Rav Shlomo Aviner

Medicina alternativa

La cantidad de partidarios de la medicina alternativa prolifera, con el argumento que la medicina tradicional y convencional suele muchas veces fracasar. Este argumento no es exacto. Indudablemente hay fracasos. En todo lo que acontece en el mundo hay fracasos. El problema es que de la medicina convencional se publican únicamente los fracasos, mientras que de la medicina alternativa sólo los éxitos. En realidad, debemos examinar cada una en forma crítica a través de una comparación estadística. Constituye una falta de responsabilidad comportarse siguiendo la medicina alternativa, que es muy intuitiva y en la cual el curador determina según su sensación personal y teorías que no fueron demostradas, y en base a esto abandonar la medicina convencional. Por el hecho mismo que en la medicina convencional se invierten tantos esfuerzos y recursos en el mundo en favor de toda la humanidad, introduce un elemento de asistencia divina y trae consigo éxitos extraordinarios.

Evidentemente, no estamos contra la medicina alternativa por una cuestión de principio. Si contiene elementos benéficos aceptados por la medicina convencional, cuanto mejor. En cuanto a las clínicas de medicina alternativa en los hospitales y sociedades médicas, no son un parámetro precisamente de verdad sino una necesidad comercial: dado que el público exige estas clínicas, se le brinda lo pedido.

Sin embargo, todo debe ser analizado en forma científica y completa, no siguiendo casos específicos: tal persona fue atendida por médicos convencionales durante un año entero sin resultado, mientras que un curandero lo curó en un instante. Esto no prueba nada. Dos hipótesis podrían ser ciertas: a) quizás el tratamiento convencional tiene únicamente efecto después de transcurrido un año; o b) quizás en otro paciente ese tratamiento ‘alternativo’ ha tenido resultados opuestos.

Según la Halajá, la ley judía, hay que dirigirse a la medicina convencional, común e investigada. Si ésta acepta y adopta cierto aspecto particular de otra medicina, se transforma entonces en convencional. El Shulján Aruj determina que hay que dirigirse a médicos convencionales, lo que está permitido y constituye una Mitzvá y una obligación. Asimismo se determina que si un médico exige demasiado dinero, hay que pagar, porque él vende su sabiduría y los sabios apreciaban mucho la sabiduría de los especialistas. Muchos de los grandes sabios de Israel eran médicos, como por ejemplo, el Rambam (Maimónides), el Ramban (Najmánides) y Rabeinu Yona.

El concepto de “medicina alternativa” confunde. Sería mejor llamarla “medicina complementaria”. Si aceptarla, en adición a la medicina convencional y no en su lugar. Si quienes quieren ser más rigurosos agregan un tratamiento alternativo al convencional, entonces el riguroso (“majmir”) será bendecido.

Se cuenta de un Talmid Jajam que estuvo enfermo durante mucho tiempo de hepatitis. Sus alumnos le recomendaron intentar el tratamiento con palomas. Este tratamiento es mencionado en un libro judío de curas medicinales, pero su origen no se encuentra en el espíritu divino ni en la Torá oral, sino en curadores de esa época. Hay varios testimonios acerca del hecho que ese tratamiento ayudó, pero que son difíciles de demostrar puesto que de esa enfermedad se suele curarse en cierta etapa. El Talmid Jajam se dejó convencer por la presión de sus alumnos preocupados pero a condición que dos médicos estuvieran presentes. Vino el judío con palomas y comenzó su tratamiento. En primer lugar, se afeitaba las plumas traseras de la paloma, luego se colocaba el recto de la paloma contra el ombligo del paciente. Entonces, al morir la paloma era prueba que había absorbido la enfermedad. Así prosiguieron y murieron cinco palomas. Y la sexta paloma quedó en vida, señal que la enfermedad pasó. Los médicos observaron a las palomas y comprobaron que habían muerto asfixiadas y no de hepatitis - que supuestamente debía ser el motivo - si bien el curador no las había sofocado sino que las había sostenido con gran delicadeza.

No obstante, el erudito no sintió mejora alguna y su enfermedad continuó. Después de cierto tiempo, los alumnos volvieron a insistir y él aceptó. Nuevamente, los médicos estuvieron presentes. Después de la muerte de la primera paloma, el erudito pidió: “¡Pongan una paloma sobre el ombligo de un alumno sano!”. Efectivamente, ¡también ésta murió! Dijo entonces el erudito: “detened todo y traédme un libro sobre la fisiología de las palomas”. Dijeron los médicos: “un erudito, con la sabiduría de la Torá, descubrirá el enigma”.

Efectivamente, el rabino descubrió por qué las palomas morían desahuciadas y no de la hepatitis que supuestamente debían absorber. Descubrió que en el proceso de respiración de las palomas interviene el diafragma; por lo tanto, el recto de la paloma debe estar libre, si no muere sofocada. El hecho de que después que varias mueren una resiste es porque algunas son más fuertes y no fue bien colocada sobre el ombligo. La prueba de control del caso debería realizarse colocando otra paloma después de la primera que sobrevivió.

En conclusión, es necesario realizar análisis comparativos exactos y no construir teorías a partir de casos aislados.