Rav Shlomo Aviner
¿¡Él
te dominará?!
Pregunta:
¿Acaso el mundo fue creado para que mi marido gobierne sobre mi?! Mi marido me
domina, me maltrata y me insulta. Emplea argumentos basado en versículos y enseñanzas
de nuestros Sabios, según los cuales la mujer debe obedecer a su marido. Soy
Baalat Tshuva, trato de seguir el judaísmo, pero como no tengo mucho
conocimiento debo seguir sus palabras. A pesar de todo, le he preguntado: ‘Escuché
que el Rambam dice que “el hombre
debe respetar a su esposa más que a su cuerpo y amarla como a su cuerpo”
(Hiljot Ishut, 15,19). Me respondió:
‘Sin duda, te respetaré a condición
que me obedezcas en todo’.
Respuesta:
¡Así no se puede construir una vida! Quizás una mujer de carácter sumiso y
un esposo dominante puedan formar una pareja extraordinaria. Ella obedece a cada
palabra y es feliz, él da órdenes y es feliz. Puede suceder también que una
mujer de carácter dominante y un esposo sumiso sean felices. Sin embargo, en
este caso, la señora que formula la pregunta no es feliz y se sacrifica
diciendo que por los niños debe quedarse con su marido. Le pregunté si sus
hijos eran felices. Ella me respondió que no, el marido también los golpea y
los frustra. ¡Esta no es una forma de vivir! Si al menos sería un esposo
consciente de su pecado y pediría perdón, habría cierta esperanza que se
arrepintiera. A pesar de que en este caso tampoco sería seguro, puesto que él
ofende y se disculpa diariamente. Mientras esté tan convencido que tiene razón
y todavía cita versículos como base a sus argumentos, no hay esperanza.
Le
pregunté: ¿Acaso así se comportan los rabinos con sus esposas? ¿Acaso así
se comporta el rabino de tu marido? - “No tiene rabino”, respondió, “él
es su propio rabino”.
Evidentemente,
los Talmidei Jajamim, los estudiosos de la Torá, no se comportan así. ¿Acaso
Abraham ultrajaba a Sara? Por el contrario, se adaptaba a su opinión, incluso
cuando ella le dijo: “Echa fuera a esta
sierva y a su hijo” (Bereshit,
21:10) y dudó mucho, pero D’s le dijo: “en
todo lo que te dijere Sara, oye su voz” (Ibid,
12).
¿Acaso
Itzjak despreció a su esposa? Rivka lo apreciaba enormemente y cuando lo vio
por primera vez, cayó de su camello por tanto temor a su santidad (Ibid,
24:54). Pero, ¿acaso Itzjak le daba órdenes a su esposa? No. Está
escrito: “Y la amó” (Ibid,
57). Por el contrario, mismo cuando Rivka decidió que Yaacov recibiera la
bendición en lugar de Esav, no encontramos versículo alguno que diga que
Itzjak se enfureció por eso con ella.
¿Acaso
Yaacov oprimía a sus esposas y les daba órdenes? Al contrario, según Rabí
Ishayá Horowitz, autor de “Shnei Lujot Habrit”
(llamado por lo tanto “Shla”), escribe que incluso cuando Yaacov
estaba en peligro ante Labán (Ibid, 31:1)
y mismo D’s le había dicho: “Vuelve
a la tierra de tus padres” (Ibid, 3),
en esta ocasión, era de esperar que llamase a sus esposas y les dijera: “Señoras
mías, por orden divina nos vamos. ¡Hay peligro!”. Pero no hizo así. Esto
hubiese despertado en ellas la oposición, ya que Labán, a pesar de todo, era
su padre. Yaacov, en cambio, les explicó los motivos extensamente:
trabajé
por vuestro padre con fe y devoción durante varios años, día y noche, conspiró
contra mí, cambió mi sueldo y no dije nada. Ahora siento que la tierra arde
debajo de mi y D’s me ha ordenado marcharme (Ibid,
5:13). Sus esposas le dijeron: Por supuesto, tienes razón, no es un padre
que merece ser tal. “Nos trataba como
extranjeras” (Ibid, 15). El
Shla dice: “Vean cómo Yaacov se dirigía a sus mujeres, mismo en este caso
que recibió una orden divina, no les dio órdenes sino se explicó y discutió
con ellas.
¿Acaso
es posible que un hombre de Torá maltrate a su esposa? ¡Por supuesto que no!
Esa
misma señora me dijo: “Mi esposo me ha enseñado que debo tratarle como a un
rey”. Por supuesto, y él la tiene que tratar como a una reina. ¿Acaso sabe
él lo que es un rey? ¿acaso un rey judío es un dictador déspota? El carácter
del rey David fue puesto a prueba a través del ganado. Cuando un león atacó a
su ganado, él no los abandonó, sino luchó hasta matar al león. Lo mismo hizo
cuando un oso atacó a su ganado (Shmuel
I, 17:34-36). Este es un pastor fiel, una persona que merece ser rey. El
carácter de Moshé también fue puesto a prueba a través de su ganado. Cuando
desapareció un cabrito y lo encontraron junto a un manantial, él le dijo:
‘Perdón, cabrito, estabas sediento y no sabía’. Lo tomó en sus hombros y
lo trajo de vuelta. No lo insultó, por el contrario, se culpó a sí mismo.
