Rav Shlomo Aviner - Las palabras medidas

Pregunta: ¿Es cierto que el hombre posee cierta cantidad de palabras que empleará a lo largo de su vida, y una vez terminadas concluye también su vida?

Respuesta: Este tema no es mencionado en la Guemará, empero aparece en varios libros escritos por los grandes sabios de la Jasidut.

Rabí Elimelej de Dinov, por ejemplo, escribe: “Tenemos una tradición de nuestros grandes sabios, basada en el versículo: “Mi espíritu había salido cuando él me habló” (Shir Hashirim, 5:6); es decir, el hombre tiene una medida de cuánto hablará durante toda su vida. Si habla demasiado para otro objetivo que no sea la mitzvá, reduce la vitalidad del mundo y se cumplen las palabras del versículo. Cuanto más si, D’s nos libre, pronuncia palabras prohibidas como el lashón hará (la maledicencia), el chisme, etc.” (Derej Pekudea, 38:34).

Encontramos conceptos similares en el Libro Darjei Tzedek: “No se debe hablar demasiado, porque las palabras durante la vida del hombre están determinadas por el cielo. ¿Por qué motivo limitar la vida con palabras que no son de mitzvá y no son necesarias? como dijo Shlomo Hamelej en el Cantar de los Cantares: “El espíritu había salido cuando él me habló”. D’s dijo: el espíritu que he entregado al hombre se escapó, su tiempo ha terminado.

La conclusión es que el hombre debe aspirar a ser : “el único responsable de todo lo que sale de sus labios” (Orot Hakodesh, 3: 276). No se debe hablar porque sí, y por supuesto  que no denigrar ni mentir.

Incluso los comentarios que no mencionan este principio de “palabras presupuestadas” para toda la vida, reconocerán que el hombre debe llenar su vida de contenido y no dedicarse a habladurías, cuanto menos a palabras prohibidas. Hay que dedicar todas las energías del espíritu a cosas buenas, a servir a D’s y a la caridad.

Si bien existen palabras de bien hacia al prójimo que parecen inútiles, están en realidad destinadas a fortalecerlo y motivarlo.

El hombre debe ser responsable de todo lo que dice y debe llenar su vida de contenido. Hay quienes dicen que los pasos del hombre están contados de antemano, según el versículo de Job: “…D’s cuenta todos mis pasos” (Job, 31:4). Cada mañana se bendice a D’s: “quien prepara los pasos del hombre”, es decir, ha sido determinado por el cielo cuántos pasos dará el hombre. Debemos, por lo tanto, preocuparnos que todos nuestros pasos sean positivo y honrosos, dedicados a la Torá.

En general, debemos cuidarnos en las palabras que pronunciamos. La palabra es algo muy valioso y debemos cuidarnos de no malgastarlas en tonterías. Nuestros “pasos” también son preciosos al igual que toda fuerza humana por estar en el espíritu, en la sombra divina del hombre. No debemos derrocharlos sino emplearlos únicamente para el beneficio, para cosas positivas y para el servicio a D’s.

 

Rav Yaacov Halevy Filber

Oro puro por dentro y por fuera
 ¿Cómo hizo Betzalel el Arón (el arca)? El Talmud Yerushalmi (Shekalim, 6:1) enseña: “Hizo tres cajas, dos de oro y una de madera. Colocó una de oro dentro de una de madera y la de madera dentro de la de oro, cubriendo la madera con oro”.

El arca simboliza la Torá y de sus características aprendemos las cualidades del Talmid Jajám (el erudito en la Torá). El sabio Rava concluyó de la cobertura en oro del arca que: “Todo Talmid Jajam cuyo interior no es como el exterior, no es un Talmid Jajám” (Yomá, 72b). Esto requiere una explicación. Si alguien es un Talmid Jajám, significa que ha estudiado la Torá escrita, la Mishná y el Talmud y conoce toda la Torá. Dijeron nuestros sabios: “Creé [D’s] el impulso del mal y creé la Torá como condimento”. Si es así, ¿cómo es posible que haya un Talmid Jajam cuyo interior no equivalga al exterior?

En respuesta a esta pregunta, Shlomó Hamelej, el más Sabio de todos, dijo: “¿A qué el dinero en mano del insensato? ¿Para comprar la sabiduría? ¡Si no tiene entendimiento!” (Mishlé, 17:16). Rabí Yojanán explicó estas palabras: “Congoja al Talmid Jajam que se dedica a la Torá y no teme a D’s”(Midrash Hagadol). Si alguien trabaja para adquirir el conocimiento de la Torá sin al mismo tiempo mejorar su mundo interior, no es seguro que se transforme en un verdadero Talmid Jajám. Cuando falta el corazón, no sólo que no es sabio sino que es un tonto.

Rabeinu Bejaie expresó una visión similar en Jovot Halevavot [Obligaciones de los corazones]. Allí llega a la conclusión que quien estudia Torá, no puede conformarse con estudiar las “obligaciones del cuerpo”, es decir, la práctica de las Mitzvot externas; sino que debe dedicarse también a las “obligaciones de los corazones”: de este modo, lo interno y externo será similar, también en el culto a D’s. Lo ideal es que “los pensamientos, la palabra y la acción coincidan, de modo que se corroboren en lugar de contradecirse”.

Una persona en la cual el interior y exterior coinciden, refleja las palabras del versículo: “Perfecto serás para con el Eterno, tu D’s” (Dvarim, 18:13).  En

 cuanto a la persona que no sigue ese camino, Jovot Halevavot  dice: “Su fe en D’s es incompleta”. Como está escrito: “Mas Le suplicaban con su boca, y con su lengua le mentían. Pues su corazón no era recto con Él, ni eran fieles en Su pacto” (Tehilim, 78:36-37).

Por lo tanto, al servir a D’s, no debemos limitarnos a la realización externa de acciones mecánicas, mismo si representan la orden de D’s. Más bien, esas acciones deben ser sinceras, de corazón. La necesidad de un enfoque como éste aparece también en la construcción del Tabernáculo. La Torá afirma que el corazón debe participar en el proyecto de construcción, comenzando con la campaña de recaudación de ofrendas. Éstas deben provenir de un corazón generoso: “de todo varón que lo diere de corazón, tomaréis mi ofrenda” (Shemot, 25:2); “…todos generosos de corazón trajeron …” (Ibid, 35:22); “Los hijos de Israel trajeron ofrendas al Eterno, todo varón y toda mujer, cuyo corazón los impulsó a traer para toda obra que ordenó el Eterno a Moshé”(Ibid, 35:29).

Pero incluso después de reunir las ofrendas de corazones generosos, el Tabernáculo debía ser construido por más que artesanos. “Y tú hablarás a todos los sabios de corazón… y ellos harán los vestidos de Aarón” (Shemot, 28:3); “en el corazón de todo sabio de corazón he puesto capacidad…” (31:6); “Toda mujer hábil de corazón, con sus manos hilaba” (35:25); “D’s los llenó de habilidad de corazón, para hacer toda obra de artesano, y de artista…ejecutores de todo trabajo y obra de arte” (35:35). Esto se debe a una necesidad mencionada en el Zohar (Shemot, 162b): “D’s desea el corazón”.