Rav Shlomo Aviner

“El pequeño vendrá a ser mil”-

Hace muchos años, los alumnos del “Gaón de Vilna” preguntaron a su maestro: ‘¿Qué podemos hacer para traer la redención al pueblo judío? Obviamente, D’s puede traer la redención por los medios que Él desee, incluso a través de milagros y no necesita de nuestro consejo. Aún así, ¿qué esfuerzo debemos nosotros hacer para aportar nuestro granito de arena? El Gaón de Vilna meditó extensamente y luego dijo: “Hay que traer a Eretz Israel a 600.000 judíos. Esta cifra determinará” (“Kol HaTor”, 1:15; 6:1.“Doresh Letzión”, nueva edición, página 216).

Efectivamente esta cifra, 600.000, nos es conocida. Salimos de Egipto con 600.000 almas y llegamos a Eretz Israel también con 600.000. Nuestros sabios enseñaron que también en el futuro habrían 600.000 en Eretz Israel. Cuando alguien ve 600.000 judíos, pronuncia una bendición especial: “Bendito sea el Conocedor de los Misterios” (Brajot 58a). Nuestros sabios dijeron que una población no debe ser menos de 600.000 - esta cantidad conforma una nación.

El Rav Kook en su Sidur comenta la bendición del “Conocedor de los Misterios”, explicando que cuando 600.000 judíos vivan en Eretz Israel, llegará el fin de los tiempos (1:388). En efecto, durante la Guerra de Independencia, había casi 600.000 judíos en Eretz Israel. Pero en tiempos del Gaón de Vilna, esto parecía completamente irreal e imposible. Entonces era posible traer a seiscientos judíos a Eretz Israel, no a 600.000. Mismo traer a seiscientos, como en el caso de los alumnos del Gaón, significaba una enorme abnegación.

El Rabí respondió que la respuesta es “el secreto 999”. Es decir, si hacemos un esfuerzo para dar uno, D’s lo completará para alcanzar a mil, conforme al versículo: “el pequeño vendrá a ser mil” (Ishayahu, 60:22) Esta es una cooperación. Nosotros no hacemos todo; D’s es quien hace, pero nosotros debemos comenzar, ofrecer nuestra pequeña contribución.  Es similar a un billete de lotería que se compra por un shekel pero que trae un premio de mil shekels. Si nadie compra, no habrá ganador. Gracias a D’s, hemos ganado la “lotería”, hemos merecido el retorno a Sión y la reconstrucción de la Tierra, el establecimiento del Estado, un ejército judío y la restitución de la Torá a Eretz Israel.

Nada de esto ha sido gratuito, sino que fue necesario el sacrificio de muchos judíos, religiosos y seculares; ultraortodoxos y sionistas, nuevos inmigrantes y antiguos residentes, luchadores y constructores. No fue gratuito mas hemos recibido a cambio mucho más de lo invertido. Fue un milagro, un “milagro de milagros”. La pequeña vasija de aceite ardió durante tanto tiempo. Obviamente, D’s podía hacer que la llama ardiera sin aceite, pero el decreto de la sabiduría divina es que los milagros estén respaldados por nuestro propio trabajo. Como escribió el Tur Hazahav (Rabí David Kimji), la bendición de D’s necesitaba un objeto en el cual apoyarse (Oraj Jaim 670). En su exégesis se basó en el comentario del Zohar acerca de la mujer que gritó al profeta Elisha que no tenía lo qué comer. Elisha le preguntó a ella qué tenía en la casa; y le respondió “una vasija de aceite” (Melajim Bet, 4:2). Comenzó a verter el aceite y ese poco de aceite se transformó en mucho.

Como hemos dicho, D’s puede crear todo de la nada, pero es Su voluntad que constantes milagros estén asociados con cierto entorno natural, entonces: “el pequeño vendrá a ser mil”.

