Rav Shlomo Aviner

La misericordia grande y terrible

El día de Yom Kipur es un día grande y terrible; pero también es un día de gran misericordia del Todopoderoso. ¿Recuerdan el primer Yom Kipur después del pecado del Becerro de Oro? ¡El pueblo cometió entonces un terrible pecado! Moshé Rabeinu ascendió a las alturas para traer la Torá y al descender, ¿qué encontró? ¡idolatría! A pesar de todo, hubo perdón y ciento veinte días después, en el día de Yom Kipur, recibimos las segundas tablas de la ley. De aquí vemos que es posible corregir todo. El hombre no es un ángel sino que es un ser pecador. El hombre no fue creado perfecto. “No hay en la tierra hombre justo que haga bien y no peque” (Kohelet, 7:20). Lamentablemente, caemos en la falta en forma natural. La Torá no fue entregada a seres irreprochables. D’s nos exige dos cosas: en primer lugar, debemos tomar todas las medidas de prevención posibles para no pecar, lo que Rabí Moshé Haim Luzzato llama: “Midat Hazehirut” (‘la virtud de la prevención’) en el tratado Mesilat Yesharim. En segundo lugar, si pecamos, debemos arrepentirnos.

Está prohibido pecar, pero el hombre comete un pecado tras otro. Estos pecados se acumulan hasta transformarse en una carga demasiado pesada y el individuo se desploma bajo su terrible peso. Entonces llega, gracias a D’s, el día de Yom Kipur, en el cual podemos liberarnos de todos los pecados, borrarlos a todos, comenzar una nueva vida.

Es cierto que en cada día y en cada instante podemos arrepentirnos frente a D’s, pero por lo menos una vez al año debemos liberarnos de los pecados. No siempre es fácil ser justo en cada instante. El Ari le dijo a su alumno Rabí Haim Vital que no debía desesperar por el nivel en el cual se encontraba. Rabí Haim Vital relata: “Una vez le pregunte a mi maestro cómo me decía que mi espíritu se encontraba tan elevado cuando el más insignificante de las primeras generaciones era un justo a quien ni siquiera podía compararme. Me respondió: ‘Disculpa, pero debes saber que la grandeza no depende del acto sino de la generación en la que vives. Un buena acción insignificante en esta generación equivale a grandes mitzvot en generaciones anteriores. Esto se debe al hecho que en los últimos tiempos la impureza ha crecido infinitamente, más fuerte que en las primeras generaciones. Si hubieses vivido entonces, tus actos y sabiduría hubiesen superado a los de muchos sabios de la época” (Sefer Hajizionot).

Si así era en su época, qué podemos decir de la nuestra en la que realmente todo es difícil, en la cual soplan malos espíritus en la sociedad, vientos que traen los pecados y la corrupción de la cultura norteamericana. Indudablemente, en este contexto, quien supera sus pecados y cumple las mitzvot es realmente apreciado por el Todopoderoso. Mas, si cae en el pecado, no está perdido. Existe la posibilidad de arrepentirse, en particular en ese mismo gran día, cuya santidad misma expía y eleva, junto a la Tshuvá y la confesión. Frente a ese mal viento que sopla de occidente, en el día de Yom Kipur sopla un viento positivo de las alturas, un espíritu de perdón, de expiación y de nuevo inicio. En Yom Kipur el hombre se transforma en un nuevo ser, a condición de que se arrepienta, que haya decidido liberarse de sus pecados. Entonces se siente tan bien, fantástico que no es casual que al concluir Yom Kipur se sale a bailar; no es casual que en Yom Kipur se viste ropas blancas, ropas festivas. Es porque estamos seguros del perdón divino.

Creemos en dos cosas: en primer lugar, el hombre tiene la posibilidad de arrepentirse (Tshuvá), y mismo si ha caído en las profundidades del pecado, siempre está libre y puede trepar hasta las alturas. En segundo lugar, creemos que después de la Tshuvá, D’s borra todos nuestros pecados. Y si el arrepentimiento está originado en el amor a D’s más que en el temor, D’s transforma los pecados en méritos, lo amargo en dulce, la oscuridad en luz.

Que todos merezcamos la luz de la vida.