Rav Shlomo Aviner

¿Cómo esperar al Meshiaj?

Pregunta: En la publicación sobre la Parashá Matot Masei, Ud. dice que no hay que quejarse ante D’s exigiéndole la redención inmediata y completa. Pero encontramos muchas veces que grandes rabinos exigieron esto de D’s para despertar Su misericordia. Cuando observamos nuestra situación actual, surgen preguntas profundas acerca de la conducta divina. A lo largo de la historia han habido muchos mártires. Incluso la matriarca Rajel gritó a lo largo del exilio: “¡Suficiente padre! ¡No tenemos fuerza! ¡Devuélvenos a casa!”.

 

Respuesta: Todo esto es cierto, pero depende del tono. ¿Acaso nuestras palabras se expresan a partir de una crítica desdeñosa, D’s nos libre, o de fe y temor a D’s? Si este último es el caso, entonces son positivas. Evidentemente, aspiramos a que el Mashiaj llegue hoy en forma milagrosa y creemos en los milagros. Pero al mismo tiempo debemos comprender que D’s puede decidir que el Mashiaj llegue despacio y por medios naturales.

Una vez, dos alumnos fueron a su maestro, el Rav Tzvi Yehuda Kook y le preguntaron: “¿Cuándo llegará el Mashiaj? Les respondió: “Él ya ha llegado un poco. En los últimos 120 años han aparecido rastros de las huellas del Mashiaj”.

La espera de la llegada del Mashiaj es pura y sagrada y ayuda a elevar al hombre.  Pero debemos ser cuidadosos de no desdeñar por ese motivo lo que D’s ha hecho hasta ahora por nosotros. Una esperanza elevada es un signo de corazón puro. ‘Dime qué esperas y te diré quién eres’ - parafraseando el dicho. Creemos en milagros pero esto no nos permite ser desagradecidos para con lo que hace D’s por medios naturales.

Si un paciente ignora el tratamiento dedicado de su médico y sólo reza para que suceda un milagro y cuando tiene dolor le dice a su médico: “espero que suceda un milagro esta noche”, es probable que ese médico se sienta ofendido. Durante meses y semanas se ha dedicado a tratar a su paciente, pasando días y noches junto a su lecho, mas éste no tiene confianza en él y no le da importancia a sus esfuerzos, olvidándose de agradecerle. El médico no se siente ofendido porque el paciente tiene la esperanza que suceda un milagro. Por el contrario, él mismo se sentirá muy bien si ocurre un milagro y el enfermo se recupera en forma repentina e inexplicable. El se siente ofendido por la ingratitud del paciente.

Algo similar sucede con D’s. El Eterno se siente feliz cuando pedimos que llegue el Mesías en forma milagrosa. Mas se siente “ofendido” porque no le agradecemos por el bien que nos ofrece, por la construcción de la tierra, el retorno del exilio y el establecimiento del estado.

Una historia narra acerca de una persona que reflexionaba sobre su vida desde arriba en el cielo y le dijo al Señor del Universo: “Cuando reflexiono sobre mi vida, veo tus huellas junto a las mías, que estabas a mi lado. Mas en las épocas realmente difíciles veo sólo un par de huellas. ¿por qué precisamente entonces me has abandonado?” D’s le  respondió: “Ese par de huellas que ves entonces son las mías y no las tuyas. En ese momento, Yo te estaba llevando a ti sobre mis hombros…”.

La Torá dice: “El pueblo preguntó, ¿está el Eterno entre nosotros, sí o no?” (Shemot, 17:7). El siguiente versículo dice: “Entonces vino Amalek y combatió con Israel…”. Rashí explica la relación entre ambos versículos: “La relación entre los dos relatos es significativa. Viene a decir: ‘estoy siempre con vosotros y disponible para todas vuestras necesidades.  Vosotros en cambio decís: ¿está el Eterno entre nosotros, sí o no? Por eso os juro vendrá el perro (Amalek) y os morderá, entonces gritaréis a mi (pidiendo ayuda) y entonces sabréis de mi. El caso es similar al de un hombre que cargó a su hijo sobre sus hombros y salió al camino; el hijo siempre que veía un objeto decía: ‘Padre, toma ese objeto y dámelo; y el padre se lo daba; y así, dos, tres veces. Encontraron a un hombre y le dijo el hijo: ‘¿Has visto a mi padre? Le dijo el padre: ¿No sabes donde estoy? Entonces lo arrojó de sí y vino el perro y lo mordió (y entonces tomó consciencia)” (Rashí, basado en Tanjuma, Itró 3, Shemot Raba, 26:2).

Un problema similar sucede con una pareja de enamorados después de casarse caen en la costumbre de tomar todo por obvio. Nadie agradece al otro por las buenas cosas, pero se gritan y pelean por lo malo. Por esa vía, el amor muere.

Cuando fue establecido el estado judío, el pueblo bailó en las calles. Actualmente, por alguna razón, creemos que no hay motivo para bailar. Pero ¡deberíamos bailar en las calles todos los días!

Cuando los Nazis entraron en Austria, forzaron a los judíos a borrar las escrituras en grafiti que expresaban el apoyo al Primer Ministro anti-nazi. Forzaron a un famoso rabino jasídico por su sombrero, el Rebe de Sadigora, y le obligaron a fregar el piso. Ese rabino juró en su corazón que si D’s estaba con él y lo traía a Eretz Israel, limpiaría sus calles. Esto efectivamente sucedió. Llegó finalmente a Israel y todas las mañanas limpiaba las calles de Tel Aviv hasta que sus Jasidim se dieron cuenta y le impidieron seguir haciéndolo.

No nos olvidemos que aquí no hay nazis; no hay Chmielnitzki ni Cruzados. Tenemos nuestro propio estado. Somos independientes. Nuestra nación renace. No es algo obvio. Representa un acto de bondad de D’s. ¡Limpiemos las calles de Tel Aviv con felicidad y agradezcamos a D’s día y noche!. Una vez que lo hagamos y mostremos nuestro agradecimiento, podremos gritar: “¡queremos más!”.