Rav Shlomo Aviner

La mujer y el estudio de la Torá -

Está escrito en la Guemará: “Enseña [la Torá] a tus hijos (Dvarim, 11:19) y no a tus hijas” (Kedoshim, 29). Según el Rambam (Hiljot Talmud Torá, 1:1), las mujeres están exentas del estudio de la Torá. 

Esta determinación nos sorprende dado que “enseña la Torá” no constituye un precepto positivo (‘Mitzvat Asé’) que debe realizarse en un espacio de tiempo específico, del que están libradas las mujeres debido a las obligaciones de la vida, o a su carácter interno que no está adaptado a un marco temporal. Después de todo, se puede estudiar la Torá durante el tiempo libre.

¿Cómo es posible que una mujer no esté obligada a estudiar la Torá? Evidentemente, el mundo sin Torá es oscuro y no es natural. Además, todas las mañanas todos pronunciamos tres bendiciones de la Torá, las mujeres incluidas. Otra cuestión: antes de la entrega de la Torá, D’s le dijo a Moshé: “Así dirás a la casa de Yaacov y anunciaráis a los hijos de Israel” (Shemot, 19:3). Nuestros Sabios explican allí: “‘a la casa de Yaacov’ - se refiere a las mujeres;  a los hijos de Israel’ - se refiere a los varones” (Rashí, Ibid).

De acuerdo con nuestro gran sabio el Maharal, la exención de la mujer no es una desventaja sino una ventaja. Significa que ella no necesita ese estudio. La Torá es para ella natural. El ser humano no necesita aprender a comer y a respirar, sólo lo que no es natural para su espíritu exige el estudio. La Torá se encuentra impregnada en el espíritu de la mujer en forma natural, instintiva e intuitiva. La intuición es una facultad intelectual paralela a la vista y no al oído. Si varias personas hablan a un mismo tiempo, será imposible escucharlas. Si alguien desea explicar algo, debe aclarar cada etapa por separado, el progreso de un asunto a otro, definido como el pensamiento discursivo. Por ejemplo, para describir el contenido de un cuarto necesitará días para incluir cada detalle. Empero, con una sola mirada es posible abarcar todo. La mujer de una sola mirada ve toda la Torá, por lo tanto, no necesita estudiar. ¿Cómo es posible? ¿Qué sucede con las leyes relativas al Shabat, la Kashrut, el libro de Moré Nebujim del Rambam? ¿Acaso el estudio de la Torá es cuantitativo? La Torá no es sólo el saber - ¡es también vivir! ¡Conforma la personalidad del individuo! Doeg Haedomi era un gran estudioso mas, al mismo tiempo, era un gran malvado. ¿Cómo es posible? Jazal responden: su Torá era de la boca para afuera.

El estudio de la Torá no es el conocimiento sino la práctica de la misma, el contenido de su vida. Esta se encuentra dentro de la mujer sin que necesite estudiarla extensamente.  Y si una mujer está interesada en adquirir todo ese conocimiento tiene permitido estudiar (ver Yoré Deá, 246; Igrot Hareaiá, 2:102) pero no está obligada a hacerlo. La palabra “obligación” implica mucha responsabilidad. Una obligación no es una opción ni una elección. Frente a una obligación no es posible discutir. Si la mujer estuviese obligada a estudiar como en las Yeshivot, le sería difícil cumplir con su compromiso. Por lo tanto, el estudio de la Torá para las mujeres no es una obligación sino algo voluntario. El Rambam cita en nombre de Jazal: “todo aquel que enseña a su hija la Torá es como si le enseñara necedades” (Hiljot Talmud Torá, 1:13). ¿Acaso esto significa que tiene prohibido enseñar la Torá a su hija? Más bien, como hemos dicho anteriormente, no debe obligarla a estudiar, mas si ella lo desea puede hacerlo. Por consiguiente, nuestros sabios dijeron: “todo aquel que enseña a su hija la Torá” y no dijeron: “toda hija que estudia la Torá [por su propia voluntad]”. La prueba es que hubo muchas mujeres sabias que por su propia voluntad fueron grandes en la Torá, como por ejemplo”:Bruria la esposa de Rabí Meir, quien discrepó con los eruditos de la Mishná en un asunto halájico y su opinión fue citada en la Tosefta.  En la época de los Amoraitas, Yalta, la hija del Exilarca y la esposa de Rabí Najman, el Rosh Yeshivá de Naardea, era una gran sabia. En la época de los Gueonitas, la hija de Rabí Shmuel Ben Alí era Rosh Yeshivá y daba clases detrás de una cortina para que los alumnos no pecaran al mirar a una mujer.  La hija de Rashí aparece mencionada en una de sus respuestas como quien escribe en lugar de su padre. Edel, la hija del Baal Shem Tov, era muy inteligente. También Frida, la hija del autor del Tania, transmitió mucho de la sabiduría de su padre a su hermano; o la “doncella de Ludmir” que daba clases a hombres.

