Rav Shlomo Aviner - La libertad de expresión

 

Un dicho suele emplearse en los últimos tiempos: “comienza así y termina con el asesinato de Rabin…”. Cuando un derechista habla contra la izquierda, de inmediato le citan esta frase. El derechista se ofende diciendo: ¿acaso he asesinado a Rabin? ¡Si bien he hablado con dureza, estoy lejos de ser un asesino!

Pero si observamos bien, vemos que el dicho es válido. Evidentemente, quien emplea la expresión no tiene la intención de decir que todo aquel que habla en duros términos es un asesino, sino que quiere advertir que cuando se expresan las opiniones sin límites, el precio puede llegar a ser muy alto. Las palabras tienen fuerza y potencia.

El Rav Kook escribe acerca de la libertad de expresión: “es imposible separar entre las ideas y los actos” (Igrot Hareaiá, 20). Lo que se habla, en cualquier campo que sea, finalmente tenderá a influir en los actos. La libertad de ideas es algo bueno, pero no hay cualidad en el mundo, incluso la mejor, “que no pueda ser llevada al extremo” (Ibid). Una persona que difunde ideas que afectan a la nación, finalmente éstas se extenderán y tendrán un efecto destructivo. El Rav Kook cita un ejemplo: una persona considera que el asesinato no es negativo, si bien él mismo no será asesino ni le hará nada a una mosca. Sin embargo, sus opiniones pueden penetrar en el corazón y el pensamiento de otras personas que pueden llegar a llevar esta visión a la práctica. El individuo no está compuesto por dos partes separadas: una que piensa y otra que hace. El filósofo Chesterton dijo: “No hay nada más práctico que la teoría”.

Por lo tanto, la Torá no permite una libertad de pensamiento sin límites. Si un acto está prohibido, está también prohibido hablar del mismo. Si alguien dice: “Tzahal son nazis” y piensa que sus palabras no tendrán repercusiones, está menoscabando el poder del pensamiento y de la opinión. En Rusia, cuando Stalin tomó el poder exilió a su opositor Trotsky y lo persiguió durante el resto de su vida por todo el mundo hasta que finalmente fue asesinado. ¿Qué tenía Stalin, el jefe de un estado con un enorme ejército, que temer de un solo individuo? Trotsky, sin embargo, tenía un bolígrafo y su boca y el enorme imperio le temía a ese solo individuo cuando hablaba.

 La libertad de expresión tiene que tener límites. Está prohibido expresar opiniones que son peligrosas para el pueblo. Está prohibido también considerar esos pensamientos. Es cierto que la Torá trata de actos que están prohibidos, pero también se ocupa del discurso y el pensamiento prohibido.

Rabin fue asesinado por un hombre con su pistola, pero muchos lo mataron con palabras, y muchos más lo hicieron en su pensamiento. Cuando en el nivel superior se piensa, un poco más bajo se habla, no hay que sorprenderse que en la periferia surja alguien que tome un arma y asesine.

Lo mismo ocurre en todos los aspectos de la vida. Cierta persona piensa que no es necesario el estado de Israel. Luego vendrán aquellos que estén dispuestos a hablar de eso y finalmente habrá quienes estén dispuestos a abandonar Israel y transformar a nuestro país en parte de una confederación del Oriente Medio.

Las palabras son peligrosas. Los ‘Maskilim’ (iluministas) cumplían los preceptos creyendo que la Torá era muy interesante, pero no era de origen divino. Es posible adivinar lo que hizo la generación siguiente.

Durante la visita de un profesor en una de las universidades religiosas, éste sostuvo que Moshé no había nunca existido. Arguyó que ni Moshé ni la Torá eran auténticos. Un rumor de reprobación se extendió en el público. Quienes escuchaban al profesor se justificaron diciendo: “nosotros somos religiosos que cumplimos la Torá y las mitzvot, pero estamos interesados en escuchar otras opiniones”. Lo que comienza como palabras puede terminar en el asesinato del judaísmo. Esta frase: “lo que comienza como palabras puede terminar en un asesinato” es una advertencia muy importante. Obviamente, concierne a todas las partes - derechistas e izquierdistas por igual.

Desde el comienzo del Sionismo han habido noventa y tres casos de asesinato político ejecutado en todo el espectro político. A través de las palabras, la otra persona deja de ser un ser humano, se transforma en una especie de bestia política y entonces, D’s nos guarde, es posible asesinarla.

Todas esas expresiones,  ofensas y denigraciones son peligrosas, estén dirigidas a la derecha o a la izquierda, a alguien religioso o secular, sionista o jaredí, ashkenazí o sefaradí.

Estamos a favor de la libertad de expresión, ¡pero no ese tipo de libertad! Ya han dicho que la democracia no debe suicidarse para demostrar su necesidad.

Según la Torá, no existe una libertad de expresión ilimitada. Tenemos prohibido el “Lashón Hará” (la calumnia, el chisme) e insultar al prójimo. Está permitido discutir, luchar contra las opiniones de otros; pero se debe hacerlo sin dañar, incluso en el corazón como está escrito: “No odies a tu hermano en tu corazón” (Vaikrá, 19:17). Necesitamos un espíritu generoso para ver el buen lado de los otros. Una guerra de ideas está permitida pero no de cualquier forma.

Cuando se acuchilla con la espada de la lengua se sigue con la espada real, como sucedió durante la época del Segundo Templo, como señaló el Netziv (Rabí Naftalí Tzvi Yehuda Berlín) en el prefacio de su comentario a la Torá ‘Haamek Davar’: Gracias a D’s nuestra situación ahora es mucho mejor, pero debemos aún aumentar nuestra comprensión y amor.

“Comienza así, con palabras…” esta es una frase profunda, humanitaria. Las palabras usan y abusan de la delicadeza del alma humana y de la moralidad profunda. No debemos decir ni pensar todo lo que queremos. Luchemos por nuestra posición pero sin rencor. Recordemos la esencia. Recordemos que lo que nos une es más que lo que nos separa, y recordemos también que somos hermanos en un mismo estado.