidad….”

Efectivamente, el hombre es puesto a prueba en el momento de la verdad. No permitan que las palabras confundan, porque nuestra generación es mala por fuera pero buena por dentro (Rav Kook, Igueret Takaná).