Rav
Shlomo Aviner
La
felicidad al servicio de D’s
Pregunta: Cuando rezo no siento nada especial, y mismo cuando cumplo las mitzvot o estudio la Torá - no me siento inundada por la emoción. Dado que sirvo a D’s para sentirme “conectada”, si no logro sentir ese sentimiento significa entonces que me falta lo esencial. ¿Cómo puedo completarlo?
Respuesta: “Este es un tema delicado. Si alguien realiza el culto de D’s para alcanzar una experiencia sentimental o religiosa, es signo que sin duda no está sirviendo a D’s sino a sí mismo. Significa que su culto a D’s está condicionado por cierto sentimiento religioso, no es puro. Evidentemente, también el culto divino que no es desinteresado constituye un culto a D’s, pero si sirves a D’s a pesar de que no sientes nada, entonces significa que lo haces sin condiciones. Entonces, ¿qué necesidad de pedir un consejo para descender de este nivel de servicio divino a uno de culto insincero, tan sólo para sentir la emoción?
Sin duda, podemos estar convencidos que al final del camino sentiremos una emoción sagrada, sublime e intensa, pero no es ese el objetivo del culto a D’s. Existe una diferencia fundamental entre el saber y el querer. Sabemos que así será, pero no es el principal motivo.
Rabí Moshé Jaim Luzzato comienza su libro “Mesilat Iesharim” (“El Sendero de los Justos”) señalando que el fundamento de la santidad es “encontrar el placer en las proximidades de D’s y disfrutar del esplendor de Su Presencia” (Capítulo I). No obstante, el Rav Kook nos explica que “no hay que comprender esta expresión en el sentido de un deseo egoísta” (Orot Hakodesh, III, 167).
El Señor del Universo creó al hombre para que llegue al verdadero regocijo a través del culto a D’s, pero el objetivo de nuestro servicio debe ser el cumplir con la voluntad divina, o como lo expresa nuestro maestro, el Rav Kook: “dar satisfacción a nuestro Creador” (Musar Avija, II: 4). Alcanzar la perfección en nuestro culto a D’s significa cumplir las “necesidades de D’s” ( “avoda - tzorej gavoa”), la aspiración de hacer únicamente la voluntad divina y no para obtener un premio, ni siquiera una gratificación sentimental.
Se puede comparar esta situación a una persona que salvó a su ciudad y recibió por hacerlo una gran recompensa de mil piezas de plata. Debe estar feliz por haber salvado a una ciudad y no por la recompensa recibida (Ibid).
Nuestro objetivo supremo debe ser realizar la voluntad de D’s, y sólo después buscar la emoción. No siempre el individuo se emociona. El Rav Kook cita el libro “Jovot Halevavot” (“Las obligaciones de los corazones”) de Rabeinu Bejaie Ibn Pakuda, el que dice que quien desea cambiar su propia naturaleza para bien y llevar a cabo una revolución en su interior, debe estar dispuesto a probar el gusto del “sam hamar”, el medicamento amargo” (Shaar Avodat Elokim, Cap.5). Evidentemente, quizás el remedio sea dulce, pero hay que estar predispuesto a que también sea a veces amargo (Musar Avija, 2:1).
No siempre nos emocionamos. El yerno del Rav Kook se quejó ante él por el hecho de que no sentía un progreso en el estudio de la Torá. El Rav Kook le respondió que tampoco él sentía algo especial durante el estudio de la Torá.