Rav Shlomo Aviner

 

Pregunta: “Mi marido me maltrata y me ofende constantemente. Los rabinos me han dicho: “No hay lo que hacer con él; le hemos hablado infinitas veces, es así. ¡Divórciese!” Aparentemente, no me queda lo que hacer. Pero quizás sea mejor quedarme y sufrir. ¿Acaso ésta no puede  ser mi vía hacia la rectificación espiritual (‘tikun’) que me ha sido destinada?”

Respuesta:  “¡De ninguna manera! Nadie debe permanecer en una situación en la que sufre. ¿Por qué vamos al médico? ¿Por qué comemos? ¿Por qué calentamos la casa? ¿Acaso puede ser nuestra ‘rectificación espiritual’ estar enfermos, hambrientos y pasar frío? D’s nos ordenó ‘construir’ la vida, para que vivamos una vida buena y agradable.

A veces, existen problemas que no tienen solución. Entonces, esa consideración es válida: el sufrimiento puede servir de rectificación espiritual. Pero cuando es posible eliminar el sufrimiento hay que hacerlo.

Ud. dice “Mi marido me maltrata y me insulta”. ¿Qué significa eso? ¡Debe reaccionar, no permitirle! Si él la insulta, debe responderle: “No te permito que me insultes”. Punto. Si la golpea - quéjese en la policía. No diga: “No está bien hacerlo” - pero está muy bien quejarse de actos tales ante la policía. Evidentemente, si ocurrió una sola vez y se disculpó y pidió piedad divina durante un año, bueno. Pero si el fenómeno se repite, corresponde dirigirse a la policía. Si pusieran en la cárcel a mil hombres que golpean a sus mujeres, es de esperar que los 199.000 restantes que se comportan así dejasen de hacerlo. No le permita que la golpee, ni siquiera una vez.

Tampoco debe permitirle que la ofenda. Si él no escucha, insúltelo también (Sefer Hajinuj, Mitzvá 338).

Pero si es imposible y se trata de una persona sin remedio - a pesar de que es difícil creer que exista una persona tal, pero así han dicho los rabinos - entonces debe seguir el consejo de los sabios. Mismo si decide que estás dispuesta a sufrir, ¿qué sucederá con los niños? ¿Acaso es sano que los niños vean cómo el padre insulta constantemente a su madre? Un niño es incapaz de comprenderlo, sufre por eso, todo su mundo interior se ve alterado. Para un niño pequeño, el padre y la madre son como dioses. Entonces, cuando el padre insulta a su madre, ocurre una división dentro de lo divino, como en la mitología griega, en la cual muchos dioses se pelean entre sí. Esta situación destruye el mundo del niño.

Si desea sufrir teniendo en cuenta consideraciones profundas relacionadas con la reencarnación, está bien, pero para los niños evidentemente no es sano. Deben crecer en un hogar donde el padre y la madre se aman, o al menos, son compañeros que viven en el mismo hogar a partir de una relación buena y correcta. Esto es lo mínimo. Aunque no se amen con un amor Shakespiriano y profundo, los padres deben mantener al menos una relación de socios. Como dos judíos que poseen un mismo negocio, actúan en conjunto, en amistad y en forma honrada. Al menos eso.

A veces, en la vida ocurren cosas que hay que ignorar. Por nimiedades, como quien le saca el turno en un comercio, no se debe iniciar una Tercera Guerra Mundial.

Pero en situaciones graves no debe ser así. El hogar debe ser como un paraíso. Si se transforma en un infierno, de ninguna manera hay que ceder.

Aún más, su marido no sólo la ofende personalmente sino que además le hace creer que es la culpable de todo. No es así. Él es culpable y debe, por lo tanto, arrepentirse.