Rav
Shlomo Aviner
Los
placeres permitidos y el culto a D’s
Pregunta:
Estimado Rav: en una de las publicaciones semanales sobre la Parashat Hashavua
de Majón Meir he leído su comentario según el cual el individuo no está
obligado a dedicarse a servir a D’s durante todo el día, sino que tendría, a
priori, el permiso para dedicarse a los placeres aceptados por la Torá, tales
como escuchar música y comer alimentos sabrosos. Me sorprendió este comentario
puesto que estoy acostumbrado a pensar que no hay que perder el tiempo y que
cada instante cuenta para el servicio divino; y que todos los placeres pueden
servir sólo como instrumentos para cumplir el deber.
Pensé acerca de la base de esta concepción e
inmediatamente recordé un artículo de nuestros sabios en la Mishná: “Y
todos tus actos serán en nombre del cielo”. Mesilat
Yesharim (en el Cap.I) señala que
la principal meta del individuo en este mundo es cumplir las mitzvot, servir a
D’s y hacer frente a pruebas. Los placeres de este mundo no deben ser más que
para ayudarle. Estas ideas son conocidas y aparecen en la literatura moral y
filosófica, así como lo indica “Jovot
Halevavot” (los deberes de los corazones) en Shaar Hashjiná, Cap. 3:
el sabio elige del materialismo del mundo sólo lo que necesita. El Sefer
Hajinuj, en la Mitzvá 418 (acerca
del amor a D’s), escribió reflexiones penetrantes acerca de quienes actúan
en asuntos materiales no en nombre de D’s sino sólo para el placer.
Realmente, la lógica indica que esto debe ser así. Después de todo, este
mundo no es más que la antesala del banquete, y en cada momento que alguien se
dedica a servir a D’s en esta tierra, adquiere una recompensa eterna; y en
cada instante que deja de lado este servicio, pierde esa recompensa.
Respuesta:
Todas las fuentes que ha citado indudablemente constituyen la verdad. Pero no
debe necesariamente interpretarse como mitzvá y obligación que cada instante
de la vida del hombre esté dedicado a servir a D’s, sino como un nivel
superior al cual se debe aspirar. Si bien han habido quienes lo han interpretado
como Ud., como he dicho, no necesariamente, se puede interpretar de otra forma.
Si hubiera sido una obligación, Maimónides y el Shulján Haruj habrían
precisado claramente que el hombre tiene prohibido dedicar parte de su tiempo a
placeres permitidos. Pero no lo hemos encontrado. Esto significa que es una
buena virtud a la que se debe aspirar y bienaventurado quien lo hace, será
sagrado. Pero no es posible obligar a una persona por la fuerza de un precepto,
sino únicamente motivarlo y entusiasmarlo. Pero si desea dedicar parte de su
tiempo a placeres permitidos en lugar de estudiar la Torá o servir a D’s, no
está cometiendo un pecado. El Rambam escribe: “El rey tiene prohibido beber
alcohol hasta embriagarse, como está escrito: “…a
los reyes no les conviene beber vino” (Mishlé,
31:4). Más bien, debe dedicarse a la Torá y a las necesidades del pueblo
judío de día y de noche, como esta escrito: “esta Torá permanecerá con él, para que lea en ella todos los días de
su vida, a fin de que aprenda a temer al Eterno, su D’s, para guardar todas
las palabras de esta ley y de estos estatutos, para ponerlos por obra” (Dvarim,
17:19). Asimismo, no debe estar cubierto en mujeres, mismo si sólo tiene
una, no debe convivir siempre con ella, como está escrito: “no
des tu vigor a las mujeres, ni tus caminos a lo que destruye a los reyes”
(Mishlé, 31:3). La Torá advierte que
su corazón no se aleje “para que no se
aparte de Mi su corazón” (Dvarim,
17:17). El corazón del rey es el corazón de toda la congregación de
Israel. Por lo tanto, la Torá establece que debe cumplir más que el resto del
pueblo, como se afirma: “todos los días de su vida” (Hiljot Melajim, 3:5-6).
Constituye una mitzvá especial para el rey
que se dedique día y noche a la Torá y a las necesidades de Israel. Esto
significa que otra persona tiene permitido beber vino y estar con su esposa, a
pesar de que esto implica dejar de lado la Torá. No obstante, todo aquel que se
adhiere a la Torá será considerado un santo (‘kadosh’) (ver Even Haezel,
Ibid).
