Rav Shlomo Aviner
En la prueba de la fe
Pregunta: Es sabido que existe un serio problema entre la juventud, cuya fe se ha visto debilitada debido a hechos trágicos, tales como los atentados terroristas o la Shoá (el Holocausto). Hay además jóvenes que vuelven de su visita a Polonia con dudas acerca de su fe. ¿Cómo es posible fortalecer la fe?
Respuesta: En primer lugar, hay que revocar un rumor que es incorrecto. Hay quienes dicen que muchos perdieron su fe debido a la Shoá, y por supuesto no hay que juzgarlos pues no nos encontrábamos en su lugar. Pero esta afirmación no es exacta: las personas no perdieron la fe únicamente debido a la Shoá. Hubo quienes la perdieron antes, otros después, y otros durante la Shoá, y responsabilizaron a la Shoá de lo acontecido.
Quien cree en D’s, la Shoá no le hará cambiar su fe. La fe, el amor y la adhesión a D’s, no pueden ser destruidas por pogroms ni por la Shoá.
Ocurre lo mismo en el sentido contrario: un ateo que tuviera de repente acceso a un paraíso extraordinario, no por ese motivo comenzará a creer en D’s. Como prueba, tenemos la situación actual: en la tierra de Israel nos encontramos ahora en un verdadero paraíso. Desde la salida de Egipto, el pueblo de Israel nunca estuvo en una mejor situación que la de hoy, fuera de en tiempos del reino de Shlomó. Y a pesar de todo, ante esta situación, no hay incrédulos, “kofrim”, que deciden frente a estas condiciones retornar a la fe.
Una fe que depende de los hechos es una fe condicionada por algo exterior a ella. Quien le dice al Todopoderoso: “Si me brindas todo lo bueno, te amaré y creeré en ti, y si no, me desconectaré” ¡Esta es una fe interesada y condicional! Quizás sea éste llamado un amor a D’s, pero no será un amor elevado ni ideal.
Rabeinu Bejaiei en su libro “Jovot Halevavot” (“Los deberes de los corazones”) cuenta acerca de un hombre piadoso, quien en su gran amor a D’s se levantó en la noche y escribió: “¡D’s mío! Me has hecho sufrir hambre, me has dejado desnudo y en la oscuridad de la noche, y me has enseñado tu fuerza y tu grandeza. Si me quemas en el fuego, seguiré amándote y encontrando en Ti felicidad”. Este es un amor desinteresado, incondicional.
En el libro “Shevet Yehuda”, Rabí Shalom Ibn-Vigra cuenta acerca de la expulsión de los judíos de España: “Cuando los judíos deambulaban en el desierto, durante horas y días, sus cuerpos estaban desecados de sed, caían y morían…. Había entre ellos un hombre que había perdido a su dulce esposa y veía llegar su turno. En la noche, se despertó con el rocío y vio que sus dos hijos habían muerto. Se levantó y dijo: ‘Vosotros enviados de las alturas, hacéis todo lo posible para que pierda mi fe. Esfuerzos que son vanos pues no lo lograréis ¡Yo creo en D’s!’”.
Una persona que realmente tiene fe, no abandonará jamás su convicción, mismo frente a los atentados terroristas. Quizás, quien es débil en su fe, si fuera fuerte, podría comprender que todos los atentados son sufrimientos inherentes al proceso de la redención.
En todo pueblo libre hay atentados terroristas. Relativamente hablando, el estado de Israel logra combatir al terrorismo con una capacidad enorme y con gran éxito. Pero dado que es un estado libre, deambulan en él también asesinos. Hay aún asesinos en el mundo: asesinos criminales y asesinos nacionalistas.
Pero los sufrimientos en tiempos del exilio eran completamente diferentes: miles de judíos fueron asesinados, cientos de miles, millones - y no teníamos en nuestras manos la posibilidad de hacer nada más que suplicar compasión ante los asesinos. ¡Hubo hasta representantes de las comunidades judías en Alemania que escribieron cartas de súplica al mismo Hitler!
Actualmente, sufrimos los problemas de una nación libre en su tierra. El terrorismo no tiene fuerza real para cambiar los hechos. Los terroristas actúan tratando de atemorizar a la población.
Empero, no debemos ser ingenuos, no estamos en el paraíso sino que estamos aún en este mundo, el que conoció ya en su comienzo el asesinato de Cain a su hermano Abel.
La pérdida de la fe no está originada en los atentados, sino que se debe a una confusión y desorientación, las que están originadas en una fe superficial, así como lo explica el Rav Kook en su artículo “La generación” y en otros escritos.
La solución es tratar de ampliar nuestro conocimiento y profundizar en nuestra fe. ¡Debemos aumentar la luz!