Rav
Shlomo Aviner
Las
emociones en el estudio de la Torá
Pregunta:
Estudio la Torá mas no siento una
elevación espiritual. ¿Cuál es el valor del estudio si no me siento
“conectado” con él?
Respuesta: Este es un problema bien conocido. El yerno del Rav Kook le escribió planteándole la misma pregunta, diciendo que no sentía placer en el estudio de la Torá. La respuesta del Rav Kook fue la siguiente: “Querido hijo, ¿por qué desesperar? ¿por qué quejarte que no sientes progreso y resultados del estudio de la Torá? Los frutos de este esfuerzo no se sienten emocionalmente… sé de mi gran experiencia que en varias ocasiones debe transcurrir mucho tiempo hasta que podamos recolectar cierta satisfacción” (Guinzei Hareayá, sobre Shavuot).
El Rav Kook le atestiguó que tampoco él, en su alto nivel, no sentía placer, pero sentía un placer extraordinario por el hecho que a través del estudio de la Torá ascendía con el tiempo en su nivel de sabiduría, comprensión y pureza: “El corazón no siente lo que ha sido alcanzado”.
En el mundo exterior estamos acostumbrados a sentir todo en forma inmediata. Por ejemplo, quien bebe un vaso de jugo o escucha música siente inmediatamente gratificación. La necesidad de lo inmediato de las sensaciones se debe al hecho que nuestro mundo gira entorno a nuestras imaginaciones, aspiraciones, sentidos y estímulos. El resultado es, por lo tanto, inmediato.
La satisfacción de la Torá y la devoción que se logra a través de la plegaria no es una experiencia idéntica. Mas la persona cree que logrará una gratificación inmediata sin trabajar seriamente en la ascensión espiritual, tiene una concepción superficial, baja del valor de la Torá.
La Torá se encuentra a otra altura y en una vida completamente diferente. A esa vida se llega a través de un esfuerzo espiritual, el perfeccionamiento de las virtudes, el estudio y la profundización. Hasta que el individuo llegue al nivel de pureza espiritual en el que pueda percibir lo que siente su espíritu, debe en primer lugar recorrer un largo trayecto.
La búsqueda constante de la satisfacción inmediata forma parte de la cultura bestial y superficial que nos rodea. Es parte de los estratos más bajos del hombre, su “Ello”, que requieren la satisfacción inmediata del placer. Nos sirven como modelo para definir la felicidad y el placer, y por lo tanto, al entrar en el Beit Hamidrash, buscamos lo mismo. Lo que recibimos en el ámbito cotidiano (“Jol”) lo buscamos también en el ámbito sagrado (“Kodesh”). Pero debemos comprender que el “Kodesh” es diferente del “Jol”. El objetivo de lo sagrado no es darnos placer sino permitirnos cambiar y ascender espiritualmente, pasar una revolución interna, un proceso de purificación, hasta que descubramos una forma de vida diferente, poderosa y profunda, una vida que está ya preparada en nuestro interior.
El Rav Kook explica que la influencia de la Torá en la espiritualidad del judío es constante, permanente, mas no siempre la sentimos. Pasa mucho tiempo “sin que el corazón sienta el efecto que tiene la Torá o su contribución, al igual que un niño no siente que está creciendo”. Un niño a veces se mira en el espejo para ver cuánto ha crecido. “Pero en cada etapa de la vida llega una nueva visión”.
Tras un extenso período de devoción y entrega, de un estudio profundo y de negación de la materia, bajando la cabeza ante la gran luz de la Torá, en la cual se encuentra toda la vida, la verdad, lo ideal y la belleza: “el conocimiento de la Torá se absorbe lentamente y se acumula en una gran suma. La información latente vuelve a despertarse y la comprensión propia se extiende hasta que el pensamiento de la persona se transforma en un nuevo ser, con la ayuda de D’s”. Todo parece seco; no percibimos el cambio. No se recibe recompensa alguna en forma inmediata, pero únicamente después de mucha labor.
El Rav Kook agrega: “Lo mismo te sucederá a ti, querido hijo. ¡No te preocupes! ¿Qué relación tendríamos con el estudio de la Torá si sus efectos se percibirían diariamente, al igual que sentimos cada vez que nos vestimos?”. Sentimos nuestras ropas concretamente, pero no sentimos nuestro espíritu, nuestra Neshamá, con sus deseos y aspiraciones. Sentimos nuestras ropas porque son externas a nosotros, mas nuestro espíritu no podemos sentirlo diariamente, excepto, quizás, ante un momento especial como en la Tfilá de Nehilá al concluir Yom Kippur.
“El espíritu no disfruta el placer mundano”. Ese placer es completamente diferente del que busca la Neshamá. No tiene un “estatus fijo y permanente. No es así. Debemos llevar lejos nuestra ambición de conocimiento”. Es decir, debemos invertir seriamente, en un trabajo a largo plazo en el extenso sendero, el camino que creemos que vale la pena toda la inversión hecha.
Tenemos en qué dedicar nuestros esfuerzos. Nuestro espíritu es enorme, tenemos una vida sagrada, profunda y espiritual. La Torá que tenemos en nuestras manos es maravillosa y nos permite alcanzar esa grandeza. No sigamos el modelo que nos presenta el mundo exterior en forma tan vulgar y material.
“Debemos llevar lejos nuestra ambición de conocimiento, la esperanza de llegar a una cima valorada de entendimiento”. Debemos estudiar seriamente, modelar nuestras virtudes. “Si estudiamos un pasaje cada día, entonces toda la escritura llegará”. Cuando alcancemos ese nivel espiritual, podemos estar seguros que sentiremos.