Rav Shlomo Aviner

La posición de la mujer

 

Pregunta:  Las mujeres no participaron en el pecado de los “Meraglim” (exploradores) y los Rabinos dicen que gracias a las mujeres justas hemos sido redimidos y lo seremos en el futuro. Es decir, que la mujer tiene, por sus propios derechos. gran virtud. Entonces, ¿por qué motivo su posición es vista como inferior a la del hombre?

Respuesta: Nuestros sabios (Jazal) nos contaron: “Una vez, el sabio Ula fue a visitar a Rabí Najman, el jefe de la gran Yeshivá de Nahardea. Comió con él, bendijo Birkat Hamazón y le dio el vaso de la bendición a Rabí Najman. Rabí Najman le dijo: “Entréguele el vaso de la bendición a mi esposa Yalta”. Le dijo Ula: “No es necesario puesto que Rabí Yojanán dijo: ‘el fruto del vientre de la mujer es bendecido a través del fruto del vientre de su esposo’. Por lo tanto, cuando el marido es bendecido, ella es automáticamente también lo es”. Escuchó esto Yalta, se levantó furiosa, fue a la bodega y rompió 400 barriles de vino. Rabí Najman le dijo a Ula: “¡Enviéle otro vaso de vino!” Ula le envió un mensaje a Yalta: “Todo el barril (del cual proviene el vaso de vino) es bendito. Por lo tanto, no es necesario beber precisamente del vaso de la bendición. Sino que puede beber del vino del barril”. Yalta le respondió: “¡De quienes deambulan entre los pueblos [refiriéndose a Ula] surgen palabras, y de trapos surgen piojos!”” (Brajot, 51).

El Rav Kook interpreta en su libro Ein Ayá que la mujer trae bendición a su hogar cuando está unida a su marido. Yalta era una mujer inteligente y grandiosa, la hija del Rosh Hagolá, una especie de princesa. A pesar de todo, Ula consideraba que incluso una mujer extraordinaria debía nutrirse de la influencia de su marido y que la mujer no es bendecida sino de la fuente del hombre. “¿Cuál es una mujer estimable?, la que hace la voluntad de su marido”.

Pero Yalta, que como hemos dicha era princesa aún en el hogar de su padre, no estaba de acuerdo con Ula. Sino creía que la mujer puede seguir su propio sendero, sin estar subordinada a su esposo. Por lo tanto, Ula debía haber enviado un vaso de bendición para expresar su gratitud por su parte en la construcción del hogar y de la familia. Por lo tanto, Yalta, justificada en su enojo, subió a la bodega y rompió cuatrocientos barriles de vino. Al hacerlo, expresó la idea que una mujer excepcional no está subordinada a su marido, sino que ocupa un rol independiente en la administración de su vida y de su hogar. Sin duda, una mujer puede traer su bendición al mundo y esto sucede precisamente cuando está subordinada a su marido, pero no podemos comparar un hombre con otro o a una mujer con otra. Tampoco se puede negar la posibilidad que una mujer excepcional sea líder por su propio derecho.

Ula no aceptó esta concepción. Él sostenía que una mujer, con todos sus talentos, no puede ser vista en forma independiente sino siempre relacionada a su marido. Por lo tanto, se negó a enviarle un vaso de bendición. Yalta, por consiguiente, lo castigó severamente diciendo “¡De quienes deambulan entre los pueblos [refiriéndose a Ula] surgen palabras!”. Usted, Ula, no tiene una vida familiar permanente. Más bien, su posición es la de quien recorre las ciudades enseñando y estudiando la Torá. Por lo tanto, no comprende de este tema. ¿Cómo se atreve entonces a expresarse al respecto? Es precisamente la mujer quien está más calificada para llevar la familia, para liberarse de todas las imperfecciones y alentarla con pureza y santidad. La mujer es la base del hogar.

Entonces ella agregó “¡de trapos surgen piojos!”. Quienes deambulan no siempre están atentos a la estética y a la belleza. Obviamente, un sentido de belleza no es lo principal en la vida, pero al dejar de lado la limpieza, puede provocar disgusto y pesar. Una mujer, resuelta a conservar el orden, la belleza y la limpieza, al observar los caminos de su hogar, crea un ambiente agradable y permite que florezca un hogar de sabiduría, ética y temor a D’s.

En las cuestiones prácticas y espirituales de la familia, una mujer excepcional sin duda no está subordinada a su marido, sino administra estos asuntos por sus propios derechos.

El Rav Kook concluye: “Debido a que estos asuntos tienen tales obvias ramificaciones, la escena entre Ula y Yalta ha sido registrada en la escritura divina del sagrado Talmud”.