Rav Shlomo Aviner
Esperamos
la redención -
Hay judíos que están muy preocupados por nuestra situación política y se preguntan - ¿qué sucederá?
Precisamente en respuesta a esta cuestión existe una Mitzvá denominada: “la espera de la redención” (Shabat, 31a). El día del juicio, el hombre debe responder a varias preguntas, una de ellas es: “¿has esperado la redención?” (Ibid.). ¿Qué sentido tiene esa pregunta? ¿Qué inversión espiritual y moral implica la espera de la redención? Después de todo, ¿quién no espera la redención? ¿Quién no está interesado en que venga el Mashiaj hoy y nos libre de todas nuestras dificultades?
Además, ¿dónde aparece en la Torá que debemos esperar la redención? Rabí Moshé de Courville, responde en su libro “Sefer Mitzvot Katan”, diciendo: “la espera la redención está incluida en el precepto de ‘Yo soy el Señor, tu D’s’(Shemot, 20:2)”. En otras palabras, es parte de la fe en D’s.
La fe en D’s no significa solamente creer en que D’s existe y que abandonó la tierra después de creado el mundo. Sino que incluye la fe en la Divina Providencia, la creencia en el hecho que D’s es quien guía la historia y el universo. D’s es el responsable de la historia y no los reyes de la tierra. El Señor del mundo es nuestro Redentor.
¿Acaso todo eso aparece mencionado en el versículo que dice solamente: “que nos has sacado de la tierra de Egipto”? Esta es una pregunta bien conocida que fue planteada por Rabí Abraham Ibn Ezra a Rabí Yehuda Halevy: “por qué el versículo no versa: “quien creó el cielo y la tierra” en lugar de “quien nos sacó de Egipto” (ver Ibn Ezra en su comentario a la Torá y en el Libro del Cuzarí).
De aquí podemos deducir que D’s es un poderoso Redentor en nuestro interior. Nos salvaguarda y dirige la historia. Y al igual que nos sacó de Egipto, también nos liberará en el futuro. Todo lo que sucede forma parte de un proceso continuo de redención, como escribió el Rav Kook en su libro Orot.
La espera de la redención es parte de la fe en D’s. Significa creer que D’s es quien organiza la historia, no sólo cuando hay milagros, sino también cuando no los hay. Al igual que en los fenómenos físicos, biológicos, astronómicos, mecánicos, decimos que D’s es el autor. No sólo fenómenos como: “Sol deténte en Guivón” (Yoshua, 10:12) son divinos, sino también el mantener a las estrellas en su trayectoria normal. No sólo las curas milagrosas son divinas sino también la vida diaria: “Bendito seas, …. que creaste al hombre con sabiduría y formaste en él orificios y le dotaste de órganos. Revelado y sabido está frente a Ti que estás sentado en tu glorioso Trono, Eterno, que todos esos órganos y las funciones que les has asignado son necesarios para nuestra existencia, pues si se cierra uno de ellos o se abre, no es posible sobrevivir ni siquiera una hora” (del oficio de la mañana).
No sólo el maná que caía del cielo era de origen divino, sino también el pan que crece de la tierra y por el que bendecimos a D’s: “quien saca pan de la tierra”. Estos son “…los milagros que haces diariamente en nuestro favor, por las maravillas y las bondades que nos prodigas a toda hora, en la tarde, en la mañana y al mediodía. D’s de bondad, tu misericordia es infinita; D’s de piedad, tus mercedes no se agotan nunca, por lo que nuestra esperanza está siempre en Ti” (de Shemoná Esré). Tanto lo milagroso como lo natural son de origen divino.
Pero esto es verdadero no sólo en lo relativo al mundo actual sino también al curso de la historia. Las revoluciones milagrosas están originadas en D’s pero también los acontecimientos diarios que se desarrollan siguiendo la voluntad de gobernadores o el estado de ánimo nacional - todos están bajo el control divino.
Comprendemos y sabemos que la historia no es viuda ni huérfana, sino que D’s es quien la conduce.
Por lo tanto, no debemos preocuparnos pensando que hemos sido abandonados y que las cosas no se arreglarán. Todo se resolverá porque entre nosotros se encuentra D’s, nuestro poderoso Redentor.
Hay quienes se plantean: nuestros ojos ven las dificultades que surgen. Parece que el proceso de redención se hubiese detenido y retrocede en lugar de avanzar. Precisamente aquí llegamos a la respuesta a la primera pregunta que decía: “¿Cuál es la grandeza de esperar la redención? ¿Quién no espera la redención?”. Incluso cuando la impresión es que los hechos se desarrollan siguiendo la dirección contraria, creemos aún que con todas las regresiones y desviaciones, D’s sigue impulsando la redención. El Rav Kook explica la expresión “a la espera de la redención” de Shmoná Esré en su comentario al Sidur, trayendo a colación un ejemplo tomado del Libro de Shemot - la salida de Egipto. En ese caso tampoco las cosas se presentaron sin dificultades. Moshé informó a su pueblo: “ha llegado el momento de vuestra redención”. El pueblo se exaltó y tuvo fe en él. Entonces, Moshé y Aharón dijeron a Paró: “Dejad salir a mi pueblo”, mas el faraón les respondió: ‘No conozco a la divinidad en nombre de la cual estáis hablando y no voy a dejar salir a nadie. Por el contrario, para que no os plantéis esos pensamientos, “Impóngase el trabajo más pesado sobre los hombres para que se ocupen en él, y no hagan caso de palabras mentirosas” (Shemot, 5:9). En consecuencia, el pueblo fue obligado a recoger paja para hacer ladrillos y los capataces los apalearon. El pueblo, en su sufrimiento, se quejó ante Moshé y Aharón diciendo: “¡El Eterno os mire y juzgue porque nos habéis hecho odiosos a Paró y a sus siervos, con el fin de poner espada en mano de ellos para matarnos” (Ibid., 21). Moshé se volvió al Eterno y dijo: “…desde que vine a Paró para hablarle en Tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y Tú librar no has librado a Tu pueblo” (Ibid., 23), en lugar de salvar al pueblo he empeorado su situación’. D’s respondió a Moshé: “Debes ser paciente. La situación se resolverá pero no de inmediato, llevará cierto tiempo” (ver Rashí, comienzo de Parashat Vaerá).
Sin embargo, queda una pregunta por responder, tal como la planteó el Ramban (Najmánides) al final de Parashat Shemot: si Moshé sabía de antemano: “que el rey de Egipto no iba a dejar salir a Israel” (Shemot, 3:19), ¿por qué, entonces, se vio sorprendido al encontrarse frente a la negativa de Paró? La respuesta es que Moshé sabía que habrían dificultades a lo largo del camino, mas lo que sucedió fue peor: hubo un retroceso, la situación empeoró. Y al respecto D’s no le había informado previamente.
Es ahora claro que en el curso de la redención es posible que ocurran interrupciones. Hay progreso pero también interrupciones en ese progreso.
(continúa la próxima semana)