Rav
Shlomo Aviner
Muchos
hablan de feminismo, es decir, de la tendencia de las mujeres a adoptar modos de
conducta y pensamiento masculinos. Sin embargo, también existe el problema
contrario: hay hombres que desean adoptar el estilo de las mujeres en el sentido
cultural.
¡Un
hombre es un hombre y una mujer es una mujer! Para una mujer es saludable ser
tal y no un hombre y a la inversa. Si el Señor del universo hubiese pensado que
el hombre y la mujer eran idénticos, no hubiese creado sexos separados. Pero en
Su sabiduría deseó que existieran dos sexos diferentes, cada cual con su
propia naturaleza y características, modos de pensar y formas de servir a
D’s. De esa forma, traerán una bendición a la humanidad y a la familia,
siendo el padre de una categoría y la madre de otra.
Esa
misma tendencia de los hombres que buscan direcciones y experiencias de mujeres
y al contrario, surge de una falta de responsabilidad, una falta de comprensión
de la vida como un mundo de obligaciones. Nuestros Sabios describen las
costumbres de los Amoraitas, como una forma de vida pagana: “cuando
ella emplea el nombre de él y él el de ella, son las vías de los Amoraitas”
(Shabat, 67b). Rashí comenta: “él
y su esposa cambian sus nombres entre sí”. ¿Qué significa hacerlo? La
experiencia. El hombre quiere ser un poco mujer y la mujer quiere ser un poco
hombre. No se trata de un juego arbitrario de cambio de nombres sino que es la
señal de un deseo profundo de un sexo de ser clasificado como el otro.
El
Rav Kook (en Ein Ayá, acerca de Shabat, 67b) escribe que todo depende de la
concepción de la vida de las personas: la vida como el cumplimiento de un deber
o como la satisfacción de una voluntad. En la vida como el cumplimiento de un
deber, cada cual hace lo que
corresponde. El hombre tiene funciones específicas: debe actuar y trabajar como
hombre, adoptar una posición de hombre, estudiar y servir a D’s como hombre.
Lo mismo ocurre con la mujer. En un mundo en el cual las personas cumplen con
sus deberes, cada individuo debe seguir “su campamento y su bandera”. Así
se construye la familia, la vida y la nación.
Sin
embargo, si la vida es vista como una mera oportunidad de hedonismo o paganismo,
¿por qué no hacer todos los cambios que queremos? Esa persona dirá: “Hasta
ahora he disfrutado siendo un hombre, pero ahora quiero ser una mujer.” Las
mujeres, por su parte, buscarán la experiencia de estudiar el Talmud y subir a
la Torá. Los hombres buscarán experiencias fuera del estudio de la Torá.
El
hombre debe trabajar duro en el estudio de la Torá. No es así para las
mujeres. Los hombres y las mujeres tienen caracteres dispares. El Rav Kook, en
su comentario al Sidur, explica las bendiciones: “sheló
asani Ishá”[“que no me
hizo mujer”] - que pronuncian los hombres y “sheasani
kirtzono” [“que me hizo
conforme a Su deseo”] -que
pronuncian las mujeres. El hombre construye su personalidad a partir de luchas
internas; gracias a su persistencia, al estudio y la lucha, añade nuevos
estratos a su personalidad. La mujer, en cambio, no necesita esto; tiene una
comprensión intuitiva. Su naturaleza interna está marcada por la capacidad de
absorber automáticamente muchas verdades sublimes. No hay que confundir entre
ambas naturalezas. El Rav Kook dice: “El carácter del hombre necesita agregar
complejidad a la cultura, la ciencia y las artes. La sabiduría de la mujer, en
cambio, se desarrollar precisamente a través de su espíritu interno, sin el
esfuerzo del estudio. Y todo aquel que enseña a su hija la Torá es considerado
como si le enseñara cosas vanas”. La mujer posee un entendimiento natural e
intuitivo y no una concepción discursiva que exige esfuerzo y trabajo. Si hacen
cosas opuestas a su naturaleza, esto conduce al deterioro. El Rav Kook agrega:
“todos o la mayoría de los malogros de la vida se deben a que un hombre desea
vestir ropas de mujer”. No se trata de una vestimenta sino de una conducta,
“un hombre que desea crecer automáticamente como las plantas en el campo, en
el sentido espiritual y práctico, y la mujer que desea estudiar y
conquistar…. Llegará el día en que el mundo reconocerá su distorsión y
devolverá a cada sexo a sus propias dimensiones”.
Cuando el hombre desea ser femenino constituye un problema no sólo para
el pueblo judío sino para toda la humanidad. En lugar de esforzarse, trabajar y
estudiar la Torá, busca experiencias agradables. Obviamente, nosotros también
estamos a favor de experiencias placenteras pero sólo como secundarias y no
como la esencia de la vida.
