Rav Shlomo Aviner
¿Ha
de devorar la espada para siempre?
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Pregunta: “¿Ha de devorar la espada para siempre?” (Shmuel Bet, 2:26). Estamos cansados del conflicto interminable en nuestra región. Estamos cansados de morir y de matar, como está escrito sobre Yaacov Avinu: “Yaacov, pues, temió mucho, y angustióse” (Bereshit, 32:8). Y Rashí explica, citando a nuestros sabios: “temió” - por si lo matarían. “y angustióse” por si mataría él a todos. También nuestra situación actual de “guerra - no guerra” nos desgasta.
Siempre hemos relacionado nuestra redención con el versículo: “Y Él juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y ellos romperán sus espadas, para hacer de ellas azadones, y sus lanzas trocarán en podaderas: no alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más guerra” (Ishayahu, 2:4). Actualmente estamos cansados. ¿De dónde sacaremos la fuerza?
Respuesta: La fuerza se saca del espíritu, puesto que el espíritu no se cansa. “… El D’s eterno es el Señor, el Creador de los confines de la tierra; no desfallece ni se cansa: ¡insondable es su entendimiento! Él da al cansado fuerza y al débil, le aumenta el vigor. Aun los mancebos desfallecerán y se cansarán, y los guerreros escogidos caerán por completo. Pero los que esperan en el Eterno adquirirán nuevas fuerzas; se remontarán con alas, como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no desfallecerán” (Ishayahu, 40:28-31). En la época de Yshayahu debimos pasar por tiempos difíciles.
Sufrimos entonces una terrible guerra con Asiria, de la que salimos sólo por milagro. No sólo eso sino que teníamos entonces la esperanza que Hizkiahu, el Rey de Yehudá, fuese el Mashiaj y nuestra expectativa se vio frustrada (Sanhedrin, 94a).
Es posible comprender por qué nuestro espíritu ha caído; pero, a pesar de todo, hay que fortalecerse. Los problemas que no se resolverán hoy se solucionarán en el futuro. Es necesario paciencia y fe. En Purim recitamos Shoshanat Yaacov que dice: “Has siempre sido la salvación de Israel, su esperanza en toda generación….”.
Del espíritu se saca la fuerza porque nuestra guerra es una guerra de supervivencia, una guerra de justicia. A nuestros alrededores, la hostilidad de los pueblos es como un mar tormentoso: “¿Por qué se alborotan las naciones?” (Tehilim, 2:1). Actualmente, además del antisemitismo, existe el odio al estado de Israel. Pero no nos preocupemos: “Maldito es Haman, quien intentó destruirnos” (Shoshanat Yaacov). Lo que le sucedió finalmente a Haman le ocurrirá a quienes siguen su camino.
La guerra no es un ideal para nosotros, pero es un obligación no natural que nos ha sido impuesta. Sin embargo, a veces, no existe alternativa y ésta es una de las vías para construir una nación. La guerra va contra nuestra naturaleza. Amamos la delicadeza y no la violencia, mas cuando el Eterno crea una necesidad, entonces vestimos “las ropas de Esav” por el tiempo necesario y luchamos con toda la fuerza. Pero también entonces, nuestra naturaleza suave permanece intacta. El Rav Kook comentó el versículo “Y aun cuando ande por el valle tenebroso, no temeré mal alguno…” (Tehilim, 23:4). Incluso cuando tenga que hacer la guerra, no debo temer que mi carácter sea violento (Orot, Hamiljama 2).
El soldado israelí es una persona delicada, también el oficial israelí. Nuestro interés es construir, mas cuando D’s nos obliga a tomar la espada, lo hacemos con entrega. “Asimismo los que edificaban el muro, y los que llevaban cargas, y los que les cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y con la otra tenían asida un arma” (Nejemia, 4:11). No es nada fácil sino que nos cuesta mucho. Mas al igual que la fuerza proviene del espíritu, ésta a su vez influye e intensifica el espíritu. Puesto que nos encontramos ante una guerra de justicia, honradez y verdad, y ella misma nos hace profundizar qué somos y qué es nuestra vida, cuál es nuestro renacimiento y nuestra tierra, nuestro estado y nuestra Torá.
Ésta es una guerra contra la guerra. Nuestra espada anula otras espadas. Nuestros profetas nos anuncian que quienes ciñen espadas serán quienes las desmantelarán. Para traer la paz para nosotros y para el mundo, no alcanza con hermosos discursos morales. No influyen para nada en los malvados y los asesinos. Quienes ciñen las espadas comprenderán sólo el idioma de las espadas. Nuestros sagrados sabios determinaron que está prohibido vender armas a naciones que pueden llegar a utilizarlas para el mal (Avodá Zará, 15b. Rambam, Avodá Zará, 9:8). Pero entregar miles de armas a personas que no sólo son sospechosos de asesinato sino que hace ya cien años nos matan - es un crimen moral sin igual en la historia de la humanidad. Sin duda, los responsables deben ser juzgados ante la nación, frente a una comisión de investigación oficial. También de los errores habremos de aprender.
Durante la guerra de Yom Kipur, los alumnos del Rav Tzvi Yehuda Kook le plantearon sus dudas y su frustración. Escuchó atentamente y les respondió con dos palabras: “Anu Mitkadmim” - progresamos. A pesar de las dificultades, marchamos hacia adelante.
También en nuestros días, progresamos y seguiremos progresando.