Rav
Shlomo Aviner
No
existe “nosotros” y “ellos”
Pregunta: Escucho a gente que delegitimiza a los “jilonim”, los judíos seculares, a la izquierda y al gobierno en general. Ellos los acusan de asimilados e incluso a veces los llaman “helenizados”. ¿Cómo debo reaccionar?
Respuesta: ¡Qué triste es que tras dos mil años de exilio y de educación al amor de Israel, hay aún personas que hablan así! ¡ Estas palabras son el reflejo de la falsedad y de la arrogancia!
Hay que poner mucho cuidado y evitar las generalizaciones. Vivimos en este mundo, donde nada es perfecto. Debemos distinguir entre quienes tienen pensamientos sólo negativos durante todo el día, acerca de cómo destruir al pueblo y a la tierra de Israel, y quienes tienen buenas intenciones y sólo desean salvar al país, a pesar de que se equivocan gravemente en el camino elegido. Existe una enorme diferencia, como entre el día y la noche, entre una persona malvada y helenizada y una persona buena que se equivocó en el cálculo, tal como lo explicó nuestro maestro el Rav Abraham Itzjak Kook: “si le explicamos a esa persona que dos más dos son cuatro y no cinco, estará muy agradecido”. Cuando alguien hace un error en el cálculo, el único camino para corregir su error es a través de la persuasión y no empleando injurias e insultos.
El pueblo judío no está dividido de modo que un grupo es perfecto y lleno de virtudes, mientras que el otro sólo tiene defectos. En otros tiempos, así era la realidad: los idólatras extorsionaban a los pobres y denigraban a D’s. En cambio, en nuestra época, los méritos están distribuidos en toda la nación. Podemos incluso brindarle a esos mismos grupos el beneficio de la duda, diciendo que son idealistas que hablan sinceramente a partir de un corazón que sufre, acerca del insulto de la Torá y de la tierra. Pero, con todo el respeto, ellos también se equivocan en el cálculo cuando cortan con un cuchillo filoso el cuerpo de la nación y se expresan en términos de “nosotros” y “ellos”.
¿Por qué esos idealistas llegan a un error tan grave? La respuesta se encuentra en dos palabras en arameo: “kama kama” - en forma gradual. Es decir, no son conscientes que la redención deberá tener lugar en forma “gradual” (Talmud de Jerusalén, Berajot 4b). El Rabino Tzvi Yehuda Hacohen Kook escribió un artículo básico y profundo (en LeNetivot Israel, 192) llamado: “El estado como el cumplimiento de la visión de los profetas”. En el artículo, explicó de qué modo en el exilio, fuera de la tierra de Israel, la nación se sufre un proceso de desintegración; mientras que al retornar a su tierra, todo vuelve a renacer. ¡Cómo pudo decir esto mientras nosotros vemos con nuestros ojos que no todo avanza de este modo! La respuesta aquí también se encuentra en la expresión “kama kama”, en el hecho que la redención es un proceso gradual. Efectivamente, la mayor parte del artículo explica este concepto, y la necesidad de ser pacientes frente al proceso histórico.
Es fácil demostrar que Israel es el estado sobre la cual profetizaron nuestros profetas: ¿acaso no vemos el retorno a Sión, la construcción de la tierra, el establecimiento del estado y el renacimiento espiritual? ¿Cuál es entonces el problema? ¿Acaso se debe a que las cosas no avanzan lo suficientemente rápido? Vemos una “pronta redención”, tal como mencionamos diariamente en la plegaria de Shmoná Esré, pero debemos también estar agradecidos por aquellos aspectos de la redención que tienen lugar también lentamente. Debemos alegrarnos ante cada miga de redención. Una nación no puede nacer en un día. Tampoco todo el pueblo de Israel puede retornar en un día a su tierra, ni tampoco todos comenzarán a preservar el Shabat y a comer alimentos Kasher en un solo día…
La realidad no tiene alas. Debemos ser pacientes. El Señor del Universo tiene mucha paciencia: D’s esperó diez generaciones desde Adam hasta Noaj, y otras diez desde Noaj hasta Abraham (Avot, 5:2). ¡D’s esperó casi dos mil años para la aparición de Abraham! Debemos, por lo tanto tener paciencia.
Sin embargo, paciencia no significa apatía, sino que significa acciones que tienen en cuenta el ritmo propio de la realidad. ¿Acaso no hemos hecho nada? ¿Acaso todo lo que hay en el estado de Israel no es nada? Debemos hacer todo lo posible, pero sin perder nuestra felicidad, nuestro optimismo. Debemos estar “felices con nuestra parcela” (Avot, 4:1), con todo lo que tenemos. “Puesto que nuestras bocas estaban llenas de canción como el mar…. Aún no seremos suficientemente capaces de agradecer a D’s” por lo que tenemos en todos los campos, incluso en el campo de la Torá. Hoy en día, hay cuarenta y cinco mil estudiantes universitarios y treinta mil alumnos en las Yeshivot, y mismo entre los estudiantes universitarios muchos dejan tiempo para el estudio de la Torá. Por lo tanto, en nuestro estado, ¿se estudia o no Torá?
Es cierto que hay muchas complicaciones, aún no hemos alcanzado la redención completa; pero quien ve sólo la oscuridad y no ve la luz es ingrato hacia D’s. La persona que está feliz con lo que posee no es haragán sino que se esfuerza. Por el contrario, su felicidad con lo que tiene es la que lo impulsa a aspirar a alcanzar más logros. Está escrito: “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que se va aumentando en resplandor hasta que el día es perfecto” (Proverbios, 4:18).
¡Aumentemos el amor de Israel! Aumentemos la comprensión que somos una nación, que lo que es común a nosotros supera enormemente lo que no separa, que todos nos encontramos en el mismo barco, somos todos una misma Neshamá, una sola alma.
Diferencias de opinión - sí - corazones divididos - no.
Si bien no es fácil, este debe ser nuestro desafío.