Rav
Shlomo Aviner
Ovnis,
extraterrestres y tecnología
Pregunta: ¿Acaso existen seres inteligentes en otros planetas?
Respuesta: En su epístola a los sabios de Montpellier, el Rambam (Maimónides) escribió que existen tres fuentes posibles para analizar un tema: la profecía, una demostración racional y una prueba empírica. Acerca de este tema, tanto en la Torá como en la profecía no aparece nada escrito ni en un sentido ni en otro. Esto no sorprende puesto que la Torá no es un libro científico, sino un libro que nos guía acerca de lo bueno y lo malo. Para adquirir un conocimiento de la realidad, poseemos un intelecto científico, el que también es un don divino. Incluso fue establecida una bendición que se pronuncia al ver a un hombre de ciencia.
No tenemos nada contra la posibilidad de otros mundos, tal como lo menciona también Rabí Jasdai Karshkash al final de su libro “Or Hashem” [“La Luz de D’s”]; pero no poseemos una opinión definitiva sobre el tema. La teoría de la investigación científica tampoco ofrece pruebas determinantes. Por lo tanto, nos queda la prueba empírica.
¡Qué sorprendente es el hecho que desde hace ya más de cincuenta años se habla de Ovnis y extraterrestres y cientos de miles de personas testimoniaron haberlos visto! Mas, a pesar de todo, esas declaraciones no tienen valor científico alguno. ¿Por qué? Porque en ningún museo del mundo ha sido colocado un Ovni o parte del mismo que permita el examen de un investigador. Una de las características del sistema científico es que no es posible basarse en las declaraciones de un investigador sino que todo experimento debe ofrecer la posibilidad de ser comprobado. Es decir, cualquier investigador en el mundo puede repetir la experiencia, pudiendo aceptar o refutar las hipótesis anteriores.
Se establecieron varias comisiones para investigar los distintos testimonios de las personas que dijeron ver extraterrestres y los fenómenos fueron explicados de una forma diferente: diciendo que se trataba de aeroplanos, misiles, un globo meteorológico, cometas, aviones o helicópteros vistos a través de la niebla, dispositivos militares secretos, fenómenos astronómicos, una luna en la niebla, la estrella del norte, nubes bajas, un automóvil a la distancia, picos cubiertos por las nubes, etc.
La ciencia es crítica: no acepta algo sin demostración, pero tampoco refuta nada por completo. Este tema se investiga desde hace ya cincuenta años y no tenemos aún demostración alguna.
A pesar de todo, las personas siguen mostrando interés por esta cuestión y siguen habiendo testimonios de cientos y miles. Asimismo, el género literario dedicado a este tema sigue apasionando a muchos.
Es cierto que existen fenómenos raros que la ciencia no ha logrado explicar y los Ovnis podrían servir para elucidar algunos. Sin embargo, este método no puede ser aceptable. Siempre habrán fenómenos inexplicables. Sin embargo, en este caso, encontramos un punto en el cual la ciencia se muestra impotente. Excavan en la brecha abierta de la explicación científica, la amplían en enormes precipicios e introducen toda serie de conjeturas en ese hueco. Pero también éstas están lejos de ser demostradas.
Por lo tanto, nos sorprende esa obstinación en cuanto a la creencia en los Ovnis. De hecho, lo que se expresa aquí es un mito moderno con una dimensión psicológica de profunda ansiedad. Lo explicaremos: ¿Por qué según la imaginación de los testigos y los escritores vienen los extraterrestres a la tierra? Los extraterrestres suelen poseer una tecnología de avanzada, entonces ¿qué pueden buscar aquí? El planeta más cercano fuera del sistema solar se encuentra a una distancia de 40.000 años de viaje en la nave espacial más rápida. ¿Qué necesidad tendrían ellos de tomarse tanta molestia? Debe ser, explicarán algunos, que buscan mujeres para renovar la continuidad de su especie que ha llegado a cierto estancamiento. Aún más, el extraterrestre es un ser muy inteligente y hedonista, pero no tiene sentimientos: no llora ni se enoja. Lo peor es que no tiene moral, dudas ni conflictos internos. Es inhumano. Por lo tanto, lo consideran como un secuestrador que busca renovar su especie…
Pero, ¿qué nos incumben a nosotros todas esas tonterías?
En realidad, tenemos temor de nosotros mismos, del hombre del mañana que será para nosotros un ser extra-terrestre - un individuo muy tecnológico, pero falto de humanidad en las relaciones sociales. Los hombres temen a la ciencia y a la tecnología. Si bien la ciencia y la tecnología en sí son buenas para ellos. Sin embargo, éstas pueden provocar la “deshumanización”, la pérdida de la humanidad del hombre. No será por culpa de hombre sino por culpa del deterioro de la moral. No se puede hablar con un computador.
A veces, el computador se traga un archivo esencial y el hombre le suplica: “por favor computador, devuélveme el archivo. Mas no hay con quién hablar. El computador imprime la palabra “ERROR”, “error” al entrar y “error” al salir….( alusión a Dvarim, 28:19: “Maldito serás en tu entrar, y maldito serás en tu salir”).
Temen que el hombre se transforme él mismo en computador, en una especie de ser tecno-bárbaro, que es más peligroso que un hombre bárbaro-primitivo. Porque tendrá en sus manos medios de control enormes al servicio de su crueldad. Al actuar sin conciencia, podrá lanzar una bomba atómica presionando un simple botón.
Todo esto amenaza a la sociedad, es decir, la tecnología toma el control de la vida. En los Estados Unidos se escribieron cientos o quizás miles de libros sobre esta cuestión y todo ha sido en vano. Es imposible detener el avance enloquecido del ‘monstruo’ tecnológico. Se teme una nueva mutación del género humano; el “hombre- computador”, falto de conciencia y armado con medios muy potentes. El animal en el hombre se suma a la alta tecnología, él es el verdadero “extra-terrestre”.
La eficiencia, el talento, la excelencia - toman control del hombre en lugar de la moralidad y la delicadeza. Aparece una especie de tecnología totalitaria en cuyo centro se encuentra un aparato falto de sensibilidad humana. Por lo tanto, hay que temerle.
A pesar de todo, no hay que interrumpir el avance de la tecnología, sino que debemos incrementar la moral, la justicia, la Torá y su luz.