D’s
creó a la mujer con un intelecto combinado con la emoción, lo que se llama la
“comprensión de la mujer”. Ella tiene una comprensión directa e intuitiva
y una perspectiva saludable en muchos asuntos. Por este motivo, D’s no le
ordenó estudiar. Si una mujer comienza a estudiar y analizar, a plantear
preguntas y buscar respuestas, a conquistar el mundo y dejar su estampa en la
creación, perderá su ventaja suprema, su inteligencia emocional intuitiva y
especial, y no podrá ya más cumplir su tarea y traer bendición. Si la mujer
sigue el camino recto, creciendo como una planta en el campo, no se debilita. Un
hombre, en cambio, en ese enfoque no cumpliría con su deber; su único interés
en la vida es tener experiencias. Para un hombre, el casamiento constituye un
deber y una responsabilidad moral hacia la pareja. Por este mismo motivo, los
matrimonios se separan. En los Estados Unidos hay un índice de divorcios del
75% en los primeros cinco años de casados. En ciertos países escandinavos las
personas ya no se divorcian porque ni siquiera se han casado.
El
mundo se ha transformado en un sitio de placer en el cual el hombre sigue sus
deseos, un mundo pagano. La visión pagana dice: “¡Haz lo que quieras! ¡Sigue
la corriente! ¡Viaja a la India! Allí no tendrás que trabajar ni ayudar a tus
padres, hacer servicio de Miluim
(reservista en el Ejército) ni romperte la cabeza tratando de resolver los
problemas de la sociedad Israelí. Sólo tendrás placer y experiencias y pasarás
el tiempo con tus amigos.”
¡Eso
es paganismo! Si hemos llegado tan lejos, ¿por qué no tomar drogas? ¡Dan una
sensación fantástica! ¿acaso está prohibido sentirse bien? Por medio de las
drogas sin duda lo está. ¿Quieres saber cómo sentirte fantásticamente bien?
A través de las buenas acciones, entre el hombre y D’s, entre el hombre y el
prójimo. A través de la felicidad derivada de las mitzvot. Mas el estudiante
occidental pregunta: ¿por qué debo hacer el esfuerzo? ¿por qué debo hacer
buenas acciones para sentirme bien? ¡Puedo llegar a la misma sensación con una
pequeña dosis de droga! La droga de las experiencias con muchachas, con música,
etc.” - y todo esto en lugar del esfuerzo y trabajo para el cual nació el
hombre; “el hombre nace para el
sufrimiento…” (Job, 5:7).
Y
para quien pregunta: ¿acaso debo sufrir toda mi vida y ser pobre? ¿cuándo haré
algo para mí mismo? No es así. Si una persona trabaja será feliz; esta es la
felicidad, la felicidad de la mitzvá.
Cuando
un hombre viste ropa de mujer, revela así una característica interna. Cuando
anda con cabello largo, viste pantalones amplios, coloridos, similares a un
piyama o una camisa estilo poncho. En ese momento
está próximo a violar una prohibición de la Torá (el vestir ropa de otro
sexo - Dvarim, 22:5), pero entonces se trata de un síntoma del deseo de ser
femenino. En lugar de estudiar el Talmud en profundidad, prefiere cruzar obras
casi místicas sobre la fe y experimentar los escritos de Rabí Najman de
Breslav. Rabí Najman fue un hombre grande y sagrado, estuvo dedicado al
servicio de D’s y al estudio de la Torá y luchó contra el impulso al mal.
Exigió a sus alumnos que lucharan también a través de la plegaria y no como
muchos lo tergiversan. Mas quien cree que en lugar de estudiar, tocando la
guitarra se resolverán todos los problemas, está errado. Obviamente no nos
oponemos a la guitarra, al el contrario, pero no puede sustituir el servicio a
D’s.
Es
difícil convencer a una mujer que ser tal es bueno, que su rol es positivo y
sus deberes también lo son. Así D’s la creó en Su bondad y ella encontrará
su felicidad - siendo lo que es, una mujer y no aspirando a ser como un hombre.
Si lo hace, no prueba nada.
Y
el hombre encontrará su felicidad siendo un hombre, a través de un constante
esfuerzo, sin buscar ser mujer. En el Beit Hamikdash habían Levitas que
cantaban y otros cuidaban. Un poeta se acercó al cuidador para ayudarle a
cerrar el portón, pero éste le dijo: “Ud. es un cantante y yo cuido el portón
y no deben ser confundidos”. La ley establece que un cuidador que canta o un
cantante que cuida merece la muerte divina, de acuerdo a Bamidbar 1:52: “Y
los hijos de Israel acamparán cada cual en su propio campamento, y cada uno a
su propia bandera” (Rambam, Hiljot
Klei Hamikdash, 3:14).
El
césped del vecino no es más verde y, como dijo el filósofo Voltaire: “cada
cual debe trabajar su propio jardín”. Allí encontrará su alegría, no en lo
que posee el otro. Nuestro bien proviene del cumplimiento de nuestros deberes.
Se
habla mucho acerca de mujeres que quieren ser hombres, pero poco se habla del
problema opuesto, de hombres que quieren ser mujeres. Este asunto es
mucho más grave. En el Judaísmo
el camino divino ha sido determinado: el sendero del deber, de cumplir nuestras
tareas diarias, nuestra responsabilidad: el hombre como hombre y la mujer como
mujer, “cada cual en su propio
campamento, y cada uno a su propia bandera”.