Rav
Shlomo Aviner
Tenemos
un Primer Ministro
¡Qué afortunados somos de tener un nuevo Primer Ministro! Esto es lo esencial, antes que nada. En primer lugar, que no estamos bajo el Régimen Turco o Inglés; sino que nosotros, el pueblo de Israel, gobernamos en nuestra propia tierra. Esta es la Mitzvá de la Torá, “no debemos abandonar [la Tierra] en manos de otras naciones” - como dijo el Rambán (Najmánides). Es decir, debemos establecer nuestro propio estado.
Es claro que este estado no es perfecto, tampoco lo es el Primer Ministro; ni el actual ni el anterior, ni el que le seguirá, hasta que llegue el Mesías. Pero no recibimos el estado en una fuente de plata. A lo largo del camino, hay dificultades y crisis.
Lo fundamental es evitar el odio entre hermanos y esforzarnos para aumentar el amor y la fraternidad, la paz y la amistad. Todos constituimos una misma nación, lo que nos une es mucho mayor de lo que nos separa.
¡Qué afortunados somos de haber merecido retornar a Sión y restablecer a nuestra nación! La redención ha comenzado. Si nuestros labios estuvieran llenos de poesía como el mar, no dejaríamos de agradecer a D’s. El sionismo tiene la aprobación divina, pero a lo largo del camino hay subidas y bajadas. El vástago de David, el sirviente de D’s, crece lentamente.
“¡Mi amado es como una gacela!”(Shir Hashirim, 2:9), al igual que la gacela que corre se esconde y aparece; así se comporta el Redentor: a veces se esconde, otras aparece. Quizás nos esperen épocas más difíciles o quizás nos esperen épocas mejores. Quizás nos esperen momentos mejores en ciertos aspectos y peores en otros. De todos modos, incluso si son más difíciles, nos adaptaremos como siempre nos hemos adaptado a las situaciones difíciles. Hablamos de un período de sólo cuatro años, ¿qué son cuatro años respecto a la eternidad? ¿qué son cuatro años en el proceso gigantesco de la redención de Israel? A veces, la felicidad puede demorarse un poco, pero es imposible evitar su llegada.
No hay que exigir de D’s que todo sea perfecto de inmediato. Después de todo, no hemos recibido la redención por mérito sino por la misericordia divina. Los caminos de D’s son desconocidos para nosotros. El Todopoderoso extrae la luz a partir de la oscuridad.
En la contienda electoral debemos recordar que hay algo que no se encuentra a elección: es el pueblo de Israel, cuya elección divina es eterna - “que nos ha elegido entre todos los pueblos y nos ha entregado su Torá”. D’s eligió a su pueblo de Israel con amor. Y dado que nos ha elegido a nosotros, nos ha salvado a lo largo de todo nuestro exilio y ahora ha establecido para nosotros un estado. Nosotros gobernamos en nuestra tierra y no los ingleses ni los turcos.
¡Qué afortunados somos de tener a nuestro propio Primer Ministro, sea religioso o secular, de izquierda o de derecha! Y si hay aspectos problemáticos en nuestra situación, con el tiempo serán corregidos. Todo se arreglará. Es sólo una cuestión de tiempo.
“Creo con fe profunda en la llegada del Mashiaj, y a pesar de que se demora, a pesar de todo, esperaré cada día a que llegue”. “A pesar de todo” - a pesar de todas las complicaciones y las dificultades. También en el pasado, las hemos superado y ahora también las superaremos. D’s, el Señor del Universo, es quien dirige la historia, no importa quien sea elegido. D’s hace lo que Él desea. Por supuesto que nos obliga a esforzarnos y elegir a quienes creemos que son los mejores para nuestro estado. Pero después del hecho, sabemos que todo se desarrolla según la voluntad de D’s y es claro que nos beneficiaremos de todas las situaciones.
En todos los caminos que emprendamos, lo haremos junto a nuestro pueblo, amado y eterno. Es imposible para nosotros rebelarnos contra nuestro pueblo, bajo ninguna circunstancia. No tenemos otro pueblo y con él marcharemos a lo largo de todo el camino. Debemos avanzar con la eternidad de Israel (Netzaj Israel) hasta que lleguemos a la redención completa.
Y a nuestro Primer Ministro, Ehud Barak, le aconsejaremos las palabras del Rav Kook: “Los débiles de nuestra nación, quienes salieron ellos mismos de la fuente de Israel y que forman parte íntegra de la unidad de la nación, poseen un brillo de luz (“Barak”) sagrado, una centella que podrá elevarse y transformarse en fuego sagrado” (Orot, 38).