Esto ha sucedido en el curso de los últimos cien años. Nos hemos sacrificado y D’s nos ha hecho milagros. Existe un vínculo, una correlación entre el milagro y la abnegación. Como dijeron nuestros sabios, D’s trajo la lluvia gracias al sacrificio, en ese caso  económico (Brajot 20a). Lo mismo sucedió en la “Kriat Yam Suf” (la división del Mar Rojo). Esta tuvo lugar gracias a la entrega reflejada en el hecho que el pueblo de Israel ya había entrado en el mar. Cuando una persona trasciende su propia naturaleza y se sacrifica, D’s modifica las leyes de la naturaleza. Esta ha sido la asociación extraordinaria entre nosotros y D’s desde el comienzo del retorno a Sión. Por nuestra parte, debemos hacer todas las acciones posibles para que D’s traiga una gran salvación, más allá de nuestras previsiones.

Si el Gaón de Vilna viviese entre nosotros y le preguntásemos: “Maestro enséñenos: ¿cuál es la solución a todos nuestros problemas, nuestro aislamiento internacional, los árabes de adentro y fuera del país, etc., etc.?” Respondería: “No tengo un plan preciso a largo plazo, con resultados específicos para cada uno de los años. Pero permítanme decirles lo siguiente: Comiencen a andar y de ese modo las cosas se resolverán. Si no comienzan, evidentemente nada se resolverá”.

Esta idea del “Lej Lejá” (de Bereshit, 12:1), salir, avanzar, la aprendemos de Abraham. Esta fue la primer prueba que debió enfrentar, cuando D’s le dijo salir hacia “la Tierra que te mostraré”, sin saber exactamente hacia dónde debía dirigirse. En efecto, ésta fue una prueba dentro de una prueba (Doresh Letzion, página 258).

Si invertimos un poco, D’s invertirá mucho. Esta es una promesa general de D’s y no un convenio comercial; si fuese así, se trataría de negocios y no de abnegación. No siempre ocurre un milagro; no siempre concluye con éxito. Todo sucede en cierto momento. El “secreto 999” no es un negocio, sino un cálculo general. A veces, los esfuerzos se ven coronados con el éxito; otras, con el fracaso. Así es el mundo; mas con todo, siempre progresamos.

Quien observa el gran proceso histórico de estos tiempos, día a día, hora a hora, puede confundirse y hasta enloquecer: un momento de luz - un momento de oscuridad. Las noticias de las cuatro nos colman de alegría, las de las cinco - de tristeza. Es necesario mantener cierta perspectiva y proporción. Debemos considerar los hechos en el contexto más amplio: en relación a un año, a diez o cien años. Cuando observamos el todo, vemos el “secreto 999”, el “pequeño transformado en mil”. Mismo si nuestras bocas estuvieran colmadas de plegaria como el mar, no alcanzaría para agradecerle a D’s.

Lamentablemente, hay quienes confunden entre fe y superficialidad. Piensan que el 5 de Iyar de 1948 se resolvieron todos los problemas del Estado de Israel, de la noche a la mañana, como por milagro. Por lo tanto, ante cualquier dificultad se decepcionan y se dejan arrastrar de desilusión en desilusión. Pero nadie prometió que en el camino de la redención no habrían complicaciones y que las rosas no tendrían espinas. Este es el camino del mundo y todo tiene su precio. Si has comprado algo caro, no llores por el dinero. ¿Cuándo has de llorar? Si te han robado. Durante la Shoá, seis millones de nuestros hermanos judíos fueron asesinados cruelmente; ésta es una verdadera razón para llorar. A partir del momento en que la redención ha comenzado, sabemos que tiene un precio; pero a cambio recibimos algo que vale mil veces más. ¡Milagro de milagros! ¡Es increíble! Nuestra propia tierra, nuestro propio estado, nuestro propio ejército, nuestra propia libertad. La Torá vuelve a nuestra tierra y la redención total está en camino.

Tengamos fortaleza y buen ánimo, ¡Jazak Vehematz!