Este es un verdadero pastor. Un rey también es un pastor: “Como
pastor apacentará Su rebaño, en su brazo recogerá los corderitos y los llevará
en Su seno” (Ishayahu, 40:11).
El Rambam escribe: “Cuando hable a toda la comunidad en plural, hablará
suavemente, como está escrito: “Oídme
hermanos míos y pueblo mío” (Divrei
Haiamim I, 28:2); recuerda lo que recomendaron los ancianos al rey Rejabam:
“Si serás un siervo para este pueblo
hoy… entonces ellos serán tus siervos por siempre” (Melajim
I, 12:7) (Rambam, Hiljot Melajim 2, 6).
Si eres siervo, te respetará. Un esposo no debe decir: “Si eres mi sierva, me
comportaré bien contigo”. Muchas mujeres, sin embargo, deciden ser sumisas no
porque deben sino porque son sabias y están dispuestas a conceder para la paz
en el hogar. Esto es similar al relato talmúdico del hombre que le pidió a su
mujer que comprara “butzinei”, es decir, sandías. Ella le compró velas
(que eran también llamadas “butzinei”). El se enojó y le dijo: “rompe
estas velas sobre el “baba” [la puerta]. Pero ella las rompió
sobre la cabeza del Baba Ben Buta. El le preguntó: ‘¿Qué es esto?’
Ella le respondió: ‘Mi esposo me ha ordenado hacerlo’. ‘Si así es, has
cumplido el deseo de tu marido. Que sea el deseo divino que dos niños emerjan
de ti como Baba Ben Buta” (Nedarim, 66b). Aparentemente, esta era una esposa
muy sumisa. ¿Acaso así determina el Shulján Aruj? No. Este era un caso límite,
puesto que su marido no era muy normal. En lugar de disculparse por el
malentendido, le ordenó hacer algo inapropiado. Pero esta mujer era inteligente
y sabía que no siempre lo mejor es tener razón, sino ser sabio. Para la paz en
su hogar estaba dispuesta a sufrir ofensas, no porque estaba obligada a hacerlo.
Una
historia relata sobre una mujer que volvió tarde la noche del Shabat a su casa
después de un Shiur. El hombre le ordenó escupir al sabio y ella hizo su
pedido. ¿Acaso esa es la halajá y está obligada a hacerlo? No, pero es una
mujer sabia y renunció en favor de la paz en el hogar. Pero
todo tiene límites. Si cada tanto un esposo se enfurece y su esposa tiene razón
pero permanece callada, en ese caso, es una mujer justa y sabia. Pero si toda la
vida en común está basada en una relación así, será imposible continuar.
También los niños se verán afectados. Ellos no son ciegos y ven bien cómo el
padre ofende y humilla a su madre. A veces, también la golpea. ¡D’s nos
libre! Existen muchas mujeres golpeadas, de todas las etnias, concepciones y
tendencias religiosas. Pero ofender también es terrible. Existe un dicho en
Idish que dice: “mientras que un golpe pasa, la palabra queda”. No existe
justificación alguna al insulto; es una mala actitud. Se sabe que el hombre
tiene el “ietzer hará” (el impulso al mal), cierta agresividad. Debajo del
espíritu divino, se encuentra el espíritu animal, la bestia en el hombre.
Debemos extraer a ese animal, purificarle y no darle legitimación a través de
versículos. ¿Acaso los versículos pueden permitirle al hombre golpear a su
esposa? Es una ofensa para la Torá. En la Torá está escrito: “Amarás
a tu prójimo como a ti mismo” - prójimo incluye a tu esposa. Aún más,
la mayoría de las veces que este versículo aparece en la Guemará, habla de
las relaciones entre el hombre y su esposa. El Rabí Jaim Vital escribe en
nombre del Ari: el punto máximo del “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
ocurre con tu esposa. Dijeron los Poskim: por supuesto es así puesto que “los
pobres de tu ciudad en primer lugar”. Cuanto más cercana se encuentra la
persona, mayor es la obligación; y la esposa es la persona más cercana en el
mundo. Entre la pareja reina un pacto eterno. ¿Cómo puede atreverse un marido
a dominarla y hacerla sufrir? Ella dice: “Soy desgraciada en la vida, pero me
quedo con él por los niños”. Pero también para los niños no es bueno.
Entonces, ¿qué debe hacer? ¿divorciarse? ¡D’s nos libre! Es necesario
corregir la situación. No obstante, la pareja debe saber que existe la
posibilidad teórica de divorciarse - ya que de todos modos la pareja está ya
divorciada espiritualmente. Cuando esto es lo que ve el niño, un padre que hace
sufrir a su mamá, es lo que le espera en su propio matrimonio. Deberá trabajar
mucho para poder construir una vida familiar apropiada. Este es el principio: no
darle legitimación a las malas acciones a través de versículos y tratados de
los sabios. Esto es una gran profanación del nombre de D’s. Después de todo,
la Torá enseña la sensibilidad y el amor a las creaturas.
Que
todos podamos hacer Tshuvá.