Pero la mayoría de las mujeres no son como Bruria y las otras mencionadas. Esther tampoco es un modelo de reina a imitar ni Dvorá de jueza. ¿Cuáles mujeres son modelos a imitar?  Sará, Rivka, Rajel y Lea - eran mujeres grandes y justas, inteligentes y profundas.

Si una mujer temerosa de D’s decide que el estudio de la Torá la acercará al Creador, mejor. Pero de ninguna manera debe hacerlo para imitar a los hombres. Todo depende del enfoque. Si una mujer declara que es igual al hombre, no es cierto. Tanto los hombres como las mujeres son importantes y buenos. Las mujeres tienen algo que aprender de los hombres y los hombres de las mujeres. Pero no deben imitarse entre sí. El hombre y la mujer fueron ambos creados a la imagen de D’s, mas cumplen misiones diferentes.

A veces, el motivo puede transformar algo positivo en negativo. Por ejemplo, si una mujer, enfurecida frente a las palabras de nuestros sabios, estudia la Torá para demostrar que es capaz de hacerlo igual que un hombre. En cambio, si lo hace llena de temor a D’s y fe, mismo en las palabras de Jazal, está sedienta de Torá, cuán afortunada será ella. Es cierto que en las Ulpenot [las escuelas secundarias religiosas con internado para niñas] las chicas están obligadas a estudiar Torá. Al respecto dijo Sara Shnirer (fundadora de “Beit Yaacov”)  “Si bien ‘todo aquel que enseña a su hija la Torá es como si le enseñara necedades’, quien no le enseña la Torá le enseñara realmente necedades, puesto que la Torá se encuentra en la mujer en forma natural y como tal puede dañarse.” Los malos vientos que soplan en el mundo van en dirección contraria a la de la Torá y afecta también al pueblo de Israel. En otros tiempos, la niña respiraba en su hogar la sabiduría en forma natural. No necesitaba estudiar las leyes de Kashrut en el Shulján Aruj, alcanzaba con observar a su madre. No debía estudiar las leyes de Lashón Hará en el libro del Jafetz Jaim, puesto que su madre cuidaba su lengua. Tampoco necesitaba estudiar el “Moré Nebujim” porque en la mesa del Shabat hablaban acerca de temas profundos de filosofía y fe. Adquiría conocimiento de modo no formal.

Mas hoy en día, ese mismo viento “no formal” proviene de la televisión, la Internet, la radio y la prensa, la calle y la sociedad. No es el “Moré Nebujim” ni el Shulján Aruj sino el pecado, la violencia y los instintos. Por lo tanto, es necesario establecer marcos (como los “Batei Yaacov”) para enseñar a las niñas la Torá. Obviamente, también en este contexto, el contenido está adaptado a la naturaleza de las jóvenes y no busca imitar a los varones. Esto es similar a una persona sana que naturalmente tiene un equilibrio de azúcar en su sangre. Si tiene problemas en el páncreas, necesitará insulina para estabilizar el azúcar en su cuerpo.  Así sucede con la Torá: en épocas normales, la Torá se encuentra en forma natural en la mujer. Pero en nuestros tiempos, lamentablemente, la naturaleza judía se ha visto afectada por los vientos que soplan en el mundo. Sobre la naturalidad de la Torá y la luz de la Torá que la mujer recibe diariamente, bendice por la mañana tres veces - a través de una senda que no es del estudio sino de la inteligencia intuitiva.

Hoy en día todas las mujeres deben estudiar la Torá, para construir en su interior una vida de Torá. Si hay entre ellas una mujer extraordinaria, temerosa de D’s, que desea estudiar y profundizar en la Torá, será para su bien y felicidad.