Rav Shlomo Aviner
Pregunta: ¿Qué debe hacer el hombre para superar su “ietzer”, sus malas tendencias?
Respuesta: “Esta es una pregunta difícil. En primer lugar, el principio esencial de la lucha es: “conoce a tu enemigo”. Es una cuestión compleja acerca de la cual D’s le dio al Adam Harishón, al primer hombre, un consejo en Bereshit (3:14-15) en su advertencia a la serpiente : “Dijo el Eterno D’s a la serpiente: ‘Porque hiciste esto (es decir, llevó a la mujer a pecar) maldita seas tú entre todos los animales y entre toda bestia del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Odio pondré entre ti y la mujer; entre tu simiente y su simiente; ella te pisoteará la cabeza, y tu le herirás el talón’” (Bereshit, 3:14-15). Si la serpiente, es decir, el “ietzer hará” (la tendencia al mal), toma al hombre por su talón, éste no podrá liberarse. El hombre tiene sólo una salida: pisotearle la cabeza. Si atrapa o golpea cualquier otra parte de la serpiente, ésta logrará contornearse y morderlo.
¿Qué significado tiene la expresión “pisotear la cabeza de la serpiente”? El Mahara”l (en Netivot Olam : Netiv Koaj Haietzer) y Rabí Jaim Vitel (en Derej Jaim) explican como sigue: “Es necesario golpear al instinto del mal de inmediato, en cuanto aparece. Cuando atisba por las celosías, cuando apenas surge, aún es débil. Se parece a una persona que golpea suavemente en una puerta y dice: ‘Soy el ietzer hará’. En ese mismo momento - y de inmediato - hay que pisotearlo”.
Nuestros Sabios describieron en el Talmud (en el Tratado de Sucá, 52b) el itinerario y la estrategia del “ietzer hará”, empleando la parábola de la oveja del pobre del Profeta Natán (descrita en Shmuel II:12) explicando: “Al comienzo se le llama al “ietzer hará” - “paseante” (halaj), después “invitado” (oreaj) y finalmente “hombre” (ish). Al comienzo, es similar a un paseante que se encuentra en el camino. Las miradas se entrecruzan y ambos enemigos se contemplan y escudriñan. Entonces, hay que dirigir de inmediato la mirada a otra dirección. Porque si la mirada se fija, uno puede siempre llegar a preguntarse: “¿Por qué no agasajarlo como “invitado”? En realidad, no me comprometo a nada. Sólo lo escucharé y es importante dialogar. A fin de cuentas, me encontraré en mi propio hogar y allí soy yo quien decide. El “ietzer” parece ser bastante simpático. Sólo escucharé lo que tiene para decir”. De este modo, el “ietzer hará” se transforma en invitado. A partir de ese momento, todo está perdido. Rápidamente, el “ietzer hará” se transforma en el dueño de la situación (ish) y es quien controla todos los asuntos de la casa. A partir de entonces, es él quien invita y hace entrar a quien le parece.
Es por este motivo que es necesario esquivar de inmediato su mirada. Un poeta gentil escribió un poema sobre la desesperación: “la desesperación está sentada en un banco, vestida de traje gris y sonríe a todos los paseantes con una sonrisa triste y desgraciada. ¡No la mires! Pues si miras sus ojos, te verás atraído por ella y también tu te sentarás en el banco y sonreirás con una sonrisa desgraciada a los paseantes. Entonces, ya no oirás el cantar de los pájaros y la risa de los niños”.
En cuanto aparece el “ietzer hará”, la tendencia al mal, es necesario destruirlo para no dejarse llevar. No hay que mantener con él un diálogo de paz ni una dinámica grupal, grupos de discusión ni intentar acercarlo, sino exterminarlo de inmediato.
Nuestro país está lleno de gatos que saben bien luchar contra las serpientes. Ambos enemigos se encuentran uno frente a otro, casi sin movimiento, pero con enorme alerta y tensión. Las posibilidades de la serpiente son infinitas: en todo lugar donde muerda al gato lo matará con su veneno. El gato tiene una sola posibilidad: asirla del cuello. De repente, el gato salta y echa sus garras al cuello de la serpiente.
En la selva también serpentean boas enormes de varios metros de largo. No obstante, existe un pequeño mamífero de nariz larga, de la familia de los gatos, llamado mangosta, que se atreve a enfrentarla .La mangosta da un salto y se aferra al cuello de la enorme boa. La boa comienza a golpear a la mangosta contra las piedras, pero en todo golpe que recibe, ésta se sujeta aún más fuerte de la boa hasta matarla. A veces ocurre que el felino muere en el combate, pero nunca suelta a su presa ni renuncia.
Debemos aprender del gato cómo luchar contra la serpiente, el “ietzer hará”. No debemos responderle. No hay que dejarse tentar pensando que es necesario un diálogo y el acercamiento. El gato, la mangosta, destruye a todo aquel que viene a matarlo y a las serpientes recién nacidas. Los más rápidos son los primeros. Es esencial golpear con firmeza al “ietzer hará” antes que introduzca sus garras en nosotros mismos.