El Rambam escribió también que todo
individuo tiene la obligación de determinar tiempos fijos para el estudio de la
Torá (Hiljot Talmud Torá, 1:8).
“Quien desea cumplir esta mitzvá como corresponde y ser coronado con la
corona de la Torá, no se distraerá en otras cosas. No pensará en adquirir la
Torá y al mismo tiempo el bienestar y el honor. ‘Este es el camino de la Torá:
comerás pan con sal…’(Avot, 6:4)”
(Hiljot Talmud Torá, 3:6). Agrega:
“Quien desea merecer la corona de la Torá, deberá cuidar sus noches y no
perder ni siquiera una en dormir, comer o beber. Sino que deberá dedicarse al
estudio de la Torá y la sabiduría” (Ibid,
3:13). Esto no es una práctica de una persona común, afortunado es quien
la merece.
El motivo es que la Torá no carga sobre el
hombre lo que se encuentra más allá de sus capacidades; sino que le ordena
hacer cosas que cada cual es capaz de cumplir. Además, la Torá lo motiva a
ascender nivel tras nivel hacia la santidad, pero no le obliga, tal como lo
explica el Rabí Simja de Devinsk (Or Sameaj, al comienzo de Hiljot
Talmud Torá). El Rambam escribió que la Torá, por un lado, motiva a
ascender hacia la santidad, cada vez más alto a D’s, y por otro, no crea una
carga demasiado pesada en la existencia física. Más bien, la Torá sigue la
naturaleza humana (Moré Nebujim, 3:34).
Esta es la Torá viviente, la que no anula los
placeres de la vida. Este es el camino medio que no fuerza a la persona a hacer
un voto de abstinencia de los placeres permitidos de este mundo (Rambam,
Hiljot Deot, Cap.3 y Shemoná Prakim, Cap.4).
Existe un nivel más alto de abstinencia de
los placeres de este mundo y una dedicación completa a D’s. Si bien en el capítulo
1 de Mesilat Yesharim está escrito
que los placeres de este mundo son un instrumento para servir a D’s, la meta
final es únicamente servir a D’s. Pero cuando nos indica el camino que hay
que seguir para llegar a ese nivel, debemos seguirlo lentamente hasta llegar a
ese nivel espiritual.
En cambio, los niveles de “prishut”
(abstinencia) y “jasidut”
(santidad), son rasgos únicamente de individuos especiales. Ese nivel es, según
el Rambam, alcanzado por personas que se encuentran cercanas al nivel de los
profetas y no es el de la mayoría de las personas. No obstante, cada uno debe
aspirar a ese nivel en la medida de sus posibilidades.
El autor de “Jovot Halevavot” considera que no existe un camino medio entre la
mitzvá y el pecado. Para él, todo lo que es esencial para la vida de la
persona es una mitzvá y todo lo que puede ser clasificado como un lujo es un
pecado. Raavad, en cambio en su libro “Baalei
Hanefesh” (en Shaar Hakdushá)
presenta una concepción diferente: enseña que en el medio hay algo que debe
ser llamado “reshut”, lo
permitido, algo que no es ni mitzvá ni pecado pero es permitido.
El Sefer Hajinuj, por su parte, si bien
presenta el ideal supremo del servicio a D’s, lo presenta como algo
“deseable” mas no obligatorio. En cuanto a su afirmación que es lo que
dicta la lógica es indudablemente cierto. Pero no todos poseen la fuerza de espíritu
y D’s no busca confrontarse con sus creaturas. Es decir, no les hace pruebas
que no podrán pasar. No se espera de nadie que salte al nivel espiritual más
alto de una vez, sino que cada cual deberá hacerlo de acuerdo a sus fuerzas (Mesilat
Yesharim, Cap.14). Afortunado es quien logra dedicar cada instante a D’s y
ama al Todopoderoso. El libro de Shir Hashirim (el Cantar de los Cantares) es
una parábola de ese amor, tal como lo señala el Rambam al final de Hiljot
Tshuvá. En el futuro alcanzaremos ese nivel. El mundo estará lleno del
conocimiento de D’s, así como el agua que cubre el mar (Rambam, Hiljot
Melajim).
Que merezcamos todos aumentar nuestra pureza y
santidad, nuestro estudio y cumplimiento de la Torá, nuestras buenas virtudes,
el amor y el temor a D’s. Que nuestro corazón pueda estar completamente
dedicado a servir